CCEPMD – 07

Capítulo 7: Sueños del pasado

 

Esa noche, Ming Wan tuvo un largo sueño.

En el sueño, había pasado aproximadamente un año. La guerra había terminado y el Emperador estaba eufórico, así que, con gran entusiasmo, lideró a los funcionarios civiles y militares, y a los hijos de las familias nobles de Chang’an, a una cacería de primavera en la Montaña Luming* para elevar la moral del pueblo.

(N/T: *鹿鳴山 (Lù míng shān) significa literalmente «la montaña del cérvido que llama» o «la montaña del bramido del ciervo».)

Ese año, Ming Wan acababa de ingresar en la farmacia de la Academia Médica Imperial como aprendiz. Debido a la presencia de concubinas y Princesas, tuvo la suerte de ser seleccionada, junto con su amiga íntima Jiang Lingyi, para acompañar y encargarse de la salud de las mujeres.

En su sueño, la luz del sol primaveral se filtraba entre los árboles, proyectando sombras dispersas y oblicuas con halos iridiscentes. Ella estaba sentada en una colina cubierta de hierba, frotándose los hombros, apoyada en un gran árbol, quejándose con Jiang Lingyi del carácter caprichoso de la Princesa Yong’An.

“…La Princesa comió unos bocados de más de carne de venado asado anoche, y esta mañana se despertó con varios granos rojos brillantes en la barbilla y la punta de la nariz. Se puso muy angustiada y comenzó a llorar desconsoladamente, diciendo que le daba demasiada vergüenza salir y ver a alguien así. Le receté medicina para bajarle el calor, pero se quejó del olor de la medicina tópica y del amargor de la medicina oral. Por más que le rogué, no me hizo caso y terminó echándome una buena reprimenda.”

Ella suspiró. – “Por suerte, traje un ungüento analgésico para alguna emergencia. Al menos logré apaciguar a esa pequeña tirana.”

Jiang Lingyi, sosteniendo un libro de medicina encuadernado con hilo que leía cuidadosamente, con las pestañas brillando a la luz del sol, sonrió levemente al oír eso: “La Princesa Yong’An tiene un carácter infantil; con un poco de persuasión bastará.”

Justo en ese instante, un estruendoso repiqueteo de cascos se acercó desde lejos, levantando nubes de polvo. Los jinetes eran todos jóvenes de familias prominentes, de entre dieciocho y veintitantos años.

El joven que iba a la cabeza montaba un magnífico corcel negro, con la cola atada en alto y las muñecas adornadas con protectores negros. Una mano sujetaba las riendas, la otra un arco, mientras su túnica marcial color granate ondeaba como fuego al viento. Entre las docenas de hombres que lo acompañaban, él cargaba la presa más pesada en su caballo, tan pesada que casi tocaba el suelo…

Ming Wan se cubrió los ojos con la mano, pues el joven vestido de rojo entre la multitud le parecía más deslumbrante que la luz del sol. Instintivamente preguntó: “¿Quién es ese?”

“Wen Zhi, el heredero del Marqués de Xuan Ping. ¿No lo reconoces?” – Jiang Lingyi miró a lo lejos y luego volvió a concentrarse en las páginas de su libro. – “Esta supuesta cacería de primavera es en realidad un banquete de celebración de la victoria que el Emperador le ofrece.”

La distancia era demasiado grande, el polvo llenaba el aire, y Ming Wan no pudo ver con claridad el rostro del muchacho. Solo lo vio tensar su arco y colocar la flecha, con la punta apuntando al cielo. Parecía no prestarle mucha atención, soltó la flecha con indiferencia, y un gran pájaro cayó en picado del cielo con un largo grito.

Los perros de caza ladraron con furia, y los jóvenes aplaudieron y vitorearon con entusiasmo. El joven llamado Wen Zhi alzó la cabeza con orgullo, disfrutando de los elogios envidiosos de la multitud, con una risa desenfrenada y despreocupada.

