LHDLVNUNP 19

Capítulo 19. ¡Ya elegí a mi nuevo papá! (1)

[¡Ama!]

¿Mmm?

En ese momento, la voz de Desmond resonó dentro de mi cabeza. Por alguna razón, parecía completamente agotado.

Como era de esperarse, Desmond empezó a quejarse y a suplicarme.

[De verdad, ya no puedo más. Creo que ese Maestro de la Espada va a descubrirme.]

Hmm, bueno… Supongo que no se puede hacer nada.

[Es posible que ya me haya descubierto, de hecho…]

¿Qué?

[Ah, no es nada.]

Desmond intentó disimular apresuradamente lo que acababa de decir y, de pronto, su voz se cortó. Un aura oscura se deslizó suavemente dentro del osito de peluche. Desmond había regresado.

—¿De verdad te descubrieron?

[Umm, no estoy seguro.]

—Explícate mejor.

[El duque, que es Maestro de la Espada, no me descubrió. Pero ese otro… el otro Maestro de la Espada… bueno…]

—…

Tenía una idea bastante clara de a quién se refería. ¿Dantellion lo había descubierto?

—Entonces, ¿te descubrieron o no?

[No lo sé. La presencia de ese hombre es aterradora. ¡Miró directamente hacia el lugar donde yo estaba!]

—Mmm.

Desmond estaba tan asustado que todo su cuerpo temblaba. Verlo así, con su aspecto de osito de peluche, me dio un poco de pena.

Probablemente, la aterradora faceta de Dantellion que Desmond había presenciado se parecía más a la versión que yo conocía. Por eso estaba tan aterrorizado.

Aunque, cuando estaba con Verónica, parecía una persona completamente distinta.

—Bueno, no importa. De todos modos, no sabe que soy tu ama.

[¡Por eso no debes preocuparte! ¡El contrato del archidemonio no es tan débil!]

—Mmm.

Desmond lo declaró con bastante seguridad.

Debido al contrato del archidemonio, todos los descendientes del primer duque de Winston podían convertirse en amos de los demonios. Ni siquiera un Maestro de la Espada o el líder de la Torre Mágica podía descubrir la naturaleza de ese contrato.

Eso demostraba lo extraordinario que era el archidemonio. Como era el gobernante del Reino Demoníaco, supuse que debía de ser una existencia tan poderosa como un dios.

Asentí y le di unas palmaditas en la cabeza a Desmond.

—Entonces tú tampoco te preocupes demasiado.

[…¿Por qué me dejas pasar esta vez tan fácilmente? ¿No vas a regañarme por haber sido descubierto?]

—En serio, ¿qué clase de persona crees que soy…?

[Deberías tener un poco de conciencia, ama.]

—Ejem, ejem.

Quería protestar, pero, pensándolo bien, no había tratado precisamente bien a Desmond. Vivi era un pervertido, de acuerdo, pero Desmond había obedecido todas mis órdenes hasta el momento.

Había caído de repente en un mundo desconocido y, además, sabía cuál sería el destino de Verónica, la mujer que se había convertido en mi madre. Supongo que había estado bastante alterada.

Parecía que realmente me había excedido con Desmond, así que asentí sin oponer resistencia.

—Está bien. Perdóname.

[¿Q-qué dijiste?]

—Y gracias por todo el esfuerzo que hiciste esta vez.

[¿P-por qué te comportas así de repente, ama? He oído que cuando los humanos empiezan a hacer cosas que nunca hacían antes, se mueren.]

—…

De verdad, esto era lo que me ganaba por intentar ser amable.

Miré a Desmond con los ojos entrecerrados. A mi lado, Vivi soltó una risita burlona.

[Hmm, en fin, ama. ¿Qué vas a hacer ahora?]

—¿Con qué?

[Con ese aterrador Maestro de la Espada. ¿Vas a dejarlo tranquilo así como así?]

—Mmm.

La pregunta de Desmond me hizo reflexionar un momento.

Pero lo que yo estaba pensando era un poco distinto de lo que a él le preocupaba. Estaba considerando lo útil que podía resultarme Dantellion.

Al principio, había planeado utilizar a Dantellion para conseguir que Cedric y Verónica se divorciaran y, después, hacer que derrocara cuanto antes a la emperatriz viuda para provocar la caída de los protagonistas.

Pero… quizá no estaría mal cambiar un poco el rumbo del plan.

Una alianza matrimonial.

Después de todo, la alianza más sólida y vinculante entre las casas nobles se establecía mediante el matrimonio.

Y si se trataba de la familia imperial, con mayor razón. Si Dantellion, el príncipe heredero, lograba derrocar a la emperatriz viuda, que tenía un férreo control sobre la corte imperial y las facciones nobles, sería beneficioso tanto para mí como para la casa ducal de Winston.

Si, en esas circunstancias, Dantellion y Verónica se casaran, obtendríamos un respaldo aún mayor. Quizá incluso podríamos derrotar a los protagonistas antes de lo que ocurría en la novela original.

Aunque todo eso no serviría de nada si Verónica no quisiera.

Su matrimonio con Cedric ya le había causado un profundo dolor.

Por eso, la idea de volver a casarse podía resultarle agobiante. Además, yo quería vivir aquí con Verónica y los miembros de la casa ducal de Winston durante todo el tiempo posible.

Pero…

—Uf.

Cuando cerré los ojos, los acontecimientos de la novela original volvieron a mi mente. El duque de Winston apretando los ojos con fuerza porque no soportaba ver la ejecución de Verónica, mientras sus hermanos permanecían impotentes a su lado.

