Capítulo 214 – Historia Paralela: Nuevo y Precioso (8)
Charlotte miró fijamente a las damas, quienes la miraban con desaprobación.
“Las cosas deben ser muy diferentes ahora que cuando eras Princesa. Debes estar pasándolo mal. Estoy preocupada por ti.”
“¿Cómo te encuentras? Antes debías tener gente atendiéndote a cada instante, pero ahora… Ya no es así, ¿verdad?”
“He oído que las cosas no van bien para la Casa Blenwitt. ¿Quieres que te ayude? Puedo enviarte algo de comida sobrante.”
“Es una idea genial. Te enviaré algunas baratijas que ya no uso. Deberían ser más caras que esa horquilla, al menos. Si no te gustan, siempre puedes venderlas para cubrir tus gastos.”
Charlotte aceptó con calma los ataques disfrazados de preocupación. Ya se lo esperaba desde que decidió ir a la fiesta de cumpleaños de Arianna. Arianna, la anfitriona, no podía vigilar a Charlotte todo el día, y los White no tenían obligación de protegerla.
‘Es natural que me odien.’
Kameria había despreciado al Territorio Este. Aunque ahora el Territorio Este fuera el reino de Sterra, sus nobles aún recordaban cómo había sido Kameria. Los White fueron generosos al aceptar a los descendientes de los Blenwitt, que habían sido la familia imperial de Kameria, sin ningún reparo, lo que no significaba que los demás, quienes desconfiaban de su familia e intentaban alejarlos no eran enemigos.
Podría haber dado una respuesta adecuada a todas las damas, pero su posición como Princesa de un imperio caído la hacía cautelosa y la obligaba a medir sus palabras. Si cometía un error, podría perjudicar a la familia White, que la habían acogido, por lo tanto, Charlotte dejó pasar en silencio los insultos de las jóvenes damas.
<“¿Qué sentido tiene vivir así?”>
Charlotte recordó lo que su madre, Aegis, había murmurado hacía unos días.
<“Mi marido está muerto, y nuestro imperio se ha derrumbado. ¿Qué sentido tiene aferrándome a la vida a duras penas?”>
<“Debemos seguir viviendo, madre. Mientras sigamos vivas, podemos lograr cualquier cosa.”>
Se lo había dicho a su madre en aquel entonces, pero en una situación como esta, no podía evitar tener pensamientos similares.
¿Qué sentido tenía vivir así? La gloria se había desvanecido y solo quedaba la oscuridad. ¿Qué sentido tenía transitar por ese camino? ¿Por qué se esforzaba tanto?
Normalmente, los miembros de la realeza de una nación derrotada solían ser asesinados. O bien, huían, esperando el momento oportuno y preparándose para la venganza. También podían ser tomados como rehenes y obligados a vivir recibiendo un trato peor que el un criminal de por vida.
Pero ni Russel ni Cyrus les habían hecho nada a los Blenwitt. Si lo hubieran hecho, albergaría un cuchillo clavado en su corazón y viviría llena de odio.
“Parece que se lo están pasando bien.” – Dijo una voz cantarina.
Se giró y vio a Winona y Geor allí de pie, que habían llegado sin que ella se diera cuenta. Las damas se sonrojaron y se arreglaron la ropa al ver a Geor. Una de las razones por las que habían venido a esa fiesta era para ganarse el favor del Príncipe Heredero de Sterra, que ya se había retrasado un poco en casarse.
El Príncipe Heredero provenía de una familia distinguida y tenía un aspecto atractivo, lo que lo hacía popular entre las damas. Incluso su personalidad un tanto excéntrica se consideraba ‘extraña pero encantadora’.
Geor sonrió levemente, de pie inmóvil, como si Winona lo hubiera traído solo como un adorno. Charlotte notó que Winona le daba un codazo a Geor. Él frunció el ceño, como si estuviera molesto, pero pronto sonrió y le tendió la mano a Charlotte.
“¿Me concedería el honor del primer baile, mi lady?” (Geor)
Solo entonces, Charlotte se dio cuenta de que Winona había traído a Geor para ayudarla. Reprender a las damas solo las habría vuelto más resentidas y crueles con Charlotte cuando no las estuvieran observando, así que había traído al popular Geor para que se encargara de la situación.
Las damas no la atormentarían abiertamente si se enteraran de que Charlotte y Geor eran cercanos, por temor a que ella se lo contara.
“Sí, sería maravilloso.”
No tenía motivos para rechazar el amable gesto de Winona. La Princesa del imperio caído, no estaba en posición de sentirse ofendida por Geor, quien obviamente lo hacía en contra de su voluntad.
Charlotte alzó la mano con gracia y la posó sobre la palma de Geor. Él la tomó con ligereza y se dirigió hacia el centro del salón.
Fue entonces cuando la música cambió.
La alegre música de la fiesta de cumpleaños se había convertido en un minué lento y elegante.
Geor la rodeó con el brazo por la cintura y la guió con destreza en un baile. Charlotte lo siguió sin titubear.
Podía sentir las miradas celosas que se dirigían hacia ella.
Eran las damas que la habían estado atacando antes. Charlotte se esforzó todo lo posible por ignorar sus miradas.
“No es fácil, ¿verdad?” (Geor)
Geor dijo de repente. Ella levantó la vista y se dio cuenta de que su rostro estaba demasiado cerca. Sus ojos rasgados eran de un púrpura claro con un tinte rojizo en los bordes.
Se decía a sí misma que sus ojos eran bonitos, cuando él dijo:
“Claro que es difícil. Eso es lo que significa ser el gobernante de una nación, o ser parte de su familia. Te tratan bien, pero si tu nación perece, todo se acaba y debes soportar todas las consecuencias.” (Geor)
“Aun así, agradezco poder vivir cómodamente gracias a la generosidad de todos.”
“Bien…” (Geor)
Geor levantó ligeramente la mano de Charlotte y la hizo girar. Tras dar una vuelta completa, ella volvió a mirarlo.
“Suenas igual que Arianna.” (Geor)
“¿Perdón?”
“Arianna dijo lo mismo cuando llegó al Territorio Este, se sentía fatal por dentro, pero siempre sonreía y decía que estaba agradecida de poder vivir cómodamente.” (Geor)
“Ah…”
Charlotte no tenía ni idea de cuánto tiempo le había costado a Arianna dejar a la familia Bronte y adaptarse a vivir con los White.
“Arianna siempre intentaba encontrar su lugar. Casi hasta el punto de dar lástima verla.” (Geor)
La mirada de Geor se desvió hacia algún lugar y ella siguió su mirada.
Al final de esa mirada estaba Arianna.
Ella apartaba un trozo de naranja que Cyrus intentaba meterle en la boca, como si se sintiera avergonzada.
Charlotte apartó la mirada de aquella escena encantadora, y se dio cuenta de que Geor seguía observándola.
Las pupilas, atrapadas tras los finos párpados, brillaban con tristeza. Una mirada cargada de emociones contradictorias: melancolía y alegría a la vez.
Lo supo al instante: lo que ese hombre sentía por esa mujer.
Se le encogió el corazón al darse cuenta de que acababa de descubrir algo que no tenía derecho a saber, algo que ni siquiera quería saber.
Apartó la mirada rápidamente y se quedó mirando su pecho, fingiendo no haber notado nada. De repente se preguntó si ella también miraba a Cyrus así. – ‘¿Miro a Cyrus de la misma manera? ¿Lo estoy mirando fijamente, revelando emociones tan evidentes?’
“Arianna finge ser una mujer severa, pero en el fondo es bondadosa. Así son todos en la familia White.” (Geor)
La voz de Geor la trajo de vuelta a la realidad. Geor había apartado la mirada de Arianna y ahora la miraba fijamente.
“¿No eres tú también un White?” – Preguntó ella.
Geor rió entre dientes.
“No tengo sangre White corriendo en mis venas.” (Geor)
“Pero eres amable.”
“Es porque Arianna te valora mucho.” (Geor)
El dolor que la oprimía pareció aliviarse un poco con esas palabras.
“¿De verdad?” – Preguntó ella.
“De lo contrario…” (Geor)
Él la tomó por los hombros y la giró ligeramente hacia Arianna. Ella vio que Arianna la observaba con preocupación.
Geor la hizo girar de nuevo para que lo mirara y dijo:
“No te estaría mirando así.” (Geor)
“Ya veo.”
Charlotte, en un momento dado, tras darse cuenta de lo que Cyrus sentía por Arianna, se acercó a ella y le dijo cosas hirientes. Charlotte no se disculpó después, pero Arianna seguía considerándola su amiga.
No tenía ni idea de por qué Arianna era tan amable con ella, considerando que apenas habían hablado y se conocían desde hacía muy poco tiempo.
Geor dijo: “Así que, Lady Charlotte, date un poco más de libertad. No tienes que tener miedo de lo que pensemos ni aguantar todos los insultos que te profieran. Por supuesto, no podemos permitir que cometas ningún delito, pero defiéndete si alguien te ataca.”
***
Después de que terminara el baile, Isabelle fue al sofá de la esquina y se dejó caer como si estuviera huyendo.
‘Me duelen los pies…’
A Isabelle no le gustaban las fiestas. Tener que pasar tiempo con zapatos incómodos y vestidos ajustados era un infierno.
Odiaba bailar aún más. No solo no bailaba bien, sino que simplemente no se acostumbraba a la idea de codearse con un hombre, charlar con él y coquetear.
<“Isabelle, ya tienes 24 años. Si te comportas como te da la gana y desapareces de esta fiesta, te vas a meter en un buen lío.”>
Su madre, la condesa Brianne White, llevaba una semana regañándola. Isabelle respondido que era demasiado mayor para que la regañaran, pero no podía ganarle a su madre, hija de un Margrave.
Solo después de recibir varias palmadas en la espalda, Isabelle se puso el vestido e incluso los incómodos zapatos que su madre le había preparado. Quería negarse cada vez que los jóvenes la invitaban a bailar, pero como su madre la miraba con furia, por lo que Isabelle no tuvo más remedio que bailar.
Le dolían tanto los pies de tanto bailar con esos zapatos a los que no estaba acostumbrada, que no lo soportaba. Como era la fiesta de cumpleaños de Arianna, quería quedarse hasta el final.
‘Lo siento, Arianna. Supongo que hasta aquí puedo llegar.’
Arianna bailaba con Cyrus. Ver al apuesto hombre y a la hermosa mujer bailando tan juntos era un verdadero placer. Excepto para los hombres de la familia White, que miraban a Cyrus con furia.
Aunque Arianna e Isabelle eran hijas de la misma familia White, el trato que recibían era muy diferente, pero Isabelle no sentía celos en absoluto.
Ese tipo de atención no era bienvenida en absoluto.
¿Qué tiene de malo tener citas? Arianna ya tiene veintitrés años.
Sin embargo, Isabelle también comprendía cómo ellos se sentían.
‘¡Cyrus, ese imbécil, cómo se atreve a meterse con nuestra bella Arianna!’
Le hervía la sangre al pensar que un canalla como Cyrus estuviera jugando con la encantadora Arianna, pero no podía interferir en la vida amorosa de su prima, ya que estaba en edad de casarse y salir con un hombre.
‘Así que me voy, Arianna. Te deseo lo mejor.’
Tras ese saludo silencioso, Isabelle miró a su madre y salió del pasillo cuando esta apartó la mirada brevemente.
Lo primero que hizo al salir fue quitarse los zapatos.
Sosteniendo un zapato en cada mano, Isabelle caminó a grandes zancadas por el pasillo. Las damas de compañía que la seguían intentaron detenerla, diciéndole: “Señorita, debería seguir usando los zapatos”, pero ella no les hizo caso.
‘Ah, siento que por fin puedo respirar.’
La suave alfombra del pasillo rozando sus pies descalzos era agradable.
‘Sí, la gente debería vivir así, sintiendo el suelo con los pies descalzos.’
Isabelle se negó a ponerse los zapatos ni siquiera después de salir del edificio. Caminó por el largo sendero en el centro del jardín, pisando la grava que resonaba.
“Señorita, espere un momento. Haré que le preparen el carruaje. ¿Por favor?” (Doncella)
Tenía la intención de ir a casa caminando así, pero al ver que las damas de compañía parecían muy agitadas y pataleando, decidió detenerse. Estas la agarraron de ambos brazos como si la arrestaran y la sentaron en un banco del jardín.
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