La brisa de la tarde era fresca. Aunque Wen Ke’an ya no vivía en la residencia estudiantil, debía regresar a casa a cierta hora para no preocupar a sus padres. Sabedor de esto, Gu Ting tomó la iniciativa de acompañarla.
—Esa chica no tiene buenas intenciones, ¿por qué aceptaste? —preguntó Gu Ting de pronto en el camino.
Wen Ke’an se quedó desconcertada un instante, pero en seguida comprendió que se refería a Wen Xing’er. Conocía bien la mala fe de su prima, pero guardaba sus propias razones para haber cedido.
—Mi cuerpo ya se encuentra bien —dijo en voz baja, clavando la mirada en él.
Bajo la luz del atardecer, su cabello destilaba un suave resplandor dorado. Los ojos de Wen Ke’an se curvaron en una dulce sonrisa.
—Quiero bailar para ti —susurró.
En su vida pasada, su pierna lisiada le impidió regalarle una danza perfecta, una espina que siempre llevó clavada en el corazón. Ahora su cuerpo estaba sano y aún tenía la oportunidad de ofrecerle un baile hermoso al hombre que amaba.
Gu Ting la contempló con un destello de calidez en la mirada.
—De acuerdo, esperaré.
***
Al día siguiente, tras finalizar las clases, Wen Ke’an volvió a encontrarse con Wen Xing’er en la salida. Apenas la vio, su prima agitó la mano con entusiasmo:
—¡Prima! ¡Prima, por aquí!
—¿Quién es esa? —preguntó Jin Ming, que caminaba a su lado, frunciendo el ceño al reparar en el recargado maquillaje de la recién llegada. Por puro instinto, sujetó a Wen Ke’an de la muñeca para evitar que se aproximara.
—Tranquila, es mi prima —le explicó Wen Ke’an en voz baja.
—¿Tu prima? —Jin Ming soltó su muñeca, aún incrédula—. ¿Por qué tiene pinta de maleante?
Apenas terminó de protestar, Wen Xing’er ya estaba frente a ellas.
—Prima, ¿tienes planes? ¿Puedes venir conmigo de una vez? Necesitamos preparar algunas cosas con tiempo.
Wen Ke’an ya le había avisado a sus padres que ayudaría a su prima y que volvería un poco más tarde de lo habitual. Ante la petición, asintió con calma:
—De acuerdo.
—¿No vas a ir directo a tu casa? ¿Adónde vas? —inquirió Jin Ming, observándola con evidente preocupación.
—A la escuela de al lado.
—¿A la escuela técnica? ¿Para qué?
—Tienen un festival y necesita mi ayuda —explicó Wen Ke’an en voz baja.
Jin Ming volvió a medir con la mirada a Wen Xing’er. No le transmitía buena espina; su actitud destilaba falsedad.
—Mi casa queda cerca. Si llega a pasar cualquier cosa, no dudes en llamarme —le advirtió Jin Ming.
Wen Ke’an le sonrió con gratitud.
—De acuerdo, lo haré.
La abierta desconfianza de Jin Ming incomodó visiblemente a Wen Xing’er, aunque disimuló su molestia para mantener las formas. Una vez que Jin Ming se alejó, murmuró con rabia disimulada:
—¿Acaso le haría daño a mi propia prima? ¿Qué le pasa a esa chica?
Wen Ke’an guardó silencio. Wen Xing’er se aclaró la garganta para romper la tensión y forzó una sonrisa:
—Vamos, prima. Aún debemos probarte el vestuario para ver si te queda bien.
El evento se llevaba a cabo en el gimnasio de la escuela técnica, un recinto lo bastante amplio para albergar a todo el alumnado. En el centro ya se erigía un escenario donde numeroso personal ultimaba los detalles.
Wen Xing’er condujo a Wen Ke’an hasta una sala de ensayo desierta. Allí descansaba un perchero cargado de diversos hanfu tradicionales. Señalándolos, le dijo:
—Prima, puedes ponerte el que gustes. Elige el que más te parezca adecuado.
