CCEPMD – 37

Capítulo 37: Viejos amigos

 

Tras una breve presentación, Li Chengyi salió del salón para que Wen Zhi y Jiang Lingyi se quedaran solos.

Jiang Lingyi no había tenido mucha interacción con Wen Zhi desde el principio, y después de cinco años sin verse, lo encontraba cada vez más incomprensible. Quiso hacer una profunda reverencia en señal de agradecimiento, pero Wen Zhi preparó té con calma y dijo con indiferencia: “Señorita Jiang, no hay necesidad de agradecimiento. Hice que el Príncipe Chen la salvara por una razón.”

Su franqueza incomodó a Jiang Lingyi, quien se sentía incómoda con las formalidades. Tragó saliva con dificultad y preguntó: “¿Qué… qué desea preguntar Su Excelencia?”

Wen Zhi le acercó una taza de té celadón a Jiang Lingyi, indicándole que se sentara, antes de alzar la vista y decir: “Quiero preguntarle algo sobre alguien.”

Jiang Lingyi, por supuesto, entendía a quién se refería.

Según Ming Wan, había estado prisionera en la mansión de Wen Zhi durante medio año, dejando una profunda herida difícil de sanar; además de la muerte de su padre y la pérdida de la última esperanza de Wen Zhi en sus piernas… En ese estado de angustia, Ming Wan abandonó Chang’an en un arrebato de ira para aislarse del mundo. Antes de irse, Wen Zhi albergaba un profundo odio hacia ella, jurando capturarla y asegurarse de que jamás encontrara la paz en su vida.

Jiang Lingyi no estaba segura de si los sentimientos de Wen Zhi hacia Ming Wan eran resentimiento u odio, y no se atrevió a responder fácilmente. Sin embargo, no era buena mintiendo, y sus pensamientos se reflejaban en su rostro.

Un atisbo de expectación contenida brilló en los ojos de Wen Zhi, apretó y aflojó los dedos en su manga y dijo con voz grave: “Si es inconveniente hablar de los detalles, mejor no lo haga. Señorita Jiang, solo dígame si sigue viva.”

Su mirada era extremadamente opresiva, profunda e insondable, como un océano negro, como si ningún secreto pudiera ocultarse de sus ojos. Jiang Lingyi dudó un buen rato antes de decir en voz baja: “Ella está bien.”

Jiang Lingyi observó atentamente la expresión de Wen Zhi, pero no vio ni el esperado estallido de emoción ni el odio silencioso.

Wen Zhi permaneció tan inmóvil como una escultura de piedra perfecta; solo sus pestañas temblaron ligeramente al oír esas tres palabras. Luego, apoyándose en la mesa, se levantó muy despacio y dijo con voz ronca: “Entiendo.”

Su voz forzada parecía transmitir alivio, pero también sonaba como si estuviera reprimiendo demasiadas emociones que no podían ser expresadas.

Por alguna razón, Jiang Lingyi sintió de repente una punzada en el corazón y se puso de pie, diciendo: “¡Señor Wen!”

Wen Zhi se detuvo en seco, sin darse la vuelta.

Jiang Lingyi le preguntó: “He oído que el señor se va a casar con la nieta legítima del duque de Poyang. Si ese es el caso, ¿qué sentido tiene saber dónde está Ming Wan?”

Wen Zhi giró ligeramente la cabeza, su perfil brillando con una mirada fría, y dijo: “Creo que la señorita Jiang ha malinterpretado algo, mi esposa siempre ha sido Ming Wan. Siempre ha sido así en el pasado, y siempre lo será en el futuro.”

El corazón de Jiang Lingyi volvió a la normalidad. Ella conocía bien los métodos de Li Xu y tras sopesar sus opciones, finalmente dijo: “La protegerá bien, ¿verdad?”

 


 

Diciembre en Hangzhou era una época en la que la lluvia invernal caía incesantemente, húmeda y fría.

Al enterarse de que Ming Wan buscaba un nuevo lugar donde vivir, Zhang ZhiBai quedó completamente desconcertado. Acercó una silla de bambú, se recostó en ella, apoyó los brazos sobre el respaldo y comenzó a coger saltamontes, murmurando: “¿Otra mudanza? ¿Acaso esta casa de bambú no estaba bien?”

Jiang Lingyi llevaba medio año sin dar señales de vida, Ming Wan temía que Li Xu la hubiera atrapado y a través de las cartas, pudiera haber revelado su dirección en Hangzhou.

