ANVC – 78

Capítulo 78 – Peligro Interminable (4)

 

El rostro de Isabelle se sonrojó intensamente.

“¡Oye! ¿Te estás burlando de mí? ¡Eres mucho más guapa que yo!” (Isabelle)

“¿Yo…, soy bonita?”

“¡Claro que sí! ¿No te miras al espejo? ¡Espera un momento!” (Isabelle)

Isabelle se puso de pie de un salto, agarró el espejo de mano de la mesa y lo puso delante de la cara a Arianna.

Arianna se quedó mirando su reflejo en el espejo.

Quizás porque acababa de ver a la radiante Isabelle, su propio rostro en el espejo parecía particularmente siniestro. Ojos sin brillo, labios apretados y una expresión sombría.

“Mira, tu eres mucho más bonita.” (Isabelle)

“Bueno, yo creo que mi hermana es más bonita.”

“Esta niña. Ni se te ocurra decir esas cosas en otro sitio. Te van a criticar. Ten especial cuidado delante de las chicas elegantes que vienen a la fiesta de mañana.” (Isabelle)

“¿Cómo son las damas del Territorio del Este?”

“Hay muchas chicas buenas, pero a veces hay algunas que son asquerosamente cerradas de mente. Si dices algo inapropiado, se agarrarán de eso y te criticarán; alguien tan sensible como tú no lo soportaría.” (Isabelle)

Si supiera qué tipo de cosas había escuchado, no podría decir algo así.

Aun así, le reconfortó que Isabelle se preocupara por ella. Arianna sonrió dulcemente y asintió.

“De acuerdo, tendré cuidado.”

Mientras Arianna respondía obedientemente, Isabelle arqueó las cejas y le acarició la cabeza.

“No sé qué tonterías dijeron esas personas del Gran Ducado Oeste sobre ti, pero todo lo que dijeron es mentira. No te lo tomes a pecho, eres hermosa. No hay nadie más bonita que tú en nuestro Territorio Este.” (Isabelle)

“…”

“Por eso estoy preocupada. Siempre habrá gente celosa cuando eres demasiado bonita. Puedo lidiar con los demás, pero me preocupa Winona. Es tan difícil de tratar.” (Isabelle)

Oír el nombre de Winona le trajo recuerdos.

Victoria detestaba profundamente a la Princesa Winona Obelier, quien más tarde se casó con un Conde del Imperio y se convirtió en Condesa.

Esto se debía a que tenía una personalidad similar a la de Victoria.

“Mañana habrá una mujer con unos ojos así en la fiesta. Es unos años mayor que yo.” (Isabelle)

Isabelle dijo, mientras tiraba de las comisuras de sus ojos hacia abajo con ambas manos.

“Es la hermana menor de Geor, y se parece un poco a él, ¿sabes? Parece simpática, pero es peor que Geor. ​​Pero… eh… ¿Cómo te lo explico? En fin, finge ser amable, pero hay algo extrañamente irritante en ella.” (Isabelle)

Isabelle se sentía frustrada, sin saber cómo expresarlo con palabras.

Y era comprensible.

Alguien como Isabelle, cuya apariencia exterior reflejaba su personalidad interior, era la antítesis en términos de personalidad a Winona o Victoria; probablemente no podría entenderlas, ni tampoco quería hacerlo.

“Si dice algo, simplemente ignórala. Si le contestas, lo usará como excusa para decir algo aún más desagradable. Tiene unas cuantas seguidoras, y es tan molesto verlas a todas reunidas a su alrededor riéndose a su lado. Me dan ganas de darles un puñetazo, pero no puedo…” (Isabelle)

Isabelle se veía adorable mientras fruncía el ceño y refunfuñaba.

“Aun así, sabes, si de verdad no lo soportas más, dale un puñetazo. Ya veré como lo resuelvo después.” (Isabelle)

No iba a pegarle a Winona solo porque estuviera de mal humor, pero las palabras de Isabelle la tranquilizaron tanto que sintió ganas de llorar. Pensando que era un alivio que estuviera en el baño y que estuviera mojada, Arianna dijo:

“Sí, hermana mayor. Solo confiaré en ti.”

 

***

 

Ya entrada la noche, Arianna estaba sentada en el sofá, contemplando el vestido que Isabelle le había traído. Sus ojos estaban fijos en el glamuroso vestido, pero varios pensamientos le rondaban la cabeza.

‘Una fiesta…’

Cuando cumplió dieciocho años y asistió a una fiesta en el Palacio Imperial como la Vizcondesa Albrecht, Arianna apenas pudo entrar al salón principal del palacio, guiada de la mano de su esposo, Ingo Albrecht.

