Capítulo 169 – La estrella de la fiesta (3)
La puerta se abrió.
Todos los nobles que conocían la relación entre la familia Bronte y la Princesa del Este apartaron la vista de Victoria y dirigieron su mirada hacia la puerta que se abría.
Lo primero que llamó su atención fue la vestimenta del Joven Lord Geor, el heredero del Gan Señor del Este y del joven Duque Averaster White. Llevaban uniformes con estampados azules sobre fondo blanco, el color del Territorio Este.
Los uniformes blancos combinaban a la perfección con su cabello azul marino, creando una impresión muy agradable a la vista.
Isabelle, con un vestido azul celeste claro, estaba junto al joven Lord Geor, y Winona, con un vestido verde, estaba al lado de a Averaster.
Un destello de una falda blanca asomó al entrar. Y en el momento en que se reveló la persona detrás de ellos, todos contuvieron la respiración de una manera diferente a cuando apareció Victoria.
Arianna llevaba un vestido blanco puro.
Arianna era la única que llevaba un vestido blanco liso en la fiesta del Palacio Imperial. El vestido vaporoso le confería una apariencia inocente, y sus hombros ligeramente descubiertos y sus muñecas delgadas eran excepcionalmente blancas.
La mitad de su voluminosa melena azul celeste estaba recogida y la adornó con una elegante horquilla, añadiendo un toque de distinción a un atuendo que fácilmente podría haber resultado demasiado sencillo.
Arianna era la personificación perfecta de una joven dama que asiste a su baile de debutantes.
Tenía las mejillas sonrojadas, como si se sintiera tímida ante las miradas se posaban en ella, era linda y encantadora como una flor que florece junto al lago.
Caminó con paso firme a pesar de su incomodidad, con una delicadeza y un aspecto ¿ tan frágil que quienes la observaban sintieron de inmediato el deseo de sostenerla.
Finalmente, Arianna se detuvo frente al Emperador y su familia, inclinó suavemente la cabeza y flexionó las rodillas. La Emperatriz habló amablemente:
“Hacía mucho tiempo que no veía un vestido tan brillante. Hoy alguien ha venido con un vestido rojo como la sangre.” (Emperatriz)
“El rojo es el color de la Casa Blenwit del Imperio y pertenece también a Su Majestad la Emperatriz; ¿cómo podría atreverme a robar ese color en una fiesta de palacio? Simplemente vestí un vestido blanco, de acuerdo con la costumbre imperial, y le agradezco que lo haya visto con tan buenos ojos.”
El Emperador también observaba, aparentemente intrigado por la calma de Arianna.
“El Gran Señor del Este educó bien a su hija. Me alivia verte más saludable que la última vez que te vi.” (Emperador)
“Gracias, Su Majestad.”
Después de eso, Arianna intercambió unas palabras más con la Emperatriz, mientras tanto, la Princesa la observaba con una mirada divertida.
Finalmente, Arianna se apartó de la familia del Emperador y se giró, encontrándose con la mirada de Victoria.
Victoria miró a Arianna con ojos llenos de sorpresa e ira. Arianna le dedicó una dulce sonrisa a su hermana y luego se marchó en otra dirección con Geor.
En ese momento, alguien se acercó a Arianna.
Era Cyrus.
Todos prestaron atención a los movimientos de Cyrus, quien había permanecido en silencio en un rincón desde que llegó a la fiesta.
Cyrus se detuvo frente a Arianna y le extendió la mano cortésmente, pero Arianna no se la dio y habló en voz baja.
“Gran Señor del Norte prometió no comportarte así en la fiesta.”
“Al ver el atuendo de la Princesa, temí que alguien pudiera raptarte. Si me avergüenzas rechazándome así, tu valor seguramente aumentará, aunque eso me romperá el corazón.” (Cyrus)
Arianna extendió la mano solo después de mirarlo fijamente una vez. Cuando Cyrus besó suavemente el dorso de la mano de Arianna, los presentes dejaron escapar un leve jadeo.
“Así que, después de todo, el Gran Señor del Norte estaba interesado en la Princesa del Este.”
“Claro, la Princesa del Este sería sin duda la pareja perfecta para el Gran Señor del Norte.”
Mientras todos los asentían para sí mismos, solo Victoria tenía una opinión diferente.
‘¿Por qué? ¿Por qué no llevas un vestido rojo? ¿Por qué el Gran Señor del Norte se interesa en ti? Y…’ (Victoria)
Solo entonces Victoria observó a su alrededor.
‘¿Por qué no hay nadie a mi alrededor?’ (Victoria)
Solo Rachel permanecía junto a Victoria, y nadie más intentaba acercarse. La gente se mantenía a distancia, como si una barrera invisible las rodeara.