Si fuera hace unos años, Ming Wan no le habría temido a Li Xu, pero ahora tenía a su hija pequeña, Ming Hanyu, a su lado, por lo que no podía permitir que la niña se viera implicada. Tras pensarlo detenidamente, decidió buscar temporalmente un lugar más seguro donde vivir y luego preguntar poco a poco por el paradero de Jiang Lingyi a médicos itinerantes.

“Oiga, doctora Zhang, no se esconde de algún enemigo, ¿verdad?” – Bromeó Zhang ZhiBai, lanzando con displicencia el saltamontes frente a Ming Hanyu, provocándola deliberadamente para que extendiera sus brazos, como raíces de loto, para atraparlo.

Ming Wan estaba sentada en los escalones moliendo hierbas, pensando un momento antes de decir: “Supongo que sí.”

Zhang ZhiBai se mostró interesado: “¿Quién es tu enemigo? Dime, y este joven héroe se encargará de él.”

En verdad, ‘cuando se es joven, no se conoce el sabor de la melancolía *’, rió Ming Wan. – “No es necesario. ¿Dónde te lastimaste hoy? Ya casi termina el año, ¿no vas a volver a casa para Año Nuevo?”

(N/T: * «年少不知愁滋味» es un famoso verso de un poema clásico chino escrito por Xin Qiji (辛弃疾) durante la dinastía Song. Su traducción literal es: «Cuando se es joven, no se conoce el sabor de la melancolía» (o de la tristeza/preocupación). Esta frase se utiliza para describir la inocencia, ingenuidad y falta de experiencia de la juventud. Se refiere a esa etapa de la vida en la que las personas aún no han enfrentado los verdaderos golpes, dificultades o responsabilidades del mundo adulto.)

Zhang ZhiBai dijo: “No estoy lastimado, vine a ver a la pequeña Hanyu. Hay una reunión de caballeros en el lago Taihu dentro de unos días; volveré a Chang’an después de divertirme un poco.”

Ming Hanyu, incapaz de atrapar el saltamontes con la mano, hizo un puchero y dijo enfadada: “¡Bai Bai, hombre malvado!”

Era la primera vez que Ming Wan oía a Zhang ZhiBai mencionar la residencia de su familia. Ming Wan disminuyó la velocidad con la que molía la medicina, sorprendida, y preguntó: “¿Eres de Chang’an?

“Soy originario de Hangzhou, mi padre es funcionario en la capital. Él insistía en que presentara los exámenes imperiales, pero yo no quería, así que me escapé.” – Mientras hablaba, Zhang ZhiBai le metió un saltamontes en la mano a Ming Hanyu, entrecerrando sus ojos color melocotón mientras sonreía. – “Algún día quiero tener una hija tan encantadora como Hanyu.”

Ming Hanyu se dio cuenta de que la habían engañado, tiró el saltamontes a un lado y corrió detrás de Ming Wan para esconderse.

Aprovechando la distracción de Zhang ZhiBai, la niña se puso de puntillas y susurró muy suavemente: “Mamá… Bai Bai dijo que su familia son funcionarios en la capital, entonces. ¿él es mi padre?”

Ming Wan casi se atragantó con una ráfaga de viento frío.

Ming Hanyu incluso recuerda la historia que había inventado.

Zhang ZhiBai, con su excelente sentido del oído, soltó una carcajada al oírla, burlándose de ella a propósito: “¡Así es, soy tu padre! Hija obediente, llámame papá.”

Zhang ZhiBai era despreocupado y hablaba a menudo sin pensar, Ming Wan, preocupada de que la pequeña Hanyu se lo tomara en serio, frunció el ceño y dijo: “¡Todavía no te he hecho pagar por enseñarle a llamar a cualquiera ‘madre’, y ya estás diciendo tonterías otra vez!” – Luego, tocando el cabello de Ming Hanyu, recogido en dos moños, explicó. – “No puedes decir padre a cualquiera, así como así, ¿sabes? El padre de la pequeña Hanyu es mucho más guapo que ZhiBai.”

Ming Hanyu parpadeó, preguntando con curiosidad: “¿Qué tan guapo?”

“Mmm, probablemente como en el retrato: cejas largas y oscuras, ojos hermosos, nariz recta, no sonríe mucho, parece un poco frío, le gusta vestir de colores oscuros…”

Ming Wan hizo una pausa, dándose cuenta de que estaba describiendo la apariencia de Wen Zhi.

Zhang ZhiBai, reclinado en su silla, se rió de ella: “La habilidad de la doctora Zhang para decir tonterías no es inferior a la mía. ¿Hay algún hombre en el mundo más guapo que yo? No lo creo.”

