UNQSPAM – 179

Capítulo 179 – [Extra] Los niños crecen demasiado rápido (3)

 

En la oficina del director de Max Planning.

Tras una reunión de negocios y almorzar, Ji-Heon regresó a la empresa y se sentó en silencio hasta quedarse dormido. Cuando Seung-Kyu entró y lo notó, intentó despertarlo suavemente, pero Ji-Heon no se movió. Era la primera vez que Seung-Kyu veía a su amigo así.

Al ver la mano de Ji-Heon moverse lentamente, como si estuviera arrullando a un bebé en su sueño, Seung-Kyu no pudo evitar reírse. Sin embargo, sintiendo un poco de lástima por él, decidió desistir de despertarlo y se sentó en el sofá.

La siesta no duró mucho. Ji-Heon, que había estado apoyando la barbilla en la mano, se despertó de repente, con el brazo flácido.

“¿Estás despierto?” (Seung-Kyu)

Ante la pregunta de Seung-Kyu, Ji-Heon suspiró profundamente, con expresión seria. El sueño se había sentido como una extensión de la realidad. En el sueño, seguía consolando a Ye-Jun y a su lado estaba Ye-Na, quejándose: ‘¡Me gusta mamá, no papá!’

Antes del nacimiento de Ye-Jun, Ji-Heon había recibido muchos consejos, pero la realidad de la paternidad era completamente distinta. Sobre todo, apenas podía dormir. El bebé lloraba día y noche, y tenía que tenerlo en brazos todo el día.

Con expresión aún adormilada, Ji-Heon habló: “Park Seung-Kyu.”

“¿Sí?” (Seung-Kyu)

“Eres increíble.”

“¿Por qué de repente?” (Seung-Kyu)

“Simplemente porque sí. Me pareces impresionante. Te respeto mucho.”

Ante el tono resignado de Ji-Heon, Seung-Kyu volvió a reír.

Ahora los dos se habían convertido en compañeros que se entendían sin necesidad de quejarse ni compartir sus cargas.

 

* * *

 

En el aula de primer grado.

Cuando Sae-Byeol estaba a punto de irse a casa, notó que Ye-Na lloraba y se acercó a ella. Do-Bin se puso tenso.

“Ye-Na, ¿estás llorando? ¿Por qué lloras?” (Sae-Byeol)

Tras ser consolada por Do-Bin, Ye-Na se calmó lo suficiente como para responder: “Es por mamá y el bebé.”

“¿Por qué por tu mamá y el bebé?” (Sae-Byeol)

“A mamá le gusta más el bebé.”

“…” (Sae-Byeol)

“El segundo tiene suerte. Mamá siempre está a su lado.”

Do-Bin, otro primogénito, coincidió con Ye-Na.

“Sí, el segundo tiene mucha suerte.” (Do-Bin)

“Chicos, ¿saben qué? El segundo hijo también lo pasa mal.” – Sae-Byeol dejó escapar un profundo suspiro, como si hubiera vivido mucho tiempo.

“No puedo discutir con mi hermana. Si toco aunque sea un poquito de sus cosas, me tira una piedra de Go.” (Sae-Byeol)

“¿En serio? No creo que Sae-Bom hiciera eso. Parece un ángel.”

“¿Ángel? ¡De ninguna manera! ¡Es un monstruo!” (Sae-Byeol)

“¿Por qué tu hermana es un monstruo? ¿Cómo puedes decir eso?”

Cuando Sae-Byeol alzó la voz diciendo que su hermana era un monstruo, Ye-Na reaccionó bruscamente. Lo hizo como hermana de Ye-Jun y como alguien a quien le gustaba Sae-Bom.

“¡Cierto, no deberías llamar monstruo a tu hermana!” – Aprovechando el momento, Do-Bin se unió para apoyar a Ye-Na.

“Oye, no quise decir que sea un monstruo de verdad; solo quise decir que a veces puede serlo. Tú no lo sabes.” (Sae-Byeol)

Tras haber vivido con su hermana durante ocho años, Sae-Byeol suspiró de nuevo, dando a entender que los primogénitos no comprendían los sentimientos de los menores.

 

* * *

 

Al regresar a casa de la escuela, Do-Bin saludó a Jin-Seo.

“¡Ya estoy de vuelta!”

“¿Te fue bien en el dictado?” (Jin-Seo)

“¡Sí! ¡Me fue bien!”

Do-Bin le mostró a Jin-Seo su cuaderno de dictado, que tenía una puntuación de 50, la mitad correcta y la otra mitad incorrecta.

“Ni siquiera estudié, pero acerté la mitad, así que está bien, ¿verdad, mamá?”

Tras concluir que le había ido bien, Do-Bin buscó la confirmación de su madre, dejando a Jin-Seo sin palabras.

“Sí… puedes hacerlo mejor la próxima vez. Lo hiciste bien, hijo.” (Jin-Seo)

“¡Gracias! ¡Y mamá! Hoy hice algo bueno.”

“¿Qué hiciste?” (Jin-Seo)

Jin-Seo, que había estado de mal humor por la nota del dictado, se animó al oír las palabras de Do-Bin, preguntándose si la profesora lo había felicitado por hacer algo bueno.

“Consolé a Ye-Na porque se veía triste por el bebé.”

Sin embargo, el punto clave era, una vez más, Ye-Na. Jin-Seo esbozó una sonrisa forzada.

“Parece que a Ye-Na no le gusta el bebé. ¿No es extraño? Yo no lo siento así.”

‘Hijo, solías pisotear a tu hermanita.’ (Jin-Seo)

Ver a Do-Bin pasar por encima de los brazos de su hermana menor, Do-Yun, que yacía en el suelo agitando los brazos y las piernas, había sido una experiencia bastante impactante. Por suerte, era ligero; podría haber provocado un accidente grave.

“Bueno, consolé a Ye-Na para que se llevara bien con el bebé. Lo hice bien, ¿verdad?”

Jin-Seo pensó que era tierno que su hijo hubiera olvidado lo que era ser un renacuajo y solo recordara su infancia. Comparado con ese entonces, había madurado bastante.

‘Sí. Independientemente de los dictados o cualquier otra cosa, me alegra que estés creciendo con tanta responsabilidad.’ (Jin-Seo)

“Lo hiciste bien.” (Jin-Seo)

“Sí. Mamá, ya que hice algo bueno, ¿puedo comer helado?”

Su responsable hijo era bastante atrevido.

(N/T: Hay Jin-Seo… ¡Si supieras!)

 

* * *

 

Ye-Na abrió valientemente la puerta principal.

“¡Ya llegué!”

“¿Ye-Na ha vuelto?” (Jeong-Oh)

Jeong-Oh, que había salido al salón después de acostar a Ye-Jun y estaba sentado en el sofá, se levantó con pereza. Incluso ante el alegre saludo de Ye-Na, la expresión de Jeong-Oh carecía de energía.

Tras sentirse mucho más aliviada después de que Do-Bin la consolara, el ánimo de Ye-Na volvió a decaer al regresar a casa.

Su madre no la había llamado Princesa Ye-Na.

Aunque sabía que no podía ser una princesa todos los días, le dolía darse cuenta de ello.

‘Poco a poco, me estoy alejando de ser una princesa, y un nuevo príncipe ocupará mi lugar.’ – El pensamiento le daban ganas de llorar. De repente, se preocupó por el momento que se avecinaba.

Mayo es el mes de Ye-Na. El mes de su cumpleaños.

Pero ahora, incluso en este bendito mayo, Ye-Na había empezado a sentir tristeza. Su hermano pequeño había nacido antes de su cumpleaños, lo que la preocupaba.

‘Con mamá y papá estaban tan ocupados cuidando al bebé, ¿tendrían tiempo para celebrar mi cumpleaños?’

