serena

SLM – 168

  1. La petición del príncipe imperial (2)

 

—Tengo una petición urgente para usted, Princesa Serena.

 

Dijo el príncipe Willow, de pie frente a ella con expresión sombría.

 

‘¿Una petición del Príncipe? ¿Qué es? ¿Acaso me va a pedir que rompa su maldición con poder divino o algo así?’

 

Todo tipo de posibilidades pasaron por la mente de Serena, pero por mucho que pensara, no lo sabría hasta que él le dijera la respuesta.

 

—¿Qué pasa? ¿Necesitas privacidad?

 

El príncipe Willow no podía salir del vestíbulo debido a su maldición, así que, en este caso, todos, excepto la princesa y el príncipe imperial, tendrían que moverse.

 

—No pasa nada si los demás lo saben.

 

—Ya veo. Entonces habla. Decidiré después de escuchar el contenido.

 

—Príncipe, ¿qué tipo de petición usted va a hacer…? ¡Ugh!

 

—¡Oye! ¡No te metas en la conversación de tu maestro!

 

Gray se acercó al príncipe imperial preguntándole qué estaba haciendo sin consultarle primero, pero Philia lo sorprendió.

 

—Princesa Serena, entiendo que el Dios del Laberinto la nombró apóstol y que usted puede invocar a quien desee del laberinto, ¿no es así?

 

—Parece que hay un pequeño malentendido. No se trata de invocar. Se trata de poder hacer que los laberintos se superpongan si nuestros destinos están entrelazados. La suerte también influye.

 

Serena mintió con calma.

 

‘Si no hago esto, todos se pondrán a protestar y me pedirán que llame a quien quieran.’

 

Con solo ver la petición que el príncipe Willow estaba a punto de hacer, quedó demostrada su teoría.

 

‘Quiere que traiga a una persona en concreto.’

 

Ella adivinó vagamente a quién quería convocar.

 

‘Es obvio: será su caballero escolta.’

 

—Hay alguien a quien deseo encontrar, ojalá tenga esa suerte…

 

—¿Quién es?

 

—Él es el caballero que me escoltó desde el Imperio hasta Hudgee.

 

‘¿Lo ves? Es obvio.’

 

La petición del príncipe imperial no se apartó de las expectativas de Serena. Esto significaba que su respuesta también estaba decidida.

 

‘Por supuesto que me niego. Si se añade una persona más, tendría el doble de cosas de las que preocuparme. ¿Y un ciudadano imperial con poder militar?’

 

Aunque el grupo careciera de fuerza, este era un tipo de persona que ella no querría pullear. En ese momento, los ciudadanos imperiales que se encontraban en el vestíbulo eran el conde Randy, Gray y el príncipe Willow. Eran tres.

 

Olive y los hermanos numerados también eran ciudadanos imperiales sobre el papel, pero no se identificaban como tales y no tenían lealtad al estado ni a la familia imperial, por lo que fueron excluidos.

 

Gray, con un cuerpo joven y falto de maná, y el príncipe, maldito, no estaban en condiciones de participar significativamente en la conquista del laberinto. Por eso, el príncipe Willow quería que ella convocara su caballero escolta para que el Imperio contribuyera de alguna manera a la conquista del laberinto de Hudgee.

 

Era una petición con motivos ocultos obvios que Serena no tenía ninguna razón para conceder.

 

—Mmm.

 

Serena no se molestó en ocultar su intención de rechazar la petición, mostrando así su disgusto.

 

—No es simple suerte. Varias coincidencias deben coincidir. ¿Vas a guardarme rencor por negarme a una petición imposible?

 

—¡Eso no es! Lo mencioné porque pensé que había una alta probabilidad de encontrarme con él. ¡El caballero se llama Sirius!

 

El príncipe Willow hablaba rápido, como si rapeara, quizás preocupado de no poder decir más si se lo negaban. Probablemente porque había recibido clases de oratoria desde niño, sus palabras eran rápidas, pero su pronunciación era clara.

 

‘¿Sirius? Si su apellido es Black y es un hombre guapo con el pelo negro, tal vez quiera conocerlo.’

 

—Su nombre es Sir Sirius Alpha.

 

Desafortunadamente, no era Sirius Black.

 

(Nota: referencia al personaje de Harry Potter.)

 

—Tras escuchar la historia de Cuatro, llegué a la conclusión de que si las personas estaban cerca unas de otras justo antes de caer en el laberinto, existe una alta probabilidad de que caigan en el mismo laberinto y en el mismo piso.

 

—Mmm, parece que es así.

