Capítulo 104 – Cada vez que la niña corre hacia mí
En el baño de la casa de Jeong-Oh.
El baño no tenía ducha separada y el agua caliente tardaba en salir. Mientras Ji-Heon tomaba la alcachofa de la ducha para lavarse, sintió rigidez en todo el cuerpo. Después de estar tanto tiempo acostado en la cama, parecía que le dolía el cuerpo.
Aunque sentía rigidez en el cuerpo, su corazón estaba tan cálido como el agua caliente que corría. Ji-Heon se lavó el cuerpo con cuidado, asegurándose de que la pegatina de su muñeca no se despegara.
Al salir, el reconfortante aroma de la sopa de algas se había esparcido por toda la casa.
“¡Date prisa y ven a comer, papá de Ye-Na!” – Guk-Sun gritó.
Después de que él respondiera y se sentara a la mesa, Ye-Na se sentó a su lado.
Jeong-Oh salió de la habitación y regañó a Ye-Na con firmeza.
“Lee Ye-Na, sabes que tienes que comer sola por la mañana. Sabes que mamá y papá están ocupados.”
Tenía la intención de pedirle a su padre que le diera de comer, pero ahora que su madre había revelado sus verdaderos sentimientos, Ye-Na hizo un puchero.
Sin embargo, Ji-Heon puso guarniciones en el plato de Ye-Na.
“Ye-Na puede comer sola, y papá puede ponerle las guarniciones. ¿Verdad?” (Ji-Heon)
Ante la amable sugerencia de Ji-Heon, Ye-Na asintió con entusiasmo.
‘¡Hmph! ¿Así que dices que el vínculo padre-hija puede ebosar de cariño desde la mañana!’ (Ji-Heon)
Jeong-Oh, algo malhumorada, se giró hacia Guk-Sun y dijo con voz nasal:
“Mamá, Jeong-Oh también necesita guarniciones.”
Al ver las adorables travesuras de su hija de treinta años, Guk-Sun le sirvió unas guarniciones de carne en su plato.
“Come. Come mucho, cerdita.” (Guk-Sun)
“¿Por qué soy una cerdita? Ye-Na es una cachorrita, ¿entonces por qué soy una cerdita? ¿Y por qué me dan comida de cerdita mientras me llaman cerdita?”
A pesar de quejarse, Jeong-Oh devoró con avidez las guarniciones que Guk-Sun le había dado.
Ye-Na se rió a carcajadas y le explicó la situación a Ji-Heon.
“Papá, en casa tenemos apodos. Mamá es una cerdita y yo soy una cachorrita.” (Ye-Na)
Aunque al dormir le dolía la espalda y tuvo que esperar mucho tiempo a que saliera el agua caliente, aunque la casa no tenía ascensor y había un solo baño, la primera mañana en casa de Jeong-Oh fue realmente agradable.
Un desayuno caliente preparado personalmente por su madre, el parloteo de un bebé que parecía un pajarito.
El cariño de Jeong-Oh hacia su madre, algo que rara vez se veía cuando estaban a solas, junto con el carisma de su madre, que no cambió su expresión a pesar de tanto afecto.
Todo era fascinante, y los ojos de Ji-Heon vagaban de un lado a otro sin parar. Esperaba adaptarse rápidamente a ese entorno.
Ye-Na parecía disfrutarlo incluso más que Ji-Heon. Después del desayuno, correteaba por la casa preguntando si ahora viviría con papá y Jeong-Oh la regañó un par de veces. Ji-Heon le dijo a Ye-Na que pronto vivirían juntos.
Ye-Na no soltó la mano de Ji-Heon hasta que subió al autobús del jardín de infancia.
“Papá, volverás por la tarde, ¿verdad?” (Ye-Na)
“Claro. Más tarde, vendré a ver a Ye-Na.”
“De acuerdo. Nos vemos luego.” (Ye-Na)
Agitando la mano, Ye-Na tiró del brazo de Ji-Heon. Mientras Ji-Heon se inclinaba, Ye-Na se llevó las manos a la boca. Era una señal para un susurro secreto. Ji-Heon se arrodilló y se sentó frente a Ye-Na.
“Si te mando un mensaje, tienes que responderme. ¿Entendido?” (Ye-Na)
No era un secreto muy importante, pero la voz de Ye-Na le hizo cosquillas a Ji-Heon, haciéndole encoger los dedos de los pies.
“¿Qué clase de conversación secreta tienen todos los días?”
Después de despedir a Ye-Na, Jeong-Oh, que había estado observando la conversación entre padre e hija, preguntó, preocupada de qué su hija que la evitaba con frecuencia últimamente, estuviera conspirando con su padre.
“Eso es un secreto. ¿Por qué? ¿Tienes curiosidad?” (Ji-Heon)
“¡No, no tengo curiosidad para nada!”
Cuando Ji-Heon la molestó, Jeong-Oh giró la cabeza desafiante. Ji-Heon la rodeó con el brazo y la atrajo hacia sí.
A diferencia de la ansiedad de ayer, esta mañana se sentía infinitamente cosquilleante y cálida. Casi le daba pena tener que regresar a su solitaria casa.
Ji-Heon fue a trabajar con Jeong-Oh. Tras despedir a Jeong-Oh en la entrada de la oficina, sintió las miradas incómodas de los empleados con los que se cruzó al entrar solo.
Pensó que sería así por un tiempo. No le quedaba más remedio que esperar a que pasara el tiempo.
Sin embargo, cuando estaba con Ye-Na, sentía que el tiempo pasaba demasiado rápido, lo que le oprimió el corazón. En definitiva, el tiempo que pasaba con Ye-Na era más valioso que su reputación en el trabajo, así que la incomodidad en la oficina se volvió insignificante.
De hecho, parecía que la gente a su alrededor se preocupaba más por su bienestar. En cuanto Seung-Kyu vio llegar a Ji-Heon a la oficina, corrió hacia él, examinándolo con una mirada aguda.
“¿Llevas la misma ropa que ayer?” (Seung-Kyu)
“Sí. Iba a cambiarme.”
Mientras Ji-Heon sacaba una camisa extra de su cajón, su amigo dijo:
“¿Por qué llevas la misma ropa?” (Seung-Kyu)
“Me quedé en casa de Jeong-Oh.”
“Ah, ¿eso significa que están un paso más cerca de vivir juntos?” (Seung-Kyu)
“En cierto modo, sí.”
Como Ji-Heon había dirigido la conversación con facilidad proporcionándole a Seung-Kyu la información que le interesaba, le fue más sencillo sacar el tema. Seung-Kyu, con el corazón latiéndole con fuerza, preguntó con cautela.
“¿Qué planes tienes para la casa? ¿Vas a buscar una nueva o vas a trasladar las cosas de Lee Jeong-Oh a la casa donde vives?” (Seung-Kyu)
“Estaba pensando en buscar una casa cerca del vecindario donde vive Jeong-Oh, pero ahora que su madre dejó de trabajar en el restaurante, creo que no importa dónde sea.”
‘¡Ah!’ (Seung-Kyu)
“¿Qué tal nuestro vecindario?” (Seung-Kyu)
“Eso también suena bien.”
“¡Genial! Los apartamentos del complejo de al lado se están vendiendo muy bien. Hoy descubrí que aún hay una propiedad disponible en el último piso. Esos apartamentos en la planta superior son una maravilla. ¡Increíbles! Si consigues uno allí, Ye-Na y nuestro Do-Bin podrán ir juntos a la escuela y también asistir juntos a la academia de Go, jugar juntos a menudo y salir de excursión los fines de semana. ¡Sería realmente maravilloso!” (Seung-Kyu)
Al percibir una señal positiva, Seung-Kyu se emocionó y comenzó a hablar sin parar sobre sus planes para su futuro. La expresión de Ji-Heon se fue estrechando poco a poco.