Ming Wan salió de su ensimismamiento, sonriendo mientras acariciaba suavemente la mejilla de Xiao Hanyu, y luego siguió con lo suyo.

Ming Wan trabajaba ocasionalmente en la Clínica Wanrentang atendiendo pacientes para complementar sus ingresos, yendo solo los días 3, 7 y 9 de cada mes.

En los fríos días de invierno, muchos sufrían de frío, y cuando estaba ocupada, a menudo no podía cuidar de Ming Hanyu, así que la llevaba consigo a Wanrentang. Un día, después de un largo día, al terminar su jornada laboral, Ming Wan preparaba su botiquín y llamó a Ming Hanyu para que volvieran a casa, pero no obtuvo respuesta.

Curiosa, Ming Wan salió con su botiquín y vio a Ming Hanyu vestida con un abrigo de invierno brillante, sosteniendo un sonajero de mano, mirando fijamente la bulliciosa calle.

“¿Qué miras? Te has quedado embobada.” – Ming Wan se inclinó y le dio un suave golpecito en la punta de la nariz a Ming Hanyu.

“¡Mamá!” – Ming Hanyu agarró la mano de Ming Wan, con los ojos brillantes, y exclamó emocionada. – “¡Mamá, acabo de ver a papá!”

Ming Wan se sorprendió, luego rió entre dientes, fingiendo seriedad: “Una niña que miente no es una buena niña.”

Nadie conocía mejor el origen de Ming Hanyu que ella; ¿cómo era posible que hubiera visto a su padre en Hangzhou?

“¡Es verdad!” – Ming Hanyu asintió con sinceridad. Al ver la incredulidad en los ojos de Ming Wan, la niña se puso ansiosa, la tomó de la mano y la condujo a la calle, señalando la intersección que tenía delante, diciendo: “Cejas largas, ojos hermosos, una nariz muy recta, y no sonríe mucho, viste ropa de color oscuro… ¡tal como lo describió mamá!… Me habló y luego se fue.”

La historia de Xiao Hanyu era tan detallada que Ming Wan pensó: ‘¿Podría ser un traficante de niños?’

Parecía que era hora de que la niña esté más alerta. ¿Cómo se atreve a hablar sin cuidado con desconocidos en la calle?

“¿Y qué le dijo la pequeña Hanyu?” – Preguntó Ming Wan con seriedad.

“Me miró fijamente durante un buen rato, con una expresión muy extraña. Le pregunté si quería atención médica y me dijo que no.” – La voz de Ming Hanyu, de cuatro años, era suave y dulce, podía repetir exactamente lo que había sucedido hace un momento y con voz infantil, dijo: “Le pregunté, ¿por qué me mira así? y él me respondió con otra pregunta: ‘¿Quién es tu madre?’ Yo también le pregunté: ‘¿Eres un alto funcionario de la capital?’ Y me dijo que sí… y entonces, cuando madre me llamó, esa persona desapareció.”

El corazón de Ming Wan dio un vuelco.

Una extraña sensación le invadió el corazón, pero no se atrevió a creer que su intuición fuera real, y sus pensamientos se desordenaron momentáneamente. Quizás dándose cuenta de que estaba demasiado nerviosa, rió suavemente, esforzándose por mantener la calma, y ​​dijo: “De ahora en adelante, no puedes hablar con desconocidos. Ten cuidado de que no te secuestren, ¿entendido?”

Ming Hanyu bajó la cabeza con aire sombrío, mirando el sonajero que tenía en la mano, y dijo con desánimo: “Pero Yu’er siente que se parece a padre, no a una mala persona.”

Ming Wan no supo explicarse, miró fijamente en la dirección que Ming Hanyu señalaba durante un buen rato antes de decir: “Deja de pensar tonterías. Vámonos a casa, ¿de acuerdo?”

“De acuerdo.” – Aunque a regañadientes, Ming Hanyu asintió obedientemente y tomó la mano de Ming Wan.

Los últimos días habían estado nublados y lluviosos. Después de acostar a la pequeña Hanyu para que tomara una siesta, Ming Wan se quedó sola a su cabaña de bambú a dibujar ilustraciones de hierbas.

Quizás debido a su estado de distracción, dibujó más de una docena de copias de especímenes de hierbas secas, pero ninguna capturó la esencia. Las ilustraciones de hierbas eran de vital importancia para las futuras generaciones de medicina; incluso un leve error al dibujar las raíces, los tallos y las hojas podía costar vidas. Ming Wan no se atrevía a relajarse ni un instante, pero, por desgracia, sus habilidades para dibujar eran realmente mediocres, y cuanto más ansiosa se ponía, peor dibujaba.

