Capítulo 13. Otro demonio de las joyas (3)
¿Un beso?
Mientras permanecía sentada, sentí cómo se me erizaba la piel desde la espalda hasta la nuca.
«¿De verdad… tengo que llegar hasta ese punto?»
Por un instante, me quedé tan impactada que ni siquiera pude controlar mi expresión. Así de terrible me parecía la situación.
Estaba dispuesta a complacer al duque hasta cierto punto y hacerme la adorable para ganarme su protección, pero, aun así, ¡un beso era demasiado…!
«No quiero hacerlo».
Además, ni siquiera había besado todavía a Verónica.
No, tampoco es que quisiera ir por ahí dando besos asquerosos con este cuerpecito de niña…
«Aaaah…»
Como no era una persona especialmente cariñosa, incluso sabiendo que aquello me ayudaría a ganarme el favor del duque, la idea me producía rechazo.
No me atreví a suspirar en voz alta, así que me tragué el suspiro.
En aquel breve instante, toda clase de pensamientos se agolparon en mi cabeza.
Toc, toc.
«…»
El duque ya había empezado a pedirme un beso abiertamente. Estaba dando golpecitos en su propia mejilla con los dedos, que, para ser los de un hombre, eran bastante finos y bien formados.
Si no le daba un beso… ¿tampoco me daría la joya…?
Tenía que… hacerlo, ¿verdad…?
Sinceramente, no me apetecía en absoluto. No quería hacerlo, pero no me quedaba otra.
Todo esto era por proteger a Verónica y a mí misma de esa maldita historia original. Tenía que pensar que estaba sacrificando algo pequeño por un bien mayor.
Después de repetírmelo varias veces mentalmente, cerré los ojos con fuerza.
Y justo cuando estaba a punto de apoyar los labios en la mejilla suave y pálida del duque…
—¡Padre!
—¡…!
La puerta se abrió de golpe y Verónica entró en la habitación.
Giré la cabeza y abrí mucho los ojos al ver a Verónica acercarse con aire imponente.
—¿Qué sucede?
—¡¿Qué está haciendo exactamente?!
Verónica se acercó a toda prisa y me levantó de un tirón del regazo del duque. Todo ocurrió en un instante.
—¿A qué te refieres?
—¡¿Cómo se atreve a intentar robarle los besos a Dia por una simple joya?!
—¡Ejem, ejem! ¿Qué clase de cosas dices?
—¡Los besos de Dia son míos!
Eh, ¿y mi opinión qué?
Fruncí el ceño al ver que Verónica y el duque empezaban a discutir por mis besos.
—¿Qué? ¿Un beso?
—¿Los besos de Dia?
«…»
Para colmo, también escuché murmullos al otro lado de la puerta. Eran las voces de Vincent y Brandon.
¿Acaso estas personas se quedaban esperando fuera cada vez que me reunía a solas con el duque? ¿Cómo podían enterarse de todo tan rápido?
Mientras la habitación se convertía en un caos, me quedé mirando en silencio la joya resplandeciente.
Entonces hablé mentalmente.
«Oye, demonio».
[Deja de llamarme así, ama. Mi glorioso nombre es Desmond…]
«Roba eso sin que nadie se dé cuenta».
[¿Qué?]
Ante mi orden, Desmond empezó a irradiar un evidente descontento.
[¡Yo, un ser tan grandioso, jamás recurriría a una acción tan poco elegante…!]
«Si me la traes, te concederé un deseo».
[¿De verdad?]
«Sí».
Seguramente quería tener un cuerpo de verdad en lugar de seguir atrapado en un muñeco de peluche.
Asentí con indiferencia.
[¡Ja, ja, ja! ¡De acuerdo!]
Desmond soltó una gran carcajada mientras una neblina negra comenzaba a deslizarse sigilosamente desde él.
Con el duque, Verónica y, poco después, Vincent y Brandon armando semejante escándalo, nadie se dio cuenta de que la joya había desaparecido.
Yo simplemente permanecí en brazos de Verónica, sonriendo para mis adentros.
El alboroto finalmente terminó cuando bostecé y anuncié que tenía sueño.
De verdad, aquello era absurdo.
Negué con la cabeza, todavía incrédula, y me levanté a escondidas en plena madrugada, cuando todos dormían.
—Uf…
Me incorporé en la cama y me acerqué a la joya que Desmond había robado.
Seguramente el duque ya se había dado cuenta de que me la había llevado aprovechando la confusión.
Pero, como no había dicho nada, quizá pensaba fingir que no sabía nada.
—En fin, lo importante es que ahora tengo una segunda joya en mis manos.
Solté una risita y extendí la mano hacia ella. Incluso de noche, el diamante rosa resplandecía con una luz deslumbrante.
[Ama, ahora mismo tienes una pinta de villana terrible.]
—Cállate.
Ignoré las críticas de Desmond y recogí la joya.
Ahora tenía que despertar al segundo demonio y establecer un contrato con él. Recordé lo que había sucedido cuando invoqué a Desmond.
«…¿Otro beso?»
Por casualidad o por lo que fuera, Desmond había despertado después de que mis labios tocaran su joya. Me pregunté si esta vez ocurriría lo mismo.
Solté un pequeño gemido y fruncí los labios.
Chuc.
Mis labios rozaron suavemente la superficie del diamante rosa y luego se separaron.
Miré la joya con nerviosismo y expectación.
Y entonces…
«…»
No pasó absolutamente nada.
Fruncí el ceño y observé el diamante rosa, que seguía tan inmóvil como antes.
—¿Qué le pasa a esto?
[Hmm…]
—¿No estará vacío?
[No es eso.]
