APM – Capítulo 73 – Ji Wan y Li Jibai (Parte III)
Li Jibai seguía escribiendo frenéticamente en la pizarra, con el bolígrafo chirriando al deslizarse, supuestamente, estaba calculando la interacción entre un cuerpo celeste y un gas.
Sus labios aún conservaban el rubor del beso, su cabello estaba desordenado y erguido en mechones, y ni siquiera había tenido tiempo de vestirse. El hombre sostenía un bolígrafo en una mano, calculando, mientras que la otra la llevaba casualmente en el bolsillo del pantalón del pijama. Tenía el torso desnudo y la cintura delgada y fuerte, la delgada piel que cubría su cuerpo aún conservaba un atisbo de ingenuidad juvenil.
Los tirantes del sujetador de Ji Wan estaban sueltos, se apoyó en el cabecero, jadeando, todavía aturdida por la pasión reciente. Ella se aferró a su bata, mirando con resentimiento la espalda del hombre en la sala, sintiéndose completamente impotente.
Mientras lo miraba, sentía un inexplicable escozor en los ojos.
Tan avergonzada, tan agraviada, tan insatisfecha.
“Xiao Bai, voy a dar un paseo para despejarme.”
Cinco minutos después, Ji Wan terminó de vestirse, se paró en la puerta y alzó la voz: “Me voy.”
Por supuesto, no hubo respuesta.
Una vez que Li Jibai se sumerge en su trabajo, se concentra por completo en los cálculos de su pluma, ajeno a cualquier cosa que pueda suceder, incluso a un evento catastrófico.
Ji Wan suspiró suavemente, se dio la vuelta y salió por la puerta.
***
Había una plaza con fuente fuera de la zona residencial. Era tarde por la noche y la plaza estaba desierta, con solo un círculo de luces de colores encendidas tenuemente.
Ji Wan no se atrevió a ir muy lejos, primero porque no era seguro, y segundo porque temía que Li Jibai no pudiera encontrarla.
Se sentó en los escalones de la terraza, se ajustó el abrigo, sacó una lata de cerveza cubierta de gotas de agua por la condensación de la bolsa de plástico que tenía al lado y la abrió con un clic.
Con un silbido, la espuma de la cerveza brotó.
Ji Wan rápidamente dio un sorbo, el alcohol asaltó sus papilas gustativas, fresco y ligeramente amargo, haciéndola desear tragar, pero luego un largo y persistente regusto la invadió, dejándole un regusto prolongado.
Hoy era su cuarto aniversario, Ji Wan había vuelto temprano a casa para preparar una cena cuidadosamente elegida y, aprovechando el ligero efecto del vino, logró calmar a Xiao Bai, que tenía las orejas rojas de manera inocente.
En medio de su apasionado beso, Xiao Bai abrió los ojos y notó la lámpara de plumas que se balanceaba en el techo e inspirado por algo, murmuró: “¡Lo tengo!” y la apartó, se levantó de la cama y comenzó a hacer cálculos frenéticamente en la pizarra con un rotulador.
Esa era ya la enésima vez.
Ji Wan siempre había sentido que su estudio de la psicología tenía menos que ver con guiar a Li Jibai y más con guiarse a sí misma.
Seguirle el ritmo a Li Jibai era una tarea ardua. Ella siempre ha sido increíblemente complaciente y trabajadora, pero aun así, inevitablemente, se encuentra dejada de lado de manera inesperada, como hoy.
Sin embargo, pensándolo bien, no es la única que está haciendo sacrificios en el día a día.
Por ejemplo, a ella no se le daba muy bien las tareas domésticas, salvo cocinar, sobre todo ordenar, mientras que Xiao Bai es un maniático del orden, casi obsesivo-compulsivo. Todos los días, antes y después de salir de casa, su ropa siempre está amontonada desordenadamente sobre la cama o el sofá, y Xiao Bai la ordena pacientemente y la guarda en su sitio; después de cocinar, friega las ollas y sartenes apiladas hasta dejarlas impecables, y cuando llega a casa y encuentra la casa limpia y reluciente, se siente increíblemente a gusto.