A Ming Wan nunca le habían gustado los hombres ostentosos y arrogantes. Simplemente dijo “Oh” y volvió a acostarse en la hierba, contemplando distraídamente la luz del sol fragmentada que se filtraba entre las hojas.

En un instante, sin embargo, la luz dorada se tornó roja como la sangre, y la escena se retorció como si hubiera sido calcinada. Solo se vio el polvo convirtiéndose en humo ascendente, la pradera convirtiéndose en una montaña de cadáveres y ríos de sangre, y los árboles convirtiéndose en espadas rotas e imponentes…

En ese campo de batalla desconocido y brutal, los buitres sobrevolaban la zona. Un joven empapado en sangre se arrastraba entre los restos de huesos y escombros, extendiéndole una mano ensangrentada y desgarrada. Sus ojos eran siniestros e inquebrantables mientras pronunciaba cada palabra con voz severa: “¡Yo… no… soy… culpable!”

Ming Wan despertó sobresaltada.

No solía tener sueños profundos, pero por alguna razón, esa noche había tenido un sueño muy extraño y al despertar, sintió una opresión en el pecho, como si una pesada carga de plomo la estuviera aplastando, y dio vueltas en la cama durante mucho tiempo.

Era temprano por la mañana*, el cielo aún no había amanecido y estaba todavía oscuro y frío. Los débiles sonidos de los sirvientes moviendo baúles y cajas provenían del patio vecino. Wen Ya había terminado de organizar la boda de su hermano menor y estaba empacando su equipaje para regresar hoy a la casa de la familia de su esposo en Luoyang.

(N/T: *卯正 (mǎo zhèng) es un término del sistema tradicional chino de medición del tiempo que se refiere exactamente a las 6:00 a. m. en el reloj moderno.)

Incapaz de dormir, Ming Wan simplemente se vistió y se levantó de la cama, frotándose las yemas de los dedos fríos mientras preparaba un regalo de despedida para su hermana mayor, Wen Ya.

La joven Qing Xing, que estaba de guardia en el turno de noche, dormía profundamente, así que Ming Wan no la molestó, envolvió ella misma la caja de regalo, luego tomó una linterna de gasa y salió, siguiendo la dirección que recordaba hacia el ala este de la casa.

La linterna se balanceaba, proyectando un cálido resplandor a un metro de sus pies. Ming Wan caminaba sola por el pasillo tenuemente iluminado, al doblar una esquina, encontró las puertas del santuario abiertas de par en par, con velas parpadeando en su interior.

Ming Wan echó un vistazo casualmente, y su mirada se posó al instante en ellas.

Wen Zhi estaba sentado solo en una silla de ruedas, de espaldas a la puerta, frente a la placa conmemorativa, envuelto en la fría soledad de la noche, permanecía allí en silencio, como si las incontables almas de quienes habían muerto en batalla lo estuvieran interrogando.

Ming Wan supuso que debió haber pasado la noche en vela, escapándose a escondidas, porque llevaba su cabello estaba bien peinado y aún vestía la túnica con la que había entrado al palacio el día anterior y sin siquiera se había puesto su abrigo de piel de zorro…

La noche había sido tan larga y tan fría; él había sobrevivido con su cuerpo enfermo y desgastado, siendo tan estricto consigo mismo que casi era cruel.

¿En qué estaría pensando?

¿Rememoraba glorias pasadas o… se arrepentía?

Era como si el sueño y la realidad se superpusieran, llenándolo inexplicablemente de melancolía. Ming Wan permaneció allí un rato, sin molestarlo.

Al ver a Wen Ya, Ming Wan no pudo evitar preguntar: “¿No tiene el heredero, sirvientes que lo acompañen de cerca?”

“Había uno.” – Wen Ya frunció el ceño, probablemente porque había pasado mucho tiempo desde que se casó y no recordaba su nombre, así que le preguntó al mayordomo Ding. – “Tío Ding, ¿quién es la persona que sirve personalmente a Ah-Zhi?”

“Es Xiao Hua.” – Al escuchar la voz, el mayordomo Ding, que estaba dando instrucciones a los sirvientes para que movieran el equipaje, entró y explicó. – “El joven amo es reservado, prefiere la tranquilidad y no permite que nadie se acerque. Xiao Hua siempre ha organizado sus viajes y su vida diaria, sin embargo, Xiao Hua se ha ido de viaje y no regresará hasta fin de año.”

“… ¿Xiao Hua?” – Sonaba como un nombre de mujer. ¿Podría ser una concubina o algo así?

“¿Por qué Ah-Wan pregunta esto de repente?” – Interrumpió Wen Ya sus pensamientos.

“Está en el santuario.” – Dijo Ming Wan con cautela. – “Probablemente ha estado sentado allí toda la noche.”

Wen Ya, furiosa, se levantó bruscamente y exclamó: “¡Ese mocoso! ¿Se está torturando a sí mismo o nos está atormentando a nosotros?”

“Señorita, hace frío afuera, por favor, siéntese. ¡Iré a ver cómo está el joven amo enseguida!” – El mayordomo ordenó apresuradamente que trajeran un abrigo de piel de zorro, juntó las manos y salió por la puerta, murmurando. – “¡Ay, todo es culpa mía! Anoche, al final del día, lo acompañé a la cama, pero me fui sin verlo dormirse… ¡Todo es culpa mía, todo es culpa mía!”

Al ver que alguien había llevado el abrigo de piel de zorro, Ming Wan sintió un poco de alivio.

Aunque todavía no podía aceptar el mal carácter de Wen Zhi, al fin y al cabo, se había casado con él para traerle buena fortuna. La Emperatriz viuda solo sería feliz si Wen Zhi vivía en paz y solo cuando la Emperatriz Viuda estuviera contenta, ella y su padre tendrían un lugar en Chang’an.

Después del desayuno, Wen Ya estaba a punto de marcharse.

La hermana mayor de la familia Wen, Wen Ya, era tan amable y considerada, cuidando meticulosamente de cada una de sus necesidades, y tan comprensiva; Ming Wan realmente no soportaba verla partir.

“Hace frío afuera, no hace falta que me acompañes y despidas. Me estoy llevando toda la crema de rosas y las pastillas para el asma que me diste, te escribiré para pedirte más cuando se me acaben.” (Wen Ya)

Wen Ya, sosteniendo la mano de Ming Wan, con los ojos ligeramente enrojecidos, forzó una sonrisa y dijo: “Ya te anoté la dirección de la casa de mi esposo, mantente en contacto por carta. Si Ah-Zhi te molesta o te hace enojar, asegúrate de decírmelo, ¡y le diré cuatro cosas!”

Ming Wan miró de reojo al joven distante y taciturno sentado en su silla de ruedas a su lado y pensó que, sin la mediación de Wen Ya, probablemente no tendrían más interacciones en esa vida, se ignorarían mutuamente hasta el final, y mucho menos sería víctima de acoso.

No reveló sus pensamientos, solo asintió levemente y dijo: “Lo entiendo, hermana.”

Wen Ya, aún preocupada, se volvió hacia Wen Zhi y dijo: “Ah-Zhi, tu hermana mayor se va pronto, tu sobrino todavía es pequeño y no puede viajar lejos, la próxima vez que regrese, no sé en qué año o mes será. Tu hermana mayor tiene otra petición. Solo espero que me prometas dos cosas: Lo primero, espero que cuides tu salud y no te menosprecies. En el corazón de esta hermana mayor, siempre serás el héroe de la familia Wen…”

Las pestañas de Wen Zhi temblaron ligeramente; apartó la mirada y permaneció en silencio.

