Capítulo 41: Perforar los Huesos
El invierno húmedo y frío del sur no favorecía la recuperación de la pierna de Wen Zhi. Cada pulgada de tierra húmeda, cada ráfaga de viento helado, se sentía como un cuchillo de acero que perforaba sus huesos.
Si eso continuaba, probablemente tendría que usar bastón el resto de su vida.
La receta para tratar la dolencia de su pierna de hacía cinco años aún estaba grabada con claridad en la mente de Ming Wan, sabía qué puntos de acupuntura eran los mejores para aliviar el dolor, qué hierbas eran las mejores para disipar la humedad y el frío. Ella se concentró intensamente en la acupuntura y la moxibustión, como lo haría con cualquier otro paciente.
La mirada de Wen Zhi permaneció fija en ella, pesada, moviéndose suavemente con sus movimientos, como si intentara llenar el vacío de cinco años en su corazón.
Su recuperación no iba bien, aunque él hacía todo lo posible por aparentar normalidad, tras una coraza de fortaleza, el estado de su pulso no podía pasar desapercibido para los ojos de Ming Wan. Años de fatiga acumulada, sumados al frío del sur que se le metía en los músculos y las venas, habrían hecho que, de no ser por su fuerza de voluntad, ya hace tiempo que no pudiera levantarse de la cama.
“Necesitas cuidarte bien, si no valoras tu salud, ni el Dios de la Medicina podrá ayudarte.” – Como doctora, Ming Wan no soportaba a la gente que no se tomaba en serio su salud. Hablando de manera profesional, le dijo. – “Te noté muy tenso hace un rato; seguro que no has dormido bien en mucho tiempo. Cuando no puedas dormir, presiona y masajea el punto de acupuntura Laogong.”
(N/T: *勞宮 (Láogōng): El nombre del punto de acupuntura. Se traduce como «Palacio del Trabajo» o «Palacio de la Fatiga». / 穴 (Xué): Significa «punto de acupuntura» o resonador. En la nomenclatura occidental se le conoce como PC8 (Punto 8 del canal del Pericardio o Maestro del Corazón.))
Ella apretó suavemente el puño para mostrarle la ubicación del punto: “Con los dedos ligeramente cerrados, la zona debajo del espacio entre el pulgar y el índice, donde descansa el dedo medio, es el punto de acupuntura Laogong.”
Wen Zhi la miró, dudó un instante y luego cerró suavemente sus delgados dedos.
Ming Wan ajustó la posición de sus dedos y presionó el punto de acupuntura en la palma de su mano, diciendo: “Solo presiona y empuja con firmeza así, repitiendo hasta que sientas calor en el punto.”
Wen Zhi no estaba concentrado en el punto de acupuntura; con la otra mano, agarró las yemas de los dedos de Ming Wan con fuerza y dijo: “Antes, siempre me lo masajeabas tú misma.”
‘Antes, antes, siempre hablando del pasado.’
Ming Wan intentó retirar su mano de repente, pero no pudo moverla. Finalmente, perdió la paciencia, sus ojos limpios miraron fijamente a Wen Zhi y preguntó con calma: “Señor Wen, ¿ya se ha cansado de esre juego de recordar el pasado?”
La ternura en los ojos de Wen Zhi se desvaneció y tras un momento de silencio, dijo: “¿Crees que estoy actuando?”
“No quiero adivinar, solo sé que esos recuerdos que te fascinan y te atormentan son recuerdos que yo he estado tratando de olvidar desesperadamente.” – Le dijo Ming Wan con calma. – “Por fin he logrado liberarme del pasado y empezar una nueva vida. ¿Por qué insistes en recordarme una y otra vez la vida que viví? Wen Zhi, aunque te has levantado, sigues viviendo en el pasado, sin avanzar.”
Habían pasado cinco años, Ming Wan ya no podía ser la chica ingenua que era a los quince o dieciséis años, ella conocía muy bien sus límites y sus defectos. ¿Cómo podía alguien que siempre avanzaba estar dispuesta a sustituir los recuerdos y tropezar dos veces con la misma piedra?