Recordó cómo el vestido rosa que se había puesto para complacer a Ingo hacía tiempo que había pasado de moda, y cómo algunas de las damas de la nobleza cercanas la habían mirado con burla.

En aquel entonces, se había comportado como una tonta porque desconocía la etiqueta de una fiesta.

Helena, junto con las jóvenes con las que se había hecho amiga, se burlaron de Arianna.

En medio de la fría mirada de su padre, el Gran Duque del Este, las burlas de las jóvenes y damas de la nobleza, y la soledad de no tener a nadie que la invitara a bailar, Arianna tuvo que soportar aquel tiempo, conteniendo a duras penas las lágrimas.

Apartando los recuerdos desagradables que afloraban como una carga, recordó a la Emperatriz que había visto aquel día.

Le vino a la mente la figura de la más noble de las mujeres, caminando junto al Emperador con una postura impecable.

Recordó la escena en la que, en el instante en que la Emperatriz entró, todas las mujeres inclinaron la cabeza, lanzándole miradas envidiosas.

Si bien su estatus le confería dignidad, cada movimiento de la Emperatriz parecía tan perfecto y meticulosamente controlado, que no podía apartar la vista de ella.

<“Si yo llegara a ocupar el puesto más noble de este continente, el asiento a mi lado sería el tuyo.”> (Tercer Príncipe)

Hubo un tiempo en que, como una tonta, creyó esas palabras y se esforzó por imitar los movimientos de la Emperatriz, practicando su postura.

Al recordarse a sí misma en esa época, parecía tan ridículamente estúpida, que soltó una risa irónica.

Arianna practicó y practicó hasta que pudo exhibir los mismos modales y porte que los miembros de la familia imperial, pero su situación no cambió mucho.

Después de un tiempo, Arianna se dio cuenta de que circulaban rumores maliciosos sobre ella.

Una vulgar Vizcondesa que intenta hacerse pasar por un miembro de la familia imperial solo para llamar la atención del Tercer Príncipe. Una Vizcondesa frívola que solo piensa en adornarse con el dinero que su marido había ganado con tanto esfuerzo.

Fue mucho más tarde, cuando supo que Victoria estaba detrás de esos rumores.

‘Todavía no me he podido librarme de eso.’

No pretendía pensar así, pero los recuerdos desagradables seguían aflorando.

Desde que había cortado los lazos con el Gran Ducado Oeste, pensó que ya no tendría que revivir esos recuerdos miserables. Pero esos recuerdos aún se aferraban a sus tobillos, sumergiendo a Ariana en una oscuridad pegajosa.

La diferencia era que ahora había dos luces rojas al final de la oscuridad. Al final de esas emociones oscuras y pegajosas, esperaban unos ojos rojos.

Ojos color rojo sangre, que miraban fijamente a Arianna.

‘¿Acaso el Gran Señor del Norte también se escondía en algún lugar y observaba a la gente en aquel entonces? ¿Qué pensaría al verme adoptar una actitud tan poco propia de mí?’

No entendía por qué Cyrus le venía a la mente en un momento así.

‘¿Cómo me veo? ¿Me veo vulgar o frívola? ¿Mi figura parece indicar que llevo ropa que no me sienta bien?’

Tampoco entendía por qué sentía la necesidad de hacerse esas preguntas.

Su cabello plateado y su rostro, tan hermoso como una pintura, le vinieron a la mente vívidamente.

La sorpresa y la tensión del momento en que lo conoció, y la admiración por su extraordinaria apariencia.

Aunque era una persona que solo pensaba en usarla, tal vez la razón por la que pensaba en él cada vez que su visión se nublaba podría ser porque fue él quien le tendió la mano en un momento difícil.

En aquel entonces, su ayuda era molesta y abrumadora, pero ahora, en retrospectiva, gracias a su ayuda, pudo establecerse en Territorio Este con más facilidad de lo previsto.

Un pensamiento repentino cruzó por su mente: ‘Lo extraño.’ Al pensar en ello, Arianna se puso de pie de un salto.

‘¿En qué estoy pensando?’

Parece que su mente estaba inquieta debido a la fiesta que se celebraría al día siguiente, lo que le provocaba todo tipo de pensamientos. Arianna no tenía ningún buen recuerdo de las fiestas.

‘Estar sola en la habitación me hace pensar en todo tipo de cosas.’

Arianna se puso la bata, cogió algunos frascos de medicina y salió de la habitación.

Algunas lámparas colgaban en el pasillo, así que no estaba completamente oscuro a pesar de ser tarde.

Arianna se dirigió a la habitación donde se encontraba Sini. Salvo unas pocas personas, nadie sabía que una esclava de ojos dorados estaba en el Castillo Chase.

