- La princesa lo sabe todo (1)
Mientras Serena caminaba por el pasillo, Yeong y Olive la seguían de cerca.
—Nosotros seguiremos adelante, así que, señor caballero y conde, por favor, vayan a descansar.
—¿No estás tú también cansada, señorita Olive?
—Estoy bien~
Serena, llegando a un lugar alejado del vestíbulo, al igual que cuando discutió si salvar o no a Cuatro, se giró y miró a Uno directamente a los ojos, preguntándole.
—¿No tienes nada más que confesar?
Uno, con mirada decidida, respondió.
—A decir verdad, el que se despachó al jefe no fue el Dos, fui yo. Le acomodé una daga justo antes de que el Dos se le dejara ir encima con su ataque.
Uno se arrodilló y suplicó, mirando a la princesa.
—No pude evitarlo. Ese tipo ya iba a matar a golpes al Dos y a la Cuatro. Después de que el jefe estiró la pata, me entró un pánico tremendo y les oculté lo que había hecho a mis hermanos. De veras lo siento.
Serena miró a Uno con una mirada fría.
—Ya he emitido mi veredicto sobre el asesinato. Estoy hablando de algo completamente distinto. ¿Sigues ocultándolo ahora que lo sé todo, o es que eres ingenua?
—¿Eh?
Olive, que había seguido a Serena en silencio, se interpuso entre la Princesa y Uno.
—Ya te lo dije, no soy como los demás. Es verdad, ¿sabes?
Olive jugaba con una daga, como si confiara en sus propios trucos.
—Yo también he tocado fondo, así que conozco bien a chicas como tú. ¿Conoces algún rasgo común entre la gente como nosotros?
La guía sonrió.
—No confiamos en los demás.
Olive lanzaba y atrapaba la daga en el aire repetidamente. Cada vez que la costosa arma de Yeong giraba en el aire, su afilada hoja brillaba.
—Sobre todo alguien como tú, que tiene algo que proteger, no confiaría en un completo desconocido sin ninguna base. Huirías o lo traicionarías a menos que estuvieras absolutamente segura de que no es realmente un enemigo. Si no fuera así, no le dirías a un desconocido: ‘Princesa, por favor, ayúdame’, y revelarías el paradero de tus hermanos.
La mirada perdida de Uno se aguzó como la daga de Yeong.
—No sé qué escondes, ¡pero nuestra princesa lo sabe todo!
‘No sé nada.’
Serena solo estaba segura de que Uno ocultaba algo porque alguien que simplemente era bueno lanzando dagas no podía ser de 3 estrellas, y su intuición no era tan buena como Olive la hacía parecer.
Sin embargo, si puedes engañar, debes hacerlo. Había algo que Serena había aprendido desde que reencarnó como princesa: nunca perder la oportunidad de presentarse de forma favorable. Engañó con la intención de advertir a Uno, quien había intentado ocultar un asesinato desde el principio.
—Sé sincera. Desde el momento en que te vi por primera vez, supe que lo que decías y mostrabas no era todo.
Uno pareció quedarse sin palabras por un instante, y luego logró pronunciar sus palabras.
—Puedo ver clarito si alguien es un enemigo. Y no solo lo veo, lo vibro, lo siento en el pecho. Me da una espina, un presentimiento muy cabrón.
—Cuéntame más.
—Si alguien es peligroso o me quiere hacer daño, luego luego me doy cuenta. Así ha sido desde que era una chamaca. Gracias a eso, sabía exactamente cuándo pedir esquina y cuándo patitas para qué las quiero, y en cuanto entré al laberinto, me fijé que también podía oler a los monstruos a la distancia.
Uno comentó que, gracias a esta habilidad, podía evitar a los monstruos y robar comida.
—Hasta lo de matar al líder… En ese instante, me dio la espina de que el mero mero de la compañía de verdad nos quería ver muertos. Puede que suene medio raro, pero es la puritita verdad.»
‘Esa es una buena habilidad.’
Era el tipo de habilidad que solo podría tener la protagonista de una novela de fantasía de su vida pasada. Serena la admiraba en su interior y seguía preguntando.
—Entonces, ¿fue porque confiabas en tus capacidades que inmediatamente me pediste ayuda?
—Sí. También puedo oler a la gente que viene a darnos una mano. Sentí clarito que la Princesa y el Caballero nos iban a ayudar. Por lo menos tenía por seguro que no eran enemigos.
—¿Así que así fue como encontraste la ubicación del muerto viviente?
—Sí. Estaba bien dormida y de repente me desperté de golpe con la sensación de que un enemigo andaba cerca.
A diferencia de Serena, que percibía vagamente el aura inmunda de los muertos vivientes pero desconocía su ubicación, Uno conocía con precisión la ubicación del enemigo, aunque no supiera su identidad.
Serena había pensado que Uno señaló el baúl por la culpa que sentía por haber matado a alguien, pero no era así.
—Guau. ¡Qué práctico~! ¿Cómo lo conseguiste?
