LHDLVNUNP 05

Capítulo 5. ¿Cómo te atreves a hacer llorar a mi hija?

La casa ducal de Winston había sido, durante generaciones, una familia de guerreros.

Desde pequeños, todos sus miembros recibían formación en el manejo de la espada por igual, sin distinción de género.

Ni siquiera Veronica, la querida hija única de la familia, que había sido colmada de cariño por todos, era una excepción.

—¡Ugh…!

Aunque tenía cuerpo de mujer, quizá gracias a la sangre de los Winston que corría por sus venas, poseía un talento natural para la esgrima.

Después de casarse, había dejado la espada durante mucho tiempo porque deseaba ganarse el amor de su esposo. Sin embargo, su cuerpo, fortalecido por su talento innato y años de entrenamiento, todavía irradiaba una presencia extraordinaria.

—¡Mi señora…!

—Le dije que haría que me soltara.

Cedric, que detectó la amenaza gracias a los extraordinarios sentidos de un Maestro de la Espada, chasqueó la lengua y retrocedió. Veronica sonrió, satisfecha.

Por supuesto, si luchaban en serio, ella no tendría ninguna posibilidad de vencer a un Maestro de la Espada.

Pero seguramente él no se atrevería a provocar un enfrentamiento de grandes proporciones dentro de la mansión. De hecho, aunque estaba claramente furioso, Cedric no volvió a intentar sujetar a Veronica.

—Ja……

Al salir de la habitación, Veronica soltó un largo suspiro.

Más de cinco años de matrimonio. Había imaginado que su final le dejaría, al menos, una sensación de vacío, pero, en cambio, solo sentía alivio.

Veronica permaneció quieta durante un momento y luego reanudó lentamente la marcha.

Primero debía regresar a su habitación y escribir una carta. Por el bien de Dia y por el suyo propio.

Una carta para su padre, el duque de Winston, en la que le dijera que quería volver a casa……

Cuando regresó a su habitación, Veronica le pidió a una doncella que colocara papel de carta y tinta sobre el escritorio.

Después de respirar hondo para tranquilizarse, comenzó a escribir con serenidad. Su elegante caligrafía fue cubriendo el papel blanco.

—Envía esta carta a la casa ducal de Winston ahora mismo. No permitas que el mayordomo se entere.

—Sí, mi señora.

Había elegido deliberadamente a una doncella que la había acompañado desde la casa ducal, en lugar de recurrir a una de las sirvientas de la casa del marqués.

La doncella, al percibir que algo grave estaba ocurriendo, asintió, escondió la carta dentro de la manga y salió apresuradamente de la habitación.

—Ahora, lo siguiente sería……

Veronica tamborileó suavemente con los dedos sobre el escritorio. Era una costumbre suya cuando tenía muchas cosas en las que pensar.

Lo correcto habría sido esperar una respuesta de su padre autorizándola a regresar antes de abandonar la mansión, pero la actitud de Cedric hacía un momento la tenía intranquila.

Además, Veronica no tenía ningún deseo de encontrarse con la mujer que había sido el primer amor de Cedric.

Y mucho menos pensaba permitir que Claudia se encontrara con ella o con su hijo.

Por eso, tendrían que marcharse cuanto antes, en cuanto Claudia se hubiera recuperado por completo. Veronica acababa de ordenar sus pensamientos y estaba a punto de levantarse cuando…

—¡Mi señora!

—……!

De pronto, alguien abrió la puerta de golpe y entró corriendo en la habitación.

No era la misma doncella que acababa de salir con la carta. Veronica la miró con desconcierto.

—¿Qué sucede?

—Bueno, yo… Creo que debería ir cuanto antes a la habitación de la señorita.

—¿Qué?

Veronica se levantó de un salto, alarmada.

La doncella hablaba como si algo le hubiera sucedido a Claudia. De inmediato, la mente de Veronica se quedó en blanco.

