APM – Capítulo 58
El vehículo todoterreno avanzaba a paso firme.
A las siete de la noche, ambos vehículos llegaron uno tras otro al campamento del paraje natural, deteniéndose para descansar y pasar la noche.
Había anochecido por completo, y las extensas praderas, las ondulantes colinas verdes, los molinos de viento blancos y el ganado pastando a lo lejos parecían estar sumergidos en un lago profundo y oscuro, cubierto por un tranquilo tono azul.
Lin Zhiyan salió del coche y compró un poco de maíz asado, batatas asadas y brochetas de carne con aroma a comino, una mezcla de carne y verduras, envueltas en papel de aluminio aislante, y las metió en una bolsa. Tras pensarlo un momento, compró dos bebidas en la máquina expendedora antes de llevar la pesada bolsa hacia la camioneta embarrada.
Al llegar a la ventanilla del conductor, respiró hondo, se serenó un instante y golpeó suavemente el cristal.
La ventanilla bajó silenciosamente, dejando ver el rostro moreno y resuelto del conductor, quien le sonrió, mostrando los dientes: “Señorita Lin.”
Su tono familiar no intentaba ocultar su propósito.
Lin Zhiyan fue directa: “¿te he visto antes?”
“La señorita Lin tiene buena memoria. Gracias al presidente Huo, hace cuatro años tuve el honor de llevarla en coche.”
Así que, en efecto, era uno de los hombres de Huo Shu.
La mirada de Lin Zhiyan se desvió inconscientemente hacia el asiento trasero, miró de reojo, arqueando una ceja con sorpresa.
El asiento trasero estaba vacío; aparte del conductor, no había nadie más dentro del coche.
Lin Zhiyan suspiró aliviada, sin poder distinguir si era más alivio que otra cosa.
“Gracias por su ayuda de antes, ¡ha trabajado mucho! Compré algo de barbacoa y bebidas; por favor, cómalas mientras estén calientes, para que pueda entrar en calor.”
Lin Zhiyan le entregó la bolsa de comida caliente por la ventanilla del coche, y con una disculpa, dijo: “Siento mucho haber chocado con su coche y haberle dañado la parte trasera. Yo me hago cargo de los gastos de reparación.”
El conductor tomó rápidamente la comida y dijo: “¡Usted es demasiado amable! El coche es del Sr. Huo y está asegurado, además, solo es una pequeña abolladura, no es nada.”
Lin Zhiyan dudó un segundo y luego preguntó: “¿Dónde está el Sr. Huo?”
“El Sr. Huo está en Chancheng” – Dijo el conductor.
“Está tan ocupado que ni siquiera tiene tiempo para dormir, realmente no puede dejar su trabajo, así que me pidió que los siguiera a cierta distancia.” (conductor)
“¿Sabía mi ubicación y me estuvo siguiendo todo el tiempo?”
“¿Cómo podría hacerlo? Solo conocía su itinerario a grandes rasgos, así que simplemente lo seguí en caso de que se presente alguna situación inesperada como la de hoy en la que usted no pueda contactarse, así que, basta con que el señor Huo me lo indique para que acuda de inmediato. El resto del tiempo, no apareceré para molestarle.” (conductor)
Lin Zhiyan asintió, le dio las gracias de nuevo y luego se dio la vuelta, llevando consigo un pensamiento aparentemente pesado y aún sin resolver.
Ling Fei solía decir: ‘Cuando una persona inteligente te persigue, es realmente imposible protegerse*.’
(N/T: *防不勝防 (fáng bù shèng fáng) significa «imposible de prevenir», «difícil de defenderse de» o «las precauciones nunca son suficientes». Se utiliza para describir situaciones, peligros o engaños que son tan sutiles, constantes o inesperados que resulta prácticamente imposible protegerse de ellos por completo, sin importar cuánto se intente.)
Empezó mostrándole una gran preocupación, haciendo que su presencia se sintiera como una visita diaria. Al principio, no se siente que él tenga algo especial, pero un día desaparece repentinamente, para no volver a ser visto, y entonces, su corazón comienza a sentir un vacío interior, como si le faltara algo, como si estuviera sentada sobre agujas… En ese momento, estás a punto de enamorarte de él.
Lin Zhiyan dio un golpe en el suelo con el pie, sintiéndose absurda por el pensamiento que le rondaba la cabeza.