“Eres tú quien está atrapada en los recuerdos, has estado huyendo de nuestra relación.” – Los labios de Wen Zhi estaban pálidos, lo que hacía que su rostro pareciera aún más frío y serio y la interrogó con la frialdad de quien participa en un acalorado debate en la corte. – “Fuiste tú quien se casó con esta familia, fuiste tú quien se fue y fuiste tú quien se negó a regresar cuando llegó el momento. Tan egoísta y obstinada, ¿acaso alguna vez pensaste en mis sentimientos?”
Ming Wan pensó que probablemente estaba sufriendo, porque sus ojos reflejaban una profunda tristeza en ese momento.
“No es que no quisiera volver, es que no quiero volver al pasado.” – Dijo ella.
“¿Qué es exactamente lo que quieres? Enséñame, puedo aprender poco a poco.” – Wen Zhi intentó levantarse de la silla, pero su rostro se veía muy mal y solo pudo inclinarse inútilmente hacia adelante, apoyándose en la mesa. Estaban tan cerca, y a la vez, eran mundos aparte.
Ming Wan sonrió amargamente para sí misma. – ‘¿De verdad hay que enseñar a querer a alguien? Basta con ver cómo Xiao Hua trata a Qing Xing.’
Después de pensarlo, Ming Wan se relajó por completo, exhalando lentamente un suspiro de alivio, se puso de pie y empezó a ordenar su botiquín, diciendo: “En el futuro, habrá otros que te enseñen.”
Wen Zhi reprimió su ira y dijo: “Si necesitara a alguien más, ¿por qué habría viajado desde tan lejos para encontrarte? ¡No sabes nada y no crees en nada!”
Ming Wan dejó de ordenar y, con cuidado, se echó el botiquín al hombro. – “Señor Wen, ejercer la medicina no es fácil. No estoy aquí para que jueguen conmigo. Le ruego que no vuelva a jugar con mi vida ni a engañarme para que venga aquí.”
Wen Zhi se quedó paralizado, quería explicarle que no había sido su plan que Xiao Hua la trajera; prefería morir antes que dejar que Ming Wan viera su debilidad y vulnerabilidad…
Pero no se atrevió a decirlo.
La actitud de Ming Wan hacia él era tan distante y extraña; cada palabra que pronunciaba sonaba a excusa.
No sabía dónde había fallado todo, por qué Ming Wan prefería vagar sin rumbo antes que aceptar sus buenas intenciones… Intentó desesperadamente comprender el meollo del problema, pero, aunque le dolía el corazón como si estuviera a punto de estallar, seguía sin entenderlo.
“¿Acaso todo lo que hago está mal a tus ojos?” – Wen Zhi preguntó de repente, con voz compleja, como si afirmara un hecho conocido por todos. – “Simplemente porque ya no sientes afecto por mí.”
Ming Wan quedó atónita y al alzar la vista, vio la mirada vacía en los ojos de Wen Zhi.
Como si el problema por fin se hubiera resuelto, una leve sonrisa, teñida de autocrítica, se dibujó en la comisura de sus labios mientras murmuraba repetidamente: “Ya no te gusto, ¿verdad?”
Ming Wan entreabrió los labios.
Sintió un crujido en su interior, el sonido de algo tenso romperse en su corazón, y el secreto reprimido durante cinco años salió a la luz como loco. Ella mantuvo la postura de estar lista para marcharse, mirando a Wen Zhi con una sonrisa indiferente, y dijo: “No podría decir que me hubieras gustado, fue solo una distracción temporal dado que la Emperatriz Viuda concertó el matrimonio. Aquella unión matrimonial absurda no fue más que un juego; quien se lo tomó en serio, perdió, ¿no es así?”
Al oír eso, los ojos de Wen Zhi se llenaron de lágrimas al instante y sus mejillas se tiñeron de carmesí. Sus ojos se llenaron de incredulidad y dolor, y dijo con voz temblorosa: “¿Qué dijiste?”
Entonces, tal vez al reconocer esas palabras, sus emociones se calmaron y un instante de confusión cruzó su mirada.
