Capítulo 130 – ¿Por qué nosotros? (2)
Si tan solo no hubiera sido tan cruel con Arianna en aquel entonces, si tan solo hubiera sido amable con ella, como ella quería, si tan solo se hubiera puesto de su lado cuando su madre la maltrataba.
‘Si ese fuera el caso, ¿te habrías escapado conmigo?’
Pensó que tal vez sí.
Arianna era diferente de Victoria. Después de que se concertara el matrimonio de Helena, Victoria sonreía burlonamente cada vez que la veía.
Ahora ni siquiera pensaba en odiar a Victoria.
En medio de todas las emociones, sintiéndose completamente vacía, solo pensó en Arianna. Quizás, solo quizás, su hermana era la única que podría haber estado de su lado.
Así es.
Arianna también era la hermana menor de Helena.
Independientemente de las circunstancias de los adultos, Helena no debería haber actuado así.
Pero Helena, con la excusa de que su madre la odiaba y que no podía evitarlo, desató sus celos, acorralando a Arianna.
‘Arianna, si te hubieras quedado en el Oeste, habrías sido tú quien se casara con el Vizconde Albrecht.’
Esta vez, comprendió que para el señor del Oeste sus nietas solo tenían ese valor.
‘Tú debiste sentir lo mismo que siento yo ahora. Y seguramente yo me habría burlado de ti sin importarme esas cosas…’
Como Victoria.
‘Así que así has vivido. No soporto ni este breve instante. Quiero morirme, pero tú has vivido en esta soledad desde niña.’
En el momento en que Helena comprendió su valía, las cadenas que la habían rodeado se rompieron. Criada con los mimos de sus padres y sin haber tenido la oportunidad de crecer, Helena comprendió su lugar y se convirtió en adulta.
‘El único adulto entre nosotros…’
Helena pensó en Arianna, quien había sufrido tanto acoso y que se le había acercado con sincera preocupación cuando Helena se cayó.
‘Solo eras tú.’
Helena tomó su pluma.
Sabía que ya era demasiado tarde para arrepentirse y disculparse. Pero antes de perderlo todo, había algo que quería decirle a Arianna.
Así que Helena le escribió una carta a Arianna por primera vez desde que nació.
Helena llamó a su criada y le pidió que le enviara una carta en secreto. Luego se sentó en la cama y bebió el veneno que había preparado.
***
Arianna recibió una carta.
Tras mucho dudar entre abrir el sobre y leer la carta de Helena o simplemente quemarla, la abrió.
[‘Arianna, lo siento.
No fui una buena hermana para ti.’]
La letra era firme y sincera.
Arianna cerró los ojos lentamente.
Jamás imaginó que Helena se arrepentiría de algo así. No, jamás pensó que pensaría en Arianna.
‘Al principio, ella.’
Helena no era una mala hermana.
Ciertamente hubo momentos en que las cosas iban bien. Hubo momentos en que Helena trató a Arianna mejor que Victoria.
Pero de repente, su actitud cambió.
Arianna no sabía el por qué en ese entonces, pero cree saberlo ahora.
‘¿Tú también eras así? ¿Eras como yo?’
Así como Rachel le había lavado el cerebro a Arianna para que creyera que era «inútil y que nunca debió haber nacido», tal vez también le había lavado el cerebro a Helena. Para ambas, las palabras de su madre lo significaban todo.
‘Pero podrías haber elegido no hacerlo. Tuviste todas las oportunidades para escapar de esa maldición.’
La situación de Helena era diferente a la de Arianna.
A diferencia de Arianna, que tenía que esforzarse por ser amada a toda costa, Helena no necesitaba anhelar el afecto de sus padres.
‘Pero no lo hiciste. Era más fácil así.’
Ahora que se arrepentía, no tenía intención de perdonar a Helena.
Cuando estuvo prisionera en el sótano del Castillo Rosen, recordó vívidamente a Helena, quien había viajado hasta allí para presenciar la muerte de Arianna. Su mirada fría y su sonrisa en aquellos últimos momentos permanecieron tan presentes como si hubieran ocurrido ayer.
