Capítulo 7. El demonio de las joyas (2)
—Mmm.
Observé detenidamente el objeto que había caído al suelo. Quizá por la oscuridad de la habitación, no conseguía verlo con claridad.
Palpé el suelo hasta que extendí la mano hacia algo que brillaba con un resplandor rojizo.
Tac.
Parece que es este…
Murmuré para mis adentros mientras examinaba con atención la pulsera que había recogido.
Era la pulsera que Veronica llevaba siempre en la muñeca.
También aparecía en la novela original, donde se la presentaba por primera vez como una reliquia familiar de la casa ducal de Winston.
Sin embargo, aquella pulsera escondía un secreto extraordinario.
¿Quién iba a imaginar que había un demonio sellado en su interior?
Un demonio.
Tal como su nombre lo indicaba, se trataba de un ser maligno que habitaba en el Reino Demoníaco.
En las novelas románticas de fantasía, los demonios solían aparecer como criaturas malvadas y aterradoras, pero en este mundo las cosas eran un poco diferentes.
Las razas de otros mundos, como los demonios y los ángeles, no podían intervenir directamente en el mundo de los humanos.
Por eso, los ángeles construyeron templos y reunieron seguidores que creían en ellos. Disfrutaban descendiendo al mundo humano y utilizando la fe de sus creyentes como fuente de energía.
Con los demonios ocurría lo mismo. Como los templos les habían quitado la posibilidad de reunir seguidores, tuvieron que idear otra estrategia.
Hacían contratos con los humanos para poder manifestarse en este mundo.
En particular, la casa ducal de Winston necesitaba el poder de los demonios para sobrevivir en las inhóspitas tierras del norte.
El primer duque había hecho un contrato con un archidemonio, lo que le permitía dar órdenes a sus subordinados. Uno de ellos era precisamente el que dormía dentro de esta pulsera.
Aunque, claro, aquel contrato se había hecho hacía muchísimo tiempo.
El conflicto entre ángeles y demonios había ocurrido en una época muy remota.
Para cuando transcurrían los acontecimientos de la novela original, aquella guerra ya había perdido fuerza. Los demonios permanecían en el Reino Demoníaco y los ángeles se quedaban en el Reino Celestial.
Al final, los únicos que habían salido perdiendo eran los demonios sellados en joyas por el contrato con el primer duque.
En la novela original, Veronica, obsesionada hasta la locura con hacerles daño a Gloria y Marianne, libera al demonio sellado en esta pulsera…
Después de hacer un contrato con él, Veronica intentaba utilizar su poder para acabar con ambas.
Naturalmente, fracasaba por culpa del protagonista masculino.
Miré la pulsera con atención y suspiré.
En lugar de dejar que Veronica hiciera un contrato con el demonio y caminara hacia su propia destrucción, sería mucho más práctico hacer el contrato yo misma y ponerlo a trabajar.
Pero…
¿Cómo se supone que debo invocarlo…?
La novela nunca explicaba con detalle cómo había conseguido Veronica liberar al demonio sellado en la pulsera y establecer un contrato con él.
Solo describía que Veronica, al llegar al extremo de hacer un pacto con un demonio, había alcanzado la cima de la maldad.
Había sido una suerte conseguir la pulsera mientras todos dormían, pero ahora el problema era qué hacer después.
—¿Sal…?
Por si acaso, incliné la cabeza, acerqué los labios a la joya y susurré.
—Sal, demonio.
Pero no ocurrió nada. Sin rendirme, volví a intentarlo.
—¿Demonio? ¿Señor demonio? ¿Gran archidemonio?
Aun así, no pasó absolutamente nada.
—…….
¿Debería darme por vencida? Me quedé mirando la pulsera con seriedad, pensativa.
Para colmo, justo en ese momento empezó a vencerme el sueño. El cuerpo de una niña que se había despertado en plena madrugada no quería otra cosa que volver a dormir. Cada vez me pesaba más la cabeza.
—¡Ah!
Me quedé dormida por un instante, dejando caer la cabeza, pero enseguida volví a levantarla.
Puaj, qué asco. Hasta había rozado con los labios la joya de la pulsera. Levanté una mano y me froté los labios enérgicamente.
Fue entonces cuando ocurrió.
[Oye, ¿fuiste tú quien me despertó?]
—¿Mmm…?
[¡Jajajaja! ¡Contemplad la llegada del gran archidemonio Desmond!]
—¿……?
De repente, una voz atronadora salió de la joya. Me sobresalté y miré a mi alrededor.
Por suerte, nadie se había despertado con aquel ruido. Me apresuré a apretar la joya con fuerza.
—¡Oye, cállate!
[¡Aaaah…!]
—¿Quieres morir? ¿No puedes guardar silencio?
[¡Duele, duele! ¡Más despacio…! ¡Está bien…! ¡Aaaah, de acuerdo, de acuerdo…!]
Cuando su voz empezó a apagarse, aflojé la mano, satisfecha. Entonces escuché unos pequeños sollozos.
[Snif, snif… De todos modos, mi voz solo resuena dentro de tu cabeza, así que nadie más puede oírme…]
—Ah, ¿sí?
[¡Qué cruel! ¡De verdad que eres muy cruel! ¡Snif, snif, snif…!]
—…….
¿Así eran los demonios? Parecía demasiado llorón.
Me había sobresaltado y le había dicho que se callara por puro instinto, pero no esperaba que se asustara tanto.
Así que de verdad la joya es su punto débil.
La piedra preciosa roja era un granate.
El demonio atrapado en su interior era prácticamente uno con la propia joya. Por eso, si la piedra sufría algún daño, él también resultaba perjudicado.
De ahí que, en la novela original, cuando ejecutaban a Veronica, la joya se rompiera y el demonio desapareciera con ella.
—Oye, tú. Eres un demonio de verdad, ¿no?
[¡Así es…! ¡Yo soy el gran archidemonio…!]
—Tú no eres ningún archidemonio. ¿A quién pretendes engañar?
[……Lo siento.]
El archidemonio había hecho un contrato con el primer duque. Era evidente que el subordinado sellado en la joya no podía ser un archidemonio. Miré la piedra con frialdad.
—Si vuelves a mentirme, me marcharé. Y no haré ningún contrato contigo.
[¿Q-qué? ¡Espera…! ¡¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que encontré a alguien dispuesto a hacer un contrato conmigo?!]
—Entonces vas a obedecerme, ¿verdad?
[Ugh…]
El nombre del demonio era Desmond.
Si Veronica había perdido incluso después de hacer un contrato con él, seguramente no sería un demonio demasiado poderoso.
Aun así, podía ser muy útil. Por ejemplo, podría enviar una carta a la casa ducal sin que el protagonista masculino se enterara.
—Estás tardando demasiado en responder. Quizá sea mejor olvidarme del contrato…
[¡E-espera! ¡Espera un momento!]
—¿Qué?
[Ugh… Está bien. ¡Haré todo lo que me ordenes! Pero…]
—¿Pero qué?
[¡Dame un cuerpo en el que pueda manifestarme! Es demasiado agobiante estar encerrado dentro de esta joya…]
—Mmm, un cuerpo físico.
Ahora que lo pensaba, Veronica también había metido al demonio dentro de un gato y lo llevaba consigo.
Pero no parecía que pudiera conseguir el cadáver de un gato en ese momento.
Miré a mi alrededor y descubrí el osito de peluche que estaba cerca. Lo recogí y se lo mostré.
—¿Qué te parece este?
[¡¿Qué es eso…?! ¡¿Un muñeco de algodón con cara de idiota?!]
—Es lo único que tengo ahora.
[¡No! ¡Cualquier cosa menos eso!]
—¿Ah, sí? Qué lástima. Entonces, me temo que el contrato…
[¡Aaaah! ¡Espera, espera un poquito…!]
Sus quejidos resonaron en mi cabeza. Me llevé una mano a la frente, que empezaba a palpitarme.
Un momento después, volvió a escucharse su voz, esta vez completamente abatida.
[……Está bien. Ese oso… servirá.]
—Bien.
[¡Pero más adelante tendrás que…! ¡Cambiarme de cuerpo, sí o sí!]
—Mmm, de acuerdo.
Bueno, no había especificado cuándo. La decisión de cambiarle el cuerpo y el momento en que lo hiciera dependían de mí.
Me guardé ese último pensamiento y asentí. La joya pareció irradiar satisfacción.
[¿Cuál es el nombre de mi contratista?]
—Yu… No, Claudia.
Estuve a punto de decir mi nombre de mi vida anterior, pero me corregí apresuradamente.
Entonces, una voz alegre resonó en mi cabeza.
[¡Excelente, Claudia! Mi nombre es Desmond. ¡Como tu demonio contratado, cumpliré todos tus deseos!]
¡Fuuush!
En cuanto Desmond terminó de hablar, la joya brilló con un rojo aún más intenso. Al mismo tiempo, un destello de luz salió disparado de ella y fue absorbido por el osito de peluche.
El oso se ha vuelto más rojizo.
El osito, que antes era de color marrón claro, parecía haber adquirido un tono algo más rojizo. Lo examiné detenidamente y después abrí los labios despacio.
—¿Ya está?
[¡Así es!]
—Oh…
El osito de peluche se puso de pie de un salto. Luego agitó los brazos en mi dirección.
Un oso de peluche que podía moverse por sí solo. Daba un poco de miedo, pero era genial. Observé con interés el muñeco en el que ahora habitaba Desmond.
—¿Y qué pasa con esta joya?
[¡Aunque haya cambiado de cuerpo, esa joya sigue siendo la fuente de mi existencia! ¡Quiero que la lleves siempre contigo y la protejas!]
—Ya veo.
Asentí y acaricié la pulsera con la mano. Como si respondiera a mi contacto, la joya emitió una pequeña vibración.
—Mmm…
—……!
En ese momento, Veronica se movió mientras dormía.
Ya no quedaba tiempo. Incliné rápidamente la cabeza y hablé.
—Perdona que te lo pida justo después de hacer el contrato, pero hay algo que necesito que hagas.
[¿Qué es, mi ama?]
—Es…
Y así, en plena madrugada, mientras todos dormían, hice un contrato con un demonio sin que nadie lo supiera y le comuniqué rápidamente lo que debía hacer.
—Mmm…
Negué con la cabeza mientras comía el helado que habían servido de postre.
Veronica me miró con expresión compasiva y me acarició suavemente el cabello.
—No te preocupes. Pronto podremos salir.
—¿Cuándo?
—Eso…
Veronica no pudo responder de inmediato a mi pregunta.
Llevábamos encerradas unos tres días, más o menos. Quizá por todas las preocupaciones que tenía, su rostro se veía más pálido y demacrado que antes.
Sin embargo, yo no estaba demasiado preocupada. Después de todo, ¿acaso no estaba disfrutando tranquilamente de mi helado de postre?
Aunque aquel protagonista masculino desgraciado nos mantenía encerradas por la fuerza, seguíamos recibiendo nuestras tres comidas diarias, y la comida estaba deliciosa. Esa parte sí que me tenía satisfecha.
—De verdad, será pronto… ¿Eh?
En ese momento, se armó un gran alboroto en el exterior. Veronica, que había estado esforzándose por encontrar las palabras para tranquilizarme, abrió mucho los ojos.
Por fin han llegado.
Dejé la cuchara sobre la mesa y sonreí disimuladamente.