Xiao Bai también tiene muy buen carácter, parece muy distante, pero en realidad es un joven amable y tranquilo. Nunca discute con ella e incluso cuando ella lo molestaba demasiado, él solo se sonrojaba y murmuraba: “Wan Wan, todavía tengo trabajo que hacer…”
No era culpa suya que fuera un poco lento para entender las cosas; cuando Dios te otorga una inteligencia extraordinaria, siempre te quita algo a cambio.
Sonó su teléfono; era Xiao Bai dejando un mensaje de voz.
“Wan Wan, ¿dónde estás?” (Li Jibai)
Una voz ligeramente confusa, teñida de ansiedad, preguntó: “No te encuentro por ninguna parte de la habitación. ¿Te estás escondiendo?”
Ji Wan se llevó la botella de cerveza a la frente y soltó una risita.
‘¿Este idiota? ¿Acaso pensaba que estaba jugando al escondite?’
Ji Wan sostuvo el teléfono un momento, envió su ubicación y respondió: “Estoy mirando las estrellas en la plaza.”
Tras terminar dos latas de cerveza, escuchó pasos familiares detrás de ella.
Li Jibai, vestido con una sudadera blanca, pantalones de pijama holgados y pantuflas, con el cabello revuelto y un mechón fuera de lugar, se detuvo junto a ella según el sistema de localización.
Sus miradas se cruzaron y Ji Wan lo saludó adormilada: “Hola, Xiao Bai. ¿Por qué no te cambiaste los zapatos antes de salir?”
Li Jibai bajó la mirada hacia sus pies y pareció darse cuenta de algo, diciendo: “Ah. Lo olvidé.”
Acababa de resolver un problema y estaba tan concentrado en encontrar a Ji Wan que se olvidó por completo de cambiarse los zapatos.
Ji Wan, agarrando la lata de cerveza vacía, se rió de él: “Menos mal que te acordaste de ponerte algo de ropa, si no, no solo te habrías resfriado, sino que seguridad te habría arrestado por pervertido.”
Li Jibai miró las latas de cerveza vacías a su lado, sin decir nada.
“Hoy hay demasiadas nubes, no se puede ver las estrellas.” (Li Jibai)
Li Jibai se sentó correctamente junto a Ji Wan, contemplando el cielo oscuro junto a ella. – “Puedo llevarte al observatorio astronómico para que veas la Nebulosa de Andrómeda.”
Ji Wan se giró para mirarlo, apoyando la barbilla en la mano sin poder evitarlo, y dijo con voz ebria: “Xiao Bai, tengo una pregunta para ti.”
“¿Qué pregunta?” (Li Jibai)
“Para ti, ¿qué es más importante, yo o la física?”
“La física.” (Li Jibai)
Li Jibai respondió casi sin dudar.
Ji Wan hizo un puchero, con el rostro desencajado.
“Pero Wan Wan, leí un libro: El Principito de Antoine Saint-Exupéry. El Principito vivía en un planeta muy pequeño, veía la puesta de sol 43 veces al día y solo tenía una rosa a su lado.”
Li Jibai seguía absorto en sus pensamientos, hablando con su tono único, claro y pausado: “Wan Wan, tú eres mi rosa.”
‘No importa cuán lejanas estén las galaxias que observo, siempre estarás a mi lado.’ (Li Jibai)
El corazón de Ji Wan dio un vuelco repentino, como si hubiera revivido.
Como la estimulación de la cerveza en sus papilas gustativas, tras un ligero amargor, una infinita sensación de hormigueo la invadió.
Ese chico, Xiao Bai, pronunciaba palabras de amor verdaderamente increíbles con un tono infantil e inocente.
Incluso sin la luz de las estrellas ni de la luna, sus ojos permanecían claros y brillantes, como la primera nieve de finales de año, nítidos pero suaves. Esa era una pureza grabada en lo más profundo de su alma, que brillaba incluso en la oscuridad más profunda.
Ji Wan sabía que esa chispa brillante y apasionada se llamaba “fe.”
Li Jibai tenía su propia fe: la física.
¿Pero cuál era la fe de ella?
Ji Wan nunca se había planteado esa pregunta. De lo único que estaba segura era de que su vida no debía girar únicamente en torno a Li Jibai; ella tenía que tener su propia carrera.
“Xiao Bai, planeo abrir un centro de asesoramiento psicológico después de graduarme.”
Ji Wan pareció tener una revelación repentina, su rostro se sonrojó ligeramente y dijo pensativa: “Probablemente regrese a Chancheng, los costos de inversión aquí en Beijing son demasiado altos; me resulta difícil costearlos con mi situación financiera actual.”
“De acuerdo.” (Li Jibai)
Li Jibai no dijo nada más, solo le ofreció su apoyo incondicional.
Parecía que, dijera lo que dijera, Li Jibai asentiría obedientemente y diría: “De acuerdo, escucharé a Wan Wan.”
“Tengo dinero, puedo dártelo todo.” (Li Jibai)
Él dijo muy seriamente: “Aunque no he comprobado la cantidad exacta de decenas de miles, mi hermano mayor dijo que es más que suficiente para casarme. La tarjeta está en mi bolso, la contraseña es 95XXXX…”
Ji Wan se tapó la boca rápidamente, reprendiéndolo: “¿Se puede decir la contraseña así como así? ¿Qué harás si me das todo tu dinero?”
Li Jibai parpadeó lentamente, como preguntando: “Eres Wan Wan, ¿por qué no puedo decirte la contraseña?”
Él bajó suavemente la mano de Ji Wan: “El instituto de investigación ofrece alojamiento y comidas con todo incluido, así que no necesito dinero. Además, puedo ganar más.”
Ji Wan extendió la mano y le pellizcó la mejilla firme, riendo: “Tonto, si vuelvo a Chancheng, no podré estar contigo ni cocinarte tan a menudo.”
“¿Romperás conmigo si vuelves?” (Li Jibai)
“Una relación a distancia, no es una ruptura.”
Ji Wan se divirtió con él: “Pero las relaciones a distancia ponen a prueba la relación. Algunas parejas que viven separadas terminan rompiendo.”
Los ojos de Li Jibai se abrieron un poco, con expresión algo preocupada.
“No rompas conmigo.” (Li Jibai)
Él suplicó con voz ahogada, y luego tomó una decisión rápidamente: “Tengo largas vacaciones todos los años, puedo ir a tu ciudad a verte.”
Ji Wan le preguntó: “¿No te da miedo tomar un camino largo? La ciudad de Chancheng está bastante lejos de la capital.”
Li Jibai ladeó la cabeza y pensó un momento, luego respondió: “Si es para verte, no tengo miedo.”
‘Si es para verte, iré corriendo.’
A Ji Wan se le llenaron los ojos de lágrimas, se llevó las manos a la frente y rió suavemente.
Li Jibai ladeó la cabeza, mirándola algo desconcertado. “¿De qué te ríes? Wan Wan, ¿he dicho algo infantil otra vez?”
“No, no.”
Ji Wan se inclinó y abrazó a Li Jibai con fuerza, escondiendo su rostro en su hombro con todas sus fuerzas. – “Xiao Bai, a veces de verdad no puedo hacer nada contigo. Pero la mayoría de las veces, eres tan adorable.”
Ji Wan no tenía buena tolerancia al alcohol, y cuando se levantó, sus piernas se tambalearon incontrolablemente. Li Jibai se inclinó y la llevó a casa a cuestas paso a paso.
El camino de regreso no fue recto, pero él había encontrado su propio rumbo.
Al llegar a casa, besó a Ji Wan por primera vez, continuando lo que no habían dejado pendiente antes.
Ji Wan siempre había pensado que Li Jibai era como un perro; le gustaba mordisquearla juguetonamente mientras la besaba, e incluso en la cama, era como un cachorro, aferrándose a ella y acariciándola con el hocico: simple y directo, sin muchas técnicas sofisticadas, su actitud concentrada y trabajadora era irresistiblemente sexy.
Tic-tac, sonaron las campanadas de medianoche, pero Li Jibai no se detuvo.
Por primera vez, superó su rígida rutina; las densas fórmulas ya no danzaban ante sus ojos; solo la seductora rosa que florecía lentamente bajo él.
Durmió profundamente hasta el amanecer.
Cuando Ji Wan abrió los ojos, Li Jibai seguía dormido a su lado, con sus largas pestañas, que incluso ella, siendo mujer, envidiaba, cerrándose suavemente. Su rostro era pulcro y apuesto, rebosante de energía juvenil, exactamente igual que cuando se conocieron seis años atrás, como si el tiempo se hubiera detenido para él.
Ji Wan no pudo resistir la tentación de acariciar con los dedos sus rasgos.
