Capítulo 3 – Wen Zhi
Ese era Wen Zhi.
El esposo de Ming Wan, con quien se había casado para traerle buena fortuna.
A primera vista, a Ming Wan le resultó difícil describir su apariencia y comportamiento. Solo percibió que la piel del muchacho era excesivamente pálida, sus cejas largas y bien definidas se cerraban sobre sus fríos ojos con forma de fénix, y sus labios finos, como espadas, estaban apretados con fuerza, revelando un atisbo de fría indiferencia. Incluso con una túnica nupcial de un rojo brillante, no podía ocultar el aura sutil y despiadada que emanaba de él.
Además, la sangre le goteaba del dorso de la mano, como si fuera de un fragmento de porcelana rota, una línea carmesí que se extendía, increíblemente siniestra.
Wen Zhi parecía ajeno al corte en el dorso de su mano; sus manos descansaban sobre las ruedas mientras empujaba laboriosamente la silla de ruedas.
Al disiparse las sombras, la luz de las velas lo iluminó, y al observarlo más de cerca, Ming Wan se dio cuenta de que en realidad era bastante guapo.
Probablemente para comodidad de Wen Zhi, los salones de la mansión no tenían umbrales; en su lugar, el suelo era plano, con entrada y salida directas. Sin embargo, la silla de ruedas de madera era pesada y difícil de empujar; las venas del dorso de la mano de Wen Zhi se hincharon ligeramente y la herida se reabrió, intensificando el sangrado.
Las ruedas de madera pasaron por encima del pastel a medio comer que había caído al suelo, deteniéndose firmemente frente a Ming Wan.
El aura opresiva era intensa, helándola hasta los huesos.
Ming Wan, con migas de pastel aún pegadas a los labios, los frunció, mirando fijamente al chico con una mirada sombría y hostil, con un bocado de pastel aún atascado en la garganta.
“¡Hip!” – Ella tenía la mala costumbre de tener hipo cuando se ponía muy nerviosa.
Wen Zhi frunció el ceño.
“Señorita, el velo… el velo…” – Susurró Qing Xing temblando junto a la cabecera de la cama.
Ming Wan salió de su ensimismamiento y se subió el velo apresuradamente. Con la vista bloqueada y sin tener que ver la mirada agresiva de Wen Zhi, se sintió mucho mejor.
Recordó que una vez que el novio le levantara el velo y bebieran el vino nupcial, la ceremonia estaría completa.
Pero Wen Zhi no tenía intención de levantarle el velo e ignoró las dos copas de vino atadas con un cordel rojo sobre la mesa.
Su mirada era distante y melancólica, sus labios finos y pálidos se entreabrieron ligeramente, y preguntó bruscamente: “¿Te casaste con esta familia por el bien de tu padre?”
No esperaba que su primera pregunta fuera esa.
Sorprendida, Ming Wan optó por decir la verdad: “Sí.” En el silencio, ella tragó saliva con dificultad y preguntó de nuevo: “¿Cómo lo supo Su Alteza?”
Wen Zhi bajó la mirada, una sombra gris oscura se cernió sobre sus ojos y dijo: “Tengo una dolencia en la pierna y no soy sordo. ¿Cómo podría desconocer una historia tan fascinante como ‘venderse para salvar al padre’?”
Sus palabras fueron mordaces y despiadadas. Ming Wan sintió como si la hubieran abofeteado en público; un repentino y punzante calor se extendió por su rostro, para luego desaparecer por completo, dejando solo un escalofrío.
Relajando los dedos apretados, Ming Wan levantó lentamente la cabeza, encontrándose con la mirada de Wen Zhi a través del velo carmesí y no pudo evitar replicar: “Independientemente del motivo de mi decisión, este matrimonio fue concedido personalmente por la Emperatriz Viuda, una unión legítima y legal. Además, en nuestra situación, cada uno tiene sus propias necesidades; ninguno de los dos debería menospreciar al otro.”
Una gota de sangre cayó de la yema del dedo de Wen Zhi y dijo con frialdad: “Te subestimé. ¿Sabes lo que le pasó a la última persona tan ruidosa como tú?”
Una poderosa sensación de opresión la invadió, como si hubiera caído en un profundo y frío abismo, dificultándole la respiración.
El pecho de Ming Wan se agitaba y permaneció en silencio durante un largo rato.
“Este matrimonio nunca fue mi deseo.” – Dijo Wen Zhi, con sus ojos oscuros como un estanque estancado, desprovistos de calidez. – “Has logrado tu objetivo, será mejor que dejes de molestarme en el futuro, de lo contrario…”
Ming Wan respondió de inmediato: “¡De acuerdo!”