Ni ella ni Huo Shu eran personas superficiales y aburridas; ella prefería que él estuviera realmente demasiado ocupado para estar allí.
En el campamento, Xiao Zhang y el hermano Huang ya habían montado dos tiendas de campaña. Lin Zhiyan estaba sentada junto a la parrilla de carbón, con los ojos reflejados en las dos brillantes llamas, riendo y charlando con sus compañeros sobre las costumbres de la etnia Yi.
Bajo el cielo estrellado, la luz de las estrellas parpadeaba.
Una voluta de humo blanco azulado se elevó en espiral, el aceite chisporroteante de las brochetas de carne goteaba sobre el fuego con un silbido, haciendo saltar chispas.
Su teléfono, ahora completamente cargado, se encendió automáticamente y aparecieron varios mensajes.
Uno era de Ling Fei, preguntando si su viaje iba bien; los otras diez era de ‘Shi Yi.’
Las ruedas del coche de Lin Zhiyan volvieron a quedar atascados en el barro, y su teléfono, que se había quedado sin batería mientras tomaba fotos, no se había encendido. Desde las 4 de la tarde, Huo Shu no había podido contactarla, y los mensajes se habían vuelto cada vez más frecuentes y ansiosos.
Lin Zhiyan primero le envió un mensaje a Ling Fei para avisarle que estaba bien, luego volvió al chat de ‘Shi Yi’, lo editó un rato y finalmente le envió dos palabras: [“Gracias.”]
No hacía falta dar más explicaciones; el conductor, por supuesto, le informaría de todo con detalle.
***
Lin Zhiyan calculó los gastos de esa excursión y debido a la fuerte lluvia que retrasó el itinerario, el presupuesto original para el viaje casi casi se había agotado.
A la mañana siguiente, Lin Zhiyan y su grupo se apresuraron a llegar a su destino final, su viaje de dos días al condado de Yi para investigar la vestimenta tuvo que reducirse a un solo día.
El conductor enviado por Huo Shu no apareció por ningún lado temprano por la mañana. Lin Zhiyan supuso que probablemente había tomado al pie de la letra las palabras de Huo Shu de ‘mo la molesten’, y los siguió a cierta distancia.
Se marchó sin dejar rastro, ocultando su mérito y fama, como un ‘guardia secreto’ de una serie de época.
Lin Zhiyan suspiró suavemente, preguntándose cuánto les pagaba Huo Shu a sus subordinados cada mes.
Cuando trabajaba como asistente de baños en la residencia Huo, su salario mensual ya superaba los diez mil yuanes, y eso fue hace varios años. Los puestos que requerían un servicio cercano, como los de chófer y guardaespaldas, probablemente tenían un salario aún más alto.
Pensando en eso, se quedó dormida en un estado de ensueño.
Al despertar de un profundo sueño, el paisaje fuera del coche había cambiado drásticamente.
El coche traqueteaba y se balanceaba por carreteras sinuosas hasta llegar al pueblo natal del chófer, el hermano Huang: el condado Yi, un lugar de costumbres antiguas, paisajes de montañas y aguas cristalinas.
Lin Zhiyan visitó a una tía del pueblo que se especializaba en la confección de trajes étnicos Yi, patrimonio cultural inmaterial del país, y tomó muchas fotos como material de referencia. La vestimenta de las tribus Bai Yi y He Yi eran ligeramente diferentes. Lin Zhiyan debía recrear meticulosamente el atuendo más auténtico basándose en las experiencias históricas de la dama She Xiang. Después de todo, ese tipo de creación artística difiere de la fantasía y los cuentos de fantasmas ficticios y requiere respeto por la historia y un enfoque riguroso.
Lin Zhiyan aprendió muchísimo durante toda la tarde. Los distintivos adornos de plata, los patrones y los colores de las telas quedaron grabados en su teléfono y anotados en su corazón. La imagen de la visionaria líder tribal de la etnia Yi, capaz de comandar un ejército de diez mil soldados, fue tomando forma gradualmente.
Según el plan original, tras esa última parada, Lin Zhiyan debía regresar a la ciudad de Chancheng durante la noche.
Sin embargo, el conductor, el hermano Huang, insistió en que se quedara a cenar.
“Por favor, quédese, de lo contrario seríamos descorteses con nuestra invitada.”
