SLMDG 286

—Puaj. ¿Cómo era?

—No lo recuerdo muy bien. No la miré de cerca.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Qué te dijo?

—Me saludó… Después de eso, no lo sé con certeza.

No solo no había observado su rostro con atención, sino que ni siquiera había prestado atención a lo que decía.

Yelena contempló fijamente el rostro de su esposo y, acto seguido, se acurrucó entre sus brazos.

Mientras frotaba la mejilla contra el cuello de su camisa, sintió cómo el cuerpo firme y tonificado de Kaywhin se tensaba.

—Me gusta. Bien hecho. Todas las demás mujeres, excepto yo, son invisibles para ti. Quiero que siga siendo así.

—…Sí.

«La condesa Roda.»

Yelena grabó aquel nombre en su memoria. Estaba segura de que no lo olvidaría durante mucho tiempo.

—…Ah… Qué agradable es tu calor.

Mientras decía eso, se acomodó aún más entre los brazos de Kaywhin.

El cuerpo de él se puso todavía más rígido por la tensión.

Yelena apoyó el rostro sobre el firme pecho de su esposo y escuchó el latido de su corazón.

Latía con rapidez.

Después de disfrutar durante unos instantes de aquel ritmo, como si fuera la más dulce de las melodías, levantó la cabeza.

—¿Nos besamos?

Los ojos azules de Kaywhin brillaron intensamente.

Sin responder, sostuvo con suavidad la barbilla de Yelena e inclinó su rostro hacia el suyo.

Ella cerró los ojos.

Sintió primero el cálido aliento de él rozando sus mejillas y, un instante después, sus labios se encontraron.

Cuando entreabrió ligeramente los labios, la lengua de Kaywhin se deslizó en su boca, como si hubiera estado esperando ese momento.

El cálido contacto recorrió con delicadeza el sensible paladar de Yelena antes de entrelazarse con su lengua.

—Mmm…

Un escalofrío recorrió su espalda de arriba abajo. Los dedos de sus pies se crisparon por el cosquilleo, mientras un calor intenso se acumulaba en la parte baja de su abdomen.

Entonces, una gran mano sostuvo con firmeza la parte posterior de su cabeza.

Yelena rodeó con un brazo el hombro de su esposo.

En ese instante, la voz de la anciana resonó de pronto en su memoria.

«Todavía es demasiado pronto para sentirse completamente aliviada, pero…»

«Cuando el Rey Demonio pierda la razón después de su muerte…»

Eran las palabras que la anciana le había dicho a Yelena en aquel espacio completamente blanco de su subconsciente.

Habían sido palabras inquietantes, pero Yelena se concentró en lo que la anciana había dicho después.

«Todo estará bien. Después de todo, ustedes dos ya han demostrado el poder del destino.»

Destino.

Era una palabra que le oprimía el corazón.

Y, al mismo tiempo, una palabra tan dulce que hacía latir su pecho con fuerza.

Los delgados dedos de Yelena se entrelazaron entre el cabello negro de Kaywhin.

A través de las rendijas de la puerta cerrada de la terraza, llegaba débilmente la música que interpretaba la orquesta en el salón de banquetes.

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