Capítulo 159 – Ese tipo de relación (5)
Las palabras de Cyrus causaron revuelo entre la gente.
El Gran Señor del Norte está bromeando. Pero él no era de los que hacían bromas, ¿verdad? Era imposible. Si él no estaba bromeando, ¿de verdad se necesitaría permiso de los dioses para saludar a la Princesa del Este? Después de todo, incluso cuando la llamaban santa, el templo no había refutado dichas afirmaciones.
A Harold no le gustaba el ambiente. Se sentía presionado.
“No quiero rezarle a Dios solo para saludar a la Princesa del Este, así que reza todo lo que quieras, Gran Señor del Norte.”
Esperó una respuesta de Cyrus, pero no la hubo.
Cyrus asintió y se acercó a Geor, y los White no se enfadaron, ni protestaron airadamente. Solo después de que despidieran a Harold y reanudaran su conversación, Harold se dio cuenta de que había perdido.
Molesto por la actitud de Geor y Cyrus, dejó salir su frustración. La gente lo miró y susurró.
‘¡Qué demonios estarán diciendo de mí!’
Apenas pudo contener las ganas de gritar, pero entonces vio a Victoria mirándolo fijamente desde lejos.
‘Maldita sea. Victoria lo vio todo.’
Se encontraba en una situación incómoda. Harold caminó hacia Victoria, intentando encontrar una excusa.
Aunque Harold se acercaba, la expresión de Victoria permanecía inmutable. Un destello de irritación lo invadió, pero lo reprimió y se plantó frente a ella.
“Princesa.”
Aunque la llamó con suavidad y le tendió la mano, Victoria simplemente asintió y no la estrechó.
“Victoria.”
Cuando la llamó de nuevo, casi como para animarla, ella le susurró algo a la criada que estaba a su lado. La criada puso los ojos en blanco, avergonzada, y luego habló con cautela.
“Si quiere saludar a nuestra Princesa, debes pedir permiso a los dioses.” (Criada)
La voz de la criada era baja, pero audible para los que estaban cerca. Algunos reprimieron la risa, lo que hizo que Harold se sonrojara.
‘¿Ella se ha vuelto loca?’
Victoria seguía a Arianna, sin darse cuenta de lo absurdo que era todo.
Algunas de las burlas ahora iban dirigidas a Victoria. Victoria, que era solo la hija del Duque del territorio occidental, no era digna de imitar por Arianna, la Princesa del Este.
Pero Victoria parecía no darse cuenta, pues apartó la mirada y frunció los labios con gesto remilgado.
Harold se sorprendió girando hacia atrás sin darse cuenta.
A lo lejos, Cyrus y Geor estaban de pie, uno frente al otro, rezando.
Estaba asombrado.
El Joven Señor del Este, que parece haber perdido la cabeza, el Gran Señor del Norte, que parece imitarlo, y Victoria, que imitaba a Ariana por envidia.
El Joven Señor del Este y el Gran Señor del Norte no serían objeto de burlas, incluso si hicieran alguna locura debido a su estatus, pero Victoria no debería haber hecho eso.
‘¿Creí que al menos eras inteligente…’
Si iba a comportarse así, no le servía para nada.
“Perra inútil…” – Él murmuró maliciosamente.
Victoria arqueó las cejas como si hubiera oído sus murmullos.
“¿Qué dijiste?” (Victoria)
“No, nada. ¿Así que por fin te fijaste en mí?”
Victoria fulminó con la mirada a Harold. Él levantó ligeramente ambas manos y habló con un tono elegante pero juguetón.
“Parece que estás de mal humor. Hablamos luego, Princesa. No tengo ganas de rezarle a nadie solo para poder hablar con la gente.”
Victoria apretó los puños mientras veía a Harold volverse hacia otra persona. Notó que las jóvenes cercanas la miraban y susurraban entre ellas.
Solo entonces Victoria se dio cuenta de la tonta que había sido. Perdió los estribos debido a los celos que sintió al ver a Harold y al Gran Señor del Norte intentando desesperadamente saludar a Arianna. No debería haber hecho eso, debería haber actuado con más dignidad.
Geor y Cyrus seguían rezando. Ver a esos dos apuestos hombres altos rezando con fervor era como una pintura.
Los que observaban la escena debían de pensar lo mismo, a juzgar por la falta de burla en sus miradas.