Si Desmond lo decía, era evidente que había un demonio dentro. Pero ¿por qué no despertaba?
Incliné la cabeza y sacudí la joya.
[Tsk. Sabía que pasaría esto. Esa tal Vivi lleva tanto tiempo dormida que parece incapaz de recuperar la conciencia.]
—¿No se despierta con esto?
[Al parecer, no.]
«…»
¿Eso significaba que tenía que hacer algo más que darle un beso? ¿Pero qué demonios podía ser?
Sin tener la menor idea, miré la joya con desconcierto.
En ese momento, escuché una vocecita tenue, casi como un susurro.
[…Una vez más.]
—¿Qué?
[Sooolo… una vez más…]
«…»
¿Esta demonio estaba loca?
Al darme cuenta de que la voz provenía de la joya, apreté con fuerza los dedos alrededor de ella.
[¡Kyaaa!]
—¿Vas a salir de una vez o no?
[¡Kyaa! ¡Está bien!]
Acompañada de un chillido de terror, una especie de neblina rosada comenzó a elevarse suavemente de la joya.
Era Vivi, la demonio que había estado dormida dentro del diamante rosa.
[¡Encantada de conocerla, ama! ¡Me llamo Vivi!]
«…»
Me quedé mirándola en silencio mientras se presentaba con bastante entusiasmo.
Me molestaba que no hubiera salido tan rápido como Desmond, pero quizá podía perdonarla esta vez. Aunque lo que acababa de decir me daba un poco de mala espina…
[¡Kyaaa! ¡Estoy tan feliz! ¡No puedo creer que mi ama sea tan pequeñita y adorable!]
—Aaaah…
[¡Abráceme con fuerza todas las noches cuando duerma! ¡Ahhh, los niños sí que huelen bien…! ¡Snif, snif!]
«…»
¡Qué pervertida! Ni siquiera hacía falta esperar para comprobarlo. Esta demonio era una basura pervertida de pies a cabeza.
Olvidándome por completo de conseguir el poder necesario para cambiar la historia original, me harté, apreté la joya con fuerza y me puse de pie.
—Esta joya será desechada.
[¡Exactamente! ¡Bien pensado, ama!]
[¡Kyaaaaa! ¡No lo hagaee!]
Estaba a punto de arrojar la joya por la ventana cuando suspiré y bajé el brazo.
Aquel chillido agudo y estridente me había dejado la cabeza hecha un desastre.
—¿Quieres callarte de una vez? ¡¿Qué has hecho para merecer que te perdone?!
[Buaaa… Perdóneme, por favor… Snif…]
—Aaaah…
¡Qué demonio tan escandalosa! Era pervertida y, encima, ruidosa. Cada vez estaba más convencida de que debía deshacerme de ella.
[¡Ja! ¡Sabía que acabaría pasando! ¡Hay que reconocer que tienes unos gustos de lo más repugnantes!]
[¡Cállate, Desmond! ¡Pedazo de inútil!]
[¿¡Qué me has llamado!? ¿¡Quieres repetirlo!?]
Desmond y Vivi empezaron a gritarse a pleno pulmón. El dolor de cabeza me empeoró por momentos.
—¡Basta!
[¡Pero, ama, esa mocosa…!]
[¡Ama, él empezó…!]
—¿Pueden dejar de hablar como niños que corren a acusarse con su mamá?
Aquellos dos debían de tener, como mínimo, varios miles de años más que yo y, aun así…
Chasqueé la lengua, exasperada.
—Tú, Vivi.
[¡Sí, ama!]
—Si vuelves a hacer alguna de tus perversiones, te arrojaré afuera.
[¡Sííí!]
Fingía ser bastante obediente, pero no me fiaba de ella. Miré la joya con desconfianza.
[¡Ama! ¿De verdad piensas hacer un contrato con esta maleducada?]
[¡¿Maleducada?! ¡¿Eso es algo que tú puedes decirme a mí?! ¿Eh?!]
[¡¿Y cómo quieres que te llame si no eres una maleducada?!]
[¡Tú, desgraciado…!]
«…»
A este paso, la cabeza me iba a estallar.
Sostuve con una mano la joya de Desmond, que llevaba colgada al cuello a modo de collar, y con la otra la de Vivi. Entonces hablé con una voz amenazadora.
—No voy a repetir lo mismo dos veces.
[…]
[…]
—¿Lo han entendido?
[Sí, ama…]
[Sí…]
Solo cuando ambos demonios se quedaron callados, los miré y solté un pequeño suspiro.
[Eh… Pero…]
—¿Qué?
[Va a… hacer un contrato conmigo, ¿verdad?]
«…»
Por alguna razón, me pareció ver un par de ojos brillantes asomándose entre la neblina rosa.
Miré a Vivi con una profunda desconfianza antes de preguntarle:
—¿Qué sabes hacer exactamente?
[¡He estado esperando que me hiciera esa pregunta!]
—¿…?
Su voz llena de confianza resonó dentro de mi cabeza.
Aquello despertó un poco mis expectativas.
Aunque hasta entonces solo había utilizado a Desmond como si fuera una paloma mensajera, su verdadera habilidad era el fuego.
Según me había explicado, si yo, como contratista, poseía suficiente maná, él podía desatar las llamas infernales. Su poder destructivo era aterrador y, según Desmond, podía rivalizar incluso con la magia de alto nivel.
Entonces, ¿qué clase de habilidad tendría Vivi para atreverse a menospreciar a Desmond?
Sentí que el corazón me latía cada vez más rápido mientras la observaba.
[¡Mi habilidad es…!]
—¿Tu habilidad es…?
[¡El fortalecimiento físico…!]
«…»
Vaya. Esa sí que era una habilidad que no me esperaba.

