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Capítulo 8. La casa ducal de Winston (1)

—¿Qué está pasando?

—Mi señora, lo que sucede es que…

Incluso Sophia, que siempre mantenía la compostura, parecía desconcertada, algo bastante inusual en ella.

Y no era para menos. El alboroto del exterior se debía a algo que ni siquiera Sophia habría podido imaginar.

—¡¿Qué se supone que están haciendo?!

—¡Apártese!

Una voz áspera resonó, seguida de un fuerte estruendo. De pronto, la puerta se abrió de golpe. Sophia y Veronica, que estaban desconcertadas, volvieron la cabeza hacia ella.

—¡Mi señora!

—…¿Sir Raven?

Un grupo de hombres vestidos de negro irrumpió en la habitación.

El hombre alto que iba al frente se bajó la capucha que le cubría el rostro. Veronica lo reconoció y abrió mucho los ojos.

—¿De verdad… eres tú, sir Raven?

—Sí, soy yo, mi señora.

—Ah…

Veronica apretó los dientes, como si intentara contener las lágrimas.

Desde atrás, observé con satisfacción el reencuentro de ambos.

Los Caballeros Cuervo eran una unidad de élite formada por los mejores caballeros de la casa ducal de Winston. Y el hombre alto que tenía delante, Raven Hunter, era su comandante.

[¿Lo hice bien, ama?]

—Sí, lo hiciste muy bien.

La voz animada de Desmond salió del osito de peluche que abrazaba con fuerza.

En mi cuello brillaba la joya roja que constituía el verdadero cuerpo de Desmond.

Le había pedido alegremente a Veronica que me diera la joya de su pulsera, diciéndole que era muy bonita. Ella accedió de buena gana, retiró la piedra y la convirtió en un collar para mí.

Después de todo, mis pequeñas muñecas eran demasiado delgadas para llevar una pulsera.

El mismo día en que hice el contrato con Desmond, lo utilicé para enviar otro mensaje urgente a la casa ducal de Winston. Esta vez, les informé de la situación en la que nos encontrábamos.

Al enterarse de que habían encerrado a su hija en una habitación, el duque de Winston debió de enfurecerse.

Fuera cierto o no, seguramente habría considerado necesario investigar de inmediato.

Y, en el caso de que fuera verdad, habría enviado un grupo de investigación compuesto exclusivamente por caballeros de élite para rescatar a Veronica.

—No tenemos tiempo, mi señora. Debemos abandonar este lugar de inmediato —dijo sir Raven con voz firme.

Su mirada recorrió la habitación hasta detenerse en mí.

—¿Acaso esta señorita es…?

—Sí, es mi hija, Claudia. Dia, ven aquí.

—…

Cuando me acerqué, sir Raven me miró con una expresión que no pude descifrar.

Así que era cierto que en el Norte abundaban las personas de cabello y ojos oscuros. En particular, sir Raven tenía el cabello y los ojos tan negros como la noche.

Quizá por eso me resultaba un poco familiar. Aunque su rostro permanecía rígido mientras me miraba desde arriba.

—También me llevaré a Dia.

—Ah… Bueno, el carruaje quizá no sea adecuado para una niña.

—Eso me temía.

Ante las palabras de sir Raven, el semblante de Veronica se ensombreció.

Ella era quien más se preocupaba por mi bienestar, así que era natural que le inquietara la idea de que tuviera que soportar un viaje en un carruaje estrecho e incómodo.

Pero, tal como había dicho sir Raven, ya no podíamos demorarnos. Aunque él había elegido deliberadamente un momento en el que ese desgraciado de Cedric y Haven no estaban en la mansión, era cuestión de tiempo que se enteraran de lo ocurrido.

—Mamá, estaré bien.

—Pero…

—Quiero salir de aquí, mamá.

—¡…!

Al escucharme hablar con tranquilidad, Veronica abrió mucho los ojos.

Poco después, asintió como si hubiera tomado una decisión.

—Está bien.

Sorprendentemente, a partir de entonces todo ocurrió sin contratiempos.

No sabía si los Caballeros de Deborah estaban hechos un desastre por la ausencia de Haven o si el pequeño grupo de caballeros de élite liderado por Raven era sencillamente tan poderoso. Fuera como fuese, los tres salimos de inmediato de aquella habitación de la que no habíamos podido alejarnos ni un solo paso y subimos a un carruaje.

Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

—Listo, ya está.

—…Mamá.

—Sí, Dia, ahora debes de sentir que por fin puedes respirar tranquila, ¿verdad?

—…

No. Siento que voy a morir.

Asentí porque no me atreví a decirle la verdad. En ese momento, el carruaje duro e incómodo era el menor de mis problemas.

[Hace tanto tiempo que no salgo al exterior que he olvidado la mayoría de las costumbres humanas, pero ¿no suele morir la gente cuando se viste así?]

—…

Cállate, Desmond. Ya siento que voy a morir.

No podía responderle en voz alta dentro del estrecho carruaje, así que lo fulminé con la mirada, como si quisiera asesinarlo.

[Sí, mi ama parece… ¡Ya sé! ¡Un muñeco de nieve! ¡Ya sabes, esas cosas tontas hechas enteramente de nieve! ¡Ja, ja, ja!]

—…

Te voy a matar. De verdad que te voy a matar.

Apreté los dientes y lo maldije en silencio.

Por mucho que me fastidiara admitirlo, no podía rebatir las burlas de Desmond. Incluso yo tenía que reconocer que, probablemente, me veía exactamente como un muñeco de nieve.

—…Mamá, tengo calor.

—Ay, cariño.

Envuelta en lo que parecían ser capas interminables de ropa, me quejé mirando a Veronica. Ella me observó con expresión preocupada.

—Hace bastante frío.

—Pero dentro del carruaje no hace frío…

—¿Cómo no va a hacer? ¡El viento helado se cuela por todas partes!

—…

Veronica no estaba equivocada. Al parecer, habían elegido deliberadamente un carruaje viejo para pasar desapercibidos, y el paso del tiempo había dejado agujeros por todas partes, por donde se filtraba bastante aire del exterior.

¡Pero eso no significaba que tuviera que llevar tanta ropa como para apenas poder respirar! A estas alturas, lo de Veronica ya era una obsesión.

—Entonces, ¿puedo quitarme al menos la prenda de encima?

—Esa es la más gruesa.

—Entonces, ¿la que llevo debajo…?

—Mi buena Dia, ¿puedes aguantar hasta que lleguemos a la casa ducal?

—…

Veronica me lo preguntó con una sonrisa benevolente.

Uf… Está bien. Si estaba tan preocupada por la salud de su hija, ¿qué importaba sudar un poco?

Suspiré y asentí. Entonces, Veronica me acarició la cabeza como si me hubiera portado muy bien.

—¿Vamos a conocer al abuelo?

—Mmm, así es.

Veronica asintió ante mi pregunta, aunque ella misma no parecía del todo segura.

Que el duque de Winston hubiera enviado a los Caballeros Cuervo para rescatarla era una buena señal. Sin embargo, llevaban más de cinco años sin verse ni una sola vez. En el rostro de Veronica se percibía cierta ansiedad.

En realidad, el problema más grande soy yo.

A diferencia de la Claudia de la historia original, yo había sobrevivido.

Sin embargo, el duque de Winston se había decepcionado al ver que Veronica había llevado a cabo un matrimonio al que él se oponía, y nunca había vuelto a visitarla.

Al duque nunca le había gustado el protagonista masculino.

A diferencia de Veronica, que se había enamorado de él a primera vista durante un baile imperial, el duque sentía rechazo porque el protagonista masculino era hijo ilegítimo. Era un aristócrata convencido de la superioridad de la nobleza.

Eso significa que también podría odiarme a mí, porque soy hija del protagonista masculino.

Pensé en mis ojos violetas, idénticos a los de aquel hombre, y suspiré discretamente.

—Quiero conocer pronto al abuelo.

—Je, je. ¿De verdad?

Pero, aun así, no importaba. Tanto si nos echaba de la puerta como si me rechazaba por mi parecido con el protagonista masculino, utilizaría información de la historia original que el duque no pudiera ignorar para obligarlo a recibirnos a Veronica y a mí en su casa.

[¡Ama, tienes una expresión muy malvada! ¡Parece que estás a punto de hacer alguna travesura terrible!]

—…Cállate.

Murmuré con voz siniestra y abracé con más fuerza al osito de peluche. Desmond pasó un buen rato quejándose ruidosamente.

Chirrido.

—¿…?

El carruaje se detuvo poco después de partir. Intrigada, miré hacia el exterior.

—Debe bajar.

