ANVC – 193

Capítulo 193 – Theodore White (2)

 

Arianna no podía evitar sentirse ansiosa.

‘Es un problema que se puede solucionar si me voy.’

No sabía que se convertiría en un problema tan grande.

Theodore era igual que su tío segundo, Fellows, en su carácter: animado, enérgico e impulsivo. Normalmente le gustaba la personalidad de su abuelo, pero ahora, ante un problema tan grave, estaba preocupada.

“Geor, dijiste que papá está fuera del territorio Este, ¿verdad? ¿Entonces quién está en el Este ahora mismo?”

“La abuela y el tío Langsty, probablemente.” (Geor)

“¿Saben la abuela y el tío Langsty que el abuelo planea enfrentarse al Emperador?”

Tanto Carradine, la abuela, como Langsty tenían un lado sensato. Así que, tal vez pensaban diferente a Theodore.

Geor ladeó ligeramente, rebuscó en su bolsillo y sacó una carta la cabeza, diciendo: “Me dijeron que no se lo mostrara a nadie.”.

Una orden firme estaba escrita con elegante caligrafía en el papel marcado con el escudo de la familia White.

[‘Lo mejor sería matar al Emperador. Si vas a hacerlo, hazlo pedazos.

-Carradine White-‘]

[‘P.D. Geor, soy el tío Langsty. Barney, también estoy de acuerdo con mamá, no dudes en hacer pedazos al Emperador y luego trae a Arianna sana y salva al territorio Este. No le muestres esta carta a nadie; léela y luego quémala.’]

Arianna miró la carta sin decir palabra.

Geor dijo: “¿Qué te parece, Arianna?” ¿No crees que es un alivio tener un hermano así, que se mantiene callado y hace lo que le pides, incluso después de recibir una carta como esta?”

Arianna parpadeó y asintió.

“S-Sii…”

 

***

 

Al enterarse de que el anterior Señor del Este había venido de visita, el Emperador cerró su puerta con llave y ordenó que nadie entrara.

No sabía nada del actual Señor del Este, pero el anterior le resultaba muy incómodo.

El Emperador Kairian Blenwitt había visto a Theodore librar guerras cuando aún era Príncipe Heredero en su infancia.

A diferencia del actual Emperador Kairian, el antiguo Emperador disfrutaba yendo personalmente al campo de batalla y observando desde un lugar seguro.

Incluso cuando se decía que el Este había empuñado la espada para enfrentarse a los bárbaros que asolaban la región oriental, Kairian tenía poco interés. A ojos de Kairian, el Gran Ducado del Norte, que aún poseía magia de hielo, era el más poderoso.

Sin embargo, en ese campo de batalla, Kairian vio en persona al dios de la guerra que había descendido a esas tierras. Theodore White, el Gran Señor del Este en aquel entonces, lideraba a sus tropas en la primera línea de batalla. Poseía una complexión imponente que le dificultaba a su caballo poder cargarlo y lucía una larga melena azul marino que ondeaba tras él, mientras observaba fijamente a sus enemigos con una mirada fiera.

El aura poderosa que emanaba de su cuerpo se sentía incluso a lo lejos, y una energía azul emanaba de su espada. Los enemigos no eran rivales para su destreza y Theodore con un espíritu que helaba la sangre incluso a quienes estaban de su propio bando, arrasó a sus enemigos ​​como hojas que caen al viento otoñal.

Tras aniquilar al enemigo, Theodore regresó empapado en sangre. En su rostro ensangrentado, solo sus ojos brillaban con un resplandor azul.

El antiguo Emperador consideraba a Theodore un subordinado de confianza, pero Kairian le temía. Tenía miedo de que algún día ese hombre pudiera apoderarse del imperio.

Por ese motivo, el actual Emperador, Kairian Blenwitt, vigilaba constantemente la Capital del territorio Este.

“¡Su Majestad…!” (Sirviente)

El sirviente que había salido a entregar su mensaje a Theodore regresó con el rostro pálido.

“Aunque transmití las palabras de Su Majestad al antiguo Gran Señor del Este, está intentando entrar a la fuerza, haciendo caso omiso.” (Sirviente)

La imagen del guerrero que había visto hacía mucho tiempo en el campo de batalla le vino a la mente, y sintió un escalofrío.

“¿Qué están haciendo los Caballeros Imperiales? ¡Diles que vayan allí y lo detengan de inmediato!”

“Los Caballeros Imperiales están intentando detenerlo, Su Majestad, pero…” (Sirviente)

<¡Bang!>

Un ruido sordo interrumpió las palabras del sirviente.

El Emperador se enderezó y miró fijamente la puerta abierta.

Theodore entró a grandes zancadas; a diferencia de la última vez que lo vio, su cabello era blanco y las huellas del tiempo se marcaban en su rostro, pero sus ojos brillaban con la misma intensidad y seguían siendo tan aterradores como antes.

“Su Majestad, el Emperador.” (Theodore)

Theodore, de pie ante el Emperador, habló con voz amenazante.