Su memoria era tan excepcional que; en un instante, recordó algo, y el rubor de la ira en su rostro se desvaneció instantáneamente, volviéndose mortalmente pálido. Miró a Ming Wan con expresión desconcertada.
El astuto y poderoso Lord Wen, el frío e implacable Gran secretario, el hombre más capaz y sagaz de la dinastía, en ese momento temblaba violentamente.
Los ojos de Wen Zhi estaban inyectados en sangre; abrió la boca, pero no salió ningún sonido.
Parecía comprenderlo todo. En medio de esa inmensa ira y humillación, pareció entender finalmente por qué Ming Wan se había alejado cada vez más de él, por qué ella se negaba a regresar al pasado.
Porque el pasado era un profundo abismo lleno de afiladas espinas.
Cinco años atrás, aquel día de otoño, en el estudio de la residencia del Marqués, Li Chengyi le advirtió: <“Si amas de verdad a alguien, debes ser cauteloso con tus palabras y acciones. Nosotros, que caminamos sobre la punta de una espada, lo peor que podemos hacer es mostrar nuestras debilidades.”>
¿Cómo podría admitir una debilidad en aquel momento tan delicado?
“¿Lo recuerdas ahora? ¿Sabes cómo me siento, Wen Zhi?” – Ming Wan sintió una mezcla de disgusto por su propia reacción y un alivio incontrolable. Por fin había dado ese paso, como si se hubiera arrancado una espina que llevaba mucho tiempo clavada en el corazón.
Pero al arrancar esa espina, la había vuelto a clavar con fuerza en el corazón de Wen Zhi.
Ella odiaba su propia conducta despreciable.
‘Esto debe terminar aquí, deja de atormentarte.’ – Se dijo a sí misma.
Ming Wan se recompuso y salió rápidamente de la habitación.
Justo cuando salió para tranquilizarse, oyó un estruendo de tazas y platillos rotos dentro de la casa, rompiéndose a sus espaldas, seguido del rugido furioso de Wen Zhi, entre toses y jadeos: “¡Hua Da Zhuang, entra!”
Xiao Hua, de pie junto a la puerta, se estremeció, sabiendo que Wen Zhi sin duda iba a ajustar cuentas con él.
Antes de entrar para recibir su castigo, Xiao Hua detuvo a Ming Wan, que bajaba corriendo las escaleras, y le dijo con tono de disculpa: “Cuñada, fue idea mía engañarte para que vinieras, no tiene nada que ver con Wen Zhi. ¡No lo malinterpretes! Wen Zhi está muy mal de salud, de lo contrario, con su estado y posición actual, ¿cómo podría tomarse un mes de vacaciones para ir al sur, a Hangzhou? La cuñada ya conoce su carácter, él preferiría esconderse en la posada y pudrirse antes que dejarte verlo en ese estado tan lamentable. Siempre muestra su lado más frío, duro y fuerte. Yo pensé que si veías su estado tan miserable, tal vez te ablandarías y volverías a Chang’an, pero no esperaba que mis buenas intenciones se volvieran en su contra. Cuñada, Wen Zhi de verdad…”
“Está bien, Xiao Hua, lo sé.” – Lo interrumpió Ming Wan, con la mirada fija en la nieve que aún quedaba en los aleros de las casas de enfrente.
Ella no se pronunció sobre si la conducta de Wen Zhi era buena o mala; recomponiéndose, sacó un puñado de tiras medicinales de su botiquín y se las entregó a Xiao Hua: “Esto es para la moxibustión y se aplica una vez al día, ya conoces los puntos de acupuntura a tratar, haz que descanse bien y que no vuelva a maltratarse. A partir de ahora, no volveré.”
“¡No! Cuñada, él no quiere hacerse daño a sí mismo; pero no tiene otra opción. Por mucho que haya cambiado en estos cinco años, no puede ser bueno de la noche a la mañana, necesita tiempo para adaptarse. Solo te pido que le des una oportunidad.” – Mientras prestaba atención a los ruidos en la habitación, Xiao Hua susurró. – “Sin ti, de verdad que se volverá loco.”
