CCEPMD – 48

Capítulo 48: Una partida de Go

 

En el carruaje, Wen Zhi, envuelto en una capa de piel de zorro azul oscuro, llevaba el cabello suelto sobre los hombros como si fluyera la tinta más pura, casi fundiéndose con la oscuridad de la noche.

Cuando no hablaba, siempre le recordaba a la hoja más afilada o a la nieve más fría.

Ming Wan supuso que debía estar muy enfadado en ese momento, como la calma antes de la tormenta.

Fuera del carruaje, Zhang ZhiBai lo miró de reojo, con los brazos cruzados, y solo después de asegurarse de que Ming Wan no había sufrido ningún ‘abuso’ por parte de Wen Zhi, regresó a ver a su sobrino recién nacido con tranquilidad.

Ming Wan dejó con cuidado la caja de medicinas que llevaba, juntó las rodillas para calmar su respiración y luego explicó: “La hermana mayor de Zhang ZhiBai tenía un parto complicado y su vida corría peligro, así que hice un viaje de última hora.”

Aún recordaba cómo se sintió cuando Wen Zhi olvidó su cumpleaños, esta vez, en el cumpleaños de Wen Zhi, aunque no le había prometido nada, al verlo esperando junto al camino durante tanto tiempo la hizo sentir un poco culpable.

Ella no era Wen Zhi; era incapaz de mostrarse tan segura y con la frente en alto.

Wen Zhi se giró para mirarla.

Ming Wan pensó que pretendía interrogarla y se preparó para replicar, pero para su sorpresa, Wen Zhi simplemente preguntó con calma: “¿Ya nació?”

Ming Wan se quedó atónita, sus palabras se quedaron atascadas en su interior y tras un instante de vacilación, asintió y dijo: “Madre e hijo están bien.”

“Me alegro.” – Dijo Wen Zhi y tras una pausa, añadió. – “Hace un momento, solo en el carruaje, te ví charlar y reír con ese hombre de apellido Zhang y pensé en muchas cosas. ¿Sabe Ah-Wan lo que estoy pensando?”

Tras seis años de conocerse, era la primera vez que Wen Zhi la llamaba ‘Ah-Wan’ en lugar de por su nombre completo.

Ming Wan sintió una oleada de sorpresa e incomodidad, tanta que olvidó responder. Cuando recuperó el sentido, oyó la voz grave y autoritaria de Wen Zhi decir suavemente: “Estaba pensando, ojalá pudiera tenerte a mi lado, para que pudieras reír solo para mí.”

A Ming Wan se le encogió el corazón.

Miró a Wen Zhi, intentando descifrar la veracidad de sus palabras en sus ojos oscuros y profundos, y conteniendo la respiración, dijo: “Pero no puedes hacer eso, si me convierto en un pájaro enjaulado, jamás volveré a sonreírle a quien me aprisionó.”

“Sí, no puedo. Ya conoces mi debilidad, ¿verdad?” – El aura opresiva en los ojos de Wen Zhi se desvaneció, reemplazada por una profunda e insondable melancolía mezclada con muchos sentimientos incomprensibles, todo en una oscuridad profunda.

Al oír eso, Ming Wan le dijo sin rodeos: “Wen Zhi, tendré muchos pacientes en el futuro, y quizás también muchos amigos.”

“Pero solo habrá un esposo. Así que no me presiones; eso solo me alejará aún más.”

Los labios carmesí de Ming Wan se entreabrieron ligeramente, tragándose por fin sus palabras impertinentes, y susurró: “Lo que pasó esta noche fue un accidente, pensé que terminaría en una hora, no esperaba retrasarme tanto… Siento haberte hecho esperar.”

La expresión de Wen Zhi era indiferente mientras se quitaba la capa de piel de zorro y se la ponía a Ming Wan con naturalidad.

“No tienes que disculparte conmigo.” – Al acercarse, desprendía un aroma fresco y amaderado, similar a la nieve acumulada en las ramas de los pinos y bajando la mirada, como si se lo dijera a sí mismo, él murmuró. – “Soy yo quien te ha fallado.”

Ming Wan lo miró fijamente, como si no lo reconociera.