Quizás con un ligero cosquilleo, sus pestañas temblaron varias veces. Con voz adormilada, le presionó las yemas de los dedos y la llamó con voz ronca: “Para, Wan Wan…”
Eran más de las ocho de la mañana y, por primera vez en su vida, el jefe de equipo Li se había quedado dormido.
***
Tras la llegada del invierno, Li Jibai llevó a Ji Wan a la ciudad de Shanghái.
La academia de ciencias de allí poseía el super telescopio más avanzado, aclamado como la ‘cuna de la astronomía moderna en China.’
La calidad del aire era excelente por la noche; el cielo era tan oscuro como la tinta, con una ligera brisa fresca.
Li Jibai tomó la mano de Ji Wan y subió a una plataforma de observación en la Montaña Zijin, guiándola para contemplar las estrellas a años luz de distancia.
“Primero, localiza el objetivo con el buscador, luego ajusta el enfoque desde aquí, lentamente.” (Li Jibai)
Li Jibai, con una chaqueta de plumón azul oscuro, se inclinó y pacientemente le enseñó a Ji Wan cómo observar nebulosas. Su perfil era serio, con una concentración casi meticulosa.
Ella no sabía cómo manejaba un instrumento tan complejo y enorme. Ji Wan sintió que su alma viajaba a través de mares de estrellas, las coloridas nebulosas se magnificaban ante sus ojos, hasta que finalmente se posaron en un punto determinado.
Al principio, no lo veía con claridad, pero Li Jibai ajustó pacientemente el telescopio según su órbita durante un buen rato hasta que apareció en la lente una estrella ligeramente tenue, de color naranja amarillento.
Li Jibai dijo que ese era la pequeña estrella que le había regalado a Wan Wan, llamada ‘la Estrella Ji Wan.”
Al principio, Ji Wan pensó que él bromeaba. Mientras observaba la estrella a través del telescopio, le dio un golpe juguetón en el hombro y le dijo: “¡Qué broma tan tonta! Xiao Bai, ¿cuándo aprendiste a usar frases tan cursis para ligar?”
Li Jibai quedó atónito por el golpe y sacó de su mochila una caja de regalo rectangular del tamaño de un libro, con expresión algo molesta y dijo: “No te miento, Wan Wan. Esta estrella realmente lleva tu nombre.”
Ji Wan tomó la caja con cierto escepticismo, la abrió y encontró dos certificados en inglés con sellos oficiales.
No se trataba de los certificados falsos que se venden por 258 yuanes en Taobao, sino certificados auténticos de nombramiento de asteroides, aprobados y emitidos por la Unión Astronómica Internacional.
El certificado indicaba claramente que el planeta terrestre con la designación internacional 38XXXX se llamaba ‘Estrella Ji Wan’, y otro certificado especificaba la ubicación y órbita del asteroide.
Era un regalo de Li Jibai para ella, una muestra de cariño desde cuatro millones de años luz de distancia.
Ji Wan se quedó inmóvil, sosteniendo el certificado y revisándolo repetidamente durante un largo rato, luego, bajó la mirada hacia la estrella de color amarillo oscuro en el super telescopio, con la vista cada vez más borrosa.
Ella respiró hondo antes de alzar sus ojos llorosos y preguntar con una sonrisa: “¿Compraste los derechos para nombrar esta estrella? ¿Fue caro? ¿Cuándo lo hiciste?”
“No fue muy caro. La Unión Astronómica Internacional utiliza planetas sin nombre para premiar a personas o equipos que realizan contribuciones destacadas al mundo.”
Li Jibai, con la mochila colgada al hombro, respondió metódicamente: “Este asteroide similar a la Tierra fue descubierto hace cinco años. Los astronautas tienen que esperar a que cada nuevo asteroide que descubren orbite su estrella cuatro veces antes de poder confirmar su identidad.”
“Eso significa que esperaste aproximadamente unos cuatro años.”
“Sí, así que, en definitiva, conseguir los derechos del nombre lleva al menos cinco años.” (Li Jibai)
‘Cinco años…’
Es decir, poco después de que ella comenzara a salir con Li Jibai, él ya había empezado a preparar ese regalo.
¿Quién puede decir que Li Jibai es tonto?
Es claramente el joven más puro y devoto del mundo.