El Emperador sintió terror, como si se enfrentara a un oso y un león, pero con cierta dificultad reunió la dignidad propia de un Emperador y habló con severidad.

“¡Lord Theodore! ¿Qué demonios está haciendo? ¿Qué insolencia es esta?”

“Eso es precisamente lo que quisiera preguntarle. ¿Qué demonios está haciendo?” (Theodore)

“¿Qué?”

“¿Cómo pudo emitir un decreto imperial para que mi joven nieta se case con el Quinto Príncipe?” – Theodore rugió como una bestia.

El Emperador se quedó paralizado un instante ante el grito, que sonó como el rugido de una bestia salvaje, pero pronto recuperó la compostura.

“¿No deberías estarme agradecido? Tu nieta se convertirá en la esposa de mi hijo y disfrutará de riqueza y honor, así que no entiendo por qué guardas semejante resentimiento. Seguramente, el Señor del Este, no alberga intenciones traidoras, ¿verdad?”

“Majestad, ¿por qué hace esto? Mi nieta aún es joven. Acaba de celebrar su baile de debutantes, ¿y ahora le dice que se case?” (Theodore)

“El hecho de haber celebrado su baile de debutantes no significa que está lista para casarse. Se puede contraer matrimonio a los 16 años, y la Princesa ya tiene 20. Es una edad suficiente para casarse.”

“Pero no tan repentinamente. No hay razón para que se case con un hombre al que ni siquiera conoce, solo porque recibió una orden suya.” (Theodore)

Al ver a Theodore intentando persuadirlo con voz desesperada, el Emperador recuperó algo de confianza.

Bueno, ¿qué podría hacerle ese hombre, después de todo? Aunque Theodore fuera formidable en el campo de batalla, no era más que un súbdito ante el Emperador. Además, Theodore era bastante mayor y probablemente ya no tenga la fuerza para enfrentarse a todos los caballeros de la Casa Imperial como lo hacía en su juventud.

Lo único que Theodore podía hacer era suplicar y persuadir al Emperador.

El Emperador pensó que la ausencia de Russell probablemente también tenía como objetivo evitar que las relaciones con el Imperio empeoraran. Porque si el actual Gran Señor del Este, Russell, se presentara en persona ante el Emperador, ese sería el momento en que las relaciones llegaran a un punto irreversible.

Consciente de su posición y la de Theodore, el Emperador alzó la barbilla y habló:

“Nadie puede cambiar un Decreto Imperial, ni siquiera yo. Una vez que se ha emitido un Decreto Imperial, debe ser obedecido sin excepción. Tu nieta debe convertirse en mi nuera y dedicar su vida al servicio del Quinto Príncipe.”

“¡Ja!” – Theodore soltó una risa hueca.

“¿Lo dice en serio? ¿Acaso dice que nunca lo revocará? Aunque yo, que he dedicado toda mi vida al Imperio, se lo suplique así, ¿aun así dice que rechazará mi petición?” (Theodore)

“Precisamente por tu lealtad y debido a que has dedicado toda tu vida al Imperio, he concertado un buen matrimonio para tu nieta. De hecho, creo que deberías estar agradecido. ¿No lo creen así?”

El Emperador miró a los sirvientes y caballeros que lo rodeaban. Ellos no pudieron responder a las palabras del Emperador, debido a que apenas contenían la respiración mientras vigilaban a Theodore, pero al Emperador no le importó.

Como era de esperar, había tomado la decisión correcta.

‘El Este, que posee a una persona tan peligrosa, debe mantenerse bajo control por todos los medios necesarios. Si Arianna se convierte en la esposa del Quinto Príncipe, el Este no se atreverá a albergar intenciones rebeldes.’

(N/T: ¡Es un éstud1do! No se da cuenta que, si algo le pasa a Arianna en manos del violento 5to Príncipe, el Este arrasaría el Imperio…)

“A partir de hoy.” (Theodore)

Theodore dijo, mirando al Emperador con sus brillantes ojos azules.

Una voz grave y profunda llenó la sala.

“El Imperio ha perdido su ala oriental.” (Theodore)

Ante la proclamación de Theodore, el Emperador se puso de pie de un salto. Su rostro se enrojeció.

“¡Lord Theodore! ¿Acaso está diciendo que cometerá traición?”

“¿Traición?” (Theodore)

Una sonrisa fría se dibujó en los labios de Theodore.

“Kairian Blenwitt.” (Theodore)

Theodore pronunció con audacia el verdadero nombre del Emperador, que nadie se atrevía a pronunciar. El color desapareció del rostro del Emperador, y los presentes contuvieron la respiración.

“Parece que lo entiendes mal. Los cinco reinos feudales formaron una alianza para traer estabilidad al continente en el pasado, y fue solo gracias a las grandes contribuciones del Emperador Fundador de aquel entonces y, como resultado de ese acuerdo, los cuatro reinos se convirtieron voluntariamente en estados vasallos como tal. En realidad, el Imperio y los estados vasallos estaban unidos por lazos de amistad, no por una relación de soberano a súbdito.” (Theodore)

Theodore fulminó con la mirada al Emperador.