‘Si hubiera sabido que esto iba a pasar, me habría comido un corazón hoy mismo.’
Martina le había aconsejado que se abstuviera de usar el poder de Amantal hasta la fiesta del palacio Imperial, le dijo que hacerlo causaría una impresión más impactante, así que Victoria siguió su consejo.
Aunque se había arreglado lo suficiente como para llamar la atención de todos, no pudo superar a Arianna.
Arianna, con un vestido brillante, estaba flanqueada por el hombre de mayor rango presente, así como por el segundo de mayor rango en la sala.
‘¿Por qué el Gran Señor del Norte está tan obsesionado con Arianna? ¿Será que realmente le gusta Arianna?’
‘Pero… ¿qué hay de aquellos dulces días que pasó conmigo en el Territorio del Norte? Fue tan amable conmigo. Tan gentil y cariñoso.’
‘¿De verdad?’
Victoria recordó los sucesos en el Norte. Cyrus había sido amable con ella.
‘No. Fue el joven Duque Andrei Hern quien fue amable conmigo, no el Gran Señor del Norte. Él fue…’
Rara vez se dirigía directamente a Victoria.
‘Aunque sí sonreía de vez en cuando.’
Era diferente de lo que estaba haciendo ahora delante de Arianna.
Finalmente, cuando le dieron permiso para ver a Arianna, Cyrus la saludó con una sonrisa deslumbrantemente cariñosa. Era una sonrisa tan dulce que cualquiera podía darse cuenta de que estaba enamorado.
Era un hombre que sabía sonreír así.
‘¡Me usaste!’
Solo entonces cayó en la cuenta de que el Gran Señor del Norte no había sufrido ninguna pérdida en su inversión por el fiasco de los perfumes.
‘¡Me usaste para que convenciera a mi abuelo de que invirtiera en el negocio de los perfumes!’
Las fuerzas la abandonaron y sus rodillas casi flaquearon.
Justo en ese instante, la mirada de Arianna se cruzó con la de Victoria cuando esta giró la cabeza hacia ella. Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Arianna.
En cuanto Victoria la vio, se sintió transportada al pasado, de vuelta a aquel momento de desesperación cuando fue arrestada el jefe de investigación, de vuelta a aquel momento en que vio la sonrisa de Arianna en aquella situación desesperada.
Una rabia incontenible nubló su mente. Victoria casi olvidó dónde estaba y corrió hacia Arianna. Quería arrancarle el cabello y arañarle la cara.
“Victoria, cuánto tiempo.” (Desconocida)
Si no hubiera sido por la voz que venía de detrás, lo habría hecho.
Al darse la vuelta, vio a una mujer de cabello castaño y ojos oscuros de pie allí, sosteniendo una sombrilla.
Victoria apenas pudo contener su ira y sonrió.
“Hermana Helena, cuánto tiempo. No sabía que vendrías al Imperio en esta temporada social.”
“Es así, ¿verdad? Mi marido está completamente arruinado, así que nos cuesta incluso venir hasta aquí. Ni siquiera pudimos permitirnos alquilar una mansión en la capital, así que apenas nos alojamos en una posada en las afueras.” (Helena)
“¡Ay, Dios mío! Si me lo hubieras dicho antes, te habría ayudado.”
“Olvídalo. No quiero seguir recibiendo ayuda de mis padres.” (Helena)
Victoria examinó rápidamente la ropa de Helena.
El vestido de Helena era lujoso, pero pasado de moda. Las joyas que llevaba eran las mismas que Rachel le regalo cuando se casó.
A Victoria le reconfortó un poco ver a Helena, la que fuera la hija más querida de las Bronte, incapaz de permitirse un solo vestido elegante a la moda.
“Hermana Helena, Arianna está allí. ¿La saludaste?”
“No.” (Helena)
“Entonces ve a llamarla. Tengamos una agradable conversación entre hermanas por primera vez en mucho tiempo.”
“¿Por qué yo?” (Helena)
Helena miró fijamente a Victoria.
“Si quieres saludarla y hablar con ella, hazlo tú misma. ¿Por qué me pides que lo haga yo?” (Helena)
Victoria pensó que Helena podría haberse vuelto un poco más dócil por culpa de su marido, que se había arruinado por completo, pero Helena seguía siendo la misma persona obstinada que había sido como Princesa.
