- Uno, dos, tres, cuatro (2)
La niña escuálida, cuyo rostro era la única parte de su cuerpo que parecía tener algo de peso, se removía inquieta.
—¡Mis hermanas se pelaron todas!
La niña se vio invadida por el miedo, como si el mundo se estuviera acabando, y perdió la compostura.
—¡Me cae que me tardé un chingo en volver y por eso se salieron! ¡Hay que ir a buscarlas hecho la raya!
Uno intentó salir corriendo de la tienda, pero Serena se lo impidió.
—¡Déjame pasar!
—Tranquilízate y cuéntame sobre tus hermanas. Cuanto más detalles, mejor.
—¿Eh?
Uno miró fijamente a la princesa con ojos llenos de incredulidad y sospecha.
—Solo confía en la Princesa. Si confías en ella, aparecerá pan, aparecerán sandías y aparecerán aguas termales~
—¡Rápido, cuéntale a la princesa sobre tus hermanas!
Los gritos de la guía y del caballero no hicieron sino intensificar la incredulidad y la sospecha en los ojos marrones de Uno. Serena comprendió sus sentimientos.
‘Debo parecerle una lunática, y ahora hay gente que me incita.’
—Si confías en la Princesa, ¡hasta aparecerán inodoros! ¡Y camas~!
Sobre todo Olive. Solo decía la verdad, pero la credibilidad del grupo se desplomaba con cada palabra.
—¡Aunque a usted le parezca pura vacilada, estas son mis’manitas adoradas! ¡Así que quítese del camino!
Finalmente, a Uno se le llenaron los ojos de lágrimas y apartó a Serena. La princesa, con generosidad, perdonó a la niña y la volvió a bloquear.
—No estoy bromeando. Hablo en serio. Cuéntame sobre tus hermanas. ¿Cuántas tienes y cómo son? Todo.
El rostro de la princesa era serio, así que tal vez no era una broma después de todo. Uno vaciló, sin decir nada con facilidad.
¿Debía empujar a la princesa y salir, o confiar en ella solo por esta vez y hablar de sus hermanas? Al concluir que de todos modos necesitaría la ayuda de la princesa para salir del laberinto, Uno habló rápidamente.
—Dos viste piel de oso.
—¿Piel de oso?
Serena cuestionó la repentina mención de una piel de oso, pero Uno ignoró la pregunta de la princesa, tal vez porque no quería perder el tiempo hablando.
—Tres se encarga de bailar y canturrear. La verdad no da una, pero está bien agraciada la condenada, así que a todo el mundo le agrada.
Solo quedaba una hermana.
—Cuatro es la más chiquilla de todas, pero salió bien avispada.
Uno terminó de describir a sus hermanas menores.
‘La parte de la piel de oso ya era bastante inusual, pero las descripciones de Tres y Cuatro son un poco escasas.’
—Las descripciones de Tres y Cuatro son insuficientes.
El rostro de Uno se contrajo, aparentemente incapaz de mantener la compostura. La mirada que dirigió a Serena se volvió cada vez más feroz.
—Tres se da muy bien con los animales. Los perros y gatos la siguen como si nada, y cuando a Dos se le sube la mostaza, Tres luego luego la aplaca. Pero Cuatro está re fea. Los huercos se ponen a chillar de puro verla.
—¿Qué edad tienen tus hermanas?
—No sé.
La información era insuficiente, pero la mirada de Uno se volvía cada vez más feroz, así que preguntar más probablemente sería inútil. Serena desistió de pedir más detalles y tomó la mano de la chica.
—¿Quieres ver a tus hermanas?
—¿Eh? ¡Por supuesto que sí!
—Entonces desea fervientemente encontrarlas.
—¿A qué carambas se refiere con eso de ‘deseo’?
—Piensa en el deseo de ver a tus hermanas.
Serena enderezó su postura, alzó la cabeza y declaró con arrogante solemnidad.
—El dios del laberinto concederá tu deseo.
Clic. Clic. Clic.
La princesa cerró su ojo derecho, abrió su ojo izquierdo, que estaba cubierto por el parche, y pulsó el botón de pulleo tres veces.
Dado que la información era insuficiente, el deseo sincero de Uno determinaría el resultado del sorteo gacha.
Serena hizo una pausa deliberada antes de abrir el ojo derecho y, una vez más, habló solemnemente.
—Ahora abre la puerta de nuevo. Si de verdad lo deseaste con sinceridad, podrás reunirte con tus hermanas.