Una joven sirvienta, que no podía hablar ni escribir, se encargaba del cuidado de Sini. Al entrar Arianna, la sirvienta, que dormía en una pequeña cama, se puso de pie de un salto.

La sirvienta, que nunca antes había conocido a personas de alta posición, ya que solo se dedicaba a lavar la ropa, se quedó sin palabras ante la aparición de la Princesa e inclinó la cabeza.

“Siento haberte despertado. Saldré pronto, así que por favor, vuelva a dormir.”

La sirvienta no iba a dormirse solo porque Arianna se lo dijera, así que permaneció silenciosamente de pie, pegada a la pared, intentando no mirarla directamente.

Arianna bajó la mirada hacia Sini, que yacía acostada en la cama.

Aunque estaba tumbada en una cama mullida, Sini no parecía cómoda. Agachada, con el cuerpo encorvado e incapaz de enderezarse, Sini parecía pequeña a pesar de ser probablemente más alta que Arianna.

Cada vez que miraba a Sini, Arianna se recordaba a sí misma en el Gran Ducado Oeste.

Un ser lamentable, que no era amado por nadie, destinada a morir luego de ser usado. Un ser al que nadie recordaría, incluso si moría así.

Arianna abrió el frasco de medicina, vertió un poco en la boca de Sini y aplicó ungüento sobre su cicatriz. La mano que aplicaba el ungüento se detuvo en el delgado hombro de Sini.

En el hombro de Sini había un tatuaje con la cara de un lobo dentro de un círculo. Era un tatuaje que demostraba que era una esclava.

Arianna acarició cuidadosamente el tatuaje.

Sini dejó escapar un gemido y abrió los ojos. La visión de sus pupilas doradas asomando entre sus párpados parecía el sol naciente.

Su mirada vacilante se detuvo en el rostro de Arianna.

“Buen… Tiempo…” (Sini)

Arianna acarició la mejilla de Sini con una leve sonrisa.

“Sí, recupérate pronto. Así podré mostrarte el buen tiempo.”

 

***

 

A la mañana siguiente, Arianna recibió un telegrama.

Era un telegrama enviado desde el Territorio del Norte que anunciaba que Isaac y Andrei se dirigían al Gran Ducado del Este.

‘Si se trata de Andrei, debe referirte al joven Duque de Hern, ¿verdad?’

Arianna ya había conocido a Andrei y había intercambiado algunas palabras con él.

Fue en una pequeña fiesta celebrada en un salón de la capital imperial cuando tenía 24 años y se movía como la mano derecha del Tercer Príncipe.

El Tercer Príncipe, Harold, quien había invitado a Arianna a bailar, se acercó a ella, señaló a un hombre y dijo:

<“Ese tipo es el joven Duque Andrei Hern, el confidente más cercano del Gran Señor del Norte.”> (Tercer Príncipe)

Un hombre alto y apuesto, de cabello negro que le llegaba hasta el cuello, ojos grandes con las comisuras ligeramente caídas e iris de un intenso color púrpura, el apuesto joven de contextura esbelta estaba rodeado de nobles.

<“Si te haces amiga de él, me será de gran ayuda más adelante.”> (Tercer Príncipe)

El Tercer Príncipe no le ordenó nada a Arianna. Pero esas palabras fueron suficientes. Si eso le ayudaba, Arianna debía acercarse a Andrei y hacerse amiga de él.

Arianna aprovechó la oportunidad para acercarse a él. Le ofreció una copa, dedicándole una sonrisa deslumbrante.

No sentía vergüenza alguna ni nada por el estilo.

Porque esa sonrisa frívola y esa actitud vulgar también eran de gran ayuda para el Tercer Príncipe; porque si tenía éxito, el Tercer Príncipe la necesitaría y jamás diría que alguien como ella no debería haber nacido.

Andrei aceptó la copa que Arianna le ofreció con una sonrisa dulce y le susurró al oído mientras ella exhalaba un suspiro de alivio:

<“No me gustan las mujeres que se me acercan con segundas intenciones, señora.”> (Andrei)

La afilada hoja oculta en esa voz afectuosa atravesó el corazón de Arianna. Andrei ya no la miraba a ella, que lo observaba con los ojos muy abiertos.

Sus ojos violetas estaban fijos en los nobles que llenaban el salón.

<“Este lugar todavía está impregnado de un hedor terrible.”> (Andrei)

Arianna no entendía a qué se refería. Andrei bajó la mirada, y dijo mirando fijamente a Arianna.

<“No ponga un pie en este camino repugnante, señora. No encontrará nada bueno al final.”> (Andrei)

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