Desanimada, Ming Wan arrugó el papel y se frotó las yemas de los dedos entumecidos.

Justo cuando estaba absorta en sus pensamientos, vio de repente una figura moviéndose en el patio.

Ming Wan, pensando que Zhang ZhiBai había vuelto a recoger la medicina para sus heridas, se levantó, descorrió la cortina y salió, gritando: “Zhang ZhiBai, ¿no la preparé para ti anteayer…?”

Su voz se detuvo abruptamente.

Una lluvia fría repiqueteaba en el patio, goteando agua de las hojas de bambú. Cuatro hombres vestidos de negro, con pañuelos triangulares en la cabeza y empuñando espadas largas, permanecían en el patio, con la mirada fría fija en Ming Wan como una manada de lobos.

Uno de ellos se acercó y dijo: “Mi señor desea hablar con la señorita Ming. Por favor, coopere.”

Las gotas de lluvia de las hojas de bambú caían sobre la hoja de las espadas, creando un brillo helado escalofriante. Eran hombres con malas intenciones; ¿cómo podría Ming Wan cooperar obedientemente?

Ella retrocedió, con la espalda pegada a la puerta de bambú, recordando de repente a Hanyu durmiendo plácidamente en la cabaña de bambú… La niña solo tenía cuatro años; ¡no podía caer en manos de esos villanos!

Debía distraerlos.

Justo cuando sus pensamientos estaban revueltos, se oyó el sonido de cascos de caballo, y luego, una espada larga atravesó la madera, clavándose en la espalda del asesino más cercano a Ming Wan.

Los otros tres asesinos, sobresaltados, desenvainaron sus espadas y cambiaron de posición. Varias figuras emergieron del bosquecillo de bambú, saltando con gracia de sus caballos y aterrizando con firmeza en el patio, enfrentándose a los asesinos.

Ming Hanyu se despertó sobresaltada por el alboroto y sin siquiera ponerse los zapatos, salió, se frotó los ojos y sollozó: “Madre…”

Ming Wan se sobresaltó y rápidamente alzó a Hanyu en brazos, tapándole los ojos y diciéndole con dulzura: “Hanyu, pórtate bien, no mires.”

Ming Hanyu probablemente intuía que algo terrible había ocurrido, las lágrimas empaparon rápidamente las palmas de las manos de Ming Wan, pero apretó los labios, esforzándose por no gritar en voz alta.

Los tres asesinos restantes fueron rápidamente neutralizados por los ‘refuerzos’ que emergieron del bosque de bambú. Aunque Ming Wan aún estaba conmocionada, supo que quienes la habían rescatado no eran malas personas.

El líder de los espadachines desarmó rápidamente a los asesinos, los ató con gruesas cuerdas y les indicó a sus hombres: “Llévenselos, no asusten a la niña.”

La voz le resultaba extremadamente familiar.

Ming Wan, con su hija en brazos, observó atentamente al joven espadachín durante un buen rato antes de preguntar con cautela: “¿Ustedes… fueron enviados por Zhang ZhiBai?”

“¿Quién es Zhang ZhiBai?” – El joven espadachín tenía un rostro muy blanco y apuesto, casi como el de un adolescente. Luego, parpadeó y le sonrió a Ming Wan: “¿Ya no me reconoces, cuñada?”

Al ver la expresión de desconcierto de Ming Wan, el joven espadachín envainó su espada, se cubrió el rostro con la mano, dejando al descubierto solo sus labios ligeramente curvados y su barbilla limpia, y dijo: “¿Qué te parece así? ¿Me recuerdas ahora?”

Era aquel chico que siempre llevaba la máscara de demonio verde… Los recuerdos y la realidad se entrelazaron, dejando a Ming Wan en blanco por un instante.

Ella abrió ligeramente los ojos, conteniendo la respiración, y dijo: “… ¿Xiao Hua?”

‘¿Cómo llegó Xiao Hua hasta aquí? ¿Cómo supo que estaba en peligro?’

‘Un momento, Xiao Hua es el guardaespaldas personal de Wen Zhi. Si él está aquí, ¿significa que Wen Zhi también está cerca?’

Pensando eso, ella contuvo los latidos acelerados de su corazón y levantó la vista hacia la puerta.

En el umbral de la puerta, una figura de largo cabello negro como la tinta, con un paraguas colgando a la altura de la cintura, permanecía de pie con las manos a la espalda bajo la fría lluvia, como una espada afilada.

 

Anterior Novelas Menú Siguiente

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio