Capítulo 46: Enemigo
La mayor ventaja de regresar a la residencia Wen fue que la gente se ofrecía a ayudarla a cuidar a la niña, lo que le permitió disfrutar de algo de paz y tranquilidad.
La habitación lateral al este de la casa principal se había convertido en una farmacia espaciosa y luminosa, totalmente equipada con estanterías, un hornillo de medicinas y otras comodidades. Shao Yao dijo que esa habitación se terminó a principios de diciembre y era de uso exclusivo de Ming Wan.
A principios de diciembre… Ming Wan calculó los días; en ese momento, Wen Zhi aún no se había presentado ante ella.
En otras palabras, antes de que Wen Zhi se fuera al sur, a Hangzhou, ya había hecho los preparativos para traerla de vuelta. Y, de hecho, lo hizo.
Con el paso de los años, Wen Zhi se había transformado de una lava fundida a punto de estallar en cualquier momento en un iceberg silencioso. Solo su naturaleza obstinada e inflexible permanecía intacta; lucharía con uñas y dientes para conseguir lo que deseaba, en cuanto a si podrá apreciar lo que ha conseguido, eso era otra historia.
Ming Wan observó los muebles completamente nuevos de la habitación, decir que no le conmovieron en absoluto sería una mentira.
Fuera del salón de flores, todo seguía igual. El columpio colgaba silenciosamente, y varias macetas de madreselva de un verde intenso se alzaban sobre el estante de madera, con sus enredaderas trepando exuberantemente; no había cambiado mucho desde que se marchó, pero según el mayordomo Ding, la madreselva que había plantado años atrás se había muerto, y Wen Zhi había estado desconsolado por ello durante mucho tiempo y más tarde, trasplantó la misma especie de otro lugar.
Ming Wan se sorprendió bastante al escuchar esos asuntos aparentemente triviales, pues tanto el Wen Zhi ‘loco’ descrito por Qing Xing como el Wen Zhi ‘desconsolado’ mencionado por el mayordomo Ding eran muy diferentes de la persona que Ming Wan recordaba.
Justo cuando estaba absorta en sus pensamientos, una invitada inesperada llegó a la mansión.
De repente, una voz femenina clara y altiva provino de detrás de ella, preguntando con curiosidad: “¿Es usted la esposa de Wen Zhi, quien ha estado fuera de casa durante tantos años?”
Ming Wan se giró instintivamente y vio a una mujer de extraordinaria belleza y porte noble.
La mujer vestía un vestido rojo como el fuego, llevaba el cabello negro recogido en un moño y un largo látigo con incrustaciones de oro que colgaba de su cintura, con cejas finas como hojas de sauce y ojos de fénix, mantenía la barbilla ligeramente alzada, escudriñando a la gente como un orgulloso pavo real.
Ming Wan no la reconoció; en la residencia de la familia Wen nunca ha habido una mujer tan arrogante y dominante.
Ming Wan miró hacia atrás y, al ver que nadie le impedía el paso, preguntó: “La invitada no es una persona de la casa y no tiene tarjeta de visita. ¿Cómo entró?”
La mujer sonrió levemente, arqueando las cejas y con dijo desdén: “Wen Zhi le está pidiendo un favor a mi abuelo; por lo que ellos no se atrevieron a detenerme.”
En ese momento, el mayordomo Ding, al oír el alboroto, se acercó apresuradamente, su mirada recorrió a la mujer del vestido rojo y a Ming Wan antes de hacer una reverencia y decir: “Señora, esta es la nieta mayor del Duque de Poyang, la dama del Municipio de Yuanle*.”
(N/T: * • 鄉君 (Xiāngjūn): Es un título nobiliario imperial real utilizado desde la dinastía Jin hasta la dinastía Qing. Se otorgaba principalmente a hijas de la familia imperial de rangos menores, o a madres y esposas de ciertos funcionarios. Debido a que los títulos imperiales chinos no tienen un equivalente exacto en Occidente, se puede traducir y adaptar como: Dama de Yuanle o Señora del Municipio de Yuanle.)
…Así que era ella.
El mayordomo Ding parecía algo nervioso, luego sonrió y presentó a Ming Wan a la dama de Yuanle: “Dama, esta es mi señora. Acaba de regresar de un largo viaje, está cansada por el trayecto y no se encuentra bien para recibir visitas. Si no le importa el modesto té y la sencilla comida de nuestra mansión, por favor, pase al salón principal a descansar. El Gran secretario regresará en breve…”
“¡No intente intimidarme con Wen Zhi! ¡No le tengo miedo en absoluto!” – Exclamó la dama de Yuanle y haciéndose valer de su condición de invitada distinguida, despidió al mayordomo Ding con un gesto, subió los escalones, rodeó a Ming Wan y la examinó, diciendo. – “Una chica de aspecto normal. Creía que eras una belleza deslumbrante.”