La tía Yi, hablando un mandarín con acento local, sonrió y la animó: “¿Cómo puedes decir que has estado realmente en el condado de Yi si no has usado la vestimenta Yi y no has probado nuestro vino de maíz?”
La pequeña Zhang también intervino: “Quédese un poco más, maestra Orejas Largas, ¡nunca antes he vestido un traje de la etnia Yi!”
Incapaz de rechazar su hospitalidad, Lin Zhiyan solo pudo sonreír y decir: “Disculpen que los moleste de nuevo.”
“¡Ay, no seas tan educada!” (tía Yi)
La tía Yi sonrió y llamó a sus dos sobrinas, quienes también eran sus discípulas en el arte de teñir y bordar telas, indicándoles que acompañaran a sus dos distinguidas invitadas para que hicieran lo que se les pedía y las vistieran y arreglaran según las costumbres locales.
Siguiendo la costumbre local, Lin Zhiyan se puso una blusa azul oscuro con un corte amplio y asimétrico, cuello y puños bordados con encaje rojo y azul hecho a mano, combinada con una falda larga y plisada a juego. Llevaba un turbante negro y un collar de plata alrededor del cuello y al girar la cabeza, unos grandes pendientes de plata tintinearon en sus orejas, y sus ojos, como la luz de la luna, se balanceaban con gracia.
“¡Guau, hermana, estás preciosa!”
Jin Zhu, la joven de la etnia Yi que la ayudó a vestirse, exclamó con admiración, muy orgullosa de sus propias habilidades.
“Gracias, tú también estás preciosa.”
Lin Zhiyan respondió con dulzura.
“No puedo, mi piel es demasiado oscura. La piel de la hermana es tan blanca como un huevo de gallina tierno y le sienta de maravilla la joyería de plata.”
Jin Zhu tomó con entusiasmo la mano de Lin Zhiyan y la condujo por los escalones de piedra del patio. Señalando a lo lejos en dirección de la entrada del pueblo y dijo: “Allá arriba hay un pozo antiguo, y junto a él crece un baniano centenario. Se dice que pedirle un deseo sincero es muy efectivo; ¡los visitantes siempre van a rezar cuando llegan! Hermana, ¿quieres ir?”
Lin Zhiyan declinó amablemente la oferta de Jin Zhu de guiarla, decidiendo caminar y verlo por sí misma.
El sol se puso sobre las colinas occidentales, y el resplandor crepuscular parecía sangre. La aldea, intacta de la excesiva erosión del hormigón armado, era tan sereno como un anciano en profunda meditación.
Lin Zhiyan caminó por el camino de tierra hasta la entrada del pueblo, cruzó una loma de un campo de regadío y luego subió por el sendero de montaña empedrado. Poco después, llegó a una densa arboleda.
Ya era el Festival del Medio Otoño, pero el baniano seguía frondoso y verde, con hojas tan vibrantes que parecían teñidas del verde malaquita más puro.
Innumerables cintas rojas de deseos colgaban de las ramas, meciéndose suavemente con la brisa vespertina.
Efectivamente, había un pozo bajo el baniano, cubierto por dos losas de piedra para evitar que las hojas caídas contaminaran el agua.
Las losas de piedra verde estaban frías, pues el agua brotaba de las profundidades de la tierra, emitiendo un tenue vapor fresco. Lin Zhiyan tocó suavemente las ramas del baniano, una fina capa de musgo, áspera y húmeda, las cubría, desprendiendo el singular aroma a hierba.
A Lin Zhiyan le encantaban todas las cosas puras y limpias: los niños, las montañas, los ríos, las plantas y los árboles; todo ello le proporcionaba una sensación de purificación espiritual y tranquilidad.
A pesar de ser una atea convencida, Lin Zhiyan no pudo evitar juntar las manos en oración, inclinar la cabeza y cerrar los ojos.
Primero, deseo una carrera exitosa y luego tener dinero de sobra cada año.
Segundo, deseo tener buena salud y estar libre de enfermedades y desgracias.
Tercero, deseo tener pronto un hogar y un compañero cercano y amoroso que la acompañe el resto de su vida.
Una ráfaga de viento acarició las copas de los árboles haciendo que las hojas susurraran suavemente, y Lin Zhiyan abrió los ojos, experimentando momentáneamente la extraña sensación de viajar en el tiempo.