“Si el Imperio da un paso al frente para romper nuestra amistad, no hay razón para que Gran Ducado Este mantenga esa lealtad hasta el final. Si el Imperio no puede comprender el corazón de los cuatro reinos, ahora estados vasallos, que han dedicado su lealtad a proteger la paz, incluso mientras usted olvida el pasado y actúa bajo la errónea idea de que es un amo que domina a los estados vasallos, ¿hay alguna razón para que el Este siga siendo leal?” (Theodore)

“Tú… tú, canalla… ahora… ahora estás cometiendo traición…”

“Si tu cerebro no puede entenderlo ni siquiera después de que te lo haya explicado, entonces bien, considéralo traición. ¡De ahora en adelante, el Imperio ha perdido a su Ala Oriental!” (Theodore)

Louis, que había seguido a Theodore mientras se escondía, colocó silenciosamente su mano en la empuñadura de su espada.

Había oído rumores de que… Theodore tenía una personalidad irascible, pero ella jamás imaginó que casi llamaría tonto al Emperador en su cara.

El Emperador no dejaría que Theodore saliera ileso.

Louis nunca había visto a Theodore pelear. Aunque Theodore era digno de respeto en presencia del Emperador, pero no tenía ni idea de cómo se desenvolvería frente a jóvenes caballeros en la flor de la vida.

“¡Mátenlo!” – Gritó el Emperador.

“¡Maten a ese loco inmediatamente por atreverse a hablar de traición en presencia del Emperador! ¿Qué están haciendo? ¡Maten a este bastardo ahora mismo!”

Los caballeros, que habían estado observando aturdidos la rápida evolución de la situación, desenvainaron sus espadas.

Sin embargo, siendo caballeros de élite cuidadosamente seleccionados como guardia personal del Emperador, el silbido de sus espadas al desenvainarlas fue feroz. Aunque las espadas de los diez caballeros brillaban con frialdad, Theodore no mostró ningún signo de miedo.

Aún no había desenvainado su espada y miraba fijamente al Emperador en silencio.

Los guardias miraron al Emperador, inseguros de si debían matar al antiguo Señor del Este en ese mismo instante. El Emperador gritó con el rostro enrojecido:

“¿Por qué siguen ahí parados? ¡Maten a ese tipo ahora mismo!”

Solo entonces los caballeros comenzaron a moverse.

Entonces, Theodore gritó: “¡Alto!”

La energía del veterano guerrero se extendió en todas direcciones y los caballeros se quedaron paralizados como presas expuestas, al oír el rugido de una bestia salvaje.

El poder de su voz les paralizó los tobillos.

Aunque Theodore estaba indefenso, sin siquiera tocar su espada, los caballeros no pudieron encontrar una abertura en él.

Louis sintió lo mismo.

Theodore desprendía un aura tan feroz que incluso a Louis se le heló la sangre.

La imagen de la mano de Theodore extendiéndose hacia la espada parecía moverse a cámara lenta. Sin embargo, eso se debía simplemente a que el tiempo se había alargado a la percepción de los observadores; cuando recuperaron la consciencia, la afilada espada ya se había revelado y brillaba en su mano.

Una energía azul brotó de su espada y se extendió lo suficiente como para partir el techo. Un aura feroz emanó de sus anchos hombros y llenó con fiereza la habitación del Emperador.

“¿Quién se atrevería a atacarme?” (Theodore)

La punta de la espada que sostenía Theodore apuntaba al cuello del Emperador.

“¿Cómo podrían los caballeros de alguien tan absorto en la paz que ni siquiera reconoce a un súbdito leal atreverse a enfrentarme?” (Theodore)

Theodore torció los labios con una sonrisa fría y se giró para mirar a los caballeros con frialdad.

“Si tienen confianza, adelante. Ataquen, si pueden.” (Theodore)

Nadie se atrevió a dar un paso al frente.

Los caballeros, que habían vivido a salvo en el imperio bajo la protección de los cuatro reinos y nunca se habían enfrentado a un verdadero enemigo, no pudieron doblegar el espíritu del veterano guerrero que aún blandía su espada en el campo de batalla.

Para los caballeros que habían obtenido las mejores calificaciones en la academia, pero que casi no tenían experiencia en combate real, el espíritu del general, que había luchado en guerras toda su vida, era demasiado imponente.

Tan intenso que les impedía siquiera atreverse a atacarlo por la espalda, incluso después de que Theodore se diera la vuelta. Tan intenso que les impedía respirar con normalidad debido a su aura valiente y opresiva.

Nadie podía impedir que el héroe que había luchado por el imperio toda su vida se marchara.

“¿Por qué están todos ahí parados? ¿Por qué no agarran a ese bastardo y lo matan ahora mismo?”

Solo los gritos del insensato Emperador, aún incapaz de comprender la situación, se dispersaron en vano por el aire, sin llegar siquiera a Theodore.


Nameless: ¡Que hermoso capítulo! Será un placer verlo en el manhwa.

Anterior Novelas Menú Siguiente

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio