- Control de plagas (5)
Serena, que había estado durmiendo profundamente, se despertó con una sensación de pavor.
‘¿Qué es?’
No podía precisar qué era, pero era desagradable.
‘¿Por qué tengo una sensación ominosa?’
Ella se examinó rápidamente.
‘Estaba durmiendo bien y no me duele nada. Mi flujo de maná es normal.’
Pero aquella sensación desagradable seguía atormentando a Serena.
‘¿Es que estoy cansada?’
La princesa salió de su cápsula para beber agua y estirarse. La persona encargada de la guardia nocturna de hoy estaba sentada junto a la hoguera. Era el príncipe Willow.
Inicialmente, estaba exento del turno de guardia nocturna, al igual que Serena, pero había suplicado que se le permitiera al menos hacer esto, ya que no podía salir del vestíbulo debido a la maldición.
El príncipe Willow miraba fijamente la hoguera con sus misteriosos ojos azul grisáceos, que parecían salpicados de polvo de estrellas, cuando sintió una presencia y giró la cabeza.
—¿No puede dormir?
—No. Salí a beber agua. ¿Está todo bien?
—Nada fuera de lo común.
A pesar de que no sucedió nada, el príncipe Willow parecía tener algo que decirle a Serena y se puso de pie torpemente.
—La princesa Serena. Quizás…
—Nng… Will, pásame un poco de agua tibia.
La voz de un niño interrumpió al príncipe. Gray, con el rostro aturdido, asomó solo la parte superior de su cuerpo fuera de la cápsula y agitó la mano.
—¿Dónde está mi agua?
Gray, que estaba a punto de regañar al príncipe por no atenderlo de inmediato, se fijó en Serena y guardó silencio. Perdiendo el sueño al instante, el viejo joven puso los ojos en blanco y puso una excusa.
—Jajajaja, suelo estar bastante gruñón cuando me despierto.
Gray sonrió ampliamente, como si la sonrisa de un niño fuera invencible. Serena fingió no darse cuenta de que los músculos de sus mejillas se contraían visiblemente.
—Princesa, joven maestro también despertaron… ¿Mis señores?
Tras Gray, Olive también se incorporó y saludó con la mano a la princesa y al príncipe imperial.
—¿Te despertó nuestra conversación?
—Eh… ¡No! Simplemente me desperté porque me sentía rara, y cuando abrí los ojos, ¿la princesa y el joven maestro también se habían despertado? Así que me pregunté qué sería… Señorita.
Serena frunció el ceño al escuchar las palabras de Olive.
—¿Tú también?—
—¡Sí! Tú también te despertaste sintiendo algo… ¿señorita?
—También me desperté porque me sentía raro.
Gray también dijo que se despertó debido a una sensación desagradable y desconocida. Si solo le hubiera pasado a Serena, podría ser su imaginación, pero ¿que los tres se despertaran por razones similares? Tenía que haber una explicación.
Gray salió de su cápsula con expresión seria, y Olive también bajó de la suya.
—Príncipe, viste… Digo, ¿Usted vio algo fuera de lo común?
—No. No pasó nada.
Tres personas se despertaron con una sensación ominosa, pero el príncipe Willow, que estaba de guardia nocturna, no sintió nada. Tal vez pensando que había fallado en sus deberes, el príncipe imperial dijo con urgencia.
—En verdad, no pasó nada. Ni siquiera un ratón…
—¡Ay en la torre, es un monstruo! ¡Ay, nanita! ¡Cuidado!
¡Paf!
Esta vez, una peculiar forma de hablar y el sonido de algo chocando interrumpieron al príncipe. De la cápsula de donde provenía el fuerte ruido, Uno salió disparada, llevando consigo a Cuatro.
—¡Es una bestia! ¡Un enemigo, patrón! ¡Pies para qué los quiero, hay que pelarnos de una vez!
Uno intentó correr hacia la salida cargando a Cuatro, pero recordó que estaba bloqueada y entró en pánico. Cuatro, que seguía dormido a pesar de estar siendo cargada, parecía muy cansada. Ante el fuerte alboroto de Uno, la gente empezó a despertarse poco a poco.