Serena soltó la mano de Uno, que había estado sujetando con fuerza. La chica no hizo ningún esfuerzo por disimular su mirada de ‘¿estás loca?’, y luego murmuró maldiciones entre dientes mientras abría la puerta.
—¡Graaaaa!
Un oso gigantesco irrumpió, blandiendo sus patas delanteras. Serena, que estaba cerca de la puerta, apenas logró escapar la pata del oso. Si Olive no hubiera reaccionado con rapidez y la hubiera jalado, le habrían arrancado media cara o le habrían separado la cabeza del cuerpo.
—¡Graaaaar!
—¡Increíble! ¿Salió un oso? ¡Hace un momento no había nada!
—¡Soy yo, Uno! ¡Basta!
A diferencia de Serena, que no reaccionó a tiempo, Uno, que abrió la puerta, esquivó hábilmente el ataque del oso. Cuando Ralph le gritó que se pusiera detrás de él, la niña avanzó en lugar de retroceder, hacia el oso.
—¡Soy yo! ¡Uno!
—¡Grrraaaaah!
El oso negro, tan enorme que tuvo que agacharse para salir por la puerta, balanceó amenazadoramente sus patas delanteras, que mostraban garras horribles. Uno continuó hablándole.
—¡Soy yo! ¡Soy Uno! ¡Vine acompañada con este caballero!
—¡Mentiras! Si de verdad fueras Uno-Unnie, ¿por qué no usaste la señal? ¡Dos-Unnie, mételes la pata!
El oso aulló con fuerza en respuesta a la débil voz que se oía desde el interior de la habitación.
—¡Grrrr!
A Serena se le heló la sangre al ver cómo los dientes, las encías y la saliva pegajosa y goteante del oso fluían justo delante de ella.
—¡¿Qué, acaso están tatemaos de los ojos?! ¡Si soy yo! ¡La señal esa era nomás por si no me alcanzaban a divisar la cara!
Como si leyera la sinceridad en la voz desesperada de Uno, la frágil voz que provenía del interior respondió.
—¿En serio?
—¡Es cierto!
—¿Y si estás mintiendo?
—Me cortaré la mano.
La conversación entre ellas, con el oso de por medio, fue sorprendentemente tranquila, pero el enorme animal en sí no lo era.
Serena había visto fotografías de osos junto a personas en su vida pasada, que supuestamente mostraban el tamaño real de un oso. Pero el animal que tenía delante la princesa ahora era incluso más grande que el que había visto en su vida anterior.
Su imponente presencia rivalizaba con la de Crocodileus, el rey de las alcantarillas.
—La piel de ese oso es dura… Señorita.
Serena y sus acompañantes se preguntaban cómo lidiar con el oso cuando un látigo chasqueó detrás de él.
—¡Dos-Unnie, para! ¡No las rompas!
Los osos destrozan a la gente. Serena recordó el viejo refrán (?) y se puso tensa, pero afortunadamente, el oso se calmó después de ser golpeado con el látigo.
—¿Graaa?
El oso, que había estado de pie sobre dos patas, bloqueando la puerta con su cuerpo, apoyó las patas delanteras en el suelo. Como si olvidara la dignidad de jefe de piso que acababa de demostrar, el oso parpadeó, con una expresión tierna e inocente.
La bestia, transformada en un osito de peluche, se movió lentamente, apartándose de la puerta.
—¡Unnie!
Una pequeña figura pelirroja salió corriendo por la puerta y abrazó a Uno.
—¿Por qué llegaste tan tarde? ¡Tenía miedo, sin mentiras!
Una niña pequeña, envuelta de pies a cabeza en una capa con capucha, también salió corriendo y abrazó a Uno.
—¡Tenía miedo! Tos, tos.
—¡Lo siento! ¡Las cosas se han complicado mucho!
Uno abrazó a sus hermanas, rebosante de alegría por el reencuentro. Al grupo les tranquilizó el corazón, que se había asustado al ver al oso. Algunos observaban a las hermanas reunidas con expresiones cariñosas, mientras que otros miraban al oso con rostros desconcertados.
—¿Qué es ese oso?
—¿No es un oso amaestrado el que realiza trucos con su compañía?
—Su tamaño parece un poco… grande para eso.
‘¿Acaso el oso también fue engullido por el laberinto?’
Serena miró fijamente la nuca del oso cuando este entró en la habitación. Sus orejas redondeadas y temblorosas eran adorables, pero no se dejó engañar. Era un oso, y los osos atacan a la gente.
‘Había muchos animales viviendo en Hudgeechen. ¿Significa eso que los perros, gatos, caballos y demás animales también fueron devorados por el laberinto? Seguro que los animales no están incluidos en la selección del gacha, ¿verdad?’
De ser así, sería extremadamente problemático.
‘Puleé tres veces porque había tres hermanas. ¿Qué pasaría si en lugar de una de sus hermanas saliera un oso?’
De hecho, solo dos de los tres hermanas habían salido de la habitación y estaban abrazando a Uno.
‘Dijo que la segunda se llamaba Dos. Espera un momento…’
Serena recordó lo que la niña pelirroja, que se suponía que era Tres, había dicho al animar y luego al impedir al oso.
‘¿No le había dicho al oso ‘Dos-Unnie’?’
El ojo de la princesa se agrandó.
‘¿De verdad cree que el oso es su hermana mayor? ¿Como la gente que considera a los perros o a los gatos parte de su familia?’
Ya sería bastante sorprendente que el oso formara parte de su familia, pero Serena tuvo una revelación aparte, verdaderamente asombrosa.
—Graaa.
El oso, que había entrado en la habitación y dado la espalda, comenzó a encogerse. La princesa pensó que simplemente se estaba encorvando, pero no era eso. El tamaño del oso disminuía a un ritmo visible. Entonces, bajo el pelaje negro del oso, se reveló piel humana.
—Grrr.
El oso se dio la vuelta. Ya no era el oso amenazador, ¡sino una persona vestida con piel de oso! Su rostro estaba oculto por el pelaje, pero era innegablemente humano.
—¿Estoy viendo cosas? ¿O se trata de un fenómeno paranormal?
—¿Viste eso? ¡El oso se convirtió en persona!
—Yo también lo vi. Lo vi con mis propios ojos, pero no puedo creerlo.
Serena ocultó su sorpresa para mantener su dignidad de princesa. Pero el asombro era innegable.
Incapaz de apartar su único ojo de Dos, que se había transformado de oso en niña, la Princesa estaba segura.
‘Debió de haber ganado muchísimo dinero.’
¿Un truco en el que una persona se transforma en oso? Fue una hazaña tan increíble que inmediatamente quiso lanzarles la billetera.
* * *
Uno. Maestra en el lanzamiento de dagas. Tenía tres estrellas amarillas y una gris.
‘No puede ser una 3 estrellas solo por lanzar bien las dagas. Hay algo más.’
Dos. Una niña muy delgada. A pesar de su postura encorvada, tenía aproximadamente la misma estatura que Ralph. Vestida con un vestido holgado y cubierta con una piel de oso, su rostro estaba oculto. Era una osa de cuatro estrellas, sin estrellas grises ni vacías.
‘Porque es una osa.’
De hecho, los osos eran fuertes incluso en un laberinto.
Tres. La encargada de bailar y cantar. De vez en cuando, domesticaba animales para que hicieran trucos. Como había dicho Uno, era una chica hermosa, con el cabello rojo como una rosa y ojos azules que brillaban como estrellas.
Sin embargo, tenía una boca muy sucia. Su bonito rostro y su voz hacían que sus palabras sonaran aún más duras. Parecía tener una edad similar o incluso menor que la de Ralph, y llevaba un látigo.
Serena se sorprendió un poco al ver las estrellas de Tres.
‘Una estrella amarilla es comprensible, ¿pero dos estrellas transparentes y una gris?’
Tenía un total de 4 estrellas, pero no estaba claro qué era necesario para rellenar las dos estrellas transparentes.
‘Debería conseguirle algunas armas cuando vayamos al vestíbulo. Pero no un látigo.’
Por último, la más pequeña, Cuatro, la encargada de los trabajos ocasionales. Llevaba una capucha que le cubría el rostro y estaba envuelta en una pesada capa, lo que hacía que su ya pequeña estatura pareciera aún más diminuta.
Ella solo tenía una estrella amarilla, pero a cambio, había cuatro estrellas grises sobre su cabeza. En resumen, solo Uno y Dos podían ser de utilidad inmediata en una pelea, pero la compañía estaba llena de talentos prometedores para el futuro.
Contrariamente a lo que Serena esperaba, que era ganar mucho dinero, Uno afirmó que la transformación de Dos en oso nunca se había realizado en público.
—Dijeron que si nos daban el cantazo, nos iban a quebrar.
—¡Dijeron que nos encerrarían en la cárcel de por vida, sin mentiras!