Wen Zhi le ató la cinta del abrigo de piel de zorro, un poco apretado, el nudo torcido, pero era muy cálido. Mientras Ming Wan bajaba la cabeza, en el tenue resplandor de un rayo de luz que se filtraba por las rendijas de la cortina del carruaje, notó las manchas de sangre en sus puños y el dobladillo de su falda, como pequeñas motas de flores de ciruelo marchitas, completamente ocultas por la gruesa capa.

En algún lugar estallaban fuegos artificiales, un estruendo continuo que tinó la noche fuera de la cortina del carruaje de rojo y púrpura.

Ming Wan levantó la cortina del carruaje y miró hacia afuera, las murallas de Chang’an eran muy altas, ocultando la forma de los fuegos artificiales, apenas podía distinguir el cielo del este reflejando luces y sombras, y a juzgar por las risas y exclamaciones a lo lejos, debía de haber sido un espectáculo precioso.

“¿Quién está lanzando fuegos artificiales? Llevan muchísimo tiempo.”  – Dijo Ming Wan.

“Probablemente… por alguna festividad.” – Intervino Wen Zhi, sorprendido, y luego se enderezó, dando instrucciones a los guardias y al cochero para que partieran.

Ya era tarde, Ming Wan le preguntó a dónde iban, y él respondió: “A cenar.”

Por un instante fugaz, la luz de los fuegos artificiales iluminó los ojos de Wen Zhi, parpadeando y siendo difícil de distinguir.

Mucho más tarde, Ming Wan supo que el espectáculo de fuegos artificiales junto al puente pintado, al este de la ciudad, había sido organizado especialmente para ella por Wen Zhi.

Si no hubiera sido por el inesperado y difícil parto de la hermana mayor de la familia Zhang, Wen Zhi la habría llevado a la orilla del estanque para ver el espectáculo de fuegos artificiales más magnífico y hermoso de todo Chang’an, bajo el deslumbrante mar de luces.

Finalmente, no pudieron cenar; después de las 7 de la tarde, los restaurantes cerraban.

Ming Wan se sintió algo avergonzado; era una fiesta importante y también su cumpleaños, y no había razón para que el cumpleañero pasara hambre. Así que Ming Wan detuvo el carruaje, compró dos tazones de fideos de cordero en un puesto de comida nocturna, les añadió huevos escalfados encima y llevó a Wen Zhi a sentarse en la mesa y las sillas algo desgastadas.

Ming Wan le acercó el tazón de fideos de cordero a Wen Zhi y, con naturalidad, dijo unas palabras de bendición: “Después de comer este tazón de fideos de la longevidad, le deseo a Lord Wen una vida larga y próspera, una exitosa carrera política, que todos sus deseos se cumplan y ¡salud eterna!”

“Que todos mis deseos se cumplan…” – La curva de sus labios era casi imperceptible, más que una sonrisa, parecía una burla. Miró a Ming Wan con calma y dijo. – “Si mis deseos se cumplieran de verdad, sería maravilloso.”

En realidad, Ming Wan intuía que Wen Zhi seguía siendo el mismo Wen Zhi frío y dominante, solo que cinco años después había aprendido a controlarse a sí mismo. Parecía haberse convertido en una persona amable y normal, pero en realidad, simplemente estaba aprendiendo a imitar cómo debería ser una persona normal.

En su corazón había un nudo, no relacionado con el pasado en la montaña Yan Hui, lleno de una especie de obsesión e inquietud que Ming Wan aún no comprendía del todo.

Tras una ligera nevada después del Año Nuevo, Ming Wan dedicó un tiempo a revisar el manuscrito del Compendio Ilustrado de Medicina Herbaria. Tras confirmar que no había errores, decidió pedir recomendaciones a varios profesores y médicos de la Academia Médica Imperial para que hicieran anotaciones, con la esperanza de que ese libro de medicina, en el que Ming Cheng Yuan había volcado el trabajo de toda su vida, se imprimiera y se transmitiera de generación en generación.

Antes de marcharse, Wen Zhi la llamó, preguntándole adónde iba.

Ming Wan, sosteniendo su paraguas, se giró y contempló su figura de pie entre la ligera nevada, por un instante, se quedó pensativa, y luego habló con claridad: “Iré a presentar mis respetos a los miembros de mayor rango de la Academia Médica Imperial y a solicitar permiso para imprimir este libro.”

Bajo el alero, los copos de nieve caían en espiral. Wen Zhi frunció el ceño y le dio a Xiao Hua algunas instrucciones, luego caminó con paso firme hacia ella, diciendo con frialdad: “Yo también tengo que ir al palacio; así que te acompañaré en el camino.”

Tras entrar en la calle Cheng Tian Men de la Ciudad Imperial, Wen Zhi la acompañó hasta la entrada de la Academia Médica Imperial, tal como le había indicado.

Ming Wan dio unos pasos dentro, luego se giró para ver a Wen Zhi todavía de pie entre los copos de nieve que caían; solo después de confirmar que había entrado, continuó hacia el Salón Wenhua de la Academia Hanlin*.

(N/T: * El término 朝翰林 (cháo hàn lín) se traduce al español como «los académicos de la academia imperial» o «miembro de la Academia Hanlin en la corte».

Para entender completamente su significado, es necesario desglosar sus dos componentes del chino clásico e histórico: 1. 朝 (cháo): En este contexto histórico, significa «corte imperial», «gobierno» o «dinastía». Indica una relación directa con el servicio al emperador. 2. 翰林 (hàn lín): Significa literalmente «bosque de pinceles/plumas», pero hace referencia directa a la Academia Hanlin, una institución de élite académica y administrativa de la antigua China. Los Hanlin eran los eruditos de más alto rango… Por lo tanto, la combinación 朝翰林 se usaba históricamente para referirse a los eruditos o altos funcionarios literarios que servían en la corte del emperador, encargándose de redactar documentos oficiales, secretaría imperial y compilar la historia del imperio.)

Los médicos de la Oficina Medica Imperial, al ver el manuscrito que Ming Wan había enviado, lo elogiaron efusivamente. Todos prometieron solicitar al Emperador fondos para su impresión, en beneficio de las futuras generaciones de médicos. El recién nombrado director de la Oficina Medica Imperial incluso se ofreció a escribir personalmente el prefacio.

Ming Wan estaba radiante de alegría, sintiéndose como si se le hubiera quitado un gran peso de encima, o como si un edificio imponente hubiera sido construido de la nada. Experimentó una sensación de ligereza y orgullo, convencida de que todo el esfuerzo que ella y su padre habían realizado a lo largo de los años había valido la pena.

Tras regresar a casa, encargó especialmente a Qing Xing y Shao Yao que prepararan frutas, incienso y velas para honrar la memoria de su difunto padre.

Habiendo cumplido una tarea tan importante, Ming Wan disfrutó de un periodo de considerable ocio, mientras que Wen Zhi seguía tan ocupado como siempre. Los informes y mensajes iban y venían sin cesar, y Ming Wan a veces temía que la montaña de documentos oficiales que se acumulaban en su estudio lo abrumara.

De vez en cuando, Wen Zhi terminaba su trabajo antes de tiempo y venía a ver a Ming Wan, a veces para admirar las cometas de principios de primavera, a veces para tomar una taza de té. Aunque no tuvieran nada que decir, la miraba de lejos para asegurarse de que estuviera bien antes de volver a sus propios asuntos.

Tras casi un mes de tratamiento, la recurrente dolencia en la pierna de Wen Zhi estaba prácticamente curada, y su consolidación futura no requeriría mucho esfuerzo y con tanto tiempo libre, Ming Wan buscaba maneras de mantenerse ocupada.

A veces, le pedía a Wen Zhi que la dejara atender pacientes en la Farmacia de Chang’an. Wen Zhi solía fruncir el ceño, pero no le quedaba más remedio que acceder.

Debido a su reciente cambio, Ming Wan se sorprendió durante mucho tiempo, sintiendo que Wen Zhi por fin había mostrado algo de calidez humana. Hasta que un día, mientras atendía pacientes, varios matones de aspecto sórdido, al ver que era joven y fácil de intimidar, comenzaron a hacer escándalo y le exigieron que los atendiera, llegando incluso a desnudarse.

Antes de que el personal de la farmacia pudiera intervenir, varios ágiles artistas marciales aparecieron de la nada, sometiendo rápidamente a los alborotadores con unos pocos golpes certeros… Y una vez resuelto el asunto, se ocultaron silenciosamente tras los puestos del mercado y los restaurantes, ‘desapareciendo sin dejar rastro, sus acciones olvidadas y sus nombres ocultos.’

Los guerreros de artes marciales eran taciturnos y distantes, con un porte sorprendentemente similar al de los guardias de la mansión de la familia Wen. Ming Wan se dio cuenta entonces de que Wen Zhi no la había soltado del todo; había estado vigilando sus movimientos.

Sin embargo, Ming Wan comprendía hasta qué punto. Mientras Wen Zhi no usara la ‘protección’ como excusa para confinarla en la mansión, y mientras hubiera margen para la negociación, un compromiso era aceptable.

Frente a la farmacia había una casa de té, donde a menudo se jugaban partidas de Go y los eruditos observaban. Cuando no había muchos pacientes, Ming Wan se había unido a la diversión un par de veces y, poco a poco, desarrolló un ligero interés por el Go.

Al enterarse de que Ming Wan estaba aprendiendo Go, Wen Zhi reservó tiempo por las noches para ofrecerse a enseñarle.

Ming Wan dudó un instante, pero no pudo resistir la tentación y asintió con la cabeza en señal de acuerdo.

Era una noche tranquila, pero la luz de la linterna de gasa en la habitación del ala oeste aún brillaba. Ming Wan frunció el ceño, se rascó las sienes, algo despeinadas, y le preguntó a Wen Zhi: “¿Qué hacemos ahora?”

“Mi pieza blanca te ha cortado la salida, debes ir hacia esta dirección.” – Wen Zhi se incorporó, sujetó una pieza de Go de jade blanco entre sus largos y fuertes nudillos y golpeó la esquina inferior del tablero.

Ming Wan comprendió de repente y soltó rápidamente la pieza negra.

“Si el centro florece; ante una forma cuadrada, siempre se debe golpear un punto vital.” – Wen Zhi estaba tranquilo y relajado, sus movimientos eran rápidos y sencillos, y aún podía distraerse para darle un consejo.

Ming Wan no era particularmente talentosa, pero afortunadamente tenía al mejor maestro de Go de todo Chang’an, mejoró gradualmente tras diez días de estudio. Todas las noches jugaba con Wen Zhi; una partida solía durar hasta la medianoche, hasta que finalmente se quedaba dormida.

Siempre se dormía durante la partida, solo para despertar al día siguiente en la cama.

Sabiendo que no podía ocupar el tiempo de descanso de Wen Zhi todas las noches, después de unas cuantas partidas, su entusiasmo disminuyó, así que, durante la cena, le dijo a Wen Zhi: “Siempre estás ocupado, tienes que ir a la corte al amanecer. Deberías descansar temprano esta noche; no hace falta que vengas a jugar conmigo. Si quiero jugar, buscaré al tío Ding y a Qing Xing.”

El movimiento de Wen Zhi de servir la comida se detuvo por un momento, pero no respondió.

Sin embargo, al anochecer, Wen Zhi apareció puntualmente de nuevo ante Ming Wan, como era de esperar.

Habló antes de que Ming Wan pudiera negarse, diciendo con calma: “Hay nuevas partidas de Go; ¿te gustaría estudiarlas?”

Ming Wan tragó saliva con dificultad, mirando fijamente la intensa y profunda mirada de Wen Zhi, y solo pudo aceptar a regañadientes: “Está bien, solo por esta vez.”

Era medianoche de nuevo, el tablero estaba lleno de piezas blancas y negras, y la partida se encontraba en un momento crucial cuando Wen Zhi bajó su pieza blanca, se puso de pie y dijo: “Es tarde esta noche; continuaremos mañana.”

Dicho eso, realmente se marchó.

Dejó a Ming Wan con los ojos cansados, apoyando la frente, mirando fijamente la partida de Go, que estaba a punto de terminar, pero que no podía romper, perdida en una ansiosa frustración.

Jugar al Go era realmente adictivo, especialmente cuando la partida queda en una fase crítica.

Al día siguiente, Ming Wan no fue a la clínica, solo llamó al mayordomo Ding y a Xiao Hua, que estaba ocioso en casa, para intentar resolver la partida de Go de la noche anterior. Sin embargo, tras una acalorada discusión que duró medio día, no llegaron a ninguna conclusión.

Frustrada, aún tenía que ir a ver a Wen Zhi.

Entonces, la lámpara de seda de la habitación contigua se encendió de nuevo. La mayoría de las veces, solo se oía el nítido sonido de las piezas al colocarse, o las profundas explicaciones y consejos de Wen Zhi, pero el tiempo pasaba volando, como si fuera medianoche en un abrir y cerrar de ojos.

