—¿Todas han oído la historia?
—¿Qué historia?
Los ojos de las damas reunidas alrededor de la mesa se dirigieron al mismo tiempo hacia una sola persona.
Madame Gashiv.
No era una exageración decir que conocía todos los chismes escandalosos del reino. Naturalmente, toda la atención se centró en ella.
¿Qué noticia impactante saldría hoy de su boca?
Cansadas de la monotonía de su vida diaria, las damas esperaban con entusiasmo escuchar su historia.
Satisfecha con toda la atención que había captado, Madame Gashiv abrió lentamente la boca.
—Estoy segura de que todas conocen a Inca Marezon.
—Por supuesto.
—¿Qué ocurrió con Inca Marezon?
—La verdad es que… hace poco sufrió un grave accidente.
—¡¿Qué?!
—¡Dios mío! ¿Es cierto?
—Escuché que, mientras viajaba en carruaje durante la noche, fue atacado por un monstruo y quedó gravemente mutilado.
—¡Santo cielo!
—¿Un monstruo…?
—¿Dónde ocurrió?
—Un poco más allá de la frontera del ducado de Mayhard.
—Si hubiera ocurrido dentro del ducado, habría podido reclamar una indemnización al duque de Mayhard. Pero fue fuera de su territorio.
—Ya veo…
Entonces una de las damas hizo una pregunta.
—¿Y su escolta? ¿Viajaba sin protección esa noche?
Parecía que Madame Gashiv había estado esperando precisamente esa pregunta.
—Sí llevaba escolta… pero, según dicen, tanto el caballero como el cochero huyeron y lo abandonaron.
—¿Cómo dice?
—¿Los dos escaparon?
—¡Dios mío! ¿Cómo pudieron hacer algo así?
—¿Tan mala era su relación con Inca Marezon?
—Sea como sea, si ese rumor se extiende, ninguna familia volverá a contratar a ese caballero como escolta.
—¿Tendrá que abandonar su puesto y convertirse en mercenario?
Las damas comenzaron a murmurar entre ellas.
Que un escolta y un cochero abandonaran a su señor en plena emergencia era algo impensable.
—…Cuando vuelva a la mansión, tendré que averiguar si los caballeros de mi casa tienen alguna queja.
—Mmm… Yo haré lo mismo.
—Normalmente sentiría compasión por ellos, pero esta vez… era su deber permanecer a su lado.
Mientras todas comentaban con preocupación, otra dama hizo una nueva pregunta.
—Por cierto… ¿qué tan graves fueron las heridas de Inca Marezon?
—Es verdad.
—¿Sigue con vida?
En ese instante, la sonrisa de Madame Gashiv se ensanchó.
Era evidente que llevaba esperando esa pregunta desde el principio.
—Afortunadamente, está consciente y su vida no corre peligro.
—Qué alivio.
—Menos mal.
—Pero…
—¿Pero?
Todas percibieron al instante que lo siguiente sería la verdadera noticia.
Con una expresión llena de fingida lástima, Madame Gashiv continuó:
—Parece que perdió algo tan importante… como su propia vida.
—¿Qué?
—No puede ser…
—¿Acaso…?
Las damas más perspicaces abrieron los ojos de par en par.
Madame Gashiv desplegó su abanico, se cubrió la boca y asintió lentamente.
—Así es… dejó de ser un hombre completo.
—¡¿Qué?!
—¡Dios mío!
—¡No puede ser!
Las demás damas tardaron un instante en comprender el significado de sus palabras.
Cuando finalmente lo hicieron, todas se quedaron con la boca abierta.
—Dios mío…
—¿Cómo pudo ocurrir algo así?
—¿Qué fue lo que pasó exactamente?
Madame Gashiv respondió con calma.
—Dicen que llevaba unas hierbas medicinales escondidas entre la ropa. Por desgracia, esas hierbas atraían a los monstruos, y… la parte inferior de su cuerpo fue la que sufrió el ataque.
—Ah…
—Qué horror…
—No tenía idea de que existieran hierbas con ese efecto…
Por un momento, el ambiente se volvió más sombrío que nunca.
Entonces una de las damas preguntó con admiración:
—Madame, ¿cómo consigue enterarse de todas estas cosas?
Madame Gashiv sonrió orgullosa.
—Tengo ojos y oídos por todo el reino. El ducado de Mayhard no es la excepción.
Como era de esperarse de la reina de los chismes.
Todas las damas la miraron con absoluta admiración.
Después de disfrutar unos segundos de aquellas miradas, Madame Gashiv volvió a hablar.
—¿Quieren escuchar otra historia todavía más interesante?
—¿Hay más?
—¿También está relacionada con Inca Marezon?
—Así es.
Sus ojos brillaron con entusiasmo, como un perro de caza que acaba de encontrar una nueva presa.
—En realidad… Inca Marezon…
A medida que la historia continuaba, las expresiones de las damas cambiaban una tras otra.
Cuando Madame Gashiv terminó de hablar, ya casi ninguna sentía lástima por Inca.
Al contrario, algunas parecían incluso satisfechas con el destino que había sufrido.
Claro que alegrarse abiertamente por la desgracia ajena no era propio de una dama distinguida.
Así que todas abrieron sus abanicos y se cubrieron discretamente la sonrisa.
***
—¡Ja, ja, ja!
Yelena no hizo el menor esfuerzo por ocultar su felicidad.
Sujetó con fuerza la mano de Abbie, quien acababa de contarle la noticia, y comenzó a dar pequeños saltos de emoción.