“No, no te estoy pidiendo que lo hagas… Es solo que eras más cercana a Arianna.”
“No es cierto. Tú fuiste la que trató bien a Arianna. En cuanto a mí… con eso basta. Una Vizcondesa de una familia arruinada no merece saludar a la Princesa del Este.” (Helena)
“Oye, hermana Helena. ¿Por qué hablas así? No importa cuál sea nuestra posición, somos familia.”
“Familia…” (Helena)
Helena torció las comisuras de sus labios.
“Bueno, no lo sé. Realmente no has cambiado, Victoria.” (Helena)
“¿Qué?”
“Tu abuelo te quiere mucho. Seguro que, incluso si te quedas quieta, él te encontrará un buen esposo.” (Helena)
Por supuesto, el Gran Señor del Oeste le encontrado un esposo a Victoria, el Tercer Príncipe. Pero el Tercer Príncipe no era suficiente. El Gran Señor del Oeste y Victoria aspiraban a algo aún más grande y para lograrlo, Victoria tuvo que renunciar a mucho. El hecho de que Helena hablara así, con tanta ignorancia, irritaba a Victoria.
“Hermana Helena, estoy haciendo todo lo posible. Estoy haciendo cosas difíciles que tú no conoces.”
“Por eso mismo dije que no has cambiado. Podrías ser feliz quedándote quieta, ¿por qué sigues intentándolo y arruinándolo todo?” (Helena)
“¿Qué sabes tú, hermana?” Vives en las afueras del Oeste y ni siquiera te alcanza para comprarte un vestido bonito.”
A pesar de las palabras hirientes, la expresión de Helena permaneció impasible. Solo entonces Victoria se dio cuenta de que Helena si había cambiado bastante.
Helena dijo con una sonrisa triste:
“Tienes razón. ¿Quién soy yo para criticar tus asuntos? Pero como tu hermana mayor, si me permites darte un consejo…” (Helena)
“Olvídalo. Ocúpate de tus asuntos.”
Victoria se dio la vuelta y se marchó. Helena vio a su hermana alejarse, susurrando las palabras que no había podido pronunciar.
“No intentes nada, Victoria. Si no atacas a nadie, nadie te atacará.”
***
Arianna estaba estupefacta.
Le resultaba extraño que Cyrus apareciera de repente, pero que estuviera rezando con Geor, no tenía ni idea de lo que estaba pensando.
Averaster, Winona e Isabelle parecían atónitos al ver a los dos hombres rezando con fervor.
Winona se acercó a Arianna y susurró:
“¿De verdad el Gran Señor del Norte es así? No parece diferente de mi hermano…” (Isabelle)
Isabelle también susurró:
“¿El Gran Señor del Norte también era como Geor? ¿Por qué es así? No recuerdo que fuera así antes.” (Isabelle)
Averaster entrecerró los ojos y murmuró:
“Es imposible que Dios lo permita.” (Averaster)
Arianna no pudo responder a todo aquello.
Hacía solo unos días que había rechazado a Cyrus con firmeza. Incluso lloró aquel día.
<“Así que, Gran Señor del Norte, no imaginemos un futuro juntos. Todo lo que dibujemos será en vano.”>
La expresión en el rostro de Cyrus en el momento en que ella pronunció esas palabras aún permanece vívida en su mente. Parecía como si su mundo se hubiera derrumbado; sus esperanzas, destruidas; una mirada de desesperación y desolación.
Así, sin más, sintió que el camino que los unía se había roto. Pensó que nunca más se volverían a ver cara a cara, que nunca más compartirían planes para el futuro como antes. Ese era el final.
Por eso lloró.
Porque el tiempo que había pasado con él había sido tan bueno y tenía que dejarlo ir para no sufrir más.
‘Sin embargo…»¿’
Solo han pasado unos días desde entonces.
‘¿Qué demonios es esto?’
Nameless: Nos quedamos aquí, nos vemos la próxima semana.
| Anterior | Novelas | Menú | Siguiente |


Muchas gracias.
Oh! Este avance fue tan emocionante.
Jajaja Geor y Cyrus rezando y mucha gente viendo nadie se lo imagino,.todo un espectáculo y eso que los elegantes todavía no aparecían
Gracias por los capítulos y hasta la siguiente semana 😄😄
Cyrus y Geor se volvieron camaradas sin planearlo 🤣