‘Esta chica probablemente está mimada; habla con tanta naturalidad y presunción.’ – Ming Wan hizo una pausa y luego continuó la conversación con humildad: “Parece que he decepcionado a la dama.”
“No pareces ser el tipo de mujer de mente estrecha, desapareciste durante varios años y luego regresaste repentinamente a Chang’an, seguro que Wen Zhi te trajo de vuelta, ¿verdad?” – Especuló la dama de Yuanle.
Al ver la expresión de desconcierto de Ming Wan, la dama Yuanle soltó con desprecio, con las manos en las caderas: “¿Por qué me miras así? He oído que tú y Wen Zhi no se llevan bien. Aunque supuestamente regresaste a Sichuan para velar a tu padre, al examinarlo más de cerca, esa explicación es completamente insostenible, pensándolo bien, ¿cómo podría una mujer normal estar dispuesta a quedarse voluntariamente al lado de Wen Zhi y soportar los abusos de un hombre tan arrogante y despiadado? No eres tonta; seguro que intentaste escapar, pero te atrapó y te trajo de vuelta.”
Ming Wan se sintió aún más confundida, tras pensarlo un momento, no pudo evitar preguntar: “¿Qué quiere decir exactamente, la dama? Por favor, no dude en decirlo con franqueza.”
“Te pregunto, ¿quieres dejar a Wen Zhi?” – La dama de Yuanle, con una actitud de confianza y tras haberlo planeado durante mucho tiempo, miró a su alrededor disimuladamente y le preguntó a Ming Wan de manera furtiva.
‘¿Dejarlo?’
Ming Wan no iba a dejarse manipular por una completa desconocida, así que arqueó una ceja sin mostrar ninguna emoción y replicó: “Wen Zhi y yo nos llevamos de maravilla, ¿por qué iba a huir?”
La Dama de Yuanle la miró extrañada, su provocación transformándose en un atisbo de enfado y finalmente resopló con fuerza: “¡Parece que te juzgué mal! ¡No eres diferente de esas mujeres sometidas a la autoridad patriarcal!”
El rostro de la dama de Yuanle reflejaba ‘enfado por su falta de firmeza’, lo que a Ming Wan le pareció extraño. Tras un largo rato, preguntó con timidez: “¿A la señorita le gusta Wen Zhi?”
“¿Gustarme? ¿Él? ¡Bah!” – La dama de Yuanle caminó de un lado a otro, con las manos en las caderas y el rostro enrojecido por la ira, como si la hubiera recibido una gran ofensa. – “¡Aunque todos los hombres del mundo murieran, ni siquiera lo miraría! ¡Todo es culpa de mi abuelo por hacer esa broma ridícula en el banquete de cumpleaños, provocando todos los chismes en Chang’an y humillándome tanto!”
Ella parecía despreciar profundamente a Wen Zhi.
Eso fue completamente inesperado para Ming Wan, ella originalmente, había pensado que la dama de Yuanle estaba allí para provocar una confrontación, pero ahora parecía más bien una enemiga.
“¿Por qué ayudarme?” – Ming Wan realmente no lo entendía: ¿Qué beneficio tendría la dama de Yuanle al alejarla de Wen Zhi?
La dama de Yuanle guardó silencio un instante, luego se giró y se cruzó de brazos, diciendo con resentimiento: “¡No soporto verlo conseguir lo que quiere! ¡Un canalla inmundo como él, que llegó al poder pisoteando los cadáveres de otros, debería estar toda la vida sin familia ni amigos, eso me haría sentir algo de satisfacción!”
“Exagera usted, Dama. Wen Zhi es, en efecto, de carácter frío y altivo, pero no tan despreciable como algunos afirman.”
Ming Wan sentía curiosidad por el profundo odio que ella albergaba hacia Wen Zhi, pero antes de que pudiera preguntar, una voz fría y grave resonó: “La dama, ha venido sin invitación a molestar a mi esposa. ¿Qué la trae por aquí?
Esas palabras fueron bastante descorteses y si la dama del Municipio de Yuanle fuera un gato, su cola estaría erizada como una escoba.