“Lo segundo.” – Wen Ya tomó la mano de Ming Wan y colocó junto a Wen Zhi, diciendo con seriedad. – “Segundo, debes tratar bien a Ah-Wan. Es tu esposa, y es tu responsabilidad de por vida como hombre. Debes respetarla y amarla, y jamás descuidarla ni traicionarla, ¿entiendes?”

Wen Zhi seguía sin hablar.

Afortunadamente, en los pocos días transcurridos desde su matrimonio con la familia, Ming Wan se había acostumbrado a ese obstinado silencio y ya no se sentía tan incómoda y desorientada como al principio.

Ella sonrió con naturalidad y sin preocupaciones, e incluso logró consolar a Wen Ya varias veces: “Hermana mayor, no te preocupes, ¡todo saldrá bien!”

“Yo también soy mujer y sé lo importante que es casarse con un marido que te ame.” – El tono de Wen Ya era inusualmente firme mientras miraba a Wen Zhi. – “Ah-Zhi, debes prometérmelo esta vez.”

Wen Zhi bajó la mirada, apretó la mandíbula y los labios como una espada afilada.

Era frío y distante, orgulloso y obstinado; odiaba ese absurdo matrimonio.

Ming Wan intuyó que él no quería aceptar.

Sin embargo, tras un largo silencio, su nuez de Adán se movió varias veces antes de que finalmente respondiera brevemente: “Mmm.”

Como si se hubiera quitado un gran peso de encima, Wen Ya pareció aliviada y dejó escapar un largo suspiro.

Ella le explicó a Ming Wan, que estaba algo sorprendida: “Ah-Zhi siempre cumple sus promesas, nunca falta a su palabra. ¡Ahora puedo estar tranquila! Ah Wan, tú y Ah-Zhi deben vivir una buena vida juntos; ya sea la riqueza, la fama, o las críticas de los demás… no me importan, con que sean felices y envejezcan juntos, es suficiente. No sean como yo…”

Pero Ming Wan sabía lo que no había terminado de decir. Para Wen Ya, las palabras ‘envejecer juntos’ era un sueño inalcanzable.

Sin razón aparente, un nudo se le formó en la garganta.

Tras una larga y renuente despedida, el carruaje finalmente se puso en marcha.

Wen Zhi habló de repente, llamando: “Hermana…”

Ming Wan intuyó que debía tener algo importante que decir, pues sus ojos reflejaban tristeza y pesadez.

Sin embargo, tras esperar un buen rato, simplemente desvió la mirada, se tragó las tres palabras que estaban a punto de salir de su boca y dijo con voz baja y ronca: “…Cuídate.”

Wen Ya finalmente se marchó, y la otrora grandiosa mansión del Marqués pareció de repente vacía.

A las 9:00 de la mañana, Ming Wan debía regresar a casa de su padre para visitarlo.

Según la tradición, la novia debe regresar a casa de sus padres junto con el novio para presentar sus respetos a sus suegros. Sin embargo, incluso después de que Ming Wan empacara sus cosas y se marchara, seguía sin haber movimiento de las habitaciones.

“Antes de irse, la hermana mayor de la familia Wen le pidió que me tratara bien. ¿Cómo es que menos de media hora pudo olvidarlo?” – Qing Xing se indignó por Ming Wan, pero no se atrevió a hablar en voz alta, solo murmuró. – “¿Cómo puede una novia regresar a casa de sus padres sin su esposo?”

Ming Wan nunca había tenido muchas esperanzas puestas en Wen Zhi, así que no se sintió particularmente ofendida y dijo con ligereza: “Es mejor que no venga, ya estoy agotada de lidiar con él. Cada vez que lo veo, me enfado después de decir solo tres frases…”

Antes de que terminara de hablar, vio el carruaje aparcado junto a la puerta lateral y se sobresaltó.

El carruaje le resultaba familiar; era una versión modificada del que Wen Zhi solía usar con frecuencia.

Anterior Novelas Menú Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio