ANVC – 211 (Historia Paralela 5)

Capítulo 211 – Historia Paralela: Nuevo y Precioso (5)

 

Isabelle se acercó un paso a Geor.

“¿Por qué el amor de una persona se convierte en una traición?” (Isabelle)

“Porque Arianna es mi hermana.”

“No es tu hermana biológica.” (Isabelle)

“No compartimos la misma sangre, pero eso no significa que no sea mi hermana.”

Isabelle frunció el ceño. Miró a Geor un rato con lástima y luego dijo.

“¿Así que siempre has huido así?” (Isabelle)

“No huía. Tomaba una decisión y me esforzaba mucho.”

“¿Entonces, renunciaste a tus sentimientos después de tomar esa decisión y esforzarte tanto? ¿Acaso desaparecieron sin más?” (Isabelle)

Geor cerró los ojos con fuerza.

‘¿Desaparecieron?’

‘No, no es el caso. Lejos de desaparecer, ni siquiera se desvanecieron.’

Cada vez que veía su rostro sonriente, cada vez que ella bajaba las cejas avergonzada, cada vez que abría los ojos de par en par sorprendida, de hecho, verla a cada instante era suficiente para provocarle un impulso increíblemente poderoso.

‘Te quiero. Quiero abrazarte. Quiero besarte. Quiero decirte que te amo con toda mi alma, y ​​también quiero oír lo mismo de ti. Quiero pasar tiempo tomándote de la mano y dando paseos como si fuera lo más natural del mundo, apoyándonos el uno en el otro para compartir historias de cómo nos fue durante el día y prepararte comidas deliciosas mientras estoy contigo.’

Sus emociones estaban lejos de morir, y solo crecían gradualmente, llenado el corazón de Geor por completo.

Arianna estaba presente en su mente a cada instante, aunque sabía que otro hombre estaba presente en cada momento de Arianna.

“Hay sentimientos que no se pueden borrar, por mucho que uno rece.”

“Si todo se pudiera solucionar todo con la oración, no habría nadie con problemas en el mundo. Geor, ¿crees que podrías seguir viviendo así, ocultándolo?” (Isabelle)

“Entonces, ¿qué debo hacer?”

Los ojos de Geor se oscurecieron.

“¿Debería ir a buscar a Arianna ahora mismo y confesarle que, en realidad, yo ‘su hermano, el hijo de tu padre’ la amo, que la he amado desde siempre? Entonces Arianna se pondría nerviosa y pensará demasiado. Como es de las que siempre le dan demasiadas vueltas a las cosas, a partir de ese momento, no dejará de pensar en mí.”

Mirando fijamente a Isabelle con ojos pesados ​​y ásperos, Geor continuó hablando.

“Probablemente no tendrá tiempo para preocuparse por alguien como el Gran Señor del Norte; solo pensará en nuestra relación. Incluso si al final se casa con él sin resolver jamás sus sentimientos, recordará los míos cada vez que regrese aquí, cada vez que me vea, cada vez que piense en su padre. Entonces, ¿qué expresión pondrá Arianna? ¿Fruncirá el ceño con tristeza y suspirará? Sí, creo que eso es precisamente lo que hará.”

“Geor…” (Isabelle)

“¿Eso es realmente bueno?”

Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Geor.

“Pensar que he quedado grabado en su corazón para siempre… es perfecto. ¿De verdad debería darle gracias a Dios por eso?”

Isabelle no pudo decirle nada a Geor, que hablaba con autocrítica.

Había notado que Geor sentía algo por Arianna, pero no se había dado cuenta de que sus sentimientos fueran tan profundos. Cada palabra que pronunciaba, parecía apuñalarlo en el corazón. Geor, borrando la sonrisa de su rostro y volviendo a una expresión impasible, dijo:

“Esto es lo mejor que puedo hacer ahora mismo, Isabelle.”

La mirada de Geor ya no vacilaba.

“Este es un sentimiento que debo guardar para mí, sin dejar que nadie lo vea ni contárselo a nadie. Aunque tú ya lo sabes, claro.”

El primo de Isabelle, con quien siempre intercambiaba bromas, había estado pensando mucho más de lo que ella esperaba.

Las palabras de consuelo superficiales no servirían de nada.

Geor ladeó la cabeza y le preguntó a Isabelle, quien apretaba los labios, incapaz de encontrar las palabras adecuadas:

“¿Por qué estás callada? ¿No deberías estar consolándome, compadeciéndome, abrazándome y dándome palmaditas en la espalda? Estoy listo para apoyarme en tu hombro y llorar.”

Isabelle dijo mientras le daba un suave golpe en el hombro a Geor.

“La idea de imaginarte apoyado en mí hombre llorando me repugna más que tu amor por Arianna.” (Isabelle)

 

***

 

Fellows estaba en la oficina de Russell.

Los dos hermanos estaban sentados uno frente al otro en la mesa de conferencias con semblante serio. Pronto, Fellows habló.

“No lo creo, hermano.” (Fellows)

“Pero se veía muy desgastado…”

“Ella lo valora mucho porque fue el primer regalo que recibió de mi hermano mayor. Arianna ya tiene 23 años.” (Fellows)

“¿23 años…?”

Russell recordó cuando Arianna llegó por primera vez al Gran Ducado Este. Arianna, de dieciséis años, era tan pequeña y delgada que parecía tener solo doce o trece años.

Todavía no podía creer que Arianna, que solía ser así, hubiera crecido y ganado algo de peso, y que ya tuviera 23 años, mucho más allá de la edad de la mayoría de edad. Para Russell, Arianna seguía pareciendo el bebé diminuto que había tenido en brazos cuando nació.

Por eso preparó un osito de peluche rosa como regalo de cumpleaños este año.

Russell sabía que Arianna llevaba consigo su osito de peluche verde lima a todas partes. También había oído a las criadas decir que siempre dormía abrazada al osito.

Cuando visitó la habitación de Arianna hace un tiempo, preguntándole si necesitaba algo para su cumpleaños, vio que su osito de peluche estaba muy gastado.

<“Parece que te gusta.”>

Arianna respondió a la pregunta de Russell con una sonrisa tan bonita como una flor.

<“Es mi favorito.”> (Arianna)

Esa respuesta llenó a Russell de orgullo.

Russell regalarle lo mejor a Arianna de nuevo ese año.

El osito de peluche rosa no era un osito cualquiera. Estaba hecho con la piel de un raro conejo blanco del norte, sus ojos negros eran perlas negras y un gran rubí colgaba del centro de la cinta que llevaba alrededor del cuello.

Russell no dudaba de que a Arianna le encantaría ese osito de peluche, pero Fellows, que acababa de llegar preguntando qué había preparado para el cumpleaños de Arianna, se mostró disgustado en cuanto lo vio.

Así, dos hombres robustos de unos cincuenta años se reunieron para conversar con semblante serio por un pequeño osito de peluche.

“Arianna todavía parece una niña pequeña…”

“Claro. Para mí también, Arianna parece una bebé. Pero, hermano, no importa cómo la veamos, el hecho es que tiene 23 años. Deberíamos darle un regalo apropiado para su edad.” (Fellows)

“¿Qué preparaste?”

“En cuanto a mí, le regalaré…” (Fellows)

<¡Ding!>

Fellows dejó caer sobre la mesa la espada que había dejado junto a la silla.

Era una magnífica espada con una vaina blanca, con un tigre tallado en una gema del mismo color que el cabello de Arianna.

“Una espada. Una espada es el mejor regalo para una chica.” (Fellows)

“Eso solo funcionaría con Isabelle… No puedo dejar algo tan peligroso al lado de Arianna.”

“¡No, hermano! ¿Así que dices que está bien que nuestra Isabelle lleve algo tan peligroso? ¿No te acuerdas? ¡La espada que Isabelle lleva ahora mismo se la regalaste tú en su noveno cumpleaños!” (Fellows)

“Ah, cierto.”

“Por supuesto, nuestra Isabelle es intrépida, más fuerte que muchos hombres y tiene un carácter terrible, pero… sí, tienes razón. Una espada habría sido el regalo de cumpleaños perfecto para Isabelle.” (Fellows)

Fellows se emocionó y luego se calmó.

Russell frunció el ceño y miró fijamente el osito de peluche rosa, imaginando a Arianna sosteniéndolo en sus brazos, luego murmuró:

“¿Me pregunto qué habrá preparado ese tipo, Cyrus?”

“No sé qué es, pero debe ser algo formidable. Sabes que el año pasado, incluso en plena guerra, se aseguró de enviarle un regalo de cumpleaños a Arianna, ¿verdad?” (Fellows)

“Eso fue un golpe bajo. Aunque estábamos en el mismo campo de batalla, jamás imaginé que ese tipo haría algo tan cruel.”

“Lo sé. O sea, ¿quién se lo hubiera imaginado? Que el Gran Señor del Norte curtiera y cosiera personalmente una capa con la piel de un tigre que había cazado en plena guerra.” (Fellows)

Así fue.

El año pasado, cuando se acercaba el cumpleaños de Arianna, Cyrus, Russell y Fellows estaban luchando en el mismo campo de batalla.

Russell y Fellows no sabían que Cyrus salía a escondidas del cuartel por la noche para cazar tigres, ni que dejaba la luz de su tienda encendida para coser pieles de tigre.

Un día, al ver a uno de sus subordinados enviar un gran paquete, Russell preguntó: ‘¿Qué era eso?’ y Cyrus respondió con su habitual sonrisa elegante.

<“Por supuesto que es un regalo de cumpleaños para Arianna.”> (Cyrus)

La sorpresa que se llevó entonces fue enorme.

Cyrus recordaba perfectamente y envió un regalo por el cumpleaños de Arianna, algo que ni su padre ni su tío habían pensado debido a la guerra. Dirigiéndose a los dos hombres que se sumían en la autocrítica, que decían que no eran aptos para ser padre ni tío, Cyrus les habló con calma.

<“Es natural que no puedan superarme en amor, así que, por favor, no se aflijan demasiado. Me preocupa que perdamos la guerra si lo hacen.”> (Cyrus)

Como si recordara los sucesos de aquel día, Fellows se puso de pie de un salto y gritó:

“¡Hij0 de put4 arogante!” (Fellows)

Russell no impidió que Fellows desahogara su ira.

Esto se debía a que Russell también había pensado lo mismo.

En ese momento, la puerta de la oficina se abrió y entró Langsty.

“Fellows, tu voz resonó hasta el final del pasillo.” (Langsty)

“Hermano, ¿qué preparaste para el cumpleaños de Arianna?” (Fellows)

“¿Por qué? ¿Qué preparaste tú?” (Langsty)

La mirada de Langsty se posó en la mesa.

Langsty, tras observar el osito de peluche y la espada sobre la mesa, sonrió victorioso, como si lo supiera todo sin necesidad de respuesta.

“¿Por qué? ¿Por qué te ríes así? ¿Qué preparaste, hermano?” (Fellows)

“Claro, preparé un regalo que le gustaría a una mujer adulta de la edad de Arianna.” (Langsty)

Langsty enfatizó la frase “mujer adulta” y dejó la caja que había traído. Se preguntaban por qué había venido hoy al Castillo Chase, pero parecía que había venido a presumir del regalo que había preparado.

Fellows miró la caja con expresión hosca, mientras que Russell parecía nervioso.

Langsty abrió la caja con aire de suficiencia.

Dentro de la caja había una pulsera. Era una pulsera elaborada con gran detalle, y Russell comprendió su verdadera naturaleza en cuanto la vio.

“¿No es… una pulsera envenenada?”

“Oh, como era de esperar, hermano, sabía que la reconocerías. Normalmente, es solo una pulsera bonita, pero si aprietas este botón en caso de emergencia, sale disparada una aguja envenenada. La toxicidad es tan fuerte que, a menos que sea un elefante, cualquiera caería muerto al instante.” (Langsty)

“No puedo dejar que Arianna use algo tan peligroso. ¿Y si se lastima por un error?” – Dijo Russel

“Tienes razón, hermano. ¿Qué diferencia hay entre ese regalo y mi espada?” (Fellows)

“Cierto, si le pusiera un dispositivo de aguja envenenada al osito de peluche, ¡sería lo mismo que el brazalete!”

“No, hermano. Aun así, un osito de peluche es demasiado.” (Langsty)

Los tres hermanos pasaron un rato criticando los regalos de los demás.

Finalmente, Langsty suspiró y habló.

“Todo esto es culpa de Isabelle, Fellows.” (Langsty)

“¡Por qué es culpa de mi hija!” (Fellows)

“Isabelle era la única niña que teníamos, ¿sabes? Se enfadaba muchísimo cuando le regalamos un osito de peluche o un vestido y solo sonreía radiantemente cuando le dábamos una espada o un arma arrojadiza, así que solo se me ocurren cosas como estas.” (Langsty)

“Supongo que tienes razón. Se parece a mí, así que es muy buena para manejar crisis.” (Fellows)

Mientras Fellows sonreía satisfecho, Russell dijo:

“Oí decir que Cyrus llegó aquí tirando de un enorme carruaje.”

“¿Un enorme carruaje?” (Fellows)

“Oí que los caballeros lo custodiaban tan bien que era imposible mirar dentro. Sospecho que el regalo de Arianna podría estar ahí…”

“Bueno… que sea grande no significa que sea bueno, ¿no?” (Fellows)

En contra de sus palabras, Fellows bajó la mirada hacia la espada que había preparado. Con los ojos llenos de preocupación.

‘Cyrus, ¿qué habrá tramado esa malvada criatura?’ (Fellows)

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