Sin conocer los sentimientos contradictorios de Ye-Na, Jeong-Oh le habló amablemente: “¿Quieres que te corte un poco de sandía? ¿Quieres sandía?”

“Sí.”

Ye-Na respondió débilmente, luego entró a su habitación, dejó su bolso y se escabulló al cuarto de su madre.

Ye-Jun dormía profundamente en la cuna, respirando suavemente. Incluso cuando le tocó la mejilla, el bebé no se despertó. Aunque quería molestarlo aún más, recordó lo que Sae-Byeol había dicho y se contuvo de ser demasiado dura. Pensó que sería desagradable que su hermanito la llamara monstruo.

“Ye-Jun, ¿por qué haces sufrir a mamá y a tu hermana?”

Aprovechando la ausencia de su madre, Ye-Na desahogó sus sentimientos.

“¿Por qué naciste en mayo y arruinaste el cumpleaños de tu hermana?”

El año pasado, había estado hablando de su cumpleaños durante toda una semana. Quizás porque era un año mayor o porque sentía ansiedad por ser ignorada por mamá y papá, no se atrevió a decir nada.

Pero no podía renunciar a su cumpleaños…

Tras pensarlo bien, Ye-Na salió de la habitación con su cuaderno de dictado y se acercó a Jeong-Oh.

“¡Mamá, saqué la máxima nota en el dictado de hoy! ¡Mira, es 25 de mayo!” – Ye-Na señaló la fecha encima del ‘100’ encerrado en un círculo en su cuaderno.

No era la nota lo que importaba, sino la fecha; era una forma indirecta de decir que si mamá se daba cuenta de qué día era hoy, entendería enseguida lo que pasaría pasado mañana.

“¡Ah, sí! ¡Nuestra Ye-Na es una experta en dictado y tiene una letra preciosa!” (Jeong-Oh)

Sin embargo, Jeong-Oh solo elogió la nota de Ye-Na y su letra. Esto fue un obstáculo inesperado para ella.

Nerviosa, Ye-Na lanzó una pista más sencilla.

“Mamá, hay otro dictado pasado mañana, el 27 de mayo.”

“¿Ah, sí? ¿Quieres que te ayude?” (Jeong-Oh)

“…No, está bien. Lo haré yo misma.”

Al no haber logrado que su madre recordara la fecha, Ye-Na bajó los hombros y entró en su habitación.

Pero no podía rendirse así. Pensando detenidamente, Ye-Na llamó en secreto a su abuelo.

Al oír el timbre, tragó saliva nerviosamente. Por suerte, su abuelo contestó rápidamente.

“¿Es nuestra princesa Ye-Na?” (Jae-Gwang)

Como era de esperar, la voz de Jae-Gwang era fuerte y animada, como si Ye-Na fuera el centro de su universo. Su reacción la animó.

Ye-Na fue directa al grano.

“¡Abuelo! ¿Sabes qué día es el 27 de mayo?”

“¿27 de mayo? ¡Claro que lo sé! Es el cumpleaños de nuestra Ye-Na. Solo estoy esperando ese día.” (Jae-Gwang)

“¿De verdad?”

“¡Por supuesto!” (Jae-Gwang)

“Pero, abuelo, mis padres podrían haberlo olvidado.”

“¿Qué? ¿Cómo pudieron olvidarlo?” (Jae-Gwang)

“Porque mamá y papá están demasiado ocupados cuidando de Ye-Jun.”

La voz de Ye-Na se apagó.

“Entonces, ¿podrías decirles a mamá y papá que el 27 de mayo es el cumpleaños de Ye-Na?”

“¿No puede Ye-Na decirlo?” (Jae-Gwang)

“No.”

No quería parecer que mendigaba atención, pero aun así la deseaba.

Estaba agradecida de tener un abuelo en quien confiar así.

“Está bien. Se lo diré, pero Ye-Na.” (Jae-Gwang)

“¿Sí?”

“Tus padres lo recuerdan todo. No necesito decírselo; lo saben todo. Yo lo sé todo.” (Jae-Gwang)

La voz de Jae-Gwang, que persuadía suavemente a Ye-Na, se volvió aún más íntima.

“Y esto es un secreto, Ye-Na.”  (Jae-Gwang)

“…”

“El abuelo piensa que nuestra Ye-Na es la mejor.” (Jae-Gwang)

Jae-Gwang no olvidó hacer una pequeña súplica mientras sentía que el corazón de su nieta se ablandaba.

“Aunque nazca tu hermanito, e incluso si nacen más hermanitos, para mí, siempre serás la número uno.” (Jae-Gwang)

El corazón de Ye-Na se aceleró ante la inesperada confesión.

“¿De verdad?”

“Por supuesto. Lo digo en serio.” (Jae-Gwang)

“Entonces, si le digo al abuelo que no cargue a Ye-Jun, no lo hará, ¿verdad?”

“Claro! Tengo que escuchar todo lo que dice nuestra Ye-Na.” (Jae-Gwang)

Ye-Na no pudo evitar sonreír ante la respuesta segura de su abuelo.

En su mente, se imaginó a su abuelo sin cargar a Ye-Jun mientras su hermano pequeño hacía pucheros, pidiendo que lo cargaran. Un pensamiento fugaz cruzó por su mente: era triste que su hermano pequeño no recibiera el amor de su abuelo.

Finalmente, Ye-Na se sintió un poco más generosa.

“Abuelo, puedes cargar a Ye-Jun. No te preocupes, porque tú piensas que soy la número uno.”

El simple hecho de saber que la quería más la hizo sentir mejor.

Gracias a su abuelo, Ye-Na se sintió bien. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo y se acercaba su cumpleaños, sintió que su confianza volvía a flaquear. Mamá y papá seguían ocupados y parecían no tener tiempo para escuchar a Ye-Na.

Así, en la mañana del 27 de mayo…

“Princesa Ye-Na. Jeong Ye-Na.” (Jeong-Oh)

Aunque intuía que ya eran más de las ocho, Ye-Na no abrió los ojos. Jeong-Oh se acercó y trató suavemente de despertarla, pero Ye-Na los cerró aún más fuerte.

“¿No te levantas? Tienes que ir a la escuela.” (Jeong-Oh)

“No quiero. No voy.”

Ye-Na se negaba obstinadamente a levantarse. No quería afrontar la realidad.

“¿Entonces no tendremos fiesta de cumpleaños?” (Jeong-Oh)

‘¿Fiesta de cumpleaños?’

Al oír la voz de su madre, Ye-Na abrió los ojos de golpe.

“¡Feliz cumpleaños a nuestra Ye-Na!” (Jeong-Oh)

Frente a Ye-Na estaban Jeong-Oh, Ji-Heon, Guk-Sun y Young-Mi, todos con gorros de fiesta, junto con Ye-Jun, que también llevaba uno.

A Ye-Na se le llenaron los ojos de lágrimas.

“¿No lo olvidaste?”

“¿Cómo iba a olvidarlo? Es el día más importante del mundo.” – Respondió Jeong-Oh a la pregunta de Ye-Na.

‘¿En serio? ¿De verdad es el día más importante del mundo? ¿Incluso para mamá y papá?’

Conmovida, Ye-Na abrazó a su madre con fuerza. Ji-Heon, a su lado, le puso una mano en el hombro.

“¡Feliz cumpleaños, Ye-Na!” (Ji-Heon)

“¡Papá!”

Ye-Na se acurrucó inmediatamente en el abrazo de su padre.

“Hoy vas a jugar con mamá y papá. Haremos todo lo que Ye-Na quiera.” (Ji-Heon)

“¿No vas a trabajar, papá?”

“Hoy no tengo que ir.” (Ji-Heon)

“¡Guau!” – Lanzo una exclamación de alegría.

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