ANVC – 165

Capítulo 165 – Es mío (1)

 

Pronto, esos ojos se llenarían de sorpresa, sospecha y recelo. Tal como sucedió cuando ella cometió un desliz verbal en el pasado, le dará la espalda y la apartará.

Arianna apretó el puño y esperó la fría respuesta que él le daría.

Mientras el tiempo pasaba, que se sentía increíblemente largo, no hubo cambio en su mirada. Finalmente, la pregunta que brotó de sus labios distaba mucho de lo que Arianna esperaba.

“¿Eso significa que has vivido más que yo?” (Cyrus)

Los labios de Arianna se entreabrieron ante las inesperadas palabras. Cyrus observó cómo sus ojos se abrían de par en par con una leve expresión de diversión.

“¿Eso es… importante ahora mismo?”

“Claro que no importa. Es solo que pareces muy tensa.”

“Causé la muerte de mucha gente porque necesitaba amor y quería ser reconocida.”

“Qué alivio, entonces.” (Cyrus)

Cyrus acarició la mejilla de Arianna.

“Aunque te guste o no, ahora hay mucha gente que te quiere y te reconoce.”

Aquel suave consuelo le partió el corazón. No tenía derecho a escuchar palabras tan amables.

“No sabes lo que hice.” – Dijo ella

“¿Acaso saberlo cambiaría algo?” (Cyrus)

Arianna se quedó sin palabras ante la pregunta que le volvió a la cabeza.

Por supuesto, nada cambiaría. Era cosa del pasado, en su vida anterior, y ni siquiera había ocurrido en ese tiempo.

“Ni siquiera sabes lo que soy.”

“Lo sé.” (Cyrus)

El rostro de Cyrus se acercó.

“Eres Arianna White. La Princesa del Territorio Este, la preciosa hija del Gran Señor del Este, y la mujer que adoro.” (Cyrus)

“No soy digna de ser hija de mi padre…”

La besó de nuevo, como para impedir que hablara. Habiendo logrado su propósito, los labios se separaron de inmediato, y Arianna le dio un puñetazo en el pecho.

“¿Por qué sigues besándome, Gran Señor del Norte?

“Porque es la única manera que se me ocurre para que dejes de decir semejantes tonterías.” (Cyrus)

“Parece que el Gran Señor del Norte besa a la gente cada vez que necesita que se callen.”

“Nunca he tenido que hacerlo. Nunca me ha importado lo que digan los demás.” (Cyrus)

“Entonces, ¿qué es lo que te importa?”

“Incluso el sonido de tu respiración.” (Cyrus)

La besó bajo el ojo.

“Incluso el temblor de tus pupilas.” (Cyrus)

La besó en la mejilla también.

“Los espasmos en las comisuras de tus labios también.” (Cyrus)

Luego la besó en la barbilla.

“Todas esas cosas me importan, Arianna.” (Cyrus)

Su voz susurrante mientras la besaba con delicadeza era dulce. Tan dulce que le hizo albergar la dulce ilusión de que podría ser perdonada por los pecados que había cometido.

“Yo… he viajado en el tiempo.”

“Eso parece.” (Cyrus)

“Morí a los 28, pero volví a la vida. Con 16.”

“Sí.” (Cyrus)

“¿No te parece extraño? ¿No sospechas de mi verdadera identidad? ¿Que podría haber tomado prestado el poder de un demonio y que podría usar ese poder para estrangularte mientras duermes? ¡Mmm!”

Esta vez el beso fue intenso, tanto que sintió que sus labios fríos quemarían los suyos.

Su aroma inundó sus labios entreabiertos y de repente se sintió mareada. Un gemido se le escapó de la boca ante la sensación que jamás había experimentado. Él también lo absorbió, cubriendo a Arianna con su propia fragancia.

Ella se aferró con fuerza a la ropa que llevaba sobre el pecho. Incluso, aunque ella lo arañó con las uñas, él no le prestó atención. Sus respiraciones se entrelazaron sensualmente y su mente, agitada por diversos pensamientos, se llenó de colores intensos.

Justo cuando no podía pensar en nada más que en sus intensos ojos rojos, sus labios se entreabrieron. Él la miró fijamente con ojos profundos, como si quisiera devorarla, y dijo:

“Si eres un demonio, yo también me convertiré en uno, Arianna.” (Cyrus)

La palma del hombre se detuvo un instante, rozando el cuello y el hombro de Arianna, para luego sujetar su delgada muñeca.

“Sea lo que seas, yo también me convertiré en ello.” (Cyrus)

Los ojos de Arianna se llenaron de lágrimas. Apenas pudo mover los labios, que brillaban con saliva.

“Tienes algo que proteger.”

“Eso eres tú.” (Cyrus)

Su aliento la abrumó de nuevo. Impulsada por su fuerza, echó la parte superior de su cuerpo hacia atrás. Mientras sus labios se entrelazaban, él dijo:

“Eres la única en mi vida a quien debo proteger.” (Cyrus)

 

***

 

Eso no era lo que había planeado. No podía estar haciendo esto. Aunque sabía que era algo precipitado, Cyrus no podía detenerse.