—¿Es aquí?

—Sí.

Al parecer, Veronica y Raven ya lo habían acordado de antemano. Así que por eso habíamos tomado de repente aquel camino de montaña.

—¡Oh!

Al salir, vi un amplio claro con un círculo mágico dibujado en el suelo.

Había oído que los Caballeros Cuervo, encargados de las misiones de inteligencia de la casa ducal, habían ocultado en secreto círculos mágicos en varios lugares del Imperio para poder desplazarse a cualquier parte. Aquel debía de ser uno de ellos.

—Hay suficientes piedras mágicas, así que podemos utilizarlo de inmediato.

—Gracias, sir Raven.

—No tiene que agradecerme.

Veronica y Raven se colocaron al frente del círculo mágico, mientras Sophia permanecía detrás sosteniéndome en brazos. Los demás caballeros formaron varias filas a nuestro alrededor.

—Entonces, nos trasladaremos.

Observé con los ojos brillantes cómo se activaba el círculo mágico.

Los demás parecían estar acostumbrados a verlos y permanecían tranquilos, pero yo no.

¡Esto sí que es un mundo de fantasía!

Con el corazón latiéndome de emoción, contemplé cómo una luz resplandeciente lo envolvía todo ante mis ojos.

…Terminó más rápido de lo que esperaba.

Sin embargo, cuando parpadeé y descubrí que el paisaje había cambiado en un instante, me sentí un poco decepcionada.

Miré la mansión cubierta por un manto de nieve blanca. Como estábamos en el Norte, supuse que allí nevaba con más frecuencia que en la mansión del marqués, situada en la capital.

—…Así que has llegado.

—…!

Había bastante gente reunida frente a la mansión.

Como si hubieran sabido de antemano que llegaríamos, varios adultos de aspecto imponente nos esperaban junto al círculo mágico. Todos tenían el cabello negro y los ojos rojos, exactamente igual que Veronica.

¿Será ese hombre…?

¿El hombre que estaba al frente era el duque de Winston?

Era un hombre apuesto, de rostro tan frío como la nieve acumulada a su alrededor. Miraba con frialdad a Veronica, que estaba delante de mí.

—Ha pasado mucho tiempo, padre.

—¡…!

¿De verdad era el duque de Winston?

Había oído que era uno de los únicos tres Maestros de la Espada del Imperio, y al parecer ni siquiera la edad conseguía hacerlo envejecer. Por su aspecto, era imposible imaginar que tuviera una hija tan adulta como Veronica.

—Después de ignorar tanto las palabras de tu padre, ¿así es como has terminado?

—…Lo siento.

Ante las duras palabras del duque de Winston, Veronica agachó profundamente la cabeza.

Tal como había previsto, el duque no estaba precisamente dispuesto a recibirla con los brazos abiertos.

Debía de llevar mucho resentimiento acumulado. Ver a su hija regresar en un estado tan lamentable seguramente también le dolía. Pero…

El Norte sí que es frío.

Ahora entendía por qué Veronica me había abrigado tanto. El frío del Norte no era ninguna broma.

Al final, no pude contener un pequeño estornudo.

—¡Achís!

—¡…!

Las miradas que hasta entonces habían estado fijas en Veronica se dirigieron hacia mí de inmediato.

El duque de Winston también reparó en mí, que estaba detrás de ella, y abrió los ojos con sorpresa.

—No me digas que esa niña…

—Ah.

Veronica se dio la vuelta, me recibió de los brazos de Sophia y me estrechó contra su pecho.

—Es la primera vez que conoce a nuestra Dia, ¿verdad?

—Dia…

—Dia tenía muchas ganas de conocerlo, padre.

—¡…!

Repitiendo las palabras que yo había dicho dentro del carruaje, Veronica sonrió con cierta incomodidad.

Miré al duque desde abajo, nerviosa.

Parecía un poco conmocionado y no dijo nada. Su expresión era tan impasible que no podía saber qué estaba pensando.

¿Será por mis ojos? ¿Porque son del mismo color violeta que los del protagonista masculino y por eso…?

No. Ya me había convencido de que no importaba si al duque yo no le agradaba. Utilizaría la información de la historia original para negociar con él…

Justo cuando estaba murmurando eso para mis adentros, el duque habló de repente.

—¡Pero bueno! ¡Miren a mi pequeña nietecita! ¿Extrañabas al abuelito?

—…

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