Así que no la perdonará. Será testigo de su desesperación y depravación con sus propios ojos. Capturará sus últimos instantes con esos mismos ojos, tal como ella lo hizo.
Arianna arrugó la carta y la tiró a la basura.
Unos días después, llegó la noticia de que Helena había intentado suicidarse envenenándose justo antes de su boda. Afortunadamente, la encontraron a tiempo y sobrevivió, pero se encontraba en estado crítico, incapaz de recuperar la consciencia.
Entonces, por alguna razón, en lugar de pensar que todo iba bien, Arianna recordó un pasado lejano.
<“Arianna. Esto me lo dio papá, y creo que te quedará bien. Si mamá se entera, te meterás en problemas, así que guárdalo en secreto. Póntelo conmigo cuando salgamos más tarde.”>
Recuerdos de los buenos tiempos, que creía haber olvidado, o mejor dicho, quería olvidar. Arianna seguía sin entender por qué el recuerdo de Helena tratándola como a una hermana era más vívido que los sucesos previos a su muerte.
<“Mamá, Arianna no hizo eso. Yo le dije que lo hiciera.”>
<“Arianna, oí a las criadas hablar, y decían que Victoria era la más guapa de todas. Para mí, tú eres más guapa, pero nadie más lo ve.”>
Arianna cerró los ojos lentamente.
‘El corazón humano es tan frágil.’
Helena contribuyó a la muerte de Arianna. No mostró ni una pizca de tristeza ni arrepentimiento cuando Arianna murió.
‘Pero todo eso es de una vida pasada0’.
Aún no ha sucedido.
Nunca consideró la posibilidad de que a quienes odiaba se arrepintieran de sus actos antes de pagar las consecuencias. Por lo que ella sabía, se consideraban demasiado nobles como para arrepentirse de sus decisiones.
Pero Helena se arrepintió. Pidió perdón. Y antes de poder pagar el precio, eligió la muerte.
Arianna suspiró profundamente.
‘No deberías morir tan fácilmente, Helena. Deberías morir con arrepentimiento y desesperación ante mí. Tal como yo morí ante ti.’
***
Helena abrió los ojos y se dio cuenta de que no estaba muerta.
Un techo desconocido apareció ante su vista. Un aroma desconocido, una luz solar desconocida, una habitación desconocida, la sensación de una manta desconocida.
Con esas cosas, Helena adivinó lo que le había sucedido.
Luigi, la criada que notó el despertar tardío de Helena, habló en voz baja.
“Su Alteza el Gran Señor del Oeste me ha ordenado no revelar a nadie la condición de la joven. La ha enviado a la mansión del Vizconde sin boda, alegando que ha deshonrado a la casa Ducal de Bronte. Ahora, la joven…” (Luigi)
A Luigi, quien había apoyado a Helena durante mucho tiempo, se le llenaron los ojos de lágrimas.
“Es la Vizcondesa Albrecht.” (Luigi)
Helena rió entre dientes.
“Sí, Vizcondesa Albrecht. Me he convertido en la Vizcondesa Albrecht.”
Helena tuvo un sueño.
Aunque no llegaba a ser consorte del Gran Señor del Norte, soñaba con conocer a un gran hombre, enamorarse y tener una boda maravillosa.
El sueño, que ni siquiera podía ser una fantasía, se desvaneció mientras Helena luchaba entre la vida y la muerte.
“Lo siento, señorita. Era algo que no podía evitar. No había nada que pudiera hacer.” (Luigi)
“Fue decisión de mi abuelo, ¿qué se le va a hacer? Ni siquiera mi madre pudo evitarlo.”
Habló con autocrítica y miró por la ventana.
El cielo nublado parecía a punto de llover.
“Señorita. La anciana y la hermana menor del Vizconde parecen tener personalidades extrañas. Debería tener cuidado.” (Luigi)
El consejo de Luigi era acertado, después de todo. Helena planeaba morir de nuevo una vez que el veneno estuviera listo. No tenía intención de dejarse manipular por ellas.
‘Si mi madre no podía escapar conmigo, puedo huir, aunque sea sola. A un lugar donde nadie pueda atraparme.’
¿Se arrepentirían el Gran Señor del Oeste y sus padres? ¿Sentiría lástima Victoria?