Wen Zhi se sorprendió claramente por su rápida aceptación y guardó silencio por un momento.
Reprimiendo su ira, Ming Wan repitió con calma, temiendo que no la hubiera oído bien: “¡Ya dije que está bien! ¡Que el agua del pozo no interfiera con el agua del río*!”
(N/T: *井水不犯河水 (jǐng shuǐ bù fàn hé shuǐ) significa literalmente «el agua del pozo no invade el agua del río». Se usa para indicar que dos personas o grupos tienen esferas, asuntos o territorios separados y no deben interferir ni meterse en los asuntos ajenos.)
Wen Zhi la miró, como intentando discernir la veracidad de sus palabras, y frunció los labios, diciendo: “Espero que así sea.”
No quiso quedarse ni un instante más en la alcoba nupcial, giró bruscamente la silla de ruedas y la empujó lentamente hacia afuera, dejando a Ming Wan sola en la habitación, con las emociones a flor de piel.
Wen Ya, que probablemente había estado observando desde afuera, se sorprendió al ver a Wen Zhi salir tan rápido. – “Ah-Zhi, ¿por qué saliste tan pronto?”
“Ya la saludé y hablé con ella como mi hermana mayor deseaba.” – Dijo Wen Zhi con indiferencia.
Un viento frío entró en la alcoba nupcial, haciendo ondear las cortinas, parpadear la luz de las velas y crujir la puerta abierta con un chasquido metálico, como una boca cruel y burlona.
Las palabras gélidas y cortantes de Wen Zhi la atravesaron como cuchillos, llenándola de ira y resentimiento. De repente, se arrancó el velo rojo de su corona de fénix, lo arrugó y lo arrojó furiosa sobre la cama.
‘¡Qué indignante!’
‘¿Acaso vino a saludarla? ¡Era claramente un insulto, una amenaza!’
“Señorita, no se enoje.” – Qing Xing, también bastante asustada por Wen Zhi, se apresuró a abanicar a Ming Wan, que sudaba y dijo mientras sollozaba. – “En el peor de los casos, lo evitaremos de ahora en adelante.”
“No me importa si no le caigo bien; al fin y al cabo, fue mi decisión, es solo que su actitud fue muy hiriente, y no pude evitar responderle…” – Ming Wan bajó los hombros con desánimo, lamentando profundamente haber perdido el control y sintiendo que había fallado a las enseñanzas de su padre.
<¡Toc, toc, toc…!>
Llamaron a la puerta con cautela.
Wen Ya estaba en la puerta, sosteniendo una linterna de gasa; sus hermosos ojos aún estaban un poco rojos, probablemente por haber llorado y preguntó preocupada: “Ah-Wan, ¿estás bien?”
Ahora que el velo había desaparecido y su visión era clara, Ming Wan se dio cuenta de que Wen Ya era excepcionalmente hermosa. Sus rasgos se parecían a los de su hermano menor, Wen Zhi, por seis o siete puntos, solo que más suaves, con una belleza delicada y serena como las aguas termales de Jiangnan.
Era extraño que los dos hermanos, hijos de los mismos padres, tuvieran personalidades y temperamentos tan diferentes; eran como el cielo y la tierra.
La expresión de disculpa y preocupación de Wen Ya era sincera. Ming Wan se recompuso, se levantó e hizo una reverencia, diciendo: “Hermana, estoy bien.”
“¡Levántate rápido! Eres la esposa del Heredero; no tienes que inclinarte ante mí.” – Wen Ya la ayudó a levantarse apresuradamente, le tomó la mano y se sentó con ella. Luego ordenó a una sirvienta que trajera gachas y varios pasteles y guarniciones exquisitas, sirviéndole personalmente un tazón a Ming Wan y diciéndole con dulzura. – “Debes tener hambre después de un largo día. Como eres nueva en casa, desconozco tus preferencias y restricciones alimentarias, así que le pedí a la cocina que preparara unos platos sencillos. Por favor, come esto para saciarte y evitar el hambre.”
Wen Ya habló con dulzura y sinceridad. Ming Wan removió las gachas brillantes en su tazón, su resentimiento se disipó considerablemente y le dio las gracias rápidamente.
Tras unos sorbos, levantó la vista de repente, con los ojos brillando con una sinceridad infantil, y sonrió: “Hermana, eres tan amable.”
Wen Ya se cubrió los labios con la manga, rió suavemente y dijo: “En cuanto te vi, fue como si hubiera visto a una hermana pequeña. Es una lástima que una chica tan buena como tú tenga que casarse con alguien de nuestra familia…”
Mientras hablaba, sus ojos se enrojecieron de nuevo. Suspiró suavemente y luego, con un tono más relajado, dijo: “Ese chico, Ah-Zhi, seguro que te ha molestado. No le guardes rencor. En realidad, antes no era así, solo que… bueno, ¿por qué decir todo esto? ¡Ah-Wan, come rápido, come!”