Pese a llevar tiempo sin practicar, Wen Ke’an poseía formación en danza clásica y sus habilidades eran sobresalientes. Aunque por lo general prefería tonos claros, esta vez su atención se vio atrapada por un deslumbrante hanfu rojo. Se acercó a la prenda, acarició la tela con delicadeza y preguntó en voz baja:
—¿Hay algún requerimiento específico para la presentación?
—Ninguno. Solo interpreta el baile que mejor domines —respondió Wen Xing’er.
—Está bien.
Elegido el atuendo, llegó la hora del maquillaje. Dado que cubriría su rostro con un velo, solo requería retocar la mirada.
—Prima, déjame maquillarte —se ofreció Wen Xing’er. Como los maquilladores de la institución estaban desbordados, la mayoría de los participantes se arreglaban por su cuenta. Al contemplar el rostro al natural de Wen Ke’an —que aun sin una gota de cosmético superaba en belleza a cualquiera—, no pudo evitar insistir.
Wen Ke’an observó un segundo el recargado maquillaje de su prima, lo pensó un instante y rechazó la oferta con amabilidad:
—Gracias, pero no hace falta. Solo pásame lo necesario, puedo hacerlo yo misma.
Ante la negativa, Wen Xing’er le entregó su estuche de cosméticos.
—Prima, aguarda aquí un momento. Tengo algo que arreglar, vuelvo enseguida.
—De acuerdo.
En cuanto cruzó el umbral de la sala de ensayo, varias de sus amigas se le aproximaron. Echaron un vistazo al interior y preguntaron con curiosidad:
—¿Qué tal? ¿Cómo va la cosa?
—Sin problemas. Ya eligió ropa y se está arreglando —contestó Wen Xing’er con desinterés.
—¿No es una estudiante de secundaria convencional? ¿Acaso sabe maquillarse? —inquirió una de ellas.
Wen Xing’er soltó una risita burlona.
—Jamás la he visto arreglada. Probablemente le quede fatal.
—Jajaja, ojalá no termine pareciendo un payaso.
Mientras el grupo reía, una compañera se les acercó a toda prisa:
—Xing’er, el hermano Tong te está buscando.
La sonrisa de Wen Xing’er se esfumó al instante. Sus amigas enmudecieron de inmediato. Mirando de reojo hacia la sala de ensayos, se giró hacia su amiga de cabello rojizo y le encomendó:
—Mantén un ojo en todo. Vuelvo enseguida.
***
El festival estaba a punto de arrancar; los estudiantes ingresaban progresivamente al recinto ocupando sus lugares. Para cuando Xie Hongyi apareció cargado de bocadillos, Gu Ting ya se hallaba ubicado estratégicamente en el centro de la tercera fila, una posición privilegiada para presenciar el espectáculo.
Xie Hongyi se acomodó a su lado, lo contempló intrigado y le preguntó:
—Pensé que te daban igual estos eventos, ¿a qué se debe que hayas llegado tan temprano?
—No tenía nada mejor que hacer —respondió Gu Ting, con la mirada fija en un mensaje de su teléfono.
Xie Hongyi no indagó más. Abrió una bolsa de botanas, le dio un mordisco y, fijando la vista en el escenario, pareció recordar algo importante:
—Como no has venido en estos días, esos malditos han vuelto a buscar pelea. Me enteré de que le pusieron el ojo encima a la novia del Gordito y anduvieron molestándola. El Gordito se puso tan furioso que estuvo a punto de molerlos a golpes.
—¿Los del departamento de electromecánica? —inquirió Gu Ting de pronto.
—Los mismos —asintió Xie Hongyi con evidente irritación—. Hace un momento me dijeron que vieron a varios de esa pandilla merodeando tras bambalinas, urdiendo alguna tontería. Hoy me toca estar al frente de la seguridad… Más les vale a esos infelices no armar ningún alboroto.

