Capítulo 181 – La mejor defensa es el ataque (2)
Hace apenas unos instantes, había odiado terriblemente a Victoria, pero al verla acercarse, la encontró bastante encantadora. Harold la miró fijamente, deseando tocarla y abrazarla.
Victoria presentó sus respetos a la Consorte Real Aiela y al Príncipe con calma y cortesía. La Consorte Real Aiela también sonrió, complacida por el comportamiento cortés de Victoria.
Es una chica decente, como era de esperar. Lo que sucedió en la fiesta debió haber sido un error.
Los dos recibieron a Victoria con gentileza, sin saber que estaban siendo arrastrados por el poder de Amanthal.
“Su Majestad, le pido disculpas por las molestias que le he causado con mis acciones imprudentes.”
“Está bien, Lady Victoria. Debe haber habido una razón. Sin embargo, creo que lo mejor es dejar de preocuparse por la Princesa del Este. Dado que se casará con el Quinto Príncipe, ya no será un problema para nuestros planes. Le rogaré a Su Majestad que adelante la boda del Quinto Príncipe lo antes posible, así que, por favor, deje de prestarle atención a la Princesa del Este.” (Aiela)
A Victoria no le gustaron las palabras de la Consorte Real Aiela, que sonaban a una reprimenda.
La Consorte Real Aiela no sabía nada. ¿Crees que Arianna no será un problema? En cuanto Arianna recibió el decreto imperial para casarse con el Quinto Príncipe, supo aprovecharse de ello.
Era imposible saber cómo reaccionaría Arianna ahora que formaría parte de la familia del emperador.
Era patético que la Consorte Real Aiela y el Príncipe estuvieran pasando tiempo juntos sin saber, ahora la mujer del Emperador, podría atacar.
Victoria pensó que la Emperatriz Consorte y su hijo eran unos necios por relajarse en semejante situación; sin embargo, ahora se necesita su fuerza.
Victoria reprimió su irritación y dijo con dulzura.
“Tomaré en serio las palabras de la Consorte Real.”
La Consorte Real Aiela y Harold sonrieron satisfechos ante su respuesta obediente.
“¿Qué te trae por aquí hoy?” – Preguntó la Emperatriz Consorte.
“Hay algo que quisiera pedirte. Consorte Real, ¿le importaría concertar una reunión con Su Majestad el Emperador?”
La Consorte Real Aiela y Harold fruncieron el ceño.
Victoria habló rápidamente antes de que pudieran negarse.
“Sabe que la Princesa del Este se desmayó tras beber veneno delante de Su Majestad el Emperador, ¿verdad?”
“Lo sé. No tengo ni idea de quién se atrevió a hacer tal cosa. No solo Su Majestad Imperial el Emperador, sino también Su Majestad Imperial la Emperatriz están furiosos. Quien intentó envenenar a la Princesa del Este se enfrentará a un castigo terrible.” (Aiela)
A Victoria se le erizó la piel ante las frías palabras de la Consorte Real Aiela. Comprendió de nuevo la gravedad de la situación. Debe resolver este asunto adecuadamente, aunque eso significara signifique esforzarse un poco e ir un poco más allá de lo debido.
“Así es. Estoy segura de que será así. Sin embargo, hay algo que me preocupa y sentí que no solo yo, sino también el Tercer Príncipe Harold, podríamos vernos en una situación difícil, por eso vine a verla.”
“¿Quieres decir que estar en una situación difícil?” – Preguntó Harold, que había estado escuchando en silencio.
Victoria frunció el ceño y habló con voz suplicante.
“El Príncipe Heredero y la Princesa Heredera han estado bebiendo té preparado con hierbas venenosas todo este tiempo.”
“¡Ah!” (Aiela)
“Pronto se desmayarán por el veneno y para entonces, incluso el médico del palacio se dará cuenta del problema.”
“Veneno…” (Aiela)
“Sí. Y si Su Majestad Imperial relacionara el veneno que dañó a la Princesa del Este con el veneno que dañó al Príncipe Heredero y a su esposa…”
“Estaremos en peligro.” (Aiela)
“Aunque en ese momento aleguemos que el regalo enviado desde Oriente contenía hierbas venenosas, unas pocas palabras de la Princesa bastarán para cambiar la situación a su antojo. Así que debemos actuar primero.”
“Así que sugieres que demos el primer paso…” (Aiela)
“¿Recuerda cómo me comporté de forma exagerada en la fiesta del Marqués Matherin? Golpeé a Arianna.”
Harold frunció el ceño.
“Sí, lo recuerdo. Te pasaste de la raya entonces, Victoria.” (Harold)
“Lo hice para momentos como este.”
“¿Qué?” (Harold)
“Quería demostrar que me he vuelto cruel y violenta, al igual que el Príncipe Heredero y la Princesa Heredera. Serviría como prueba de que yo también he estado expuesta al mismo veneno.”
Por supuesto, era mentira, sin embargo, Harold le creyó a Victoria.
Victoria acababa de ir tras comer tres corazones de zorro. Los corazones de zorros blancos tenían la capacidad de seducir a la gente. Eran difíciles de conseguir, pero el efecto era bueno.
Debía reunirse con el Emperador antes de que el efecto desapareciera por completo.
“Harold, ayúdame. Lo arreglaré todo.”
***
Últimamente, el Emperador se veía acosado por diversos problemas.
No solo la Emperatriz había montado un escándalo por el decreto imperial que ordenaba a Arianna casarse con el Quinto Príncipe, sino que incluso los ministros consideraban que se había extralimitado.
No podía admitir que se trataba de una decisión destinada a aumentar la lealtad del Gran Señor del Este a la Familia Imperial. No quería que nadie supiera cuánto le importaba el Gran Señor del Este.
En medio de todo eso, la relación entre el Príncipe Heredero y su esposa se encaminaba hacia una ruptura casi catastrófica.
Habría sido una suerte que solo hubieran gritado y discutido, pero cada vez que se encontraban cara a cara, terminaban lanzándose cosas e incluso golpeándose. El Emperador sintió que el mundo se le venía encima al oír que el Príncipe Heredero había abofeteado con fuerza a la Princesa Heredera, a pesar de que ella estaba embarazada.
Por ahora, todos guardan silencio, pero si ese hecho salía a la luz, su idoneidad para el puesto de Príncipe Heredero se pondría en entredicho.
Aunque el Emperador aún contaba con muchos príncipes destacados, no quería que la posición del Príncipe Heredero se viera comprometida. No porque fuera hijo de la Emperatriz, sino porque se desataría una contienda interna si la posición del Príncipe Heredero no estaba firmemente establecida.
En medio de toda la agitación interna, la visita de Harold y Victoria no era más que una molestia.
El Emperador preguntó sin disimular su disgusto:
“¿Dijeron que querías verme?”
“Sí, Su Majestad, el Sol del Continente. Es un honor…” (Victoria)
“No hay necesidad de formalidades. Bien, ¿de qué se trata? Si quieres pedirme ayuda por una lucha de poder entre las mujeres, no quiero oírlo.”
“Su Majestad, el Tercer Príncipe me informó lo que le sucedió recientemente a Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero.” (Victoria)
El Emperador fulminó con la mirada a Harold.
Estaban tratando de guardar silencio sobre el comportamiento violento del Príncipe Heredero y la Princesa Heredera para evitar que se filtrara, así que pensar que Harold se atrevió a contárselo a alguien como la Princesa del Oeste… Quería encerrar a Harold y a Victoria sin oír nada más, pero las palabras que siguieron captaron la atención del Emperador.
“El Tercer Príncipe sospechaba que los recientes incidentes en nuestra familia Bronte y lo que le está sucediendo a Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero podrían estar relacionados.” (Victoria)
“¿Qué incidente es ese?”