Respecto a Wen Zhi, Wen Ya no dijo mucho, pero Ming Wan pudo intuirlo: ocho o nueve de cada diez veces, cuando más se elogia a alguien, más dura es la caída; atrapado en un nudo emocional del que no se puede salir, se convierte gradualmente en un demonio…
En su noche de bodas, Ming Wan durmió sola.
Siempre se sentía incómoda en su cama, el edredón de seda demasiado suave la incomodaba, dio vueltas en la cama durante un buen rato sin poder conciliar el sueño, hasta que finalmente levantó las cortinas y llamó suavemente: “¡Qing Xing!”
Una vela se encendió en la habitación contigua, y Qing Xing, frotándose la cara soñolienta, preguntó: “Señorita, ¿qué ocurre?”
“No puedo dormir. Sube y hazme compañía.” – Dijo Ming Wan, levantando las sábanas y palmeando el lugar a su lado.
Ming Wan nunca había tenido aires de señorita; aunque ella y Qing Xing eran oficialmente ama y sirvienta, en realidad eran más como hermanas, y a menudo compartían cama.
Pero los tiempos habían cambiado, era su noche de bodas, y ninguna criada debía entrar en la alcoba nupcial.
Qing Xing vaciló, mirando hacia la puerta. – “Señorita, esto no es apropiado…”
“¿Qué es inapropiado? Es muy tarde; nadie vendrá. Además, Wen Zhi debe estar completamente asqueado por este matrimonio, y con su parálisis, ¿cómo podría interesarle la alcoba nupcial?” (Ming Wan)
Qing Xing no pudo convencer a Ming Wan de lo contrario, así que apagó la lámpara y se recostó con cuidado en el borde de la cama. La tenue luz fuera de la ventana, iluminó la habitación con un brillo parpadeante, calmando las ansiedades de las dos jóvenes.
“Ufff.” – Ming Wan suspiró profundamente de repente.
“Uf.” – Repitió Qing Xing.
La señora y la sirvienta miraron fijamente el oscuro y desconocido techo de la habitación, charlando ociosamente durante un buen rato antes de caer finalmente en un profundo sueño, arrulladas por el sonido del gong del vigilante nocturno.
A la mañana siguiente, despertó y descubrió que lloviznaba.
Según la costumbre, la novia debía levantarse temprano el segundo día después de entrar en la familia para servir té a sus suegros, sin embargo, el Marqués de Xuan Ping y su esposa ya no estaban es ese mundo. Siguiendo las indicaciones de la hermana mayor de la familia Wen, Ming Wan se presentó ante las tablillas ancestrales en el salón ancestral, ofreciendo tres copas de vino.
Las tablillas ancestrales de la familia Wen se erguían como espadas polvorientas sobre el altar, y el humo del incienso, que se arremolinaba, rememoraba glorias pasadas.
Wen Zhi también estaba allí, sentado en su silla de ruedas de madera, con una profunda melancolía en sus ojos oscuros e insondables.
Tras rendir homenaje a sus ancestros, Ming Wan se apartó, a una distancia considerable de Wen Zhi. Su mirada, inquieta, se dirigió en dirección contraria, evitando deliberadamente mirar al hombre frío y distante.
La mirada de Wen Ya recorrió a ambos, luego rió entre dientes, tomó la mano de Ming Wan y la atrajo hacia Wen Zhi, intentando intencionadamente unir a la joven pareja. – “Preparé fideos Yunying y sopa de osmanto. ¡Desayunemos todos juntos!”
Ming Wan tenía una muy mala impresión de Wen Zhi, y verse obligada a estar a su lado la incomodaba bastante. Por respeto a la hermana mayor, solo pudo sonreír tímidamente y asentir: “De acuerdo.”
Wen Zhi, con los ojos brillantes de cansancio, dijo con indiferencia, como si estuviera agotado: “Hermana mayor, come primero, no me siento bien, no puedo hacerte compañía.”
“Ah-Zhi, ¿cómo puedes no comer?… ¡Ay!” (Wen Ya)
Wen Ya intentó convencerlo, pero Wen Zhi ya había girado su silla de ruedas y la había empujado lentamente hacia afuera.
La lluvia goteaba del alero, Ming Wan observó su figura distante y reservada y resopló para sus adentros.
Ese tipo de persona era la que más detestaba; si él estaba triste, contagiaba su tristeza a todos a su alrededor.
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