Los ojos de Ji Wan se llenaron de lágrimas, exhaló un suspiro y sonrió: “Una oportunidad tan valiosa, ¿por qué no te la quedas? ‘Estrella Jibai’, qué bonito sería.”
“’Estrella Ji Wan’ es aún más bonito. De ahora en adelante, cada vez que mire el cielo estrellado, pensaré en ti.” (Li Jibai)
Li Jibai se aferró a la correa de su mochila, visiblemente nervioso y tras dudar un momento, le recordó: “Wan Wan, busca otra vez en la caja. Hay otros regalos.”
Ji Wan seguía absorta en el encanto de ‘la estrella Ji Wan’, con el corazón latiéndole con fuerza, casi asfixiándola.
Regalarle una estrella bastaba para conmoverla; temía que cualquier otro regalo extravagante la hiciera desmayarse en el acto.
Armándose de valor, Ji Wan sacó con cuidado el certificado y lo colocó en la silla antes de comenzar a rebuscar entre la pila de papeles a prueba de golpes.
Dos objetos plateados y brillantes apenas eran visibles, Ji Wan contuvo la respiración y, con dedos temblorosos, apartó con cuidado los papeles…
Eran un par de anillos de compromiso.
Li Jibai parecía aún más nervioso que ella, bajó la cabeza y un leve rubor le subió a las orejas. Se aferró a la correa de su mochila durante un buen rato antes de pronunciar finalmente su discurso cuidadosamente preparado.
“Wan Wan, ¿sabes cómo se descubren los asteroides? Solo podemos determinar si un planeta orbita una estrella cuando su luz experimenta cambios periódicos de brillo, y los valores de esos cambios son similares cada vez. Algunos planetas orbitan solos durante cientos de millones o incluso miles de millones de años sin ser detectados por nadie…” (Li Jibai)
Era la una de la mañana, el viento de la montaña era frío, pero sus ojos eran tan dulces y claros.
“Pero solo necesité diecisiete años para conocerte. Wan Wan, tú eres quien ha trazado mi órbita.” (Li Jibai)
Mucha gente observa planetas, pero solo Ji Wan comprendía verdaderamente a Li Jibai.
“Entonces, Wan Wan, ¿quieres casarte conmigo?” (Li Jibai)
¿Qué más podía decir Ji Wan?
Siempre había creído que ella tenía el control de la relación, que cada paso que daban ella tomaba la iniciativa, y que la propuesta de matrimonio en el futuro no sería la excepción. Realmente no esperaba que el paso más crucial fuera uno que el propio Li Jibai hubiera descubierto.
Ese idiota, normalmente tan callado y reservado, ¡quién iba a imaginar que haría algo tan poderoso!
“Sí, acepto.”
Ji Wan sorbió por la nariz y luego repitió con una sonrisa: “¡Sí, acepto, idiota! ¡Date prisa y ponme el anillo!”
“¡Oh… oh!” (Li Jibai)
Li Jibai dio un paso al frente, con los ojos entrecerrados, y con torpeza pero con seriedad deslizó el anillo en su suave y delicado dedo.
Ji Wan también tomó otro anillo de hombre y lo colocó con delicadeza en su largo y liso dedo anular.
Luego, ella volvió a sorber por la nariz, incapaz de contener más sus emociones, y se arrojó a los brazos de Li Jibai.
Li Jibai retrocedió un paso para recuperar el equilibrio, se detuvo un instante y luego la abrazó con fuerza.
“Wan Wan, ¿estás feliz?” (Li Jibai)
“¡Feliz! ¡Estoy tan feliz!”
El pequeño diamante en su dedo anular reflejaba las estrellas en el cielo nocturno, brillando con igual intensidad, eternamente inmutable.
Igual que ellos, abrazados en la plataforma de observación de la cima de la montaña.
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<Aquella Pequeña Muda>
∞ Fin de las historias paralelas ∞
Nota del autor:
Gracias a todos por su continuo apoyo~
Nameless: Estoy feliz de anunciar el final de los extras (Historias paralelas) de esta hermosa novela… Han sido 05 meses de traducción, es bastante para una novela de solo 73 episodios, pero por fin terminé.
Denle mucho amor y nos vemos en la siguiente Historia, aunque no tengo ningún prospecto para traducir, trataré de buscar alguna historia bonita y que me interese.
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