—La verdad no lo sé. Siempre ha sido así desde que era chiquita. Creía que a todo el mundo le pasaba lo mismo, pero me cayó el veinte de que no era así cuando me hice un poco más grande.
—¿Tus hermanos saben de tu habilidad?
—No, para nada. Al principio yo pensaba que todos éramos iguales, por eso nunca se lo platiqué a nadie, y cuando crecí, mejor me lo callé por el miedo de que me fueran a encerrar, como dijeron que harían a Dos. Ellos nomás se tragan el cuento de que tengo muy buena intuición.
Uno miró a su alrededor y luego abrió la boca con cautela.
—¿Podría mi habilidad ser también una bendición?
—Existe una posibilidad.
Cuando Serena lo afirmó, Uno parpadeó, sorprendida.
—¿De verdad le darían una bendición a alguien como yo?
—¡Exacto! ¿Tú recibes una bendición y yo no tengo nada? ¿No es eso injusto?!
Olive señaló con el dedo hacia el techo, y luego lo retiró rápidamente.
—¡Me dejé llevar, no lo decía en serio!
Serena le dio una palmadita en el hombro a la guía para consolarla.
—En cualquier caso, tu habilidad será útil para conquistar el laberinto. Arrepiéntete de tus pecados y esfuérzate por salvar a tus hermanos, sin ocultar nada más.
—¡Que sí! Ya que me sacaron todos mis trapitos al sol, ¡no me queda de otra más que meterle el doble de ganas al trabajo!
Uno apartó la mirada perdida y mostró su sinceridad.
—Entonces puedes irte.
Uno regresó al vestíbulo, y Serena la siguió lentamente. Olive murmuró, observando cómo la espalda de la chica se alejaba.
—Pero incluso si intentó reunir a niños peculiares a propósito, consiguió al menos dos que tienen bendiciones divinas… El líder fallecido tenía buen ojo, ¿no?
Olive se burló del difunto.
—Aunque reunió a gente preciosa y no supo cómo utilizarla.
—No.
Yeong, que se había estado escondida entre las sombras del pasillo, habló de repente.
—Ah, me has asustado, Cero. Había olvidado lo bien que te escondes.
—Fue intencional.
—¿Qué fue lo intencional? ¿Tratar a la gente bendita como si fuera basura?
Yeong asintió.
—Sentí un aura maligna emanando del cadáver del líder.
La guía se burló, sin creer ni una palabra de lo que decía la arquera.
—¿Entonces dices que reunió a gente bendecida, los golpeó y los dejó morir de hambre para intentar usarlos en algún extraño ritual de magia negra o algo así?
—Precisamente.
Olive lo había dicho en broma, pero Yeong hablaba completamente en serio.
—¿En serio? Entonces menos mal que murió~ Estoy cansada, así que me voy~
La guía le dio una palmada en el hombro al arquera y se dirigió primero al vestíbulo. Serena, a solas con Yeong, le hizo varias preguntas a la fiel sirviente de la oscuridad, pero…
—…
Ella ignoró todas las preguntas de la princesa. Al final, Serena regresó a su cama cápsula sin haber escuchado una sola palabra útil.
El Dios de la Oscuridad era benevolente y misericordioso, pero su fiel sirviente era increíblemente tacaña.
* * *
La princesa se levantó después de “rezar” frente a la estatua.
‘Otro día lleno de tareas.’
Primero, debía llevar a Ralph, al Conde Randy y a Gray al séptimo nivel para recoger suministros del piso 24. Luego, tenía que regresar al vestíbulo y reunir a las personas que debían ir al tercer nivel. Esto era para verificar las habilidades de Uno y Tres.
Tras confirmar sus habilidades, tendría que llevar al grupo de vuelta al vestíbulo y luego subir de nuevo al séptimo nivel para traer de vuelta al caballero, al alquimista y al viejo joven.
‘Va a ser un caos.’
Como Serena era la única que podía usar las salas de teletransportación, no había tiempo para descansar. Subió al sexto nivel con los tres hombres y regresó al primero. Frente a la sala de teletransportación, esperaban las personas que irían al tercer piso con la princesa.
Uno y Tres eran participantes esenciales, ya que debían verificar sus habilidades. Dado que todos los monstruos del tercer nivel eran voladores, Yeong, la arquera, también era esencial. Serena pensó que Olive querría descansar, pero se ofreció voluntaria, diciendo que quería observar de cerca la capacidad de Uno para detectar enemigos.
—Tos. Unnies, tengan cuidado.
—Graaa.
—Volveremos. Pórtense bien, ¿de acuerdo?
—Ugh. No hay manera de que los monstruos me escuchen. Ojalá todo fuera mentira y solo un sueño.
Tres expresó el deseo común de todos los atrapados en el laberinto, con el rostro ensombrecido.
—Solo estamos comprobando, no te estreses demasiado.
—Ugh.
Serena le dijo que se relajara, pero cuando una princesa dice algo así, la gente se pone aún más nerviosa. El bonito rostro de Tres se contrajo aún más.