En el patio, Wen Zhi, vestido con una túnica oficial carmesí bordada con grullas rojas, un cinturón de jade, un sombrero negro y una capa oscura que le llegaba hasta las pantorrillas, entró lentamente. Debido a una recaída de su dolencia en la pierna, no podía permanecer de pie mucho tiempo, así que se apoyaba en un bastón con empuñadura de jade grabado con sencillas inscripciones. La forma en que sostenía el bastón con las manos juntas denotaba una nobleza natural y un aura imponente.
La dama de Yuanle retrocedió inconscientemente un paso, apoyando instintivamente la mano en el látigo que llevaba en la cintura, pero aun así preguntó obstinadamente: “¿Qué te importa lo que hablen las mujeres?”
Wen Zhi frunció el ceño, señal de que estaba a punto de enfadarse.
“¿Se irá la dama por su propia voluntad, o vendrá la gente de la mansión del duque a buscarla dentro de quince minutos?” – Preguntó con frialdad.
Con actitud de alivio, el mayordomo Ding vio salir por la puerta a la dama de Yuanle, que estaba tan enfadado que se le había puesto la cara morada.
La expresión de Wen Zhi también era sombría, se giró y le susurró unas instrucciones a Xiao Hua, luego caminó hacia Ming Wan con el ceño fruncido. Si no fuera porque su lesión en la pierna había reaparecido, probablemente habría subido corriendo los escalones.
Pero no pudo, así que simplemente se apoyó en su bastón, caminando lenta y firmemente, con la espalda recta como un pino.
Ming Wan no soportaba ver los labios pálidos y la actitud obstinada de Wen Zhi, tratando de aparentar fortaleza, por lo que tomó la iniciativa de bajar las escaleras y, de pronto lo escuchó reprimir su ansiedad y preguntar con urgencia: “¿Qué te dijo?”
La dama de Yuanle intentaba alejar a Ming Wan de la residencia Wen.
Ming Wan no le contó la verdad a Wen Zhi: su estado actual no era propicio para ninguna provocación; de lo contrario, solo sería ella misma quien sufriría.
Ambos habían sacrificado con mucho esfuerzo cinco años por un compromiso y una estabilidad temporal; ¿cómo podía un extraño destruirlo tan fácilmente? Ming Wan comprendía ese principio.
“Dijo muchas cosas malas sobre ti, fue realmente desconcertante. Hoy entiendo que no hay que creerse del todo los rumores de la calle.” – Ming Wan evadió el tema principal y, efectivamente, notó que la expresión de Wen Zhi se relajaba ligeramente.
Wen Zhi dijo con expresión sombría: “No hay necesidad de prestarle atención.”
Ming Wan preguntó: “Parece que ella te odia, ¿por qué?”
Wen Zhi se puso rígido; incluso a un metro de distancia, Ming Wan podía sentir su resistencia y tensión internas.
“Si no puedes decirlo, mejor no lo digas. Solo preguntaba por curiosidad…”
“Su amor de la infancia era Yao Jin.” – Dijo Wen Zhi de repente en voz baja, como si reabriera una vieja herida.
Hacía tanto tiempo que Ming Wan no oía el nombre de Yao Jin que tardó un instante en recordar quién era.
Recordó que al segundo día de su boda con Wen Zhi, cuando conoció a la Emperatriz Viuda, un grupo de funcionarios civiles en el camino al palacio lo ridiculizaron y se burlaron de él, simplemente porque el nieto del Gran Tutor Yao había muerto junto a Wen Zhi en el campo de batalla del Monte Yan Hui…
El nieto legítimo de la familia Yao era Yao Jin.
De esa forma, Ming Wan pudo comprender por qué la dama de Yuanle no soportaba ver a Wen Zhi; ‘conseguir lo que quiere’, por qué decía que ‘había llegado al poder pisoteando los cadáveres de otros’… El joven que ella amaba estaba enterrado en las montañas nevadas, mientras que Wen Zhi desafiaba todas las probabilidades para convertirse en el Líder de los funcionarios civiles; ¿cuánto resentimiento debía albergar en su corazón?
Si Wen Zhi estuviera dispuesto a humillarse, llorar y arrepentirse, mucha menos gente lo odiaría. Pero todos sabían que era imposible; Wen Zhi siempre ha sido de los que prefieren romperse antes que doblarse, orgulloso hasta la crueldad.
Igual que Ming Wan, que esperó cinco años, pero nunca escuchó ni una sola palabra suya que dijera: “Me gustas desde el fondo de mi corazón.”
“Ven conmigo a algún sitio, inmediatamente.” – Interrumpió Wen Zhi los pensamientos de Ming Wan.
Al ver que Ming Wan lo observaba en silencio, se dio cuenta de que su tono había sido demasiado brusco, así que añadió en voz baja: “Si tienes tiempo libre, te llevaré a conocer a alguien.”
Wen Zhi llevó a Ming Wan a un restaurante en la ciudad. Aunque era la hora del almuerzo, el restaurante estaba desierto, salvo por los guardias con túnicas oscuras de manga corta que patrullaban en silencio; lo cual era un poco extraño.
En una habitación privada del segundo piso, Ming Wan se encontró con Jiang Lingyi.
Al escuchar el sonido de la puerta abriéndose, Jiang Lingyi se levantó de inmediato, con los ojos ligeramente enrojecidos, mientras miraba a Ming Wan. Ming Wan tardó un rato en reaccionar, luego corrió hacia ella y abrazó con fuerza los delgados hombros de Jiang Lingyi.
Wen Zhi se había marchado hacía rato; la puerta se cerró, dejando solas a las dos amigas íntimas, que no se han visto en meses.
Jiang Lingyi preparó té personalmente para Ming Wan, mientras le contaba la terrible experiencia de haber sido raptada por Li Xu y entonces, disculpándose, dijo: “Fui yo quien le contó al Lord Wen sobre tu paradero, el Príncipe de Yan sabía que enviabas cartas desde Huizhou, y temía que rastreara tu dirección y te usara para coaccionarme. Por lo tanto, no tuve más remedio que buscar la protección del Lord Wen… Lo siento, Wan Wan, he perturbado tu tranquilidad.”
Ming Wan negó suavemente con la cabeza, luego secó las lágrimas de las pestañas de Jiang Lingyi con la manga y suspiró: “Hermana Jiang, por favor, no digas eso, nada es más importante que tu seguridad. Además, cada uno tiene su propio destino; sigue adelante y siempre encontrarás una salida.”
Jiang Lingyi tomó la mano de Ming Wan, alzó sus hermosos y dulces ojos y forzó una sonrisa, diciendo: “Entonces, ¿cuáles son los planes de Wan Wan y Lord Wen para el futuro? Siento que en su corazón él todavía siente algo por ti.”
Ming Wan era más consciente de eso que Jiang Lingyi. Pensó un buen rato antes de sonreír levemente: “Quizás soy demasiado codiciosa… En fin, iremos viendo paso a paso.”
Tras charlar sobre los viejos tiempos con Jiang Lingyi durante un buen rato, Ming Wan sintió un gran alivio en su corazón. Al regresar a la residencia Wen, se centró en completar la recopilación y organización del libro de medicina herbal que había dejado su padre.
Cuando salió de Chang’an, se topó con piratas fluviales, los libros que llevaba en su bulto no fueron robados, pero el pergamino que los envolvía se había aflojado ligeramente al caer al río, y muchos manuscritos tenían los bordes manchados de tinta. Ming Wan tardó dos o tres años en repararlos poco a poco. Ahora todo estaba resuelto, salvo los cientos de pinturas de hierbas e insectos que quedaban sin terminar.
Ming Wan nunca había sido buena pintando con pinceladas precisas, y pintaba con extrema lentitud y estaba muy insatisfecha. Jiang Lingyi, en cambio, sí sabía pintar, pero dada su precaria situación, no quería molestarla más.
Trabajó hasta altas horas de la noche durante varias noches seguidas, incluso haciendo que su criada le llevara la comida a la sala de medicina, comía rápidamente unos bocados antes de seguir dibujando, de acuerdo con las muestras.
Especialmente agotada esa noche, Ming Wan no quedó satisfecha con más de una docena de los dibujos que pintó, los arrugó y los tiró a la papelera. Desanimada, se dejó caer sobre su escritorio, meditando sobre la pila de muestras de hierbas secas, preguntándose si debería pedirle a un calígrafo o pintor experto que las dibujara por ella…
Pensando en eso, se quedó dormida apoyada en su escritorio.
La noche de invierno era gélida, parecía que alguien había entrado y salido y tras un movimiento brusco, se encontró tumbada sobre un lugar cálido y mullido. Quizás debido a las noches en vela recientes y a la necesidad de vigilar la pierna de Wen Zhi durante el día, durmió profundamente, aunque vagamente consciente de su entorno, incapaz de despertarse.
Tras un tiempo indeterminado, oyó débilmente el canto de los gallos en el callejón lejano.
Ming Wan abrió los ojos adormilada en un pequeño sofá y, a través de las cortinas de gasa, distinguió vagamente una figura alta y delgada sentada detrás de un escritorio, dibujando algo con un pincel a la tenue luz de las velas.
Ming Wan pensó que era un sueño, sus párpados se cerraron y se dio la vuelta para volver a dormirse.
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