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Capítulo 28. El demonio de la gema negra, Dollens (1)

Durante un buen rato, no pude responder a la pregunta de Abel.

Después de todo, yo era quien le había dicho que era bonito. Y era verdad. Nunca había visto a un niño tan bonito como Abel.

Ah, aunque quizá haya otro.

No lo había visto en persona, sino en un sueño: Nathaniel, el arma definitiva del templo.

Él también era hermoso, aunque de una manera diferente a Abel. Su largo cabello plateado era especialmente misterioso. No sabía cómo se verían ambos cuando crecieran.

¡Ah, cierto!

Me había quedado perdida en mis pensamientos por un momento, pero de pronto me sobresalté y volví a mirar a Abel.

Quizá porque me había tomado por sorpresa, me había quedado pensando demasiado tiempo. Puse la expresión inocente de una niña pequeña y respondí:

—¡Sí, Abel bonito!

—Ah…

—¡Me gusta!

—¿L-le gusto?

—¡Sí!

A los niños les gustan las personas bonitas.

No, en realidad, a nadie le disgustan las personas bonitas. Pero los niños, al ser tan inocentes, suelen ser más sinceros. Por eso decidí seguir con esta estrategia para ganarme el afecto de Abel.

—Ya veo… Me alegra que mi apariencia sea del agrado de la joven señorita.

—…

Abel habló con voz seria. Seguía teniendo el rostro tímido, pero estaba diciendo algo bastante atrevido.

La familia Gideon solía ser una rama secundaria de la familia Winston, ¿verdad?

El primer duque de Winston había hecho un contrato con un archidemonio.

Él había distribuido entre sus familiares y vasallos las gemas que contenían demonios. El primer jefe de la familia Gideon había sido el hermano menor del duque, quien recibió una gema de sus manos en aquella época.

Sin embargo, eso había ocurrido hacía más de mil años. Con el paso del tiempo, la sangre de la familia Gideon, que alguna vez había sido una rama de los Winston, se había diluido tanto que prácticamente ya no guardaba relación con ellos.

Aun así, su lealtad seguía intacta y, al parecer, habían conservado cuidadosamente la gema negra hasta nuestros días. Por lo visto, la familia Gideon consideraba la gema demoníaca un símbolo de su heredero.

Seguí mirando el broche negro que brillaba ante mis ojos. Abel se dio cuenta de mi mirada codiciosa.

—¿Le parece curioso?

—Mmm, bonito.

Respondí con sinceridad y asentí. Al ver mi interés, Abel se quitó el broche del pecho y me lo ofreció.

—Aquí tiene, señorita.

—¡Guau!

Acepté el broche rápidamente, encantada. En cuanto lo toqué, la gema negra engarzada en él emitió una pequeña vibración: brrrr.

Ahora bien, ¿cómo podía conseguir la gema? Por muy leal que fuera la familia Gideon, seguramente no entregaría tan fácilmente una reliquia familiar.

Mientras hacía trabajar mi cerebro, una voz masculina y grave resonó dentro de mi cabeza.

[……¿Eres mi amo?]

¿Eh?

[Ohhh… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que tuve un amo?]

¿……?

No era la voz de Desmond ni la de Vivi. Aunque Desmond también tenía voz masculina, su tono era extrañamente agudo y sonaba más como el de un muchacho. Vivi, por su parte, tenía la voz de una niña pequeña.

Entonces, el dueño de aquella voz debía de ser Dollens, el demonio de la gema negra.

¿Eres Dollens… verdad?

[Así es, mi amo.]

Oh…

Era un demonio con una voz profunda y solemne. Incluso su manera de hablar era bastante refinada, como la de un aristócrata. Era completamente distinto de Desmond y Vivi, que eran tan despreocupados y espontáneos.

¿Todos los demonios de las gemas negras son así?

Sin darse cuenta de que Abel me sonreía, examiné el broche con fascinación.

—¿Le gusta el broche, señorita?

—¿Eh? S-sí.

—Entonces, ¿le gustaría quedárselo?

—¿Quééé?

Miré a Abel, completamente sorprendida.

¿Lo decía en serio? ¿De verdad estaba dispuesto a regalarme así, sin más, una reliquia familiar?

—Pero esta gema es muy cara…

Estaba tan sorprendida que las palabras se me escaparon sin querer. Entonces Abel sonrió con dulzura y respondió:

—No se preocupe. Después de todo, todo lo que posee la familia Gideon pertenece a la familia Winston.

—¿Mmm…?

—Todo lo que tengo le pertenece a usted, señorita.

—¡…!

Abel lo dijo con una voz tranquila.

Me sorprendió que pareciera hablar tan sinceramente. No estaba siendo amable solo por compromiso: realmente parecía dispuesto a entregarme el broche.

¿De verdad iba a dármelo con tanta facilidad…? Sin saber qué decir, apreté el broche entre mis manos y miré los cálidos ojos azul marino de Abel.

—¿De verdad se lo vas a dar a Dia?

—Sí, señorita.

—¡…!

¡No podía creer que hubiera conseguido una gema negra con tanta facilidad!

Menos mal que la familia Gideon era tan leal a los Winston.

Pero ¿y si el conde Gideon regañaba a Abel por haber entregado la reliquia familiar por su cuenta? Lo miré con cierta inquietud. Abel bajó la mirada y preguntó con voz tímida:

—E-eh… pero ¿podría pedirle un favor a cambio?

—¿Mmm?

¿Un favor?

