Capítulo 234 – Historia paralela 28: Para ti, con amor (8)
“Charlotte.” (Geor)
“Su Alteza, me resulta demasiado difícil de manejar.” – Dijo ella con la cabeza gacha.
Geor vaciló, a punto de acercarse.
“Agradezco su atención, pero creo que es hora de que su consideración llegue a su fin. Pertenezco a una familia de Vizcondes y me preocupa perjudicar su buena reputación.”
Su suave negativa le conmovió profundamente. Solo entonces se dio cuenta de que aquella mujer se había vuelto mucho más importante para él de lo que creía. La miró fijamente, sin siquiera parpadear.
No había levantado la vista ni una sola vez mientras hablaba; su cabello castaño claro, sus manos apretadas, le parecían lastimeras. Quiso apartar el cabello que le cubría el rostro y, sin darse cuenta, lo hizo.
“Me voy a casar.”
Él se detuvo en seco.
“Gracias a usted y a su familia, encontré un buen hombre con quien casarme. Gracias.”
‘¿Casarse? ¿Qué quería decir? ¿Los White la habían ayudado? ¿Quién había hecho eso?’
Geor no podía comprender lo que ella decía. Se quedó allí, incapaz de hacer una sola pregunta.
Ella levantó lentamente la cabeza y una sonrisa perfecta apareció en su rostro. Geor cReyó haber visto esa sonrisa en alguna parte.
“Así que, Su Alteza, permítame no manchar la reputación de su familia.”
Solo cuando Charlotte se dio la vuelta y comenzó a caminar recordó dónde había visto esa sonrisa. La había visto en el espejo el día de la boda de Arianna; él había sonreído así al despedir a alguien a quien amaba.
“Charlotte.” – Dijo finalmente.
Sabía que ella debía haberlo oído, pero no se giró. Era como si no viera ni oyera nada. Intentó correr hacia ella, detenerla.
<“Permítame no manchar la reputación de su familia.”>
Pero sabía el significado de sus últimas palabras y se detuvo en seco, incapaz de hacer nada más que observar.
***
“Charlotte.” – Se oyó su voz.
Ella también percibió la desesperación en su mirada. Sin embargo, no se dio la vuelta. Ya no era una niña. Le resultaba fácil adivinar lo que había en los ojos de aquel hombre cuando la miraba.
Le encantaba cómo se reflejaba en esos hermosos ojos, que eran como amatistas, y eso, tontamente, la hacía no querer irse. Pero los sueños nunca eran buenos cuando duraban demasiado. Los sueños sin sentido corroían el corazón y hacían la vida más difícil.
‘Así que, basta ya. Necesito volver al mundo real.’
Sin importar cómo la viera él, sin importar lo que ella sintiera por él, su situación no cambiaría.
Era muy común que dos personas que se amaban tuvieran que separarse.
Los plebeyos envidiaban a los nobles, pero la vida de un noble no era tan libre como creían. Había cosas a las que uno tenía que renunciar por la familia, por el poder, y lo más fácil de abandonar era el amor.
Claro que podía contraer un matrimonio de conveniencia, como David cuando era Príncipe Heredero, y tener un amante. Pero no quería vivir así.
‘Estaré bien.’
Miró al cielo azul.
‘¿Verdad, Arianna?’
***
Arianna empezó a tener náuseas matutinas dos días después de bajar del Estanque Ruam. Sintió escalofríos, lo que la hizo pensar que se había resfriado, pero vomitó en cuanto vio un poco de carne estofada. Eso le confirmó que estaba embarazada.
Para Cyrus también era la segunda vez, y sus ojos se abrieron de par en par mientras se ponía de pie de un salto y se acercaba.
“Rian, estás…” (Cyrus)
“¡Mmm! Lo siento… un momento…”
Lo apartó y se dejó caer al suelo mientras intentaba correr al baño. Cyrus le trajo una ensaladera y se la ofreció. La sostuvo con el cabello suelto hasta que se sintió mejor, dándole suaves palmaditas en la espalda.
“¿Te sientes mejor?” (Cyrus)
“Sí… estoy bien ahora… pero creo que necesito salir de este comedor.”
“Ah, sí. Claro. Sí. Dame un momento.” (Cyrus)
Le pareció algo gracioso lo torpe que ella parecía, aunque no era la primera vez.
La levantó en brazos y salió corriendo del lugar. Louis, Sini y Lanster, que habían estado hablando en la entrada, parecían sorprendidos.
‘Dios mío. ¿Ellos sintieron un impulso urgente en medio de una comida?’
‘Su Majestad es un hombre tan poderoso.’
‘A Su Majestad le debe resultar difícil lidiar con eso.’
Leyendo los pensamientos en sus ojos, él dijo con firmeza: “Esto no es lo que piensan.”
No parecieron creerle, así que Cyrus añadió: “Está embarazada.”
Después de eso, parecían tan confundidos como él, y llamaron al médico, a Isaac y al Duque Hern. Arianna se sentía mucho mejor y se reía mientras ellos actuaban como si hubiera ocurrido una catástrofe.
El médico, que fue llamado a la habitación más tarde, confirmó que estaba embarazada. Cyrus gimió al oír que aún no tenía tres meses.
“No tenía ni idea. Debería haber sido más comprensivo contigo.” (Cyrus)
El Duque Hern, que había estado observando con ansiedad, parecía sorprendido.