—Uno-Unnie, eres muy ruidosa.
—Grrrr.
—¡Tres! ¡Es un enemigo! ¡Dos, tú también, reacciona!
—¿Enemigo? ¿Dónde?
Tres miró a su alrededor sorprendida, y Dos corrió hacia su piel de oso, que estaba extendida cerca de la fogata. Aunque todavía estaba húmeda y no del todo seca, se echó la piel de oso encima y se transformó en un oso.
—¡Grrraaaargh!
Un oso gigante rugió en medio del vestíbulo. Miró a su alrededor buscando algún enemigo que amenazara a su familia, pero no había ningún monstruo.
—Uno-Unnie, ¿tuviste una pesadilla?
—¡No, patrón, de veras! ¡Hay una condenada bestia aquí al lado, se lo firmo donde sea!
Serena examinó el estado errático de Uno. Tenía la mirada perdida, como si su cuerpo, que había estado ansioso y tenso durante todo el séptimo nivel, finalmente hubiera podido dormir un poco.
—Uno. Cálmate.
—¡Que no le estoy echando mentiras! ¡Está aquí metido, a la vuelta de la esquina!
El rostro de Uno se contrajo de miedo mientras señalaba hacia un lado del vestíbulo. Serena miró en la dirección que señalaba, pensando que al menos debía revisar, y encontró el equipaje que habían traído los hermanos numerados.
—¿Qué? Parece que solo fue una pesadilla.
Olive, que había estado observando con expresión interesada, se cruzó de brazos con desdén. Serena pensó lo mismo, pero la reacción de Tres fue extraña.
—¿Enemigo? ¿En serio? Si es mentira, ¡no te perdonaré, Unnie!
—¡Tos, tos! ¡Unnie, tengo miedo!
—¿Trajeron una muñeca de madera en ese cofre…?
¿Acaso pretendían sacar una muñeca que se movía del laberinto para usarla en una futura presentación? Antes de que la princesa pudiera terminar su frase, el cofre vibró.
¡Pum! ¡Pum!
Se oyó un golpeteo en el interior del cofre. Su tapa, que parecía más delgada de lo esperado, se rompió, y apareció una mano tan blanca que parecía blanqueada.
Sus dedos estaban grotescamente doblados, y sus uñas rotas o astilladas y colgando. Aunque no la había tocado, Serena estaba segura de que la mano estaría fría como el hielo.
—¡Aaah!
—¡Kyaaaah!
—¡Graaar!
—¡Tos, tos!
Los hermanos numerados, perdieron la cabeza en el instante en que vieron la mano emerger del cofre. Uno corrió hacia la esquina del vestíbulo con Cuatro en brazos, temblando, mientras Tres se aferraba a su hermana mayor, suplicando ayuda repetidamente.
Dos protegió a su familia con su enorme cuerpo, mostrando los colmillos y gruñendo. Una espesa baba goteaba de la boca del oso, que estaba muy agitado.
¡Bam!
La tapa del cofre se hizo añicos y un hombre empapado en sangre emergió de su interior, con las articulaciones grotescamente retorcidas. Sus pupilas estaban completamente dilatadas y turbias, y un aura rojo oscuro emanaba de ellas.
El pecho del hombre había sido desgarrado por algo afilado, dejando al descubierto sus entrañas. La herida era tan grande que parecía que incluso un leve roce con un dedo lo haría estallar.
Los ojos turbios del hombre reflejaban una intención asesina, y sus dientes castañeteaban. Tenía las encías negras, los dientes largos y puntiagudos como colmillos, y la lengua le colgaba hasta la barbilla. En resumen, el hombre no estaba vivo.
El cofre contenía un muerto viviente. Los hermanos numerados habían traído un cofre que contenía un muerto viviente al vestíbulo.
‘Esto es una locura.’
Un muerto viviente. Dado que el cadáver aún conservaba bastante carne, lo llamaremos zombi para simplificar. El zombi salió del cofre, cojeando. Reveló su intención asesina hacia los seres vivos allí reunidos, amenazándolos.