Al escuchar sus palabras, mi emoción se desvaneció de inmediato.

Claro. No había manera de que regalara una reliquia familiar tan fácilmente. Seguramente me la había entregado porque quería algo a cambio.

—¿Qué cosa?

—Es que…

Le pregunté con expresión serena. De hecho, aquello me hacía sentir más tranquila. Yo también me sentiría culpable si recibiera algo tan valioso gratis.

Sería mejor concederle lo que quería y recibir la gema a cambio. Incliné la cabeza hacia un lado, intrigada por su respuesta.

—¿Podría… convertirme en su compañero de juegos?

—¿Compañero… de juegos?

—S-sí.

El rostro de Abel volvió a encenderse de golpe. ¿Por qué se ponía rojo como un tomate cada vez que decía algo?

Ahora que lo pienso, ser compañeros de juegos…

Una de las maneras de establecer vínculos con las familias nobles de alto rango o con la familia imperial era convertirse en compañeros de juegos durante la infancia.

Pero la familia Gideon había sido una aliada incondicional de los Winston desde hacía generaciones. No parecía necesario que se convirtieran en mis compañeros de juegos para establecer contactos.

¿Será una orden del conde Gideon?

Como el duque de Winston parecía tenerme mucho cariño, quizá el conde le había ordenado a Abel que se acercara a mí y se convirtiera en mi compañero de juegos.

No lo habría imaginado, pero el conde Gideon también parecía bastante calculador. En la novela nunca se había mostrado que utilizara a su propio hijo para conseguir poder.

Bueno, no importa. Puedo hacerlo.

La familia Gideon no era una familia de la que debiera mantenerme alejada. Al contrario, acercarme aún más a Abel, su heredero, solo podía traerme beneficios. Definitivamente, no saldría perdiendo.

Además, ¡también conseguiría la gema! Era una situación en la que todos ganábamos.

Sonreí ampliamente y asentí.

—¡Sí! ¡Yo también quiero ser amiga de Abel!

—¿D-de verdad?

—¡Sí!

Abel, que había estado jugueteando nerviosamente con los dedos, levantó la cabeza de golpe. Sus ojos brillaban de alegría. Estaba tan feliz que casi parecía que él quería convertirse en mi compañero de juegos por voluntad propia.

No puede ser.

No había manera de que entregara una reliquia familiar solo porque quisiera ser mi amigo. Podía parecer joven e inocente, pero no debía dejarme engañar.

¡Abel Gideon! ¡No eres ningún ingenuo!

Apreté el broche entre mis manos y grité para mis adentros.

—Gracias por aceptarme como su amiga, señorita.

—¡Ahora que somos amigos, puedes llamarme Dia!

—¿P-perdón?

Abel abrió mucho los ojos, desconcertado. Después, vaciló antes de hablar.

—¿C-cómo podría atreverme…?

—¡No pasa nada! ¡Ahora somos amigos!

—Amigos…

Como si mis palabras le hubieran dado valor, Abel asintió. Abrió la boca con cautela.

—Sí, señorita Dia.

—¡Sin «señorita»! ¡Solo Dia!

—P-pero… no podría atreverme a hacerlo…

Abel giró la cabeza, desconcertado. Detrás de mí estaba Sophia, sonriendo con dulzura. Al ver la escena, asintió con una expresión satisfecha.

—Está bien… D-Dia.

—¡Mmm! ¡Abel!

Y así conseguí mi primera gema negra y me hice amiga de Abel. Hasta ese momento, todo marchaba sobre ruedas.

Después de que Abel y los demás miembros de la familia Gideon se marcharan, regresé a mi habitación con el broche cuidadosamente guardado contra mi pecho.

—Je, je, je.

En cuanto llegué, saqué el broche y contemplé su brillo resplandeciente.

La gema negra era un ónix. Con sus tenues vetas, la piedra negra tenía un aspecto solemne y elegante.

—¡Dollens!

[Ohhh… Mi amo.]

Una energía negra comenzó a brotar de la gema, retorciéndose en el aire.

Sentí que Dollens, el demonio del ónix, me observaba desde arriba. Le sonreí radiante.

[Ha pasado muchísimo tiempo desde que alguien me invocó. Pensar que todavía queda un descendiente directo capaz de llamarnos…]

Su voz, llena de emoción, resonó dentro de mi cabeza. La propia gema también tembló, emitiendo un suave sonido: brrrr.

Todo estaba saliendo bastante bien. Sobre todo, Dollens era más sereno y tranquilo que cualquiera de los demonios que había conocido hasta entonces. Seguramente podría conversar sin problemas con un demonio como él.

Asentí y lo miré fijamente.

[Si me has invocado de esta manera, ¿significa que tú mismo deseas hacer un contrato conmigo?]

—Mmm…

Al escuchar la expectativa en su voz, me sentí un poco culpable.

A mí también me habría encantado hacer contratos personalmente con todos los demonios de las gemas, pero, por desgracia, todavía no podía hacerlo.

Bueno, los demonios de las gemas negras siempre habían hecho contratos con los vasallos en lugar de con los descendientes directos. Seguramente lo entendería.

Pensando eso, respondí:

—Lo siento, pero quien hará un contrato contigo será otra persona.

[……]

—¿Dollens?

Por alguna razón, Dollens guardó silencio. Lo miré con desconcierto y, entonces, una voz firme resonó dentro de mi cabeza.

[Me niego.]

—¿Qué?

Abrí mucho los ojos, completamente desconcertada.

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