No se había dado cuenta antes, pero las miradas dirigidas a Victoria estaban llenas de burla, desprecio, ridículo y odio. No podía entenderlo.
Hasta hacía unos pocos años, Victoria siempre había sido la protagonista.
Todos la veneraban y la elogiaban por ser mejor que sus hermanas mayores. Incluso el estricto Gan Señor del Oeste la consideraba ‘la nieta más destacada.’
‘Pero ¿qué son esas miradas? ¿Por qué me miran todos así?’ (Victoria)
Victoria casi gritó. Si Rachel no la hubiera sujetado con fuerza de la muñeca, sin duda habría gritado.
“Tranquila, Victoria.” – Dijo Rachel.”
“Tranquila. Puedes superar esto. ¿Entiendes?” (Rachel)
La voz de su madre no le sirvió de mucho consuelo, pero la ayudó a calmar sus turbulentas emociones. Victoria apretó los puños con fuerza y asintió.
‘Sí, claro que puedo.’ (Victoria)
Arianna era inculta. Podía imitar bastante bien la etiqueta de la corte imperial, pues la había visto y oído en alguna parte, pero era seguro que su falta de conocimiento quedaría al descubierto si la conversación se alargaba.
“Como había oído palabras de halago de la Emperatriz, estará emocionada y se pondrá muy habladora.” (Rachel)
Rachel habló en voz baja, como si compartiera el mismo pensamiento.
“Si habla demasiado, revelará su insensatez. Se buscará su propia perdición, así que concéntrate en el Tercer Príncipe.” (Rachel)
De repente, el Tercer Príncipe le vino a la mente, así que Victoria lo buscó con la mirada, solo para encontrarlo rodeado de jóvenes nobles. Sin embargo, su mirada seguía a Arianna.
Estaba tan estupefacta que dejó escapar una risa hueca.
Primero el Gran Señor del Norte, y ahora el Tercer Príncipe. Además, Arianna tenía a su cargo a un grupo de apuestos hombres que eran como sus hermanos mayores. Damas nobles y jóvenes que miraban a Geor ya estaban coqueteando con Arianna, intentando causar una buena impresión.
Era una escena repugnante y a Victoria le revolvió el estómago.
Hasta hacía pocos años, Arianna era la oveja negra de la familia Bronte. A nadie le importaba. – ‘¿Pero por qué todos están tan desesperados por impresionar a Arianna ahora?’
No tenía sentido. Eso no estaba bien.
Victoria quería dirigir el centro de atención de la fiesta hacia sí misma. Quería que todas las miradas se posaran en ella, como en los viejos tiempos.
“Madre, ve y dile al Tercer Príncipe que recuerde nuestra promesa.”
Rachel frunció el ceño ante el tono autoritario, como si la trataran como a una sirvienta, pero no tenía otra opción. Por ahora, debía desviar, aunque fuera un poco, la atención que Arianna recibía hacia Victoria.
Si Victoria bailaba su primer baile con alguien como el Tercer Príncipe, que era de noble cuna, su honor se vería un poco restaurado.
Rachel tragó saliva, avergonzada, y se acercó a Harold. Harold, que conversaba con los nobles, fingió no darse cuenta, aunque vio a Rachel acercarse.
“Tercer Príncipe.” (Rachel)
Harold no respondió durante un buen rato, ni siquiera al llamado de Rachel. Los nobles se volvieron para mirarla, preguntándose qué le pasaba. Rachel habló con esfuerzo, intentando sonar tranquila.
“¿Podría hablar con usted un momento?” (Rachel)
Una vez más, Harold la ignoró por completo. Tanto que incluso los nobles susurraban a lo lejos mientras los observaban.
El corazón de Rachel hirvió de humillación.
“Sí, Duquesa.”
Harold, que respondió bastante tiempo después, luego comenzó a caminar. Rachel se apresuró tras él, pero sus ojos se encontraron con los de Arianna, que miraba en esa dirección.
Se le encogió el corazón y sintió que se le ruborizaba el rostro al darse cuenta de esa mirada burlona. Rachel quiso regañarla, preguntarle quién se creía para mirar así a su propia madre.
Sin embargo, en ese momento, el asunto con el Tercer Príncipe era urgente.
Harold se detuvo en un lugar apartado y tomó dos vasos de la bandeja de un sirviente que pasaba por allí. Le dio uno a Rachel, bebió un sorbo y preguntó con arrogancia:
“¿Qué pasa?”
“Es bueno disfrutar de la fiesta, pero ¿no debería recordar la promesa que le hizo a Victoria?” (Rachel)
“Ja.” – Harold resopló con fastidio.
“Sí que recuerdo la promesa. Sin embargo, parece que es la Princesa quien no la recuerda. ¿Le importaría explicarme por qué apareció vestida así?”
A Rachel le ardían las orejas.
“Ha venido con un vestido del mismo color que el de Su Majestad la Emperatriz y se comporta así; ¿qué cree que pensará la gente de mí si la invito a bailar? Señora, no es que no entienda que se preocupe por su hija, pero por favor, póngase en mi lugar. Yo también estoy en una situación muy difícil.”
Rachel jamás imaginó que ella sería ridiculizada por culpa de una de sus hijas, y menos aún que sería por Victoria, precisamente ella. Pero incluso ella pensó que la Victoria de hoy se había pasado de la raya. ¿Por qué? ¿Por qué una niña tan inteligente como Victoria tomaría semejante decisión?
Rachel, mordiéndose el labio inferior, volvió a mirar a Arianna a los ojos. Una leve sonrisa apareció en los labios de Arianna y luego desapareció.
‘¡Es por esa niña!’ (Rachel)
Cuando tuvo lugar el desfile de elefantes, Rachel no pudo salir porque estaba enferma en cama, pero oyó que Arianna había llevado un vestido muy elegante.
‘¡Esa niña provocó a Victoria!’ (Rachel)
No sabía qué tipo de conversación habían tenido Arianna y Victoria. Pero era evidente que Arianna debía haber provocado a Victoria de alguna manera.
Rachel no podía soportar esa situación a menos que culpara a otros de esa manera.
“En cualquier caso, hoy es absolutamente imposible. Si bailara con la Princesa, que está con ese atuendo, también me ganaría el disgusto de la Emperatriz. Espero que la Duquesa lo entienda.”
Harold terminó de hablar y se giró bruscamente.
Rachel nunca había sido tratada así por nadie. Parecía como si el mundo entero le hubiera dado la espalda. Vio a unas damas susurrando y mirándola. El mundo parecía dar vueltas a su alrededor.
En medio de todo aquel caos, solo los profundos ojos azules de Arianna permanecían fijos en su sitio.
Arianna ya ni siquiera miraba a Rachel.
Bailaba con Cyrus, quien la había invitado a bailar su primer baile, atrayendo miradas envidiosas de todos. La gente los observaba con ojos llenos de envidia y sorpresa, pero Rachel sentía que todas las miradas estaban puestas en ella.
Era un momento terrible.
***
Victoria contuvo la respiración y miró fijamente al hombre y la mujer que bailaban en el centro de la pista.
Sonriendo alegremente mientras bailaba con Cyrus, Arianna irradiaba más vitalidad que cualquier otra mujer presente. Su vestido blanco, que se mecía suavemente con cada movimiento, la hacía parecer una diosa flotando entre las nubes.
Tanto hombres como mujeres la admiraban e incluso los sirvientes se detuvieron un instante para contemplarla. En aquel lugar, donde se había congregado una multitud y los nobles de menor rango ni siquiera habían puesto un pie, Arianna era la estrella de la fiesta.
Victoria apenas logró apartar la vista de Arianna y mirar a su alrededor. Vio a Rachel acercándose con el rostro pálido. Harold no estaba por ninguna parte.
“¿Qué pasó?”
“Parece que hoy no tiene ganas de bailar.” (Rachel)
“Madre, ¿por qué no puedes hacer bien ni una sola cosa que te digo?”
Rachel parecía profundamente dolida, pero a Victoria no le importó.
La lista de peticiones de baile que se recibió al entrar contenía los nombres de numerosos jóvenes nobles, pero ahora todos miraban solo a Arianna y no tenían intención de acercarse a Victoria.
Incluso cuando sus miradas se cruzaban ocasionalmente, las apartaban rápidamente como si algo los hubiera impactado y hubieran visto algo repugnante.
¿Por qué reaccionaban así?
Victoria había consumido muchos corazones de hermosas bestias antes de ir allí. Aunque su vestido fuera demasiado extravagante, los hombres deberían haberse agolpado a su alrededor como abejas atraídas por el aroma de una flor.
Pero ¿qué significaba esa expresión? ¿Por qué reaccionaba como si estuvieran viendo un reptil asqueroso?
¿Y por qué…?
Victoria dirigió su mirada hacia Arianna, que acababa de terminar el primer baile.
Cyrus había sido el único hombre en invitarla a bailar, y ahora nadie la había invitado. Sin embargo, eso se debía simplemente a que Cyrus, Geor y Averaster los habían repelido, rodeando a Arianna como para protegerla. Innumerables jóvenes la miraban de reojo, esperando la oportunidad de invitarla a bailar.
‘¿Por qué lo tienes todo y yo no? Me esfuerzo tanto, incluso devorando esos repugnantes corazones, y aun así no consigo mis objetivos. ¿Por qué obtienes todo lo que deseo con solo quedarte quieta? ¿Por qué?’
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