RPE 23.2

Era una persona muy alta, con un cigarrillo encendido entre los dedos, apoyado contra la pared mientras fumaba en silencio.

El instituto de formación profesional era un lugar caótico, abarrotado de todo tipo de personas. Acostumbrados a escenas así, los estudiantes que trasladaban la utilería no le dieron mayor importancia: se dieron la vuelta y le echaron la llave a la puerta del almacén.

—¿Por qué me da la impresión de que ese tipo era Gu Ting? —comentó uno de ellos al llegar a un tramo bien iluminado.

—A mí también me lo pareció.

—¿No decían que el jefe Gu había dejado de fumar?

—Quizá hoy andaba de mal humor.

Otro compañero vaciló un instante antes de compartir su sospecha:

—Saben… esas dos chicas del Instituto N.º 1 también parecían venir del área del depósito. ¿Tendrá algo que ver con ellas?

***

La fiesta llegaba a su fin. Aprovechando los últimos minutos, Wen Xing’er se cambió a toda prisa, vistiendo la misma ropa que Wen Ke’an había usado antes y replicando un maquillaje similar.

La amiga que había ido a recabar información regresó emocionada. En cuanto la vio, exclamó desbordada de entusiasmo:

—¡Xing’er! ¿A que no sabes quién quiere verte? ¡Es el director de la prestigiosa Compañía de Danza Qinghua! ¡El mismo director pidió hablar contigo!

«¿La Compañía de Danza Qinghua? Se dice que sus beneficios son increíbles. ¡Cualquiera mataría por entrar ahí!», pensaron las presentes.

—¡Xing’er, vas a llegar lejísimos! ¡No te olvides de nosotras cuando seas famosa!

Al escuchar los comentarios envidiosos de sus compañeras, Wen Xing’er sintió una oleada de orgullo. Alzó la barbilla y respondió complacida:

—Pierdan cuidado. Si de verdad logro entrar a la compañía, no las voy a olvidar.

Aunque el tiempo apremiaba, logró revisar rápidamente un video de la presentación de Wen Ke’an. Los pasos entrañaban cierta dificultad, pero, al ser también estudiante de danza, confiaba en lograr una imitación decente.

De camino a la oficina del gimnasio, la amiga a su lado la observó con cierta inquietud y le preguntó:

—Oye… ¿tú crees que el profesor no se dé cuenta?

Wen Xing’er guardó silencio un segundo antes de responder con absoluta seguridad:

—Mi estatura es casi la misma que la de mi prima y nuestros ojos son muy parecidos.

—Visto así… sí se dan un aire —murmuró la chica, bajando la mirada.

Sin embargo, guardó para sí lo que realmente pensaba: aunque compartían rasgos similares, sus auras eran un mundo aparte. La prima poseía una belleza mucho más impactante.

—Además, el escenario estaba lejos y seguro no se apreciaban los detalles. Un par de diferencias insignificantes no van a importar —añadió Wen Xing’er con una sonrisa de satisfacción.

—El baile de tu prima fue sensacional. ¿Segura que ya lo aprendiste bien?

Ese comentario le amargó el gesto. Wen Xing’er arqueó las cejas con molestia:

—Yo tampoco bailo nada mal.

***

Al llegar al despacho principal, el director del instituto y el Profesor Wang ya las aguardaban. Para sorpresa de Wen Xing’er, que esperaba ver solo a dos personas, la oficina estaba repleta de directivos de la escuela.

Intimidada por la presencia de tantas autoridades, saludó con timidez al cruzar el umbral:

—Hola a todos, profesores. Soy Wen Xing’er.

El director reconoció de inmediato el vestuario carmesí. Al verla entrar, se puso de pie emocionado y la presentó con amabilidad:

—Profesor Wang, ella es la alumna que actuó hace un momento en el escenario.

El Profesor Wang guardó silencio. Frunció ligeramente el ceño y la examinó con una mirada agudísima y escrutadora. El ambiente en el despacho se volvió sumamente tenso.

Para romper el hielo, el director se volvió hacia la joven con una sonrisa alentadora:

—Xing’er, ¿por qué no le muestras al Profesor Wang una pequeña demostración de lo que sabes hacer?

—Claro que sí, profesor.

Aunque los nervios le hacían sudar las palmas de las manos, Wen Xing’er rehusó rendirse. Apenas se colocó en posición inicial, la voz del Profesor Wang resonó con firmeza:

—No hace falta. —La miró fijamente y preguntó con severidad—: Dime la verdad… ¿realmente eras tú la que bailaba en el escenario?