—¡Gwwaah!
—¡Kyaa! ¡Lo siento!
—¡Por favor, sálvenme, no me maten!
—¡Ah, tos! ¡Tos, tos! ¡Ack!
—Grrrr…
Uno y Tres estaban a punto de desmayarse, y Cuatro estaba tan asustada que no podía respirar bien. Serena pospuso el interrogatorio del culpable del incidente de los muertos vivientes en el vestíbulo y decidió ocuparse primero del zombi.
‘No me extraña que me sintiera tan mal. Era el aura maligna de los muertos vivientes lo que percibía.’
Como solo había uno y no era un muerto viviente poderoso, ella solo había sentido una vaga sensación de malestar.
Gray y Olive, que también se habían despertado con una sensación de pavor como Serena, parecían aliviados cuando se respondieron sus preguntas.
—Odio a los muertos vivientes, así que se lo dejo a otra persona~
—¡Yo… yo lucharé contra eso!
Ralph dio un paso al frente con su espada, pero su miedo era evidente. Serena no culpó al joven caballero.
‘No se trata de un monstruo ficticio del laberinto. Es una persona real que murió y se convirtió en muerto viviente. A Ralph le resultaría difícil combatirlo.’
El joven caballero, amante de la justicia, podía blandir su espada sin piedad contra los villanos, pero era débil contra la gente común. Para Ralph, el zombi que apareció de repente se parecía más a un difunto que se movía (aunque fuera un desconocido), lo que le dificultaba blandir su espada.
—Sir Ralph. Déjemelo a mí.
Una voz melódica interrumpió lo que Serena estaba a punto de decir. El príncipe Willow, que había estado observando la fogata distraídamente, clavó su espada en el cuello del zombi.
Sin dudarlo un instante, separó la cabeza del cuerpo del zombi. Gray le dijo al príncipe con voz monótona.
—¿Qué aprendiste a hacer al tratar con los muertos vivientes?
—Lo sé.
El príncipe blandió su espada, apuntando únicamente a las articulaciones del zombi. Le cortó sucesivamente las muñecas, los codos, las rodillas y los tobillos. Quizás porque su espada era mágica, fue tan fácil como cortar queso.
Finalmente, el príncipe imperial clavó su espada en el paladar del zombi, cuya cabeza rodó por el suelo, partiéndole la mandíbula, y luego envainó su espada, sin una sola gota de sangre en ella.
—No es algo agradable de ver antes de acostarse.
El príncipe Willow se estremeció, tal vez debido al aura desagradable del zombi.
—Como vigilante nocturno, debería haberlo sabido y haberlo solucionado de antemano, y pido disculpas por no haberlo hecho.
El príncipe imperial hizo una reverencia, visiblemente avergonzado. Serena negó con la cabeza en nombre de los presentes en el vestíbulo.
—No es culpa tuya, Príncipe. Los culpables que trajeron a un muerto viviente al vestíbulo están en otro lugar.
Serena miró fríamente a los hermanos numerados que se acurrucaban en un rincón del vestíbulo.
Cuando el zombi dejó de moverse, se calmaron gradualmente, solo sollozando, pero luego volvieron a temblar al ver el frío ojo naranja de Serena.
—Entonces…
Las acciones de los hermanos dejaron demasiadas pistas, e incluso Philia pudo descubrir la verdad.
‘Mataron al líder de la compañía, guardaron el cuerpo en ese cofre y luego lo traeron al vestíbulo.’
Serena comprendió por qué lo mataron, pero ¿por qué llevaron consigo la prueba más contundente, el cadáver, solo para ser atrapados? Serena contuvo el impulso de golpearse el pecho con frustración y habló con solemnidad.
—¿Tienen algo que decir?
Cuando la princesa les dio la oportunidad de hablar, Uno, que había estado temblando en el suelo, se adelantó.
—¡Yo lo maté!
Tres también levantó la cabeza.
—¡No! ¡Uno-Unnie está mintiendo, yo lo maté!
—¡Graaaaugh!
—¡Tos! E-es todo mentira. Yo lo hice.
Todos los hermanos confesaron haber matado a la persona para proteger a su familia. Serena, conmovida por el fuerte vínculo que los unía, afrontó la realidad.
—Si dicen eso, todos serán acusados de asesinato como cómplices. Díganme toda la verdad.
—¡Uwaah!
Los hermanos numerados se abrazaron, con los hombros temblando mientras sollozaban. Una vez más, la mayor habló primero.
—Le juro que todo lo que le soltamos a la princesa es la pura verdad. Nomás le recortamos tantito la historia y nos brincamos la parte de lo que pasó con el mero mero de la compañía.
Aunque todos ya lo sabían, la identidad del zombi ahora estaba clara. Era el líder que dirigía la compañía a la que pertenecían los hermanos numerados.
—Snif… Cuando abrimos el ojo por primera vez en este condenado laberinto, del puro susto nos entró el pánico. Y para colmo, el jefe de la carpa nos arrimó unos guantazos diciéndonos que nos moviéramos y hiciéramos algo rápido.
Cuatro había usado su excelente memoria para conquistar los pisos 24 y 25, pero los hermanos numerados no podían avanzar. Tanto los pisos inferiores como los superiores estaban bloqueados por monstruos.
—No pudimos hallar la salida del nivel donde fuimos a parar. Por pura buena suerte, ahí había un árbol de pan y un chorrito de agua, así que gracias a Dios no nos petateamos de hambre. Pero la cosa es que…
Un día, todo el pan del árbol desapareció.
—El mero mero se enfureció y nos echó la culpa de habernos robado y ocultado el pan. Pero qué coraje, fue bien injusto. Mis hermanos y yo nunca anduvimos escondiendo nada, se lo juro.
—El líder del grupo hacía que Uno-Unnie bajara a recoger pan, pero él se comía todo el pan que ella traía. Cuando Unnie no pudo traer nada porque no había nada en el árbol, dijo que se iba a comer a Dos-Unnie. Snif. Dijo que si Uno-Unnie no traía comida, comería carne de oso. Sin mentiras.
—Argh.
Ralph quedó conmocionado por la historia tan escandalosa. Como Tres no podía hablar por las lágrimas, Uno continuó.
—Menos mal que por ahí había cafeterías y puesteros, de modo que me las arreglaba para ratear comida sin que me vieran. El problema era que si bajaba mucho el montón, las bestias esas se daban cuenta y me correteaban. Así que no tuve de otra que ir sacando de a muy poquito. Pero era una miseria, ni de chiste alcanzaba para el Dos y la Cuatro. Bien que pudimos haberla guardado para compartirla, ¡pero el mero mero de la compañía se quedó con todo! Dijo que la Cuatro no servía para nada y que la iba a abandonar, y al Dos le cantó derechito que si quería comer, se pusiera los pantalones y fuera a pelear contra los monstruos arriba o abajo.
—Dios mío.
Lavender se tapó la boca tras escuchar lo que decía sobre el líder del grupo. No era porque estuviera sorprendida, sino más bien como si murmurara que merecía morir.
—Pobres del Dos y la Cuatro, andaban con el estómago vacío todo el tiempo. Me partía el alma verlos así, por eso les soltaba comida por debajo del agua. Lo malo fue que el mero mero de la compañía me cachó y les acomodó una buena tunda.
—No solo los golpeó.
Olive añadió.
—Usó un látigo, ¿verdad? Cuando te bañaste, vi marcas de látigo por todo tu cuerpo.
—¿Azotaba a la gente? ¿A los niños?
Ralph apretó los dientes con indignación. Parecía que quería maldecir, pero se contuvo porque la persona ya estaba muerta.
—Dos-Unnie protegió a Cuatro y tomó todos los golpes solo, pero como le dolía mucho, se transformó en un oso para aliviar el dolor, sin mentiras. Pero tenía demasiada hambre…
El oso, hambriento y enfurecido, lanzó un zarpazo contra el líder.