“Majestad, ¿la hizo pasar un mal rato?” (Duque)
“Sí. Fuimos al Estanque Ruam hace dos días.” (Cyrus)
“Ese es un lugar peligroso… Doctor, ¿cree que estará bien después de eso?” (Cyrus)
“Sí, Su Gracia. Está bien ahora, así que solo debe tener cuidado.” (Doctor)
“Dios mío. ¡Madre mía! Debió de ser muy difícil acompañar a un hombre que no se resfría ni siquiera después de sumergirse en un lago helado en pleno invierno…” (Duque)
El Duque Hern gimió y armó un escándalo antes de irse con el médico, diciendo que necesitaba proporcionarle a la Emperatriz buena comida y medicinas.
Cuando se quedaron solos, la expresión de Cyrus cambió. Se aferró a la cama, con aspecto de perro gigante que se sentía culpable por algo y le tomó la mano con ambas.
“¿Estás bien? Debe ser muy duro. ¿Te duele algo? ¿Ir al Estanque Ruam empeoró las cosas?” (Cyrus)
“Estoy bien. Es un poco difícil, pero no me duele. El viaje no me complicó las cosas. Esto es más fácil que cuando estaba embarazada de Graysen.”
No dejó de preocuparse, ni siquiera después de la respuesta de Arianna.
“¿Qué hacemos? No podrás comer bien durante un tiempo por las náuseas matutinas. ¿Hay algo que pueda hacer? Quizás la magia ancestral sea la única solución…” (Cyrus)
“Cei. Ya investigaste eso la última vez y no encontraste nada. No hay magia que pueda transferirme el dolor. Preferiría…”
Algo se le ocurrió en cuanto le dieron las náuseas matutinas.
“Me gustaría ir a Sterra, como Isabelle.”
Ahora que era Emperatriz, no podía visitar Sterra libremente como deseaba. Pero a veces ocurría que las emperatrices o Reinas visitaban a su familia materna para descansar durante el embarazo y el parto.
“Me gustaría ir a Sterra, ya que hace tiempo que no voy, y también mostrarle a Graysen lo hermoso que es ese lugar.”
“Hazlo.” (Cyrus)
“Quédate todo el tiempo que necesites.” – Dijo sin dudarlo.
Isaac le había aconsejado durante su primer embarazo que la opinión de la futura madre era lo más importante del mundo, y Cyrus lo estaba siguiendo al pie de la letra.
Así pues, Arianna partió hacia Sterra con Graysen, Sini, Lanster y varias damas de compañía. Prepararon numerosos regalos para la familia real, y para cuando se marchó, su barriga ya empezaba a notarse.
***
Sterra estaba entusiasmada con la noticia de que la Emperatriz vendría a dar a luz a su segundo hijo. No era raro que las mujeres nobles que se habían casado con miembros de familias extranjeras hicieran eso, así que no era nada extraño.
Pero había otra razón por la que Arianna había visitado Sterra por primera vez en mucho tiempo. Quería visitar su hogar con Sini, que había estado en coma durante mucho tiempo. Quería ver a Geor, que había ido a celebrar su cumpleaños.
Theodore y Carradine la recibieron diciendo: “¡Nuestra bebé ha vuelto!”
En cuanto escuchó eso, Graysen preguntó: “¿Mamá, eres una bebé?”
Theodore respondió con ternura.
“Sí. Es mi bebé.” (Theodore)
“No soy un bebé.” – Él niño dijo.
“Claro que sí, Ray. Ahora eres todo un hombrecito.” (Theodore)
Ambos abrazaron y besaron a su bisnieto, y a Fellows se le llenaron los ojos de lágrimas al ver la creciente barriga de Arianna.
“Ella… era tan pequeñita. Y ahora está embarazada… ¡Dios mío!” (Fellows)
“Tío, me viste embarazada la última vez.”
“Me da mucha pena cada vez que lo veo. Cyrus debería haberse quedado embarazado en vez de ti…” (Fellows)
Se imaginó a Cyrus con la barriga llena y rió en voz baja.
“Por cierto, Sini, oí que habías despertado. Me alegra verte sana, ¿eh? Me alegro mucho.” (Fellows)
Fellows le dio unas palmaditas en los hombros con sus grandes manos.
“Oí que tuviste un papel muy importante en la guerra. Entre nosotros, pienso darte el título de Vizconde. Ya que estás aquí, agilizaré la ceremonia.” (Fellows)
Sini era la dama de compañía personal de Arianna, así que era mejor que tuviera un título, y esa era parte de la razón por la que regresó a Sterra, quería dárselo.
Sini asintió dócilmente, aparentemente consciente de ello.
Tras saludar a todos los que había echado de menos, se dirigió a la habitación que había usado antes de su boda.
La habitación de Arianna seguía igual que siempre. No tenía ni una mota de polvo, y le recordó el día en que llegó por primera vez, así como los buenos recuerdos que guardaba allí. Abrumada por todos los recuerdos, se detuvo un instante, incapaz de entrar.
“Las criadas la limpian todos los días.” – Dijo una voz a sus espaldas.
Arianna sonrió, dejando de lado sus pensamientos.
“Un desperdicio de mano de obra, ¿no crees?”
“Aun así, en los días que estés aquí, como hoy, agradecerás una habitación limpia.” (Geor)
Se puso de pie junto a ella.
“¿Te trae recuerdos?” (Geor)
“Sí, me trae recuerdos.”
“A mí, también.” (Geor)
“Eras tan difícil de entender entonces.”
“Lo mismo me pasó a mí.” (Geor)
“¿Y ahora?”
“Te conozco como la palma de mi mano.” (Geor)
“¿En serio? ¿Qué estoy pensando?”
“Probablemente extrañas a Cyrus.” (Geor)
“Para nada.”
“¡Dios mío! Si el Emperador se entera, se echará a llorar y me pedirá que rece con él.” (Geor)
Ella rió suavemente.
Él la miró deslumbrado y luego ella le hizo una pregunta.
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