La presión se disparó. Todos los profesores en la sala giraron la cabeza para clavarla en ella. En ese instante de acorralamiento, Wen Xing’er arriesgó el todo por el todo:

—Sí… fui yo.

Un silencio sepulcral volvió a apoderarse de la estancia. El Profesor Wang no dijo nada y el director permaneció mudo, visiblemente desconcertado.

—Profesor, yo… —intentó excusarse ella para disipar la incomodidad, pero el Profesor Wang la cortó en seco.

—Compañera, ¿te parece divertido mentir?

Su tono era pausado, pero quienes lo conocían sabían que estaba conteniendo una profunda indignación.

—¿Qué quieres decir? ¿No fuiste tú la chica de la presentación? —intervino el director, frunciendo el ceño con decepción.

—¡Sí fui yo! Yo bailé esta noche —insistió Wen Xing’er, acorralada. Sabía que admitir el engaño frente a toda la junta directiva significaba una humillación devastadora—. Profesor, si no me cree, puedo repetirlo entero ahora mismo.

El Profesor Wang dejó escapar una risita irónica y negó lentamente con la cabeza:

—Tu contextura y la forma en que te mueves son completamente distintas a las de la joven que vi en el escenario. Aunque tengan rasgos parecidos, sé reconocer la diferencia.

—Esto… —balbuceó el director, comenzando a dudar.

—Es cierto, hay algo que no encaja —intervino de pronto una profesora—. Yo estaba en la primera fila y lo noté claramente: la bailarina tenía un pequeño lunar en el lado derecho del cuello, pero esta alumna no lo tiene.

—A mí también me pareció que la joven de hace un rato era más esbelta.

La situación se descarriló por completo. Rodeada por murmullos críticos y miradas de reproche, Wen Xing’er sintió cómo el rostro le ardía en llamas. Jamás se había sentido tan expuesta y humillada.

El director suspiró con pesadumbre:

—Te daré una oportunidad más. Por favor, sé sincera: ¿eras tú o no?

Con los ojos anegados en lágrimas y quebrada por la insoportable presión psicológica, Wen Xing’er finalmente terminó cediendo entre sollozos:

—No… no era yo. Fue mi prima.


Wen Ke’an jamás imaginó que un video de su baile en el instituto vocacional terminaría volviéndose viral tan rápido.

Durante el descanso de la mañana, la encargada de arte de su clase se le aproximó sigilosamente. Deslizando un teléfono desde la manga de su uniforme, lo colocó con cuidado sobre su pupitre:

—Compañera An’an… ¿esta de aquí no eres tú?

Wen Ke’an, que estaba concentrada en sus deberes, alzó la vista. La pantalla mostraba una fotografía suya de la noche anterior: vestida con el hanfu carmesí de mangas ondeantes, resplandecía bajo los focos con movimientos limpios y refinados.

Desconociendo quién había tomado y difundido la imagen en las redes, Wen Ke’an observó la pantalla con serenidad antes de retomar su trabajo:

—No soy yo.

La encargada de arte la examinó con perspicacia:

—¿De verdad pretendes que me crea eso?

—…

—Aunque llevabas maquillaje, llevo años estudiando arte. ¡Podrás engañar a los demás, pero a mí no me engañas! —sentenció con orgullo.

—¿Necesitas algo? —preguntó Wen Ke’an, dejando el bolígrafo.

Al notar la tácita confirmación, la chica sonrió triunfante:

—Bueno… resulta que nadie se ha inscrito todavía para la presentación de nuestra clase en el festival de arte del próximo mes…

—…

—¡Por favor!

—…


La primera sesión de la tarde era Educación Física. Apenas Wen Ke’an pisó la pista de deportes, Jin Ming se le acercó con una mueca de fastidio.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Wen Ke’an.

—¡Esto es absurdo! ¡Hacernos la evaluación física con semejante calor! —protestó Jin Ming, frunciendo el ceño.

A su alrededor, los compañeros que buscaban refugio bajo la sombra comenzaron a lamentarse:

—¡Ni en sueños quiero correr los ochocientos metros! ¡Que alguien nos salve!

Pero Jin Ming les arrojó un balde de agua fría sin piedad:

—No se hagan ilusiones solo con los ochocientos metros. También nos toca salto de longitud, abdominales y lanzamiento de bala.

—…

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