ANVC – 118

Capítulo 118 – Un viento frío en el corazón (3)

 

Gotas de sudor perladas se formaron en su frente.

Se aferró con fuerza a la suave manta con manos temblorosas. El techo limpio y familiar, pero a la vez desconocido para sus ojos parpadeantes, apareció ante sus ojos.

Respirando con dificultad, recordó el sueño que se sentía demasiado real.

La desesperación del padre, que no podía hacer nada por su hija, que se casaba a una edad tan temprana como si fuera vendida, permanecía intacto.

Un corazón que ardía intensamente, un estómago revuelto, el cuello que se calienta de rabia, los ojos que brillaban como si fueran a estallar.

Todo eso parecía real, como si lo hubiera experimentado ella misma, como si se hubiera convertido en Russell White, incluso ahora que había despertado del sueño seguía abrumada por Arianna.

La primera vez que soñó que se convertía en Russell White, pensó que era una pesadilla terrible, producto de un deseo desesperado. Pero tener ese sueño por segunda vez le resultaba extraño.

Arianna no podía comprender los sentimientos de un padre que tenía que casar a su hija con un hombre mayor. Sin embargo, las emociones que Russell sintió en ese momento eran demasiado vívidas.

‘¿Qué demonios es esto…?’

‘¿Qué clase de sueño es este? ¿Para qué sirve este sueño?’

Arianna no dejaba de pensar constantemente en su madre, Rachel, en Helena, Victoria y el Tercer Príncipe, Harold. Soñar con estar en su lugar era, al menos, plausible. Porque después de todo, ella había regresado al pasado con la firme determinación de deja caer el garrote de hierro*.

(N/T: * 철퇴를 내리겠다는 = Literalmente traducido, «to down a mace» significa «golpear con un garrote de hierro (maza)», pero en la vida cotidiana y en las noticias, se usa metafóricamente para significar **»imponer un castigo severo o sanciones estrictas».)

Pero no era el caso de su padre, Russell.

Para Arianna, la existencia de un padre no significaba nada, su figura era como un sueño. Hubo momentos en que deseó que viniera a buscarla, pero abandonó esa esperanza al casarse, y después de encontrarse con él en su primera fiesta, cerró completamente su corazón.

Incluso hasta el momento de su muerte, Russell White fue un completo desconocido.

La razón por la que regresó para buscar a Russell fue simplemente porque necesitaba su estatus, no porque esperara su amor paternal.

Por supuesto, ya lo había aceptado como su padre, pero cuando tuvo ese sueño por primera vez, aún sentía cierta distancia con Russell.

Pero ¿por qué, de entre todas las cosas, soñaba con convertirse en Russell White? ¿Por qué soñaba con ser su padre, no el Tercer Príncipe, no Victoria?

El sueño era demasiado vívido para descartarlo como una simple coincidencia, y eso la inquietaba.

Arianna se levantó de la cama y se tambaleó hacia la ventana. Al apartar las gruesas cortinas, vio que el cielo empezaba a iluminarse.

<“¿Matrimonio? ¡Arianna solo tiene 16 años!”> (Russell)

Una voz llena de ira resonó en sus oídos.

De repente, los sucesos de aquella época le vinieron a la mente.

 

━━━━⊱⋆⊰━━━━

 

“Tengo buenas noticias, Arianna.” (Rachel)

Ese día, su madre, Rachel, parecía especialmente contenta. Al oír el tono amable de su madre, que rara vez escuchaba, Arianna sintió que su ánimo también mejoraba.

“¿Qué pasa, madre?”

Aunque la llamó ‘madre’, Rachel no se enfadó como de costumbre y dijo: “¿No te dije que soy la Duquesa?”, sin enojarse.

“Tu pareja de matrimonio ya está decidida.” (Rachel)

Arianna no conocía la palabra ‘pareja de matrimonio.’ Al ver a Arianna inclinar la cabeza confundida, Rachel chasqueó la lengua.

“Estúpida. ¿No sabes qué significa pareja de matrimonio…? Es un verdadero alivio que haya alguien dispuesto a aceptar a una idiota como tú.” (Rachel)

“¿Él me va a llevar?”

“Sí, tu pareja de matrimonio ya ha sido decidida.” (Rachel)

Se le cayó el alma a los pies.

“¿Matrimonio… qué quiere decir?”

“Ya tienes 16 años, así que ya tienes la edad legal para casarte. Conoces al Vizconde Albrecht, ¿verdad? Ingo Albrecht.” (Rachel)

Si se trataba de Ingo Albrecht, ya lo conocía.

Era un hombre feo, con la piel en mal estado y labios gruesos, que últimamente visitaba con frecuencia la finca de los Bronte. Helena solía llamar al Vizconde Albrecht ‘Sapo’ a sus espaldas.

“El Vizconde Albrecht es un hombre muy generoso. Por suerte, dijo que aceptaría a una mocosa inútil como tú.” (Rachel)

Arianna parpadeó, sin poder creer lo que oía.

Había esperado casarse algún día, pero jamás imaginó que su pareja sería el Vizconde Albrecht. Cada vez que se cruzaban en el pasillo, el Vizconde Albrecht la examinaba de pies a cabeza de manera lasciva.

Esa mirada era tan repulsiva y desagradable que Arianna evitaba encontrarse con él.

¿Y ahora le dicen que se casara con ese hombre?

“Mamá, yo… no quiero. No quiero casarme…”

<¡Zas!>

Un dolor agudo le atravesó la mejilla. Fue una mano tan fuerte que le hizo echar la cabeza hacia atrás.

“Alguien ha aparecido para llevarte, Arianna, a ti, que solo eres una carga que consume comida. Ahora que por fin puedes ayudar a nuestra familia, ¿vas a rechazarlo? El Vizconde Albrecht, aunque es de baja posición social, tiene mucho dinero, así que podrás disfrutar de todo. Además, le gusta alguien como tú… ¿cuánto más agradecida deberías estar?” (Rachel)

No estaba agradecida. No quería recibir ese tipo de amor de un hombre así.

Pero no se atrevía a decir eso.

Porque si lo hacía, la volvería a golpear y recibirá el desprecio de su madre. Porque parecería una niña inútil que solo hacía berrinches.

A Rachel no le importó que las lágrimas rodaran por las mejillas de Arianna y cayeran al suelo.

“Pensé que nadie querría llevarse a alguien como tú, con tu falta de educación y tu mal genio, pero estoy tan agradecida de que alguien apareciera para acogerte antes de que cumplieras la mayoría de edad… Además, la familia Albrecht será de gran ayuda para la nuestra.” (Rachel)

“¿Yo seré… de ayuda? Si me caso con esa persona, ¿seré de ayuda para la familia Bronte?”

Rachel sonrió dulcemente.

“Por supuesto, hija mía.” (Rachel)

Las palabras ‘hija mía’ eran increíblemente dulces.

Su madre había llamado ‘hija mía’ a Helena y a Victoria, pero nunca había llamado así a Arianna.

‘Hija mía.’

Pensó que, si podía ser llamada así, casarse con el Vizconde Albrecht no sería un problema. Si su madre la necesitaba y ella podía ayudarla, estaba dispuesta a casarse con un sapo en cualquier momento.

Así que Arianna contuvo las lágrimas y esforzándose por sonreír, dijo.

“Sí, madre. Yo, lo haré bien. Para poder ayudar a la familia Bronte.”

A medida que se acercaba la fecha de su boda con el Vizconde Albrecht, Arianna no podía dormir por el miedo, pero nadie en la familia Bronte comprendía sus sentimientos.

El Vizconde Albrecht envió enormes regalos a cambio de que Arianna se casara con él, y todos los regalos que envió fueron repartidos entre Helena y Victoria. Arianna se casó con el Vizconde Albrecht sin haber visto jamás uno solo de esos regalos.

 

━━━━⊱⋆⊰━━━━

 

‘Todos, excepto ella, se alegraron de su matrimonio con el Vizconde Albrecht.’

Pero el padre en su sueño no lo hizo.

Estaba enojado, desesperado y triste.

Alzó la voz por Arianna, pero como no había nada que pudiera hacer, lo consumía la frustración.

‘¿De verdad fue así?’

Se preguntó.

‘Cuando me casé, ¿de verdad mi padre estaba tan furioso?’

Se preguntó si, en aquel entonces, cuando a nadie le importaba Arianna, solo la familia White del lejano Territorio Este se había indignado por su matrimonio.

Ahora no podía saberlo, e incluso si lo supiera, nada cambiaría, pero aun así quería saberlo. Entonces, pensó que eso podría ofrecer un poco de consuelo a la miserable y lamentable Arianna Bronte y a la Vizcondesa Arianna Albrecht.

 

***

 

Debido a que no había dormido bien, no tenía apetito.

Llamó a una criada para que le trajera un desayuno sencillo a la habitación y se sentó en la cama, cuando la puerta del dormitorio se abrió de golpe y entró Isabelle.

“¡Hola, Arianna!” (Isabelle)

Su voz aguda disipó las nubes oscuras que habían estado cerniéndose sobre la cabeza de Arianna. La joven de la familia del Conde White, criada con amor, era así de radiante.

Había sido un día en el que sentía que no podía sonreír, pero ver la expresión de enfado de Isabelle la hizo reír.

“¿Por qué te ríes?” (Isabelle)

“Solo… porque me alegra verte, hermana.”

Las mejillas de Isabelle se sonrojaron.

“¿Qué tiene de bueno? ¿Te alegras con solo mirarme, pero me dejas sola para ir a recuperarte a un balneario?” (Isabelle)

“Lo sé. Debería haber ido contigo, hermana.”

Si tan solo hubiera sido así, no se habría dejado influenciar tanto por Cyrus. No se habría sentido tan irremediablemente cautivada por ese rostro tan atractivo y hermoso.

Isabelle hizo un puchero al acercarse y se sentó en el borde de la cama.

“¿Cómo te sientes? ¿Te sientes mejor después de descansar?” (Isabelle)

“Sí, estoy mejor. Ya no siento dolor.”

“¿Pero por qué te ves tan cansada? ¿No dormiste lo suficiente porque cambiaste de cama?” (Isabelle)

“Supongo que sí.”

Isabelle acercó su rostro de repente.

“¿Te has puesto muy guapa?” (Isabelle)

“¿Eh?”

“Ya eras guapa antes, pero ahora estás aún más guapa. Antes parecías una niña, pero ahora pareces más una dama. Parece que el descanso te ha hecho bien.” (Isabelle)

“Eso parece.”

Isabelle le apretó el brazo a Arianna.

“Has engordado un poco. Ninguno de los vestidos que solías usar te queda bien.” (Isabelle)

“Es verdad. Me hice algunos nuevos.”

“¿Salimos juntas más tarde? Vamos a probarnos vestidos y a comprar zapatos. Y también vayamos a una perfumería. Mi madre me dijo que reservara el nuevo perfume que va a salir.” (Isabelle)

“¿El nuevo perfume que va a salir?”

“Sí, es este.” (Isabelle)

Dijo Isabelle, sacando un folleto arrugado del bolsillo de su falda.

El folleto, con una elaborada ilustración a mano, anunciaba el perfume ‘Peonica’, cuyo lanzamiento estaba previsto para ese verano.

‘Peonica. Debe ser el perfume del Conde Gabion.’

El Conde Gabion empezó a vender perfumes elaborados con flores de Helon en dos variedades: ‘Peonica’, una fragancia de alta gama destinada a la nobleza, y ‘Eribel’, un perfume para plebeyos adinerados.

Los plebeyos que querían imitar a la nobleza compraban ‘Eribel’, cuyo aroma era similar al de ‘Peonica’, y durante un tiempo, el negocio de los perfumes pareció tener un gran éxito.

Sin embargo, había algo extraño.

Según recordaba Arianna, ‘Peonica’ solo se hizo famosa cuando los perfumes empezaron a venderse de manera seria. El Conde Gabion alcanzó el éxito mediante una agresiva estrategia de marketing, contratando a los actores principales de una famosa compañía teatral y a las dueñas de los grandes salones.

Pero ahora, las ventas de Peonica aún no habían comenzado, y aunque el folleto era lujoso, carecía de cualquier otro rasgo distintivo. Sin embargo, resultaba desconcertante que incluso la Condesa de White del territorio Norte muestre interés.

“¿Le interesan mucho los perfumes a la tía?”

“No, no es eso, pero como es la Condesa de la familia White, no puede ignorar completamente a la alta sociedad. Este perfume está tan de moda entre las damas nobles que no puedo evitar comprar uno, ¿sabes?” (Isabelle)

“¿De moda? ¿Todavía no está a la venta?”

“He oído que la Princesa Imperial mostró mucho interés. Los nobles imperiales ya han reservado este perfume. En realidad, en el Territorio Este las ventas van más despacio que en el resto de los estados vasallos.” (Isabelle)

Solo entonces Arianna comprendió cómo iban las cosas.

‘El Tercer Príncipe ha movido a la Princesa.’

El Tercer Príncipe, Harold, era bueno disimulando su ambición por el trono y, en general, se llevaba bien con sus hermanos y hermanas.

‘Con esto, se confirma la noticia que el Tercer Príncipe ha invertido en el negocio de los perfumes.’

Era imposible que la Princesa se hubiera interesado en un perfume que aún no existía sin motivo alguno. La ingenua Princesa debió de confiar en las palabras del Tercer Príncipe y dejó caer indirectas sobre el perfume a las damas nobles y jóvenes que la visitaban.

Fue una gran suerte para Arianna.

Cuantas más fueran las víctimas, y cuanto más alto fuera su estatus, mayor sería la indemnización que los inversores tendrían que pagar.

El Tercer Príncipe se dirigía hacia su propia tumba.

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