APM – 72 (II)

APM – Capítulo 72 – Ji Wan y Li Jibai (Parte II)

 

Era fácil encontrar a Li Jibai.

Excepto a la hora de las comidas, él estaba trabajando en investigaciones en el instituto o en su base secreta.

Ji Wan abrió con cuidado la puerta de la biblioteca del sótano y, efectivamente, vio a Li Jibai sentado en la larga mesa de lectura, concentrado en calcular fórmulas rápidamente.

Hojas de papel A4 cubrían la mesa como copos de nieve y bajo la luz incandescente, solo se oía el rasgueo de las plumas sobre el papel. Él tenía los ojos entrecerrados, su perfil denotaba una belleza refinada y elegante, propia de la transición entre la juventud y la adultez, sus omóplatos, bajo la fina camiseta, parecían alas de mariposa plegadas, revelando sutilmente sus contornos juveniles.

Ji Wan llamó a la puerta y al ver que Li Jibai no respondía, se agachó para recoger los papeles que habían caído al suelo, los apiló ordenadamente uno a uno y los colocó de nuevo junto a él.

No sabía cuánto tiempo él llevaba haciendo cálculos solo allí, había dos bolígrafos negros vacíos sobre la mesa; incluso el que sostenía en la mano estaba a punto de quedarse sin tinta.

Su agarre del bolígrafo era tan firme como siempre, sus nudillos ligeramente blancos, incluso su codo parecía ejercer fuerza, haciendo que las páginas el papel rasparan y crujieran.

“¡Has escrito muchísimo! ¿No fuiste a la cafetería a comer?”

Ji Wan miró su teléfono; ya eran las cinco de la tarde. A juzgar por sus cálculos, debía de llevar allí al menos seis o siete horas.

“Preparé galletas de copo de nieve, come un poco para calmar el estómago, después de comer, tengo algo que decirte.”

Ji Wan bajó la cabeza y abrió la caja de plástico, dentro había galletas de copo de nieve cuidadosamente dispuestas, de sabor original y otros de matcha, cubiertas con leche en polvo, cuyo dulce aroma inundaba el aire.

Sus sentimientos eran complejos, al mirar a Li Jibai, que parecía sacado de un cómic, sintió una mezcla de melancolía y una indescriptible sensación de alivio y resignación.

Li Jibai no dijo ni una palabra, pero apartó con fuerza las galletas de copo de nieve que ella le había dado.

Ji Wan rápidamente agarró la caja, evitando que el postre, preparado con tanto esmero, se arruinara.

Sus ojos se abrieron de par en par y preguntó sorprendida: “¿Qué pasa? ¿Quién te ha molestado?”

Li Jibai dejó de escribir, mirando fijamente los puntos de tinta en el papel, y dijo: “t²/r³=k(=4π²/gm)①.”

“¿Qué es eso?”

“PV=nRT②.” (Li Bai)

“¿Estás recitando fórmulas de física?”

Ji Wan se sentía como si estuviera hablando con una pared, agotada mentalmente, no pudo evitar alzar la voz: “¡Deja de recitar, no entiendo! ¡Tengo algo que decirte!”

Li Jibai se tapó los oídos con la mano y, con un gesto de rechazo, bajó la cabeza y gritó: “gmm/r²=mg; g=gm/r²! ③.”

“¡Li Jibai!” ¿Qué te pasa?

“…v=(gm/r)1/2;Ω=(gm/r3)2/1;t=2π(r3/gm)2/1.” ④ (Li Bai)

Li Jibai tenía los ojos ligeramente cerrados, pero seguía murmurando la fórmula frenéticamente.

Bajo la luz de la lámpara, los dedos largos y delgados del chico, que le cubrían las orejas, eran cálidos y suaves, con venas prominentes, tan blancos que casi brillaban.

Ji Wan frunció el ceño, apartó bruscamente las manos de Li Jibai de sus orejas y luego juntó ambas manos, dándole una bofetada en la cara y obligándolo a levantar la cabeza.

“¡No te muevas! ¡No sigas recitando fórmulas como un mantra! ¡Mírame!”

Ji Wan se inclinó hacia él, sujetando con fuerza su rostro, que reflejaba sorpresa y desconcierto, sin darle oportunidad de escapar.