“Nadie es indispensable, Xiao Hua.” – Al igual que cuando dejó a Wen Zhi, sintió el mismo dolor, pero ahora podía mantener la calma.
Lo que Ming Wan siempre ha querido ha sido muy sencillo, fácil de resumir en tres palabras, pero Wen Zhi nunca lo entendió, así que prefirió dejarlo ir.
Wen Zhi quería recuperar el pasado, mientras que Ming Wan quería escapar de él. ¿Cómo podrían dos personas que iban en direcciones opuestas volver a estar juntas?
***
En la víspera del Año Nuevo Lunar, Zhang ZhiBai regresó del lago Taihu y trajo consigo una escritura de propiedad.
“Es la casa de mi cuñado, ha estado deshabitada durante un año, pero el paisaje es bonito. Me da más tranquilidad confiártela a ti que a otra persona.” – Le dijo Zhang ZhiBai, animándola a empacar rápidamente sus pertenencias, con los brazos detrás de la cabeza. – “Te llevaré mañana; y de paso iré a Chang’an para Año Nuevo.”
Ming Wan le dio las gracias, pasó medio día empacando y, pensando en las fiestas, se animó y llevó a la pequeña Hanyu a comprar dulces.
¿Quién podría haber imaginado que en cuanto abrió la puerta del patio, vería el carruaje de Wen Zhi estacionado afuera?
Ming Wan había supuesto que ya habría regresado a Chang’an furioso después de lo sucedido en la posada.
Wen Zhi se levantó de su asiento lentamente, sosteniendo una caja de comida en la mano. Su expresión se suavizó ligeramente al ver a Ming Wan, y con voz ronca dijo: “Te traje tus pasteles favoritos.”
Ming Wan notó de inmediato la horquilla de madera en su moño; con su familiar y rústico diseño, desgastado y redondeado en la punta, indicaba que la usaba con frecuencia.
Abrió la caja de comida y un tentador aroma a pasteles de leche se extendió por el aire. Contenía varios tipos de pasteles de leche y pasteles de flor de loto dorados, todos los favoritos de Ming Wan.
Antes de que Ming Wan pudiera reaccionar, la pequeña Hanyu, vestida con un abrigo corto de piel de conejo, lo miró fijamente. Temiendo que Ming Wan se enojara con ella por ser glotona, apartó la mirada deliberadamente, escondió el rostro en el cuello de Ming Wan y dijo con voz infantil: “Mamá, no tengo hambre.”
Era prácticamente un intento de ocultar sus verdaderos sentimientos.
Ming Wan no tomó sus cosas, solo frunció el ceño y preguntó: “Señor Wen, ha abandonado los asuntos de Estado para quedarse en Hangzhou. ¿Acaso no le importa a la corte?”
“Todos los asuntos de Estado se han organizado con antelación, incluyendo las vacaciones del Festival de Primavera y Su Majestad me ha concedido más de un mes de baja por enfermedad.” – Wen Zhi vio los baúles apilados en el patio, intuyendo que se marchaba de nuevo; un repentino pánico y dolor lo invadieron y dijo con voz grave. – “¿Cómo puedo pretender gobernar el mundo si ni siquiera puedo mantener unida a mi propia familia? Ming Wan, quiero hablar seriamente contigo.”
Por primera vez, no exigió con vehemencia ni interrogó con frialdad; suplicó sinceramente.
Era día festivo y no quería perder ni siquiera un pequeño resquicio de alegría en la mañana, así que ella declinó cortésmente, diciendo: “Tengo algo que atender hoy, hablemos otro día.”
Pasó de largo junto a Wen Zhi, pero él la llamó.
“Ming Wan, yo…” – Dijo Wen Zhi, y una ráfaga de viento frío hizo que sus ropas ondearan y las hojas de bambú susurraran.
Debió de ser una frase muy importante, pero Ming Wan no la oyó con claridad, solo tuvo tiempo de darse la vuelta y ver los hermosos ojos de Wen Zhi, enrojecidos, como los de una bestia atrapada, abandonada y sumida en la desesperación.
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