«Oh, eso no será necesario.» (1)
La vida podía ser realmente impredecible. Yan Shuyu pensó que sorprendería a Ye Rongchen al revelarle su secreto, pero, para su sorpresa, terminó siendo ella la que quedó completamente desconcertada por lo que él le contó.
Le costaba aceptar el hecho de que había transmigrado desde su nacimiento. Sobre todo, no podía creer que, incluso después de haber llegado a este mundo con todos los recuerdos de su vida anterior, hubiera terminado sumida en la más absoluta pobreza, hasta el punto de apenas tener dinero para comer. Sin embargo, después de pensarlo detenidamente, todo empezaba a tener cierto sentido.
Desde que transmigró, había considerado a la dueña original como una extraña y, aunque conservaba recuerdos de prácticamente todo su pasado, siempre había asumido que aquellos recuerdos pertenecían a la dueña original. Ninguna de las cosas que recordaba tenía sentido para ella.
No sabía nada sobre la personalidad de la dueña original ni tenía forma de imitarla. Ni siquiera sabía cocinar, pero Zhang Yuanjia nunca había notado ningún «cambio» en ella. Yan Shuyu había supuesto que quizá no se había dado cuenta porque todavía era pequeño. Pero, pensándolo bien, su hijo era alguien que, en el futuro, llegaría a enfrentarse al protagonista masculino por la herencia y casi conseguiría arrebatársela. Siendo un niño tan inteligente, ¿realmente habría sido tan ingenuo como para no notar ningún cambio después de que su madre, la única familia que tenía, fuera reemplazada?
Todos esos detalles la obligaron a aceptar que lo que Ye Rongchen le había contado era cierto. Y, además, él conocía demasiados detalles sobre su vida anterior. ¿Cómo podía seguir negándolo?
Aun así, Yan Shuyu conservaba un poco de curiosidad. Si ella realmente había sido la madrastra villana original, no podía evitar preguntarse cómo había perdido de repente todos sus recuerdos. ¿Había sido una pérdida de moralidad o una aniquilación completa de su humanidad?*
Siempre había creído que había reencarnado la noche en que se acostó con el jefe, lo que significaba que había perdido la memoria en ese momento. La imaginación de Yan Shuyu se desbocó por completo. Quizá sus recuerdos de su vida anterior no habían sido tan vívidos durante los últimos veinte años, por lo que nunca había relacionado las cosas cuando conoció al jefe y comenzó a idear sus planes contra él.
Su vida había sido dura. Pensándolo bien, ni siquiera había tenido la oportunidad de presentarse al examen de ingreso a la universidad, a pesar de conservar los recuerdos de su vida anterior. Había llegado al punto de tener que trabajar en una discoteca y ganarse la vida gracias a su atractivo físico. Todo indicaba que su situación había sido mucho peor de lo que ella había imaginado.
Las personas que habían tenido una vida difícil inevitablemente se volvían más pragmáticas. Si de todos modos iba a ganarse la vida con su belleza, ¿por qué no buscar a un hombre rico que pudiera facilitarle la vida? Lo lógico habría sido que empezara a fijarse en su jefe. Además, era guapísimo y, precisamente, su tipo. Acostarse con él tampoco supondría ningún problema.
Probablemente, en aquel entonces, solo veía al jefe como una posible fuente de ingresos a largo plazo. Luego, a mitad de la noche, debió de recordar de repente la trama de la novela: el jefe era el padre del protagonista masculino y ella era la madrastra malvada que terminaría en prisión por culpa de este. Su querido hijo, por otro lado, era el hermanastro malvado al que el protagonista incriminaría y que moriría de una forma horrible.
Para alguien que solo buscaba disfrutar de una vida de lujos gracias a su belleza, ¿quizá no pudo soportar un desenlace tan terrible? Y eso, a su vez, ¿habría provocado que perdiera la memoria?
Teniendo en cuenta lo tímida que era, su suposición parecía bastante razonable.
Al fin y al cabo, no importaba por qué ni cómo había perdido la memoria. Ahora era feliz, y tampoco importaba demasiado si había transmigrado a mitad de su vida o desde que nació.
Yan Shuyu, sintiendo que finalmente había conseguido aclararlo todo, decidió dejar de darle vueltas al asunto y centró toda su atención en su marido, que había reaparecido de la nada.
Aunque quizá sería más apropiado llamarlo su exmarido.
Después de todo, ella no recordaba ninguno de esos recuerdos.
Ahora que había descubierto que era la dueña original, Yan Shuyu no solo dejó de dudar de su decisión de elegir al jefe, sino que, de hecho, se sintió liberada de la última carga que llevaba sobre los hombros.
- Nota: La expresión a la que alude el texto es una jerga china relativamente reciente.