¿Le habría vuelto a subir la fiebre? ¿Estaría padeciendo alguna otra enfermedad? Hacía apenas un momento parecía estar bien. ¿Qué demonios había pasado…?

—R-rápido. Vamos.

—Sí, mi señora.

Veronica se puso en marcha con las manos temblorosas. Apenas podía saber si estaba caminando como debía.

Y cuando finalmente llegó a la habitación de Claudia…

—¡Mamááá!

—……!

La potente voz de Claudia le atravesó los oídos.

Veronica corrió hacia la puerta y la abrió de golpe.

—¡Dia…!

La escena del interior apareció inmediatamente ante sus ojos.

***
Esto es solo una opinión muy personal, pero considero que gritar «¡Mamá!» es una especie de truco infalible.

Por alguna extraña razón, en cuanto uno grita «¡Mamá!», aparecen las cosas que había perdido por toda la casa y se resuelven todos esos problemas que lo tenían desesperado.

Las madres son esas personas capaces de encontrar en cuestión de segundos algo que tú llevabas buscando por todas partes sin conseguirlo.

—¡Dia…!

Una voz familiar me atravesó los oídos. Giré la cabeza, poniendo la expresión más lastimera que pude.

—¡Mamá…!

—……!

El rostro de Veronica se endureció de golpe en cuanto nos vio a Cedric y a mí.

Luego se acercó a grandes zancadas y apartó a Cedric de un empujón.

—¡Usted…! ¿Qué demonios está haciendo?

—Ja… No estaba haciendo nada.

—Entonces, ¿por qué está llorando así la niña? ¿Y por qué la estaba sujetando de los hombros?

—…….

El maldito Cedric cerraba la boca cada vez que le hacían una pregunta que lo dejaba en evidencia.

¿Ahora pretendía hacerse el desentendido? ¡Como si fuera a permitirlo! Abrí todavía más la boca y rompí a llorar con todas mis fuerzas.

—¡Buaaaaa!

—¡Dia!

—¡Buaaa, mamá! ¡Me duelen muchísimo los hombros!

—No, no te estaba sujetando tan fuerte…

—¡Buaaaaa!

¡Pero sí me habías agarrado fuerte, desgraciado!

Para impedir que aquel maldito Cedric pudiera salirse con la suya, lloré todavía más fuerte.

Al escuchar mis sollozos desconsolados, el rostro de Veronica palideció.

Aunque me hubiera convertido en una niña, por dentro seguía siendo una adulta. Montar semejante espectáculo, llorando y haciendo una rabieta, era bastante vergonzoso.

Pero ¿qué más daba? Tenía que aprovechar todas las ventajas que estuvieran a mi alcance.

Al fin y al cabo, en ese momento no era más que una niña pequeña e indefensa.

—¡Usted, de verdad…!

—H-hay un malentendido, mi señora.

—¿Un malentendido?

Veronica me estrechó entre sus brazos y fulminó a Cedric con la mirada, con los ojos muy abiertos por la furia.

¿La cosa pinta bien, no?

Si todo salía bien, quizá conseguiría que Veronica perdiera por completo el cariño que sentía por Cedric.

Fingiendo que lloraba, escondí el rostro en el hombro de Veronica y eché un vistazo disimulado a su expresión enfurecida.

Si mis primeras palabras realmente habían provocado un cambio en los sentimientos de Veronica, tal vez la historia pudiera desarrollarse de una manera distinta a la novela original.

Pero todavía no puedo confiarme. Veronica nunca renunció al protagonista masculino hasta el final.

En la historia original, Veronica solo había dirigido su espada contra Gloria, la protagonista femenina, y Marianne, la hija de esta.

No había hecho nada contra Cedric, el hombre que la había engañado. Porque lo amaba. Porque no quería destruir la relación que tenía con él.

Sin embargo, aquel desenlace la llevó a la perdición y terminó provocando incluso la ruina de su familia.

No puedo permitir que me arrastren con ellos.