Mientras pensaba en eso, Luigi dijo:
“Ah, es verdad, señorita. Que… Arianna le envió una carta.” (Luigi)
Helena abrió mucho los ojos y miró a Luigi.
“¿Arianna?”
“Sí, aquí…” (Luigi)
Luigi sacó una carta del bolsillo de su falda y se la tendió.
Helena aceptó la carta con manos temblorosas, ella no imaginaba que Arianna respondería.
¿Qué diría?
No serían buenas noticias. Sin duda, sería una mezcla de resentimiento y maldiciones. Porque se lo merecía.
Pero aun así, debía leerla. Ya que había acorralado a Arianna, debía leer su maldición con sus propios ojos, guardarla en su corazón y luego abandonar ese mundo.
Pero el contenido de la carta era completamente diferente de lo que Helena esperaba.
[‘Vive, Helena.
Nadie comprenderá tus verdaderos sentimientos si mueres.
Ni siquiera yo conozco tus verdaderos sentimientos.’]
Helena apretó la carta con fuerza entre sus manos.
Las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos cayeron gota a gota sobre la carta.
Si alguien más viera eso, podría interpretarlo como una maldición. Pero a Helena no le pareció así.
‘Sabes cómo me siento, ¿verdad? Eres la única que me entiende, aunque te haya atormentado tanto.’
Se sintió perdonada.
Quizás no sea un verdadero perdón, pero si lo intenta, tal vez algún día puedan construir una buena relación.
Sería una vida terrible, pero ella decidió vivirla.
“Arianna, se escapó al territorio Este con su padre, ¿por qué le está enviando cartas ahora? ¿La está felicitando por tu matrimonio con el Vizconde Albrecht?” (Luigi)
Ante las palabras pícaras de Luigi, Helena dijo:
“No hables así de Arianna, Luigi.”
“¿Eh?” (Luigi)
Helena dijo, escondiendo el rostro en la carta.
“Esa niña es mi hermana menor.”
***
Victoria soltó una risita al enterarse de que Helena había despertado.
“El Duque y la Duquesa partieron hacia la mansión Albrecht en cuanto se enteraron. ¿Irá usted también a visitarla?” (Criada)
Victoria negó con la cabeza ante las palabras de la criada.
“No, van a pasarlo bien en familia, así que no es necesario que vaya.”
Sus padres, a quienes siempre había admirado, no lograron proteger a Helena del Gran Señor del Oeste. Menos mal que se había llevado bien con él de antemano.
“Es obvio por qué mis padres visitan personalmente a la familia Albrecht. Con una familia tan poderosa, seguramente quieren evitar que siquiera piensen en hacerle daño a mi hermana.”
“Es cierto. He oído que la anciana y la hermana menor tienen personalidades peculiares. Solían hacer negocios con soldados, así que son increíblemente descaradas y vulgares.” (Criada)
“Sí, bueno, es una lástima para Helena. Quería casarse con un hombre guapo, pero nunca tuvo una relación seria.”
Aunque la influencia del Duque y la Duquesa de Bronte impidiera que la familia Albrecht tratara a Helena con rudeza, la situación seguiría siendo un infierno para ella. El Vizconde Albrecht, a quien Victoria vislumbró brevemente, era un hombre de rasgos verdaderamente horribles, con un rostro semejante al de un sapo.
Victoria no podía evitar reírse cada vez que pensaba en el Vizconde Albrecht. Era una burla dirigida más a su madre que a Helena.
‘Mira, madre. La hija que tanto amabas ha caído en ese estado. Ni siquiera tuviste fuerzas para protegerla.’
Aunque el incidente del perfume había causado mucha conmoción, la situación pronto se resolverá gracias al poder económico de la familia Albrecht.
‘Entonces, ¿qué queda…?’
Ahora solo faltaba que Harold, el tercer Príncipe, se convirtiera en Príncipe Heredero.
‘Espero que ese día llegue pronto.’
¿Qué caras pondrán Helena y Arianna cuando llegue ese día?
Victoria estaba impaciente por averiguarlo.
Nameless: Nos quedamos aquí, nos vemos la siguiente semana.
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