“Cálmate y dime, ¿qué te pasa?”

Quizás por su cercanía, o tal vez por su tono demasiado serio en ese momento, Li Jibai finalmente se calmó.

Su pecho aún subía y bajaba rápidamente mientras miraba a Ji Wan, cuya pequeña figura se reflejaba en sus ojos claros y puros.

Tras un largo rato, frunció los labios y recuperó su tono habitual: “Estabas de la mano con un hombre, lo vi ayer junto al lago.”

“¿Qué hombre? ¿Con quién estaba de la mano…? Ah, ¿te refieres a mi senior?”

Ji Wan quedó atónita ante sus palabras, y tardó un rato en darse cuenta de que Li Jibai estaba enfadado.

Como su carácter era apacible pero obstinado e incluso cuando estaba molesto, no discutía con nadie; solo se desahogaba recitando fórmulas, como lo estaba haciendo ahora. Aunque esos teoremas y fórmulas no podían resolver las dudas de su corazón.

Li Jibai malinterpretó la ambigua relación entre ella y su senior, por lo que se enfadó, aunque ni él mismo se daba cuenta de que solo estaba actuando por despecho.

El corazón de Ji Wan latía con fuerza, más emocionada que si hubiera descubierto un nuevo continente. Olvidando el motivo original de su visita a Li Jibai, le acarició el rostro y le preguntó: “Esto te importa mucho, ¿verdad? Li Jibai, en el fondo, de verdad sientes algo por mí, ¿cierto?”

Las mejillas tensas de Li Jibai casi se deformaron por la presión, y un atisbo de confusión brilló en sus ojos.

¿Le importaba? Quizás sí.

“Dicen que Ji Wan tiene otro hombre, así que ya no vendrá a verme ni cocinará para mí.” (Li Bai)

Al oír la voz fría y ligeramente melancólica del chico, el corazón de Ji Wan se aceleró y una idea audaz se formó en su mente.

“Li Jibai, escúchame, llevo dos años detrás de ti porque me gustas mucho, he venido hoy para poner fin a estos dos años de sentimientos.”

Ji Wan lo miró a los ojos y, con todo su valor, confesó formalmente: “Si tú también sientes algo por mí, ¿puedes ser mi novio? Así podré estar contigo legalmente y cocinar solo para ti, ¿de acuerdo?”

‘¿Ser el novio de Ji Wan significa que puedo disfrutar de ella y de su comida solo para mí?’ (Li Bai)

‘Eso suena bastante bien.’ (Li Bai)

Así de fácil era resolver su dilema interno.

“De acuerdo.” – Respondió Li Jibai.

Ji Wan contuvo la respiración, intentando contener los latidos acelerados de su corazón. – “Piénsalo bien, Li Jibai…”

“Ya dije que de acuerdo.” (Li Bai)

Li Jibai la interrumpió con impaciencia, con la voz ligeramente más aguda, clara y brillante.

Las mejillas de Ji Wan se sonrojaron y no pudo evitar soltar una risita.

“Todos te llaman ‘Xiao Bai’, y de verdad lo eres. Bueno, hagámoslo: empezaremos a salir a partir de hoy, yo no buscaré a otros hombres, y tú tampoco coquetearás con otras mujeres, y definitivamente no te tortures con fórmulas cuando estés enfadado. ¿Me oyes?”

“Mmm.” (Li Bai)

“¿Mmm qué? Habla más alto.”

“Te escuché.” (Li Bai)

El chico de diecinueve años tenía labios rosados, dientes blancos y rasgos delicados. Ji Wan tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo la lujuria la invadía, y ya no pudo resistirse.

Cerró los ojos, besó rápidamente a Li Jibai en la mejilla y se apartó bruscamente, con el rostro rojo como una manzana madura.

Li Jibai probablemente se sobresaltó por su ‘emboscada’, y sus ojos se abrieron ligeramente. Inconscientemente, se llevó la mano a la cara para limpiarse la mancha de brillo labial, diciendo: “Tienes pintura en los labios; me has ensuciado la cara.”

‘¡Este cabeza dura*! ¡Un heterosexual inútil y despistado!’