Cuando la Princesa seleccionó el tercer nivel, el grupo fue transportado allí. Uno y Tres, olvidando su nerviosismo ante el vasto cielo y los picos de las montañas visibles a través de la entrada de la cueva, agrandaron los ojos.
—¡Es una montaña! ¡Es la cima de una montaña!
—¡Jamás había visto una montaña que llegara tan arriba! Está enorme.
—¡Es inmenso! ¿De verdad estamos en un laberinto? ¿Sin mentiras?
—Sí. Aunque sea así de ancho, sigue siendo un laberinto.
A veces, la ignorancia es fuente de valentía. Los rostros de Uno y Tres, que habían creído que el laberinto era, en el mejor de los casos, una mazmorra donde ocurrían cosas extrañas, se descompusieron. Comprendieron que lo que consideraban extraño superaba con creces su imaginación.
—Empecemos con Uno. ¿Sientes la presencia de algún monstruo?
—No lo sé. Están demasiado lejos.
‘Muy lejos, ¿eh?’
Serena entrecerró el ojo ante las palabras de Uno.
—¿Sabes por casualidad en qué dirección se encuentra el monstruo más cercano?
—Más o menos, es así. Se acerca un poco y luego se aleja.
Serena y Olive desplegaron el mapa mágico para comprobar la dirección que Uno indicaba.
—Parece que está hablando de esta cima, así que podemos ir en esta dirección usando la tirolesa… Señorita.
Uno se sorprendió al ver el mapa mágico, con las imágenes acercándose y alejándose.
—¡A la maula, Tres! Mira nomás esto. Las imágenes se están moviendo. Está de no creerse.
—Es mentira. Todo es mentira.
Tres solo negaba la realidad, abrumada por la idea de que tenía que domesticar monstruos, no perros ni gatos.
—Esto no es una imagen, es un mapa. Es un mapa mágico que refleja la percepción del usuario.
Para conquistar el laberinto, hay que aprender a leer mapas. Serena puso el mapa mágico en la mano de Uno para enseñarle cómo funcionaba y quedó asombrada.
—¡Esto es…!
En el mapa mágico aparecieron puntos rojos y azules. Un punto azul se encontraba en la ubicación actual del grupo, mientras que muchos puntos rojos se movían libremente por el vacío sin caminos.
Cuando los monstruos, que se presume eran los puntos rojos, se alejaban de la ubicación del grupo, los puntos rojos desaparecían, pero reaparecían cuando las criaturas se acercaban.
Cualquiera que hubiera jugado un videojuego antes sabría inmediatamente qué significaban los puntos rojos y azules del mapa. La mano de Serena, que aún sostenía el mapa, temblaba.
—¡Uno! ¿Este punto azul significa que hay gente que no te hará daño, y los puntos rojos son enemigos, monstruos?
—¿Eh? ¡Sí! Es algo por el estilo. Para ser bien precisos, los de color azul son las personas que se van a portar chido conmigo. Justo como la Princesa.
Uno especificó que el punto azul era Serena, no el grupo.
—Princesa, ¿qué? ¿El mapa muestra la ubicación de los monstruos? ¿Señorita?
Olive agarró el mapa mágico, sobresaltada. El mapa, ahora fuera de la mano de Uno, ya no mostraba los puntos. Olive tomó la mano de la chica y la colocó de nuevo sobre el mapa. Los puntos azules y rojos reaparecieron.
Al igual que la de Serena, la mano de Olive temblaba mientras alternaba miradas entre los ojos nublados de Uno y el mapa mágico. El rostro de la guía se contrajo.
—¡Vaya! ¡Esto es una locura! ¡Qué envidia!
Olive no pudo contener sus celos y su emoción, y empezó a saltar de alegría en el sitio.
—¡Si tan solo tuviera esta habilidad! ¡Qué fácil sería mi vida! Con una habilidad tan buena, ¿mendigar? ¿Lanzar dagas? ¡Argh! ¡Qué frustrante! ¡Qué injusto! ¡Yo podría haber ganado una fortuna protegiendo a nobles en lugar de estar encerrada en laberintos!
La guía no se conformó con saltar, sino que incluso se tumbó y agitó sus extremidades.
—Envidia.
Incluso la taciturna arquera expresó una breve envidia al ver cómo se movían los puntos en el mapa.
—¿De verdad es un don tan fregón? ¿No me están choreando?
Uno, que había podido presentir la presencia de los enemigos desde sus primeros recuerdos, preguntó con desconcierto.
—Es más que buena. Es tan buena que me muero de envidia.
Gracias a la habilidad de Uno para percibir la ubicación de los monstruos, combinada con el mapa mágico, se creó un mapa perfecto. Para los aventureros que exploraban el laberinto, no existía un mapa más perfecto que este.
—Uno-Unnie, estás recibiendo muchísimos elogios.
A este paso, la incompetencia de Tres no haría sino hacerse más evidente. El rostro de la chica, que ya estaba pálido antes de llegar al tercer nivel, ahora lucía aún más demacrado.