Ella suspiró suavemente, riéndose de sí misma por creer en tales supersticiones. Apenas se dio la vuelta, se quedó paralizada, como clavada en el sitio.
Por el sendero empedrado, una figura alta e imponente, curtida de polvo y viento por el viaje, ascendía lentamente la montaña bajo la luz oblicua del sol.
Huo Shu, vestido solo con una camisa, con un botón desabrochado en el cuello y la mano sobre la chaqueta, estaba de pie a unos metros de distancia, en los escalones de piedra, observándola con asombro evidente en sus ojos.
Como por arte de magia, como si hubiera aparecido de la nada, él le sonrió levemente.
“Yao Yao, cuánto tiempo sin verte.” (Huo Shu)
‘¿Qué quiere decir con ‘cuánto tiempo sin verte’? Solo ha pasado una semana.’
Los pendientes de plata tintinearon suavemente con la brisa, despertando la mente errante de Lin Zhiyan.
Como si hubiera olvidado que podía moverse, ella se quedó de pie bajo el velo de luz solar que se filtraba entre las hojas, creando un efecto Tyndall*, vestida con ropa tradicional Yi, y le preguntó: “¿Cómo llegaste hasta aquí?”
(N/T: *El efecto Tyndall es un fenómeno físico en el que un haz de luz se vuelve visible al atravesar un sistema coloidal (como una mezcla con partículas en suspensión), debido a que dichas partículas dispersan la luz en distintas direcciones.)
“En coche, unas siete horas de viaje.” (Huo Shu)
Huo Shu sonrió con naturalidad: “Los aldeanos dijeron que estabas aquí, así que vine.”
“No me refería a eso.”
Lin Zhiyan frunció ligeramente los labios y preguntó con curiosidad: “Es decir, ¿no estabas demasiado ocupado para venir? ¿Qué haces aquí?”
Huo Shu bajó un poco la cabeza; su cabello, antes peinado con esmero, ahora estaba despeinado tras el largo y accidentado viaje, lo que le daba un aire de despreocupación.
Él dijo: “He Xi me contó que cuando llamaste a la ventanilla de su coche, te quedaste mirando dentro durante un buen rato.”
“¿Quién es He Xi?”
“Mi chófer, el que conduce el todoterreno.” (Huo Shu)
Lin Zhiyan estaba incrédula.
¿Podía Huo Shu haberlo dejado todo y viajado hasta allí solo por una mirada suya?
¡Cómo era posible!
Siempre había sido más sensato y racional que una máquina; ¿cómo podía hacer algo tan inexplicable y sin sentido?
A pesar de su sorpresa, Lin Zhiyan no podía dejar a Huo Shu allí sin más.
Ella lo llevó de vuelta al pueblo. Cuando se fue, estaba sola, pero regresó acompañada de un hombre de apariencia y porte extraordinarios.
Las dos hermanas, Jin Zhu y Yin Zhu, del brazo de Xiao Zhang, con las mejillas sonrojadas, miraron con asombro a ese invitado inesperadamente apuesto.
Afortunadamente, la familia Huang fue cálida y hospitalaria y no preguntaron mucho. Prepararon mesas y sillas, encendieron una hoguera y sirvieron generosamente grandes cuencos de carne de res y cordero.
Según la costumbre local, a los invitados se les ofrece primero un cuenco de licor de maíz al llegar.
El hermano Huang, vestido con atuendo tradicional, sostuvo su cuenco de licor con ambas manos, con el rostro enrojecido, y cantó una sincera canción de brindis a Lin Zhiyan, aparentemente ebrio incluso antes de beber.
Tras terminar la canción, le pasó la copa de vino a Lin Zhiyan. Jin Zhu guiñó un ojo y dijo: “Hermana, mi hermano brindó especialmente por ti; ¡tienes que terminártelo para que cuente!”
El grado de alcohol del licor de maíz no era demasiado suave, y Lin Zhiyan rió: “No puedo beber tanto.”
“¡Bebe todo lo que puedas!” (Jin Zhu)
Yin Zhu y Xiao Zhang también se unieron a la fiesta, mientras el Hermano Huang se bebía su vaso de un trago, mostrando luego el vaso vacío para que todos lo vieran.