(N/T: * La frase coloquial china 「這個榆木腦袋」 significa literalmente «esta cabeza de madera de olmo» y se traduce al español como «este cabeza dura / hueca «, «este cabeza de alcornoque» o «este testarudo / zote».)

Ella le dio su primer beso, ¡y a él solo le importa que le ensuciaran la cara con ‘pintura’!

“¡Esto no es pintura, es un beso! Es algo que solo hacen los novios.”

Ji Wan estaba furiosa, agarró la cara de Li Jibai y le dijo con firmeza: “Mírame bien, Li Jibai, ¡me gustas!”

Se inclinó de nuevo y le dio un beso suave y delicado en el rabillo del ojo, mordisqueando suavemente el pequeño y adorable lunar bermellón.

Bajo la luz fría y brillante de la lámpara fluorescente, sus sombras, una de pie y la otra sentada, se entrelazaron en el suelo.

Li Jibai se quedó paralizado, apretando de repente los pantalones con fuerza, con las pestañas temblando violentamente.

Un suave brillo labial color té con leche cubría el lunar, Ji Wan retrocedió un poco, admirando su obra maestra con una sonrisa.

Li Jibai no se atrevió a mirarla a los ojos, frotándose el rabillo del ojo con la mano, mientras sus lóbulos de las orejas se enrojecían ligeramente.

Ji Wan observó las puntas rojas de sus orejas, con una sonrisa dulce como la miel.

Lo sabía; este tonto se había enamorado de ella.

 

***

 

El verano fue caluroso y largo. Tras el inicio del semestre, Ji Wan pasó a ser estudiante de último año y comenzó sus prácticas.

Ella y una amiga alquilaron una habitación fuera del campus, cerca de la Universidad A y la Universidad B, lo que facilitaba mucho el desplazamiento.

Li Jibai se convirtió en el líder de grupo de investigación más joven del Instituto de Física de la Universidad A y en su tiempo libre, Ji Wan seguía cocinando deliciosos platos para él y se los llevaba.

Hasta que un día, una hermosa chica con gafas de montura dorada llamó a su puerta, alzando ligeramente la barbilla, y le dijo: “Li Jibai y yo estamos juntos, él y yo somos del mismo mundo.”

El incipiente romance de Ji Wan se desmoronó abruptamente.

 


 

Ji Wan corrió a casa llorando.

Apoyada en la puerta, la imagen que no dejaba de rondar por su mente era la de Li Jibai y la chica más guapa del departamento de física, acurrucados, mirando un plano electrónico.

La indiferencia de Li Jibai al calcular los espectros de los planetas gigantes y la mirada provocativa, aunque ligeramente compasiva, de la chica más guapa del departamento, la hirieron profundamente.

Habían pasado más de dos años; incluso una roca dura debería haber madurado ya. ¿Cómo podía Li Jibai tratarla así?

Ji Wan finalmente fue a buscarlo y perdió la compostura.

Cuando le arrebató el bolígrafo de la mano a Li Jibai, pensó que si él la alcanzaba, se disculpaba y le explicaba, lo perdonaría por esa vez.

Pero él no lo hizo. Li Jibai solo cambió rápidamente de bolígrafo y continuó calculando la fuerza del viento solar que una estrella emite al absorber gas durante el enfriamiento radioactivo.

En ese momento, Ji Wan sintió como si le destrozaran el corazón.

Pensó que lo suyo con Li Jibai había terminado definitivamente.

Se secó las lágrimas, respiró hondo y, con determinación, tiró la fiambrera a la basura.

Ji Wan no esperaba que Li Jibai se atreviera a venir a su puerta.

Li Jibai solo había estado en su apartamento alquilado una vez. El trayecto desde la Universidad A hasta allí era de unos cientos de metros, lleno de curvas y con mucho tráfico; no sabía cómo había superado su costumbre de ir siempre en línea recta y había conseguido llegar hasta allí.

Él todavía sostenía la fiambrera de la vez anterior y dijo con un tono inocente y a la vez inquisitivo: “Ji Wan, ya son la 1:30. Te envié un mensaje, ¿por qué no me contestas?”

Por primera vez, Ji Wan sintió que la ingenuidad a veces podía ser la espada más hiriente del mundo.

“¿Por qué debería responder? ¿Acaso no tienes ya otra novia?”

“No tengo otra novia.” (Li Bai)

“¿Y qué hay de la guapa de tu facultad?”

Ji Wan se cruzó de brazos, lo miró y le preguntó: “Te pregunto, ¿aceptaste salir con ella a cambio de un plano?”

Li Jibai pensó un momento antes de decir: “Sí.”

Él abrió la boca, queriendo explicar algo más, pero Ji Wan lo interrumpió con desánimo: “¡Pues ve a buscar a tu nueva novia!”

Ella cerró la puerta de golpe, se tiró furiosa sobre la cama y golpeó una almohada varias veces.

Aún insatisfecha, hundió la cara en la almohada y dejó escapar un grito silencioso.

Ji Wan se despertó con el ruido de la lluvia golpeando el cristal.

Al abrir los ojos, vio que ya amanecía y todo estaba completamente oscuro. Su compañera de cuarto estaba de turno esa noche y ella estaba sola en la habitación donde reinaba un silencio inquietante.

Con semejante lluvia, Li Jibai debería haberse marchado hace rato, ¿no?, él presionó el timbre cada diez minutos esa tarde, tres veces, no más de cuatro, antes de que cesara el ruido de fuera.

Al pensarlo, Ji Wan sintió un nudo en la garganta, incapaz de disimular su frustración.

‘Está bien, una buena noche de sueño me hará bien.’

Ella se tapó los oídos con la almohada, se dio la vuelta y volvió a dormirse.

A las siete de la mañana, la lluvia paró y el cielo se despejó.

Ji Wan se recompuso, se preparó un buen desayuno, comió hasta saciarse y salió con una bolsa de basura.

En cuanto salió del edificio, se quedó paralizada.

Li Jibai seguía de pie en el mismo lugar, con un cuenco en la mano. El viento y la lluvia habían sido tan fuertes la noche anterior; toda la entrada del edificio estaba inundada, y él también estaba empapado hasta los huesos. Su ropa fina se le pegaba a su delgada figura, empapada en agua, y su rostro estaba blanco como un fantasma.

Él poseía la más pura terquedad de la juventud, sin mostrar resentimiento ni impaciencia, simplemente permanecía allí en silencio.

Sus ojos fríos, como la obsidiana, solo brillaban con un atisbo de inocente vitalidad al ver a Ji Wan.

A Ji Wan se le cortó la respiración, y la bolsa de basura que llevaba en la mano casi se le resbaló y cayó al suelo.

“Li Jibai, no has estado aquí parado toda la noche, ¿verdad?”

Ella estaba furiosa. – “¡¿Estás loco?! ¿Crees que estás actuando en una telenovela melodramática?”

“Ji Wan, ¿por qué me ignoras?” (Li Bai)

La voz de Li Jibai era terriblemente ronca, casi a punto de desmoronarse. – “Ayer toqué el timbre tres veces.”

Ji Wan tiró la bolsa de basura, dio un paso al frente y lo agarró, furiosa y enojada.

“¿Por qué… por qué lo hiciste? Tienes novia y aún así tienes interacciones con otra chica. Eso es infidelidad, un error de principios, no algo que puedas borrar haciéndote la víctima.”

“No te engañé.” (Li Bai)

Li Jibai tosió levemente, mirándola. – “Guan Lin me dijo que si me hacía amigo de ella, me mostraría los planos más recientes de los instrumentos ópticos de la Universidad de Princeton. En psicología, ‘interacción’ se refiere a la comunicación directa entre personas; en lingüística, se refiere al intercambio de información y en sociología, se refiere a la construcción de conexiones sociales entre las personas…”

Él recitó con fluidez el significado literal de ‘interacción.’

Ese idiota, simplemente no entiende en absoluto que la palabra ‘interacción’, usada por alguien del sexo opuesto, también conlleva un significado ambiguo.

‘¿Cómo podría entenderlo?’

¡Él tiene el síndrome de Asperger leve! Su falta de habilidades comunicativas y sus modales rígidos y acartonados eran problemas que Ji Wan había ignorado deliberadamente todo ese tiempo.

“Entonces, ¿por qué no me lo dijiste ayer cuando fui a buscarte? Si me hubieras alcanzado y me lo hubieras explicado bien, te habría perdonado.”

Ji Wan se secó rápidamente los ojos y dijo con la voz ligeramente entrecortada: “Soy fácil de contentar, Li Jibai.”

“¿Viniste a buscarme?” (Li Bai)

Li Jibai apoyó la frente en la mano, pensando un momento, con el ceño fruncido y un atisbo de dolor en los ojos. – “Después de ver los planos ayer, me sentí un poco emocionado. Esas fórmulas daban vueltas en mi cabeza; tenía que terminar de calcularlas, o seguirían desfilando ante mis ojos, densamente agrupadas, interminables…”

Él habló en voz baja, su respiración cada vez más acelerada.

El calor abrasador de su ropa húmeda se transmitió a las yemas de los dedos de Ji Wan, claramente superior a la temperatura corporal normal.

Ji Wan le puso la mano en la frente y exclamó sorprendida: “¡Li Jibai, tienes fiebre!”

Li Jibai fue hospitalizado.

Ji Wan preparó sopa de pollo para visitarlo y en cuanto abrió la puerta de la habitación del hospital, vio a una elegante pareja de ancianos sentados junto a la cama.

Eran los padres de Li Jibai. Ji Wan recordó que eran personas muy cultas y profundamente involucradas en el ámbito educativo.

Ella se sintió inexplicablemente nerviosa y estaba a punto de irse cuando la amable madre Li la detuvo.

“¿Ji Wan? Tú… tú eres Ji Wan, ¿verdad?

Ji Wan no tuvo más remedio que armarse de valor y entrar, saludándola con una sonrisa: “Hola, tía.”

La madre de Li estaba radiante de alegría. Se puso de pie, tomó la mano de Ji Wan y la miró de arriba abajo con una mirada cariñosa y tierna. – “Jibai dijo que tenía novia antes, y no le creí. Ahora que te veo, ¡ay, Dios mío, eres incluso más guapa que en las fotos!”

“¿Fotos? ¿Él le contó todo eso?”

“Ya lo averigüé. Noté que últimamente se veía mucho más radiante, e incluso había subido un poco de peso, así que supe que algo le pasaba.” (Sra. Li)

La madre Li sonrió y dijo: “Dijo que cocinas muy bien, que siempre hueles bien y que tienes una gran personalidad.”

Ji Wan observó a Li Jibai, que dormía profundamente en la cama, con el rostro ligeramente sonrojado.

Si la madre Li supiera que la enfermedad de Li Jibai se debía a un conflicto con ella, ¿seguiría pensando que tenía una buena personalidad?

Se sentía atraída por la apariencia y el talento de Li Jibai, pero olvidó que querer de verdad a alguien significaba aceptarlo todo de él, incluyendo sus diferencias.

En realidad, no entendía a Li Jibai en absoluto.

Ese joven no comprendía las complejidades de las relaciones humanas; era demasiado fácil desviarlo del camino correcto. Solo había dos cosas importantes en su vida: la física y comer con Ji Wan…

Él no sabía qué era el ‘amor’, pero en verdad, eso era amor.

Era un amor más puro y duradero que el de ella.

Al ver la angustia de Ji Wan, la señora Li le tomó la mano, era tanto un gesto de aliento como de gratitud.

“Sé que, en su situación, cualquier chica lo pasaría mal estando con él. Te agradezco que lo cuides y que lo comprendas.” (Sra. Li)

La señora Li miró a su hijo y suspiró suavemente: “Nació para la física, estudió el universo y las estrellas durante más de diez años, y sin embargo, él mismo se siente más solo que cualquier estrella.”

Más tarde, Ji Wan se enteró por su compañero senior de que lo primero que hizo Li Jibai tras ser dado de alta del hospital fue ir a ver a Guan Lin.

Desconocía de qué hablaron, pero supo que Guan Lin tenía un semblante bastante sombrío al regresar al aula.

Tras oír eso, Ji Wan encontró a Li Jibai leyendo en la biblioteca del sótano y lo interrogó.

“Le dije que lo había malinterpretado. Ser amigos está bien, pero ser novios no.” (Li Jibai)

Li Jibai levantó la vista de detrás de su libro y dijo lentamente: “Solo tengo una novia, se llama Ji Wan.”

Ji Wan quedó sumamente satisfecha con la respuesta e inmediatamente se inclinó para darle un rápido beso en los labios.

Las pestañas de Li Jibai revolotearon y bajó la cabeza para leer.

Cuando Ji Wan sonrió y apartó la mirada para hojear revistas en la estantería, él, inconscientemente, volvió a mirarla, contemplando en silencio su figura esbelta y elegante.

Algunas personas jamás sabrán cuántas miradas sutiles pero intensas han recibido.

 


 

Ji Wan comenzó a estudiar psicología con diligencia y, tras graduarse, cursó una maestría y un doctorado combinados, especializándose en psiquiatría.

Intentó establecer ‘programas’ que Li Jibai pudiera comprender para regular y modificar sus comportamientos rígidos, como exigirle que se aseara y se fuera a la cama antes de las 11 de la noche para asegurarse de que durmiera lo suficiente.

Al principio fue realmente difícil.

Estaba adormilada por haber pasado la noche en vela, y al despertar de una siesta encontró a Li Jibai todavía acostado obedientemente a su lado, mirando al techo.

“Wan Wan, no puedo dormir.” (Li Jibai)

Él explicó: “En cuanto cierro los ojos, un sinfín de fórmulas revolotean ante mí, como un banco de peces juguetones, obligándome a mantenerme despierto.”

Al oír eso, Ji Wan se giró de lado, apoyando la cabeza en la mano izquierda, su dedo índice derecho recorrió los atractivos rasgos de Li Jibai, delineando suavemente el puente de su nariz recta, hasta posarse en sus labios rosados ​​pálidos, acariciándolos con delicadeza.

Ji Wan sonrió lánguidamente, inclinándose para susurrar: “¿No puedes dormir? Hagamos otra cosa.”

Tras casi dos años de noviazgo con Li Jibai, su relación aún se encontraba en la etapa inicial de besos, abrazos y caricias. Ji Wan era una mujer sana y normal, y Xiao Bai se acercaba a la edad legal para casarse; algunas cosas eran naturales, y ella anhelaba dar el siguiente paso.

Pero, de vez en cuando, Ji Wan sentía una punzada de culpa.

Xiao Bai era demasiado inocente, su mirada fría y pura le daba la ilusión de corromper a un niño.

“Mmm… Te lo he dicho tantas veces, no puedes morder.”

La mano suave y cálida de Ji Wan se deslizó bajo el dobladillo de su camiseta, recorriendo los músculos definidos y firmes de su pecho y abdomen, y lo provocó: “Xiao Bai, ¿eres un perro?”

Tras un beso largo y apasionado, ambos estaban ligeramente sin aliento.

Su habitual indiferencia se había visto alterada por las emociones que empezaban a surgir.

Los ojos oscuros de Li Jibai estaban un poco húmedos. Intentó disimular su incomodidad y bajándose el dobladillo de la ropa, murmuró: “Está tan hinchado…”

Ji Wan tragó saliva con dificultad, armándose de valor, se acercó más: “¿Y bien, continuamos?”

No lograron continuar.

Justo cuando los dos estaban inmersos en un beso apasionado, sonaron las campanadas de medianoche. Los instintos rígidos de Li Jibai se activaron, y sonrojado, apartó a Ji Wan y dijo: “Es hora de dormir.”

Dicho eso, cerró los ojos y se quedó dormido.

Ji Wan se quedó atónita por un instante, hasta que vio cómo la respiración de la persona a su lado se volvía gradualmente más pausada, su flequillo esponjoso caía sobre sus delicadas cejas, y sus pestañas suaves y dóciles eran completamente tranquilas.

Ji Wan se sintió a la vez divertida y exasperada, levantó el tirante de su camisón, que se le había resbalado del hombro, y besó suavemente el pequeño lunar bermellón en el rabillo del ojo del hombre.

“Dulces sueños, Xiao Bai.”


Nota del autor:

① Tercera Ley de Kepler.

② Ecuación de estado para un gas ideal.

③ Fórmulas para la gravedad y la aceleración gravitatoria en cuerpos celestes.

④ Fórmulas para la velocidad orbital, la velocidad angular y el período de un satélite.

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