—Dijeron que un mago malvado… Tos, nos llevaría y experimentaría con nosotros. Tos, tos.
—¡Graaa!
Las hermanas numeradas, que se habían estado abrazando y regocijando por su reencuentro, se arrodillaron ante Serena.
—¡Por favor! ¡Hágase de la vista gorda y haga como que no vio nada!
—¡Por favor! ¡Te lo suplicamos, sin mentiras!
—¡Tos! ¡Dos-Unnie es! ¡Tos! ¡Bien portada!
—¡Graaaaaa!
Serena no dijo nada, pero Ralph dio un paso al frente.
—¡No se preocupen! ¡Nuestra princesa es una persona benevolente y misericordiosa! ¡Incluso me perdonó generosamente por suplantar la identidad de un caballero!
Uno preguntó.
—¿Qué es ‘suplantar la identidad’?
—Tos. Significa. Tos. Fingir ser un caballero.
Al resolverse una cuestión, surgió otra nueva.
—¿Qué caso tiene que un verdadero caballero se ande haciendo pasar por un caballero?
Explicar eso implicaría relatar la exasperante anécdota de Hanson Hanson sobre cómo subestimó la dificultad de criar cuatrillizos. Dado que de todos modos estaban atrapadas en el laberinto, no había prisa por explicarlo, así que Serena primero tranquilizó a las hermanas.
—En Hudgee no existe ninguna ley que castigue a alguien por transformarse en oso. Su intento de atacarme fue una medida de autodefensa para protegerse en el laberinto, así que no les castigaré por ello.
Uno le preguntó a su hermana menor, que estaba envuelta en una pesada capa.
—¿Qué dijo ella?
—Tos, tos. La princesa. Tos. Dijo que lo pasaría por alto todo.
—¡Gracias!
Uno y Tres inclinaron la cabeza. Serena señaló a Cuatro, que también inclinaba la cabeza, imitando a sus hermanas mayores. Como había dicho Uno, parecía una niña inteligente, pero su tos fuerte y constante preocupaba a Serena.
—Y lo que es más importante, ¿está enferma tu hermana? Lleva tosiendo desde hace un rato.
—¿Quieres un poco de agua?
Ralph mezcló rápidamente miel con agua y se la ofreció a Cuatro.
—Tos. Gracias. Tos, tos.
Cuatro extendió una manita para tomar el agua. Ralph se sorprendió al ver la mano de la niña.
—¿Estás herida?
La pequeña mano de Cuatro estaba envuelta en vendas, pero no como una forma de expresar individualidad como la arquera. Más bien, las vendas cumplían su verdadero propósito, ya que la sangre y el pus se habían filtrado a través de ellas.
El conde Randy, que alcanzó a ver las vendas, frunció el ceño.
—La herida parece antigua. Necesitamos desinfectarla rápidamente y aplicarle una poción. Serena-nim, por favor, usa magia de purificación en ella.
—Tos, no estoy herida.
Uno y Tres dieron un paso al frente, protegiendo a su hermana menor.
—Cuatro está bien. Nosotros no podemos andar gastando en menjurjes caros ni pociones. La verdad es que estamos bien amolados y no traemos ni un quinto.
—No tienen que pagar.
Ralph, pensando que las hermanas numeradas rechazaban la poción por motivos económicos, sacó la suya propia. Uno volvió a rechazarla.
—No es eso. Cuatro está bien.
—En serio, sin mentiras.
—Tos, estoy muy bien. Tos, tos.
Al escuchar con atención, la voz de Cuatro también resultaba extraña. La voz de un niño debería ser aguda como la de Gray, pero la de Cuatro era ronca, áspera y profundamente apagada.
Si no les hubieran dicho que era la menor, podrían haberla confundido con una anciana de baja estatura. Su voz era apagada y su tos constante sugería un fuerte dolor de garganta o una enfermedad grave.
—No te muevas, no te haré daño.
—¡Estoy muy bien!
Uno y Tres demostraron su vigilancia e intentaron esconder a su hermana menor detrás de ellos, pero cuando ambos tiraron de Cuatro hacia sí, su capa se desabrochó, dejando al descubierto el rostro y el cuerpo de Cuatro, que habían estado cubiertos herméticamente.
—¡Ah!
Uno cubrió rápidamente a su hermana con la capa, pero ya era demasiado tarde. Todos los miembros del grupo, excepto la guía y la arquera, que estaban ausentes saqueando las tiendas, habían visto el cuerpo de Cuatro.
El cuerpo de la niña estaba cubierto de heridas.