Después de todo, el Hermano Huang era el anfitrión y había conducido para ella durante cuatro o cinco días, así que Lin Zhiyan no podía negarse de nuevo.
Ella miró su vaso lleno, a punto de dar un pequeño sorbo, cuando una mano pálida se extendió y se lo quitó.
“Me lo beberé por ella.” (Huo Shu)
Huo Shu sonrió levemente, con un tono protector natural.
Dicho eso, levantó la cabeza y terminó la bebida de un trago, su nuez de Adán se movió ligeramente al tragar, irradiando un encanto sexy y despreocupado.
“¡Guau!”
El grupo de mujeres aplaudió y vitoreó, sus miradas alternando entre Lin Zhiyan y Huo Shu, todas con sonrisas cómplices.
El ambiente alcanzó su punto álgido tras una ronda de brindis, las jóvenes buscando deliberadamente a Huo Shu para que bebiera, lo que él aceptó sin rechistar.
Huo Shu no se sonrojó al beber; solo un ligero rubor apareció en las comisuras de sus ojos y gracias a su extraordinario autocontrol, se mantuvo completamente sereno sin importar cuánto bebiera.
Lin Zhiyan, preocupada de que pudiera beber demasiado y perjudicar su salud, inventó rápidamente una excusa sobre tener que irse y lo apartó de la mesa.
Lin Zhiyan dejó que Huo Shu se recuperara en el patio y luego pidió prestada una habitación a la familia Jin Zhu. Se quitó con cuidado el traje tradicional Yi, lo dobló cuidadosamente, se cambió de ropa y sacó todo el dinero de su bolso, lo envolvió en sobres rojos y lo escondió entre su ropa.
Entregó dos sobres rojos: uno a la familia Huang y otro a la tía Yi y a Jin Zhu, como muestra de agradecimiento por las molestias del día.
Después de empacar sus cosas, salió de la habitación y fue a agradecer nuevamente a los aldeanos, despidiéndose de cada uno. Xiao Zhang y Jin Zhu congeniaron de inmediato y, medio ebria, se negó a irse, insistiendo en quedarse a pasar la noche.
Lin Zhiyan no pudo convencerla de lo contrario, así que le transfirió el dinero de los últimos cinco días de trabajo a su cuenta de WeChat, recordándole repetidamente que tuviera cuidado al regresar a la escuela, antes de finalmente marcharse.
En cuanto bajaron los escalones de piedra, vieron que el chófer de Huo Shu ya había entrado al patio.
Lin Zhiyan lo pensó un momento, luego abrió la puerta y subió al coche.
El fuerte olor a licor de maíz llegó, Huo Shu apoyó la cabeza en una mano y se recostó contra la puerta del coche con los ojos cerrados, cerrando los ojos para descansar.
Sus delgados labios eran de un rojo anormalmente brillante, mientras que su rostro estaba tan pálido que casi no tenía sangre.
A Lin Zhiyan se le aceleró el corazón.
Huo Shu había bebido tanto vino de forma tan provocativa hacía un momento, ¿podría haberse emborrachado?
Justo cuando ella observaba la respiración de Huo Shu, de repente se encontró con una mirada oscura.
Era tan aterradoramente fría y profunda que nadie podría asociarlo con la embriaguez.
A Lin Zhiyan se le encogió el corazón y, sin darse cuenta, apartó la mirada, sintiendo la vergüenza de ser descubierta en una situación incómoda.
‘Resulta que sigue despierto…’
‘Claro, Huo Shu no es de los que se emborrachan fácilmente.’
Justo cuando pensaba eso, una leve mueca burlona provino de su lado: “Los hombres son realmente molestos, te deshaces de uno y aparece otro.”
Lin Zhiyan giró la cabeza confundida, solo para ver a Huo Shu, que seguía en una postura de descanso, con las pestañas bajas, pronunciando lentamente: “No puedo golpearlos, no puedo ponerles una mano encima, no puedo hacer esto, no puedo hacer aquello… Siempre sientes que no recibes justicia conmigo, pero Yao Yao, nunca he tenido a otra mujer a mi lado. Si yo puedo hacer algo, ¿por qué tú no?”
“…”
Lin Zhiyan estaba segura de que Huo Shu estaba borracho.
En circunstancias normales, preferiría morir antes que decir ese tipo de ‘quejas.’
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