—Es que llegaste demasiado tarde.
Yelena no tuvo más remedio que acostarse en la cama mientras refunfuñaba.
—Aunque te pedí que vinieras por la noche… ¿era necesario aparecer a estas horas?
Ya era muy entrada la noche.
Había preparado todo con anticipación y llevaba mucho tiempo esperándolo.
Al final, terminó acostándose sin más, con los ojos casi cerrados.
—Casi me quedo dormida esperándote. ¿Pensabas aplicarme el medicamento cuando ya estuviera dormida? Eso es demasiado.
—Lo siento.
Sus ojos tardaron unos instantes en acostumbrarse a la oscuridad.
Sin embargo, el leve movimiento del colchón le hizo saber que Kaywhin Mayhard se había acostado junto a ella.
—El trabajo terminó mucho más tarde de lo que esperaba…
—¿De verdad lo lamentas?
—…
—¿De verdad?
—No.
La respuesta llegó incluso antes de que ella terminara de hablar.
Por supuesto, Yelena iba a pedir exactamente lo que él imaginaba.
Volvió a hacer un pequeño puchero.
—Está bien… por hoy me rendiré.
«Por hoy.»
Aquellas dos palabras tenían mucho significado.
—Bueno…
Tras acomodarse sobre la almohada, Yelena volvió a hablar.
—Con respecto a Inca Marezon… ¿confesó cómo fabricó esa medicina?
Era una medicina capaz de hacer que una mujer virgen quedara embarazada.
Por mucho que lo pensara, no lograba comprender cómo era posible.
«¿Alquimia…? ¿Magia…? ¿Algo por el estilo?»
Después de todo, aquello iba completamente en contra de las leyes de la naturaleza.
Si Inca no hubiera pertenecido a la nobleza, probablemente habría sido tratado como un demonio o un hereje y ejecutado sin contemplaciones.
Después de todo…
En cierto sentido, aquella medicina era capaz de crear vida.
Mientras Yelena seguía pensando en ello, Kaywhin respondió.
—Dijo que utilizó sangre de una bestia.
—¿Sangre de una bestia?
Yelena, que ya se había girado para acostarse de lado, parpadeó varias veces.
—¿Existe alguna bestia capaz de reproducirse por sí sola?
Era absurdo.
No tenía sentido.
Todos los animales que Yelena conocía tenían macho y hembra.
Lo mismo ocurría con las bestias demoníacas.
Incluso los monstruos necesitaban aparearse para tener descendencia.
Y aunque existiera una criatura semejante…
Era otra cuestión completamente distinta que su sangre pudiera producir ese efecto dentro del cuerpo humano.
Como si hubiera comprendido la confusión de Yelena, Kaywhin añadió:
—Ni siquiera él parecía saber de qué bestia provenía exactamente esa sangre. Durante el interrogatorio conseguimos varias muestras de la medicina, así que ordenaré investigar todos sus ingredientes.
—Ya veo…
Sangre de una bestia…
Era un ingrediente que jamás se le habría ocurrido.
«¿Y si está mintiendo? Tal vez utilizó algún ingrediente imposible de revelar y se inventó esa historia para ocultarlo…»
La sospecha parecía bastante razonable.
Mientras seguía dándole vueltas al asunto, un pequeño bostezo escapó de sus labios.
Después de todo, había sido un día demasiado largo.
Habían ocurrido demasiadas cosas.
Y el sueño comenzaba a vencerla.
Aun así, hizo un esfuerzo por mantenerse despierta.
—Oye…
—¿Sí?
—Si empezaste a empuñar una espada a los seis años…
Su voz comenzó a hacerse cada vez más lenta.
—…eso significa que llevas casi veinte años entrenando con ella, ¿verdad?
—Así es.
—Entonces… ¿sigues entrenando todos los días?
—Sí.
—¿De verdad…? Entonces… ¿por qué nunca te he visto?
En cuanto terminó la pregunta, Yelena comprendió la respuesta ella misma.
Era normal.
Casi siempre se encontraban en el comedor o en el despacho.
Difícilmente iba a verlo entrenando con una espada en esos lugares.
—Creo que… la próxima vez tendré que ir al campo de entrenamiento.
Kaywhin guardó silencio.
—Avísame cuando vayas a entrenar.
—…
—Así podré ir a tiempo.
—…
—¿De acuerdo?
Kaywhin estaba a punto de responder.
Pero, antes de que pudiera hacerlo, escuchó una respiración lenta y uniforme.
Giró ligeramente la cabeza.
Yelena ya se había quedado dormida.
Aunque la oscuridad todavía era demasiado intensa para los ojos de una persona normal, la visión de Kaywhin apenas se veía afectada.
Permaneció completamente inmóvil.
Como si temiera despertarla.
Simplemente la observó dormir en silencio hasta que su respiración se volvió completamente profunda.
***
Al amanecer…
Una tenue luz escapaba del despacho contiguo al dormitorio de Yelena.
Era el brillo azulado de una videoesfera reproduciendo una grabación.
Curiosamente…
Era la misma videoesfera que, durante el día, Yelena había ordenado a Ben destruir.
—Entonces… ¿qué es exactamente lo que preocupa tanto a la duquesa?
La voz surgió desde el interior de la grabación.
Y, de algún modo, la conversación que Yelena estaba convencida de haber borrado por completo volvía a reproducirse desde la videoesfera.