Para evitar que la historia original se repitiera, necesitaba un giro argumental de semejante magnitud.

Quiero que seas feliz, Verónica.

La voz dulce de Dantellion resonó en mi memoria. Su tono había sido demasiado cálido para explicarlo simplemente como el cariño hacia una antigua amiga de la infancia.

Parece que tendré que conocer a Dantellion en persona.

Quién sabe.

Quizá, solo quizá, antes de volverse malvado por alguna razón, era un hombre bondadoso que trataba a Verónica con amabilidad.

Por eso tenía que reunirme con Dantellion personalmente y ponerlo a prueba.

¡El ingenuo… no, yo misma elegiré a mi nuevo papá!

Estuve a punto de soltar en voz alta lo que realmente pensaba, pero me corregí rápidamente.

Después, sonreí con picardía.


—Mamá, yo también quiero conocer a Su Alteza el príncipe heredero.

—¡Vaya!

Verónica me miró con una expresión de sorpresa.

Pero, al mismo tiempo, apenas mencioné al príncipe heredero, sus mejillas se tiñeron de rojo. Me quedé mirándola fijamente.

—¿Dónde escuchaste hablar de él?

—Me lo contó el tío Brandon.

—Ay, ese Brandon…

Por supuesto, Brandon no había sido la primera persona de quien me enteré de la llegada del príncipe heredero. Solo lo estaba utilizando como coartada, pero fingí descaradamente que no pasaba nada.

Perdóname, Brandon. Si vas a culpar a alguien, culpa a tu propia ingenuidad, que hace tan fácil aprovecharse de ti.

Murmuré para mis adentros y luego sonreí ampliamente antes de exclamar:

—¡Su Alteza el príncipe heredero! ¡Es genial!

—Mmm, pero Su Alteza es una persona muy ocupada.

—¿Su Alteza no quiere ver a Dia?

—Eh…

—¡Dia quiere ver a Su Alteza!

—¡…!

¡Recibe esto, mi arma definitiva: la ternura!

Puse todo mi empeño en hacer pucheros y hablar con mi voz más dulce.

Verónica recibió de lleno mi ataque decisivo y se estremeció como si su corazón se hubiera detenido por un instante.

Bien. Solo un poquito más y lo conseguiría.

Convencida de mi victoria, me retorcí con coquetería.

—Dia también le dará un regalo a Su Alteza.

—¿Un regalo? ¿Preparaste un regalo para el príncipe heredero?

—Mmm.

—Mamá también quiere recibir un regalo de Dia… No, ejem.

Verónica cerró la boca apresuradamente después de revelar por accidente lo que realmente sentía.

Pero yo lo había escuchado perfectamente. Debería preparar algo para Verónica dentro de poco también. El regalo para Dantellion no era más que una excusa para conocerlo.

Sonreí al imaginar un ramo bastante desaliñado, hecho con flores que recogería al azar en algún rincón del jardín.

Luego miré a Verónica con los ojos muy abiertos e inocentes.

Por suerte, hacía poco Verónica me había leído un cuento infantil bastante tonto sobre un príncipe. Así que tenía una razón perfectamente válida para querer conocer a Dantellion, el príncipe heredero.

—Está bien. Mamá se lo preguntará a Su Alteza.

—¡Guau! ¡Voy a conocer al príncipe!

—No es solo un príncipe. Es el príncipe heredero. Debes comportarte con educación delante de Su Alteza, ¿entendido?

—¡Sí!

Verónica estaba preocupada, así que me recordó varias veces que debía comportarme correctamente.

Claudia siempre había sido una niña enfermiza y había vivido dentro de la residencia, sin relacionarse con el mundo exterior. Seguramente Verónica temía que hiciera algo que pudiera ofender a Dantellion.

Pero no tenía por qué preocuparse. Yo ya no era aquella Claudia frágil, protegida e ignorante del mundo.

Simplemente solté una risita, fingiendo que no sabía nada.


Mi encuentro con Dantellion llegó antes de lo esperado.

Él no tenía mucho tiempo, pues debía regresar cuanto antes al oeste.

Me reuní con Dantellion junto a Verónica. Había estado alojado en el pabellón de invitados, lejos de las miradas de los sirvientes. En cuanto entramos en la sala de recepción, se puso de pie.

—Saludo a Su Alteza Imperial, el príncipe heredero.

—¡Saludo a Su Alteza el pwíncipe hewedero!

Imité torpemente el saludo formal de la nobleza que acababa de hacer Verónica.

Si me lo proponía, podía hacerlo mucho mejor, pero ¿acaso se podía esperar que una niña de apenas cinco años realizara a la perfección un saludo tan complicado?

Agarré los bordes de mi falda con cierta torpeza e incliné profundamente la cabeza. Una risa clara y alegre resonó sobre mí.

—Ja, ja. Sí, me alegra conocerte, Claudia.

—…

Levanté la cabeza y me quedé mirando fijamente a Dantellion.

Solo lo había leído en la novela original y, cuando había hablado con Verónica, únicamente había escuchado su voz. Esta era la primera vez que lo veía en persona.

Dantellion era mucho más apuesto y alto de lo que había imaginado.

Si Cedric era un hombre guapo, de facciones afiladas y una belleza casi delicada para ser hombre, Dantellion destacaba mucho más por su masculinidad, quizá porque desempeñaba el papel del villano.

Aun así, una sonrisa amable nunca desaparecía de su rostro mientras nos miraba a Verónica y a mí. Me quedé observándolo un momento y luego exclamé deliberadamente en voz alta.

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