Aunque sabía que no había nada más cobarde y repugnante que seducir a una mujer sumida en el dolor y la tristeza, su cuerpo se movió por sí solo. Había deseado que Arianna al menos maldijera y se resistiera, pero ella simplemente se entregó silenciosamente a sus avances.

Ella temblaba ligeramente cada vez que él dejaba una marca roja en su piel suave y pálida, y él lo encontraba a la vez lamentable y encantador. Sus labios, tras recorrer su nuca y hombros, pasaron por su antebrazo y se dirigieron hacia las yemas de sus dedos.

Cada dedo era precioso, así que los besó y lamió con cuidado. Cada vez, Arianna dejaba escapar de entre sus labios un gemido lleno de pasión.

Ella no se resistió ni siquiera cuando él le quitó la ropa que la cubría. Al contrario, miró a Cyrus con esos ojos azules, como si lo anhelara.

El calor contenido en esos ojos azul cielo enloqueció a Cyrus. Se vio obligado a armarse de paciencia para no perder el control de su cuerpo, que se movía bruscamente como un hombre consumido por la locura.

Un cuerpo caliente y uno frío se entrelazaron. Al encontrar las molestas sábanas entre ellos, él las apartó y se hundió profundamente en ella

“Ah.” – Murmuró ella, echando la cabeza hacia atrás.

Mientras él besaba con delicadeza su rostro seductor, sus delgados se enroscaron alrededor del cuello de Cyrus. Su corazón se aceleró, como si hubiera recibido su permiso.

De hecho, su corazón llevaba un rato latiendo con fuerza.

<¡Tum. Tum. Tum”>

Todo su cuerpo latía como si se hubiera convertido en un corazón. No podía distinguir si esa resonancia regular y fuerte era suya o de ella.

Su corazón se hinchó al ver el cabello esparcido sobre la almohada, meciéndose como agua.

Sus sentimientos eran reales… Haría cualquier cosa por esa mujer. Esta mujer, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas, era lo único que le importaba en su vida.

Cuando lo reconoció, el mundo se volvió brillante de repente.

“Tus pecados, tu tristeza, e incluso tu dolor.” (Cyrus)

Dejando su aroma en ella, Cyrus susurró:

“Son todos míos, Arianna. Voy a arrebatártelos todos.” (Cyrus)

 

***

 

‘Debo haber perdido la cabeza’, pensó ella mientras hundía el rostro en su musculoso pecho.

‘He perdido la cabeza por completo.’

Había descubierto la verdad sobre su pasado y supo lo que su padre había hecho y el dolor que sufrió tras su muerte.

‘Pero ¿qué estoy haciendo ahora?’

Ella estaba en los brazos de un hombre.

Su cuerpo, que siempre había sido tan frío, estaba extrañamente caliente. Su aroma estaba impregnado en todo su cuerpo, y parecía que no podría escapar de él ni siquiera si regresara a casa.

Una mano cálida acarició suavemente su costado. Ella se estremeció ante el cosquilleo, y luego se acurrucó más profundamente en su pecho. Con el rostro hundido allí, Ariana susurró.

Ariana suspiró suavemente.

“Esto es una locura, Gran Señor del Norte.”

“Llámame por mi nombre, Arianna.” (Cyrus)

“Esto es realmente una locura. Tú y yo estamos locos.”

“Ha pasado bastante tiempo desde que me di cuenta de ese hecho.” (Cyrus)

Ariana dejó escapar un pequeño suspiro. Él le acarició la espalda, y ella se retorció de nuevo por el cosquilleo.

Él rió suavemente. – “Eres realmente linda.”

Nunca había oído algo así antes. Le ardía la cara por la vergüenza, por lo que se sintió aliviada de tener la cara enterrada en su pecho.

“¿Por qué no me haces ninguna pregunta?”

“¿Qué debo preguntar?” (Cyrus)

“Siempre vives con dudas y sospechas. ¿No tienes nada que preguntarme?”

“¿Responderás si te pregunto?” (Cyrus)

Tenía que hacerlo. Ahora que las cosas habían resultado así y ya le había contado que había regresado en el tiempo, debería contárselo todo.

Ariana asintió.

Él permaneció en silencio un rato y luego preguntó con cautela.

“¿Me amas?” (Cyrus)

Arianna pensó que algo debía estar mal con Cyrus.

Le había preguntado antes si había vivido más que él y, ahora, le preguntaba si lo amaba.

‘Eso no parecía propio de Cyrus.’

“Gran Señor del Norte.”

“Llámame por mi nombre.” (Cyrus)

Arianna se quedó callada y luego habló:

“Cyrus.”

“Qué bien que me llamea por mi nombre. Mis padres me llamaban Cei.” (Cyrus)

“Nadie me ha llamado nunca con un apodo cariñoso.”