 

—Por eso me atreví a preguntar. Vi a Sir Sirius muy cerca justo antes de caer en el laberinto.

 

—¿Qué quieres decir?

 

—Antes, conté que vi a un grupo de caballeros acercándose justo antes de caer en el laberinto. Sir Sirius estaba entre ellos. Probablemente se unió a los Caballeros Reales de Hudgee mientras me buscaba por los alrededores del Palacio Real.

 

‘Entonces, ¿no sería más seguro para este tal Sirius permanecer junto a los demás caballeros?’

 

Suponiendo que Lucas, un bastardo con una personalidad única entre 100.000 personas, fuera una deshonra para los Caballeros Reales de Hudgee, el rango mínimo para un caballero real era de 3 estrellas. Eso sería suficiente para protegerse a sí mismo y a sus compañeros de los monstruos, a menos que se tratara de un piso muy profundo.

 

No había que preocuparse demasiado por la fuerza del actual primer equipo de exploración, pero la impaciencia era evidente en el rostro del príncipe Willow. Nerviosamente, se frotaba los dedos, incapaz incluso de humedecerse los labios. Los ojos del príncipe imperial temblaban ligeramente.

 

—¿No confías en la fuerza de tu caballero escolta?

 

—No es eso. En realidad, Sir Sirius me vio y se dirigía hacia mí justo antes de que cayera en el laberinto. Así que se separó del grupo con el que estaba. Quizás…

 

El príncipe Willow soltó la verdad, como si ese hecho lo hubiera atormentado desde siempre.

 

—Quizás cayó solo en el laberinto por mi culpa. Incluso si tuvo la suerte de unirse a los demás caballeros, podría actuar solo para buscarme. Sir Sirius es el tipo de persona que haría eso. Tiene una personalidad muy apegada a las normas.

 

—Sirius-Hyung es, sin duda, ese tipo de persona.

 

Gray asintió, de acuerdo con las palabras del príncipe imperial. Resultaba un poco gracioso verlo añadir siempre ‘Hyung’ o ‘Noona’ a los nombres de los demás, creyendo que así parecería más joven.

 

—Confío en las habilidades de Sir Sirius, así que debería estar bien por ahora. Debe estar resistiendo bien. ¡Por eso mismo quiero encontrarlo rápidamente! ¡Porque…!

 

El príncipe Willow gritó con su voz innecesariamente agradable y aguda, con sus ojos azul grisáceos brillando por las lágrimas en un intento de despertar compasión.

 

—¡Porque Lady Alpha y el niño que lleva en su vientre esperan desesperadamente el regreso de su esposo y padre!

 

Quizás debido a la agradable voz del príncipe, que conmovía los corazones de la gente, se oyeron exclamaciones por todas partes.

 

—Oh.

 

—Irse de viaje de negocios al extranjero dejando atrás a su esposa embarazada…

 

—Fue por mi culpa. Sirius ni siquiera era mi caballero de escolta, pero me siguió hasta Hudgee porque éramos cercanos, dejando atrás a su esposa y a su hijo por nacer. Si Sirius sufre algún daño, yo…

 

El príncipe Willow apretó los dientes, con lágrimas en los ojos.

 

—¡No podré enfrentarme a Lady Alpha y al niño que nacerá, o que tal vez ya haya nacido!

 

La voz y la actitud del Príncipe Willow estaban tan cargadas de emoción que resultaban casi excesivas, pero quizás porque su actuación y su voz eran excelentes, no resultaban incómodas ni vergonzosas.

 

—¡No podemos permitir que un niño por nacer se convierta en huérfano! ¡Ah! ¡Qué tragedia!

 

Las exclamaciones continuaban a su alrededor, pero la princesa no se dejó engañar. Serena incluso se cruzó de brazos y miró al príncipe con desdén.

 

‘Es tu culpa.’

 

¿Acaso el caballero que lo escoltaba no corría peligro porque la persona a la que acompañaba eligió caminar solo?

 

‘¡Incluso yo me llevé un caballero conmigo cuando huí porque no quería trabajar!’

 

A veces lamentaba que, en lugar del caballero que solía acompañarla, aceptó a cualquier caballero que pasara por allí, y resultó ser Lucas, que era verdaderamente único entre 100.000.

 

‘Ni siquiera me gusta su historia de fondo. ¿Qué pasa con esa bandera de muerte tan obvia?’

 

¿Recién casados, dejando atrás a su esposa embarazada? ¿Un viaje de negocios programado de repente a un lugar donde ocurrió un desastre?

 

‘¿Y un caballero con una personalidad rígida? Suena perfecto para morir salvando a alguien más.’

 

Serena, con tanta meticulosidad, presagiaba su muerte incluso antes de conocerlo.

 

Realmente no quería conocer a Sir Sirius. Aunque su apellido no era Black, hasta su nombre parecía anunciar su inminente fallecimiento.

 

‘¿No sería mejor si no me lo encontrara? Su tiempo podría detenerse o ralentizarse, aumentando así sus posibilidades de supervivencia.’

 

Sin embargo, quienes desconocían la hipótesis de Serena estaban indignados, diciendo que debían rescatar rápidamente a Sir Alpha.

 

—¡Sir Alpha debe estar en el 5to nivel!

 

—Serena-nim, necesitamos ir al quinto nivel, ya que nos estamos quedando sin hierbas y plantas venenosas. ¿Qué le parece si vamos y hacemos ambas cosas al mismo tiempo?

 

Por supuesto, Ralph no necesitaba que le dijeran nada más, y el conde Randy sutilmente se puso del lado del príncipe imperial mientras miraba a su esposa y a Serena.

 

—¡Se acabó la miel! Dos se la comió toda.

 

Lavender, preocupada de que el hijo nonato de la familia Alpha pudiera perder a su padre, dio un paso al frente como si fuera su propio problema.

 

—¡Oh, señorita Lavender!

 

Los ojos del príncipe Willow se llenaron de lágrimas, agradecido de que Lavender se hubiera puesto de su lado.

 

—Sir Sirius es un prometedor caballero del Imperio. Será de gran ayuda para conquistar el laberinto.

 

—¡Así es, Sirius-Hyung es súper fuerte!

 

Serena no pudo ocultar su expresión de incomodidad.

 

‘Es aún peor si es fuerte. Su espada no está bajo mi comando.’

 

¿Qué sentido tenía traer una espada poderosa si no era suya?

 

‘Este sistema gacha es una porquería. ¿Cómo es posible que alguien a quien invoco no obedezca mis órdenes?’

 

En las novelas que leyó en su vida pasada, los seres invocados eran excesivamente leales, llegando incluso a usar la sangre de los enemigos de su señor como fertilizante para crear un camino de flores, solo para que su invocador no perdiera ni un solo cabello.

 

Pero la realidad de Serena era dura. Lejos de recibir fertilizante de sangre, tenía que preocuparse constantemente de ser apuñalada por las personas que había pulleado.

 

Aunque muy disgustada, no podía negarse directamente a la petición del Príncipe Imperial, sobre todo porque incluso recurría al chantaje emocional. Serena suspiró y asintió.

 

—Se lo pediré a Dios, pero no esperes demasiado.

 

—¡Expreso mi gratitud! ¡Muchísimas gracias, Princesa Serena!

 

La preocupación del príncipe por el caballero no eran palabras vacías. Su rostro se iluminó y bajó la cabeza repetidamente.

 

—Háblame de Sirius Alpha con detalle.

 

Ya que había decidido intentarlo, Serena pensó que al menos debía mostrar algo de sinceridad y escuchó en silencio la información sobre el hombre.

 

En pocas palabras, Sirius Alpha era para el Príncipe Imperial lo que Philia era para Serena.

 

‘Eran amigos que jugaban juntos desde la infancia.’

 

El hecho de que Sirius fuera dos años mayor que el Príncipe también era similar a la relación entre Serena y Philia.

 

‘Si pensara en Philia vagando sola por el laberinto, estaría preocupada. No podría dormir por la noche.’

 

Pensar de esa manera ablandó el corazón de Serena. La princesa, dejando atrás los lamentos de su dama de honor, se dirigió a la sala de teletransportación y le preguntó al conde Randy.

 

—¿Conoces bien a sir Alpha?

 

—Lo he visto de pasada, pero no lo conozco bien. En realidad, Willow-nim es muy sociable, por eso me trata con amabilidad, pero tampoco interactuábamos a menudo. Yo estaba siempre ocupado con mi investigación. Willow-nim me visitaba de vez en cuando.

 

Aunque era una frase corta, la guía, que rápidamente captó la historia desde dentro, esbozó una leve sonrisa.

 

—Ya veo. El príncipe estaba muy celoso del conde, así que te visitaba con frecuencia y te criticaba sutilmente, pero el conde no se daba cuenta de nada… Mi señor.

 

—¿Celos? ¿De qué estás hablando, Olive?

 

—Ah~ si no lo sabes, no pasa nada… Mi señor.

 

Mark Landriol, el genio alquimista del que el Imperio se jactaba y que el continente envidiaba. Incluso corrían rumores de que el Emperador del Imperio lo favorecía más que a la mayoría de sus hijos, los príncipes.

 

Para el príncipe Willow, el Conde Randy era alguien reconocido por su abuelo, que era poco dado a los elogios, y por su padre, el hombre más poderoso del continente. Es más, solo era cuatro años mayor que él.

 

El Conde no se daba cuenta, pero era la persona perfecta para que el Príncipe Imperial lo admirara o sintiera celos de él.

 

—Realmente no se dio cuenta. Dicen que las parejas se vuelven parecidas. Deben haber tenido personalidades similares desde el principio… Mis señores.

 

El grupo, junto con el Conde Randy, que tenía signos de interrogación flotando sobre su cabeza incluso después de que le contaran los hechos directamente, se dirigió al quinto nivel del laberinto de Hudgee, siempre impregnado del aroma a hierba y flores cada vez que llegaban allí.

 

La piedra de maná incrustada en el bastón de Serena emitía aire fresco, pero aun así no podía competir con el aire cargado de la energía de las plantas.

 

El conde Randy desplegó el mapa mágico, comprobó la ubicación de las plantas que quería recolectar y planeó su ruta. Como la miel estaba cerca de la sala de teletransportación, decidió recogerla al final.

 

El primer lugar que visitaron fue el reloj de flores en el jardín central. El conde Randy recolectó cuidadosamente flores que eran a la vez hermosas y mortalmente venenosas.

 

—Esta flor también está en el castillo de nuestro señor, en mi tierra, pero no sabía que era venenosa.

 

—Muchas de las plantas ornamentales que se cultivan en los jardines son venenosas. Por eso hay que tener cuidado de no comer sus flores, frutos, hojas ni el agua del jarrón. De hecho, hay personas que han muerto por intoxicación tras beber agua de un jarrón por pereza de buscar agua fresca.

 

—Incluso sin veneno, probablemente habrían muerto por intoxicación alimentaria… Mi señor.

 

A continuación, el alquimista recolectaba con esmero hierbas venenosas que podían provocar urticaria con solo tocarlas, por lo que el grupo tuvo que esperar pacientemente. Ralph, intrigado por las bonitas flores venenosas, formuló varias preguntas.

 

—¿Es posible desarrollar resistencia al veneno consumiendo pequeñas cantidades de veneno débil?

 

‘Oh-ho.’

 

Serena aguzó el oído. Sin embargo, la voz monótona del Alquimista pronto nubló la mirada brillante del joven caballero.

 

—¿Por qué harías semejante tontería cuando existen antídotos?

 

—Usted tiene razón. Me disculpo por haber hecho una pregunta extraña.

 

—Conde, ¿por qué estás desanimando a nuestro caballero… mi señor?

 

—Esto se debe a que los jóvenes que leen relatos heroicos y de aventuras a menudo ingieren veneno y acaban mal. Hay venenos contra los que no se puede desarrollar resistencia, y en cualquier caso, es peligroso, así que nunca se debe intentar.

 

En cierta novela que Serena leyó en su vida pasada, un alquimista envenenó a la chica que le gustaba, afirmando que así se volvería inmune al veneno. Aquello la marcó profundamente, haciéndole temer que el Conde, también alquimista, pudiera envenenar a Philia.

 

(Nota: Referencia a la anterior novela de la misma autora, “Soy la Hermana de los Protagonistas”.)

 

Por suerte, el conde Randy era un alquimista sensato. Si alguna vez la envenenaban, Philia simplemente bebería un antídoto sin necesidad de desarrollar resistencia al veneno.

 

‘¿Es esta la diferencia entre un hombre que ni siquiera puede confesar su amor y un hombre que ya se ha casado?’

 

Serena entrecerró los ojos, mirando a su alrededor mientras fingía admirar el reloj de flores.

 

‘¿Por qué no hay nadie aquí?’

 

La princesa presionó el botón del gacha nada más llegar al quinto nivel. Había transcurrido bastante tiempo, pero no había ni rastro de gente ni de monstruos.

 

‘Como pulleé a alguien en el jardín central, no debería estar en otro jardín. ¿Acaso la Dríada lo ha capturado y enterrado?’

 

La ruta de recolección trazada por el Conde también incluía el hábitat de la Dríada. Serena pensaba que debía mirar con atención la tierra si entraban en el claro donde había estado el temible enemigo, cuando Olive, que jugaba con flores inofensivas, habló de repente.

 

—¿Por qué no te muestras en lugar de jugar al escondite?

 

Yeong apuntó en silencio con su ballesta hacia los arbustos vacíos.

 

 

 

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