A diferencia de lo que ocurría en la historia original, Claudia había sobrevivido porque yo ocupaba ahora su cuerpo. Con esta variable inesperada, iba a sacudir la trama original hasta sus cimientos.

Conseguiría que Veronica y Cedric se divorciaran y saldría de aquel lugar, costara lo que costara. Tomé aquella decisión con firmeza y asentí discretamente para mis adentros.

—¿Cómo te atreves a hacer llorar a mi hija?

—…….

Sin embargo, por alguna razón, el aura que emanaba de Veronica parecía inquietante.

Sin darme cuenta, dejé de fingir que lloraba y me quedé mirándola, atónita.

Había algo extrañamente familiar en aquella energía. Me recordaba a la de Cedric.

Cuando aquel desgraciado había descargado directamente su aura sobre mí, había sentido miedo. Pero Veronica no estaba haciendo eso.

Su hostilidad estaba dirigida claramente hacia otra persona, no hacia mí.

—¿Quién te crees que eres para hacer llorar a mi hija? ¿Eh?

—E-espera, mi señora…

—¡Maldito desgraciado!

—¡Ugh…!

Todo ocurrió en un instante.

Veronica se puso de pie de un salto y se acercó a Cedric en un abrir y cerrar de ojos.

Entonces lanzó la mano a una velocidad imposible de seguir con la vista.

¡Paf!

El sonido, nítido y contundente, resonó por toda la habitación.

¡Esto sí que es una satisfacción!

¡Veronica acababa de abofetear a Cedric en plena cara!

Si hubiera tenido palomitas, me habría encantado comerlas mientras disfrutaba del espectáculo. Por desgracia, no tenía ninguna.

En su lugar, observé a los dos con creciente emoción. Veronica estaba tan furiosa que sus hombros subían y bajaban una y otra vez.

—¿Acabas de golpearme…?

—Así es. Te he golpeado. ¿Y qué vas a hacer al respecto?

—…….

El maldito Cedric se había quedado completamente aturdido.

Claro que sí. Jamás había imaginado que Veronica llegaría a golpearlo. Después de todo, ella era la mujer que lo había amado apasionadamente.

Por eso se había comportado con tanta tranquilidad al hacer semejantes cosas. Estaba convencido de que Veronica jamás renunciaría a él. Creía que podía hacer lo que le diera la gana, ya fuera tomar una amante o traer a la mansión al hijo de otra mujer.

Ahora sí que estás jodido, desgraciado.

Por mucho que fuera, no debiste meterte conmigo.

Si Claudia hubiera muerto como en la historia original y Veronica no hubiera tenido a nadie más en quien concentrar su obsesión aparte del protagonista masculino, quizá las cosas serían distintas. Pero ahora la situación había cambiado.

Yo, su hija, era la persona más preciada para Veronica. Naturalmente, ella me pondría por delante de todo y actuaría en consecuencia.

Creíste que te amaría para siempre, así que te comportaste con toda la arrogancia del mundo. ¿Qué tal se siente que ahora me haya elegido a mí en tu lugar?

Escondida de su vista, curvé ligeramente los labios en una sonrisa. La expresión desconcertada del protagonista masculino era sencillamente magnífica.

—¡Si vuelves a ponerle una mano encima a mi hija, no te lo perdonaré jamás, Cedric Lionel!

—¡Espere…! ¡Adónde va, mi señora!

Veronica se dio la vuelta de golpe, me tomó en brazos y avanzó con paso firme hacia la puerta. Ni siquiera se molestó en responder a la pregunta del protagonista masculino, como si no mereciera su atención.

—…….

—……!

Justo antes de salir de la habitación, nuestras miradas se cruzaron.

Clavé los ojos en aquellos irritantes ojos violetas y le saqué la lengua.

—¡Tú…!

—¡Hmph!

¡Te lo mereces, desgraciado!

¡PUM!

La puerta se cerró con un estruendo.

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