“Bien, entonces seré el primera. ¿Qué te parece Rian?” (Cyrus)

Arianna pensó que ella también parecía estar actuando un poco raro esta vez, a juzgar por cómo le latía el corazón al oír el apodo que Cyrus le había puesto.

“Lo he pensado mucho.” – Dijo Cyrus.

“Cómo dirigirme a ti cuando algún día, por fin estuviéramos juntos, quiero decir.” (Cyrus)

Arianna se quedó estupefacta. Había esperado que él mencionara algún tema trascendental, ya que había dicho que lo había pensado durante mucho tiempo, pero en realidad estaba dándole vueltas a qué apodo usar con ella.

“Cyrus, parece que de verdad te pasa algo. ¿Estás bien? ¿Te lastimaste la cabeza en la batalla o algo así…?”

Cuando Arianna levantó la vista hacia la cabeza de Cyrus, él sonrió dulcemente y le besó la frente.

“Estoy bien, Rian.” (Cyrus)

Al oír de nuevo el apodo cariñoso, esta vez le ardieron las orejas. Le costaba mirarlo a los ojos, así que volvió a bajar la cabeza.

“No me llames así. Es extraño.”

“¿Qué es extraño?” (Cyrus)

“Tu forma tan tierna de llamarme.”

“Entonces acostúmbrate. Eres demasiado adorable como para quitarte mi cariño.”

Su susurro le hizo cosquillas en la oreja. Arianna jamás imaginó que el Gobernante de Sangre de Hierro fuera capaz de susurrar palabras tan dulces.

Recordó al Gran Señor del Norte que había visto en su sueño.

Había sido increíblemente frío al hablar con Russell sobre la muerte de su hija. Le había clavado una daga en el corazón a Russell con voz severa, como si el dolor de un padre que había perdido a su hija no le importara en absoluto.

Ella no creía que esa persona y el Cyrus que tenía enfrente fueran la misma persona.

‘¿Tú también has cambiado? Así como mi existencia cambió el futuro, ¿acaso te hice cambiar también?’

Ella no creía tener el poder de cambiar a la gente, pero si ese fuera realmente el caso, se alegraba. Porque sentía como si hubiera logrado extraer al menos uno de los muchos afilados fragmentos de hielo, que él tenía incrustado en su corazón.

Su mano acarició la espalda de Arianna y solo entonces Arianna se dio cuenta de que no llevaba nada puesto.

No había razón para avergonzarse, ya que Cyrus también estaba desnudo, pero de aún así su rostro se sonrojó. Mientras se cubría con la manta e intentaba con cuidado zafarse de su abrazo, él la atrajo hacia sí con sus fuertes brazos.

“No te vayas” (Cyrus)

“No voy. Solo necesito algo de ropa…”

“Quédate aquí.” (Cyrus)

La voz lánguida era agradable de oír, pero ella no podía hacer lo que le pedía. No sería bueno que se extendieran rumores de que se había quedado en casa de un hombre durante varios días en el Imperio, precisamente allí, no en el Territorio del Norte ni en el territorio Este.

“Suéltame, Gran Señor del Norte.”

“Si me llamas Cei.” (Cyrus)

No le desagradaba el comportamiento infantil de Cyrus, pero por otro lado, recordaba las veces que se le había roto el corazón por su culpa, así que lo encontraba un poco molesto. Entonces, Arianna lo apartó fríamente y dijo:

“No sé por qué actúas como si fuéramos amantes. Ni siquiera he aceptado aún los sentimientos del Gran Señor del Norte.”

La fuerza en su abrazo se debilitó, miró a Arianna con ojos ligeramente dolidos y preguntó:

“¿Entonces qué es esto ahora?” (Cyrus)

“Ya que soy la Princesa del territorio Este, ¿acaso no es aceptable que tenga un par de amantes para satisfacer mis deseos carnales?”

“Esto.”

Cyrus frunció ligeramente el ceño y luego sonrió.

“Pero el gobernante de un territorio no es precisamente adecuado para ese propósito, ¿no crees?” (Cyrus)

“Me sorprende que te creas tan importante. Para mí, no eres más que un hombre enamorado de una mujer que descuida completamente su territorio.”

“Sin duda, tienes toda la razón.” (Cyrus)

Levantó la barbilla a Arianna y la besó de nuevo. El calor que ella creía que se había disipado comenzó a resurgir, ascendiendo lentamente desde los dedos de sus pies.

“Entonces, por favor, disfrútame un poco más, Princesa. Haré cualquier cosa por tu placer.” (Cyrus)

 

* * *

 

Isaac, que dirigía a la habitación de Cyrus, preocupado por si Arianna se había despertado, fue detenido por Louis, que vigilaba el pasillo. Ella simplemente negó con la cabeza en silencio, mientras Isaac la miraba como preguntándole por qué, Louis pensó:

‘El sucesor de nuestro Señor podría nacer pronto.’

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