No fue hasta más de diez días después que Ming Wan se dio cuenta que debía rechazar la invitación de Wen Zhi para jugar al Go hasta altas horas de la noche.

Anoche, la partida duró hasta la medianoche, y Ming Wan se quedó dormida y al despertar y mirar el tablero, vio que las piezas blancas habían ganado por un punto y medio.

Ming Wan no recordaba a qué hora había ganado anoche, ni qué movimientos había hecho, pero era la primera vez en todos los días que había jugado contra Wen Zhi que lo derrotaba.

Haber vencido al arrogante y astuto estrategia principal Wen la llenó de una silenciosa alegría.

Xiao Hua, encaramado en la barandilla tallada del alfeizar de la ventana con una pierna apoyada en un pilar, ayudaba a Qing Xing, que bordaba un vestido de primavera en los escalones, a enhebrar una aguja. Al oír a Ming Wan decir que había vencido a Wen Zhi, casi se cae de la barandilla y con los ojos muy abiertos, preguntó: “Cuñada, ¿venciste a Wen Zhi?”

Ming Wan tarareó una melodía del sur de Jiangnan y asintió: “Sí.”

Xiao Hua exclamó incrédulo: “¿Venciste al Wen Zhi que conozco? ¿Al Gran secretario Wen, el jefe de todos los funcionarios?”

Qing Xing le espetó: “¿Por qué no? ¡Mi señorita es muy lista!”

La reacción de Xiao Hua fue realmente exagerada, tanto, que la propia Ming Wan empezó a dudar de sí misma y tras una larga pausa, dijo en voz baja: “Debería ser así. Siempre juego con las piezas blancas y el tablero de Go sigue en la habitación.”

Xiao Hua entró corriendo a la habitación y miró a su alrededor durante un buen rato, recogiendo las piezas de Go blancas y negras una por una, dijo: “No lo puedo creer, es imposible… ¡Vamos, cuñada, vamos al estudio a jugar una partida!”

Media hora después, en el estudio.

“…Aunque Wen Zhi es el Gran secretario y tiene algunos logros, en realidad no es más que un blanco que el Emperador ha puesto entre sus ministros. Piénsalo, ¿cuántas personas le tienen resentimiento a alguien tan joven que ocupa un puesto tan alto? ¿Cuántos quieren derrocarlo? Sin mencionar que ese loco de Li Xu fue el primero en querer matarlo, así que Wen Zhi tiene que ser aún más despiadado y duro que ellos. Después de ser duro durante tanto tiempo, ha olvidado cómo es ser amable. Cuñada, por favor, no lo culpes.” (Xiao Hua)

Xiao Hua siguió hablando sin parar, presionando una pieza negra y al ver que Ming Wan no había hecho ningún movimiento durante un buen rato, preguntó tardíamente: “Oye, cuñada, ¿gané?”

“…”

Ming Wan dudó un buen rato antes de preguntar: “¿Alguna vez has vencido a Wen Zhi?”

“Nunca.” – Dijo Xiao Hua con sinceridad, rascándose la sien. – “Desde niño hasta adulto, siempre he perdido contra Wen Zhi al jugar al Go, y siempre pierdo estrepitosamente.”

Ming Wan guardó silencio un momento y luego comprendió, tiró las piezas blancas a la caja de Go, se levantó, se dejó caer en el pequeño diván y abrazó la manta, permaneciendo inmóvil.

Al ver la expresión de desánimo de Ming Wan, Qing Xing entró en pánico y le dio un golpe en la cabeza a Xiao Hua, exclamando furiosa: “¡Seguro que hiciste trampa para molestar a la señorita!”

“¿Yo? ¡No es cierto! ¡Oye, oye, vale, vale, Xing’er, deja de pegarme!” – Xiao Hua agarró a Qing Xing, parpadeando con sus ojos felinos y sonriendo. – “¡Ten cuidado de no lastimarte la mano, me romperías el corazón!”

En ese momento, Wen Zhi entró por la puerta, recorriendo con la mirada el alboroto de Qing Xing y Xiao Hua antes de posarse en Ming Wan, quien yacía inmóvil boca arriba, aparentemente en trance.

Él frunció el ceño y preguntó fríamente: “¿Qué le han hecho?”

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