“Su Majestad, ¿no es bastante extraño?” (Victoria)
Victoria alzó la cabeza y miró fijamente al Emperador, aunque él no le había dado permiso. En el instante en que sus ojos verdes brillaron intensamente, el Emperador sintió una extraña sensación.
Solo había pensado en Victoria como la mujer que acosaba a su hermanastra y se comportaba violentamente en las fiestas, pero tenía un lado inesperadamente tierno y delicado. Sus ojos brillantes parecían inteligentes, lo que le dio la falsa convicción de que ella podría resolver bien la situación.
“Su Alteza Real el Príncipe Heredero y Su Alteza Real la Princesa Heredera eran conocidos por ser excepcionalmente benevolentes y sabios, es sorprendente que sus personalidades hayan cambiado tan repentinamente. Es como si se hubieran se hubieran convertido en alguien completamente distinto… ¿No es extraño que no solo uno, sino ambos hayan cambiado así al mismo tiempo?” (Victoria)
“Sí, pensé que la Princesa Heredera podría haber estado ocultando su verdadera personalidad, pero simplemente no puedo comprender el comportamiento del Príncipe Heredero.”
Mientras la voz del Emperador se volvía más suave, Harold y Victoria reprimieron una risa.
“Nos sentimos igual, Su Majestad. Mi madre y yo, de repente, nos volvimos impulsivas y violentas, incapaces de contener nuestra ira y ansiedad, y terminamos actuando impulsivamente. Aunque intentamos evitarlo, una irritación inexplicable nos invadió, llevándonos a mostrar una faceta que jamás debimos haberle mostrado a Su Majestad la última vez.” (Victoria)
“Mmm…”
“El Tercer Príncipe notó que ambos incidentes eran demasiado similares para ser una coincidencia, así que, por si acaso, investigué desde varios ángulos y, como resultado…” (Victoria)
Mientras Victoria buscaba algo en su pecho, los caballeros que estaban detrás del Emperador intentaron alcanzar la empuñadura de sus espadas. Sin embargo, Victoria sacó una pequeña bolsa sin mostrar el menor signo de temor.
“Encontré esto en nuestra mansión.” (Victoria)
Mientras el Emperador hacía un gesto con la barbilla, un sirviente se acercó y tomó la bolsa de Victoria.
El sirviente revisó el interior de la bolsa y sacó unas hojas secas. Parecían hierbas medicinales.
El Emperador, tras examinar la hierba seca en la mano del sirviente, frunció el ceño y preguntó.
“¿Qué es eso?”
“Son las hojas secas de una planta llamada chivera.” (Victoria)
“¿Chivera?”
“Mi médico viaja mucho y, por lo tanto, posee un vasto conocimiento; dice que, durante un viaje a la parte oriental del continente, conoció a una tribu que usaba hojas secas de chivera como medicina.” (Victoria)
“Medicina…”
“Es un remedio para el letargo, y aunque no supone ningún problema si se toma con cuidado según la prescripción de un farmacéutico, también es una hierba venenosa muy peligrosa que puede provocar tendencias violentas, pérdida de la razón y, en última instancia, la muerte, si se toma en exceso durante un largo periodo.” (Victoria)
El rostro del Emperador se contrajo… Podía adivinar lo que Victoria quería decir.
Victoria juntó las manos con cortesía y dijo con énfasis.
“Majestad, descubrí esa hierba venenosa mezclada con las hojas de té de la familia Bronte. Sin saberlo, la estuve consumiendo durante un largo periodo, perdí la razón y actué violentamente. En cuanto lo descubrí, intenté preguntarle a la doncella encargada de preparar el té, pero ya había desaparecido.” (Victoria)
A Victoria se le llenaron los ojos de lágrimas.
“Es evidente que alguien guardaba rencor contra nuestra familia Bronte y tramaba cometer un acto terrible. Sin embargo, si el ataque hubiera estado dirigido únicamente contra nuestra familia, habría podido controlarlo de alguna manera; pero al oír que Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero presentaba síntomas similares me preocupa muchísimo…” (Victoria)
Victoria siguió hablando sin secarse las lágrimas que le corrían por sus mejillas.
“Solo espero no llegar demasiado tarde.” (Victoria)
Justo cuando Victoria terminó de hablar, el exterior se llenó de ruido. El mayordomo principal, tras abrir la puerta de la sala de audiencias y entrar apresuradamente, informó al Emperador.
“Majestad. Su Alteza la Princesa Heredera se ha desmayado y sangra profusamente.” (Mayordomo)
Al ver el ceño fruncido del Emperador, Victoria apenas pudo contener la risa.
No esperaba tal reacción, pero, como era de esperar, el cielo estaba de su lado. Todas las adversidades que había enfrentado hasta entonces no habían sido más que un pequeño obstáculo en su camino hacia este preciso momento.
Finalmente, la Princesa Heredera, embarazada del heredero real, se desplomó.
El Emperador jamás dejaría pasar ese asunto sin más, incluso si el adversario era Oriente.
Tras mirar por turno al Chambelán, luego a las hojas de Chivera y a Victoria, el Emperador gritó con fuerza:
“¡Cierren las puertas del Palacio Imperial! ¡Hasta que no se encuentre las hojas de Chivera escondidas en el palacio, nadie entrará ni saldrá!”
Victoria también se vio obligada a quedarse, así que terminó quedándose en el Palacio de los Lirios.
El Palacio Imperial era ruidoso, con gente buscando hojas de chivera por todas partes. Lo mismo ocurría en los palacios donde se alojaban las consortes reales, así que también había gente que actuaba bajo las órdenes del Emperador entrando y saliendo del Palacio de los Lirios.
Ya entrada la noche, el Palacio de los Lirios quedó en silencio.
Victoria estaba sentada sola en una habitación, cerca de la de la Emperatriz Aiela. Pronto llegó Harold.
“¿Qué pasó? ¿Encontraste a la dama de compañía?” (Victoria)
Harold había colocado a algunos de sus hombres al lado del Príncipe Heredero, además de Chloe, Penny Hoodis, la dama de compañía encargada del té del Príncipe Heredero y su esposa, era una de ellos.
“Oí que ayer, después de que el Príncipe Heredero la golpeara varias veces, él se disculpó y le dio unos días libres. Probablemente esté en su casa ahora mismo.”
“¿Por qué, de entre todas las personas…?” (Victoria)
Penny Hoodis tenía un hijo, y los hombres de Harold lo mantenían como rehén. Penny era una mujer con fuertes instintos maternales que estaba dispuesta a asumir la culpa de un crimen que no había cometido por el bien de su hijo.
Según el plan, Penny ya debería haber sido capturada y haber confesado que el Reino del Este le había ordenado mezclar las hojas de chivera de sus cajas de regalo con el té.
“No te preocupes. He informado discretamente a los caballeros para que revisen las cajas de regalo que llegaron del exterior. Si confirman que los regalos del Este contienen hierbas venenosas, arrestarán a los miembros de la familia White, y tan pronto como se abran las puertas del palacio, solo tendremos que enviar a alguien a capturar a Penny.”
Todo era tal como Harold había dicho. No había nada de qué preocuparse. Probablemente Arianna ni siquiera sabía de la existencia de las hojas de Chivera.
“La Princesa Heredera perdió al niño en su vientre. Oí que era un varón.” – Dijo Harold con buen humor. – “El Emperador está tan furioso. Si la familia White no lo reconoce, los torturará horriblemente para obligarlos a admitirlo.”
Una sutil sonrisa apareció en los labios de Harold.
Victoria parecía saber lo que estaba pensando.
‘¿Piensas aparecer y ayudar a Arianna mientras la torturan y sufre? No puedes hacer eso, Harold. Morirá de una muerte dolorosa y miserable.’
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