“¡Pero eso no cambia el hecho de que soy una transmigrante!” (1)
Quizás había dedicado demasiado tiempo a pensar en ello. Durante la segunda mitad de la noche, tuvo un sueño.
Soñó que estaba en una habitación pequeña, pero decorada con mucho cariño. Sentada en una silla, mecía una cuna frente a ella. El bebé que estaba dentro de la cuna le soplaba burbujas y, al cabo de un rato, se echó a reír.
Sin embargo, Yan Shuyu no se rio con él. Levantó la vista y miró al frente.
Frente al pequeño comedor había una cocina abierta. La «cocina» solo tenía una estufa eléctrica y ni siquiera un extractor. Por suerte, como la estufa estaba frente a la ventana, el humo y la grasa de la cocción se disipaban rápidamente. Dentro de la pequeña cocina había todo tipo de condimentos.
Un chico alto y delgado estaba ocupado allí, de espaldas a ella.
Poco después, un aroma inundó la pequeña habitación en la que se encontraban y le pusieron entre las manos un tazón de sopa de pollo humeante. Yan Shuyu sintió que le dedicaba una gran sonrisa al chico e inmediatamente comenzó a beber la sopa.
En su sueño, todos sus sentidos estaban muy lúcidos. El intenso aroma parecía envolverle la nariz y podía saborear perfectamente la sopa de pollo. Yan Shuyu sintió que aquella sencilla sopa de pollo, sin ingredientes especialmente sofisticados, era la mejor que jamás había probado.
Su sabor le llegó directamente al pecho, de la boca al corazón.
Aquello era literalmente un bálsamo para el alma.
Mientras Yan Shuyu disfrutaba de la sopa a solas, el chico, Zhang Xiaolu, sentado a su lado, la observaba con una expresión embelesada. Parecía que aquello era algo habitual entre ellos.
El joven Zhang Xiaolu le dijo con determinación:
—Si te gusta la sopa de pollo, compraré medio pollo en el mercado cada dos días y te la prepararé así.
Ella siguió disfrutando de la sopa alegremente, sin decir una palabra.
Incluso fuera del sueño, Yan Shuyu podía sentir la felicidad y la satisfacción que emanaban de su corazón. Era como si aquel tazón de sopa de pollo fuera todo lo que necesitara.
El que bebía estaba contento, al igual que el que miraba.
Zhang Xiaolu sacó al bebé de la cuna y lo alzó en brazos. El bebé rio. Cuanto más alto lo levantaba, más fuerte reía.
Afuera nevaba intensamente, pero las risas dentro de la pequeña casa nunca cesaron.
Cuando Yan Shuyu despertó, ya era pleno día.
No se sintió alegre durante todo el día, ya que el sueño la había afectado.
El sueño parecía bastante normal, pero Yan Shuyu tenía una sensación de inquietud. Pensó que su sueño era parte de los recuerdos de la dueña original o uno de sus deseos más profundos.
Sin embargo, ¿por qué sentía que lo había vivido ella misma?
Eso no era importante.
El hecho de que hubiera tenido ese sueño justo después de decidir hablar con Ye Rongchen y cortar de raíz cualquier posibilidad entre ellos era, sin duda, una señal.
En cuanto a si era una buena o una mala señal, tendría que revisar la trama de la historia para estar segura.
En la novela, el protagonista masculino relataba su infancia en repetidas ocasiones, haciendo hincapié en que la madrastra y su hijo habían intentado engañarlo desde el día en que se unieron a la familia. Sistemáticamente, habían intentado excluirlo y hablar mal de él delante de su padre.
La verdad era que Yan Shuyu ya lo había pensado. Si la intención de la madrastra era hacerse con la familia Zhou, entonces debía esforzarse por tener más hijos. Sabía que los Zhou no eran tontos. Jamás permitirían que un extraño se hiciera cargo del negocio familiar.
Cuantos más hijos tuviera, mayores serían sus posibilidades.
Claro que, si el jefe le permitiría tener más hijos, era otra historia. Como mínimo, tener hijos era una estrategia habitual en las luchas de poder dentro de una familia prestigiosa.
En cuanto a Zhou Yuanjia, mientras uno de sus hermanastros tomara el control, su futuro estaría asegurado.