Ye-Na y Do-Bin asistiendo a la misma escuela…
Hasta ahora, se había sentido agradecido con Do-Bin, pero ahora que Ye-Na lo reconocía como padre, su perspectiva había cambiado un poco.
(N/T: ¡Lo sabía!)
A Do-Bin le gusta mucho Ye-Na. Probablemente le gusta demasiado. Incluso podría decir que está enamorado de ella. ¿Acaso no mencionó una vez que se enamoró de ella a primera vista?
Aunque a Ji-Heon no le molestaba que a Do-Bin le gustara Ye-Na, sintió una punzada de decepción al pensar que a Ye-Na le gustara Do-Bin.
¿Qué es este sentimiento? ¿Es el instinto paternal de no querer perder a su hija ante otro hombre?
“Sí, lo pensaré.” – Ji-Heon respondió de manera vaga.
No creía que fuera bueno para Ye-Na ni para Do-Bin que se gustaran siendo tan jóvenes. Pensé que debería darles una advertencia sutil tanto a Ye-Na como a Do-Bin.
Dejando de lado la emotiva conversación por un momento, Ji-Heon cambió de tema para continuar.
“Tengo una pregunta. Mencionaste la última vez la terapia de hipnosis, ¿verdad? ¿Conoces a algún profesor?”
“No conozco a ninguno personalmente, pero puedo investigar. Conozco a bastantes psiquiatras.” (Seung-Kyu)
“De acuerdo. Entonces, por favor, averígualo por mí. Te lo agradecería.”
Seung-Kyu asintió y entrecerró los ojos, preguntando:
“Cuando lo propuse anteiormente, parecías indiferente. ¿Cambiaste de opinión?” (Seung-Kyu)
“Jeong-Oh lo mencionó.”
“Escuchas muy bien a Lee Jeong-Oh, ¿eh?” (Seung-Kyu)
“…”
“Qué interesante. Has madurado mucho, Jeong Ji-Heon.” (Seung-Kyu)
(N/T: Seung-Kyu… ¡Date cuenta! A quien tienes que convencer con el tema de la nueva casa es a Jeong-Oh… No a él.)
Ji-Heon sonrió en señal de asentimiento, disfrutando bastante de las bromas de Seung-Kyu.
Seung-Kyu miró a Ji-Heon con satisfacción, como un hermano mayor orgulloso que ve a su hermano menor comportarse por fin como una persona.
Mientras Ji-Heon se desabrochaba los puños de la camisa, la mirada de Seung-Kyu se posó en el extraño dibujo pegado a su muñeca. La combinación de Ji-Heon y una pegatina parecía completamente fuera de lugar.
“¿Qué es eso en tu muñeca?” (Seung-Kyu)
«Está bien.» Está bien. ¡Basta!
“Oh, esto es algo que Ye-Na me dio esta mañana…”
Como si hubiera estado esperando la pregunta, Ji-Heon se acercó a Seung-Kyu y le mostró la pegatina en su muñeca.
“¡Vale, vale, basta! ¡Ya es suficiente!” (Seung-Kyu)
En cuanto Ji-Heon abrió la boca, Seung-Kyu se tapó los oídos y se dio la vuelta exasperado.
Él había preguntado primero.
Decepcionado por no poder presumir de ello a pesar de su gran ilusión, Ji-Heon terminó de cambiarse de ropa.
Después, Ji-Heon salió de la empresa de inmediato.
Conduciendo solo, se dirigió a la casa de su familia. Llamó a Jae-Gwang desde fuera, un momento después, oyó la voz severa de Jae-Gwang.
“Tengo que ir a una reunión ahora. Dime qué necesitas.” (Jae-Gwang)
“¿Hablaste con mamá ayer?”
“No. Tu madre está enferma en cama.” (Jae-Gwang)
Parecía que, debido a que estaba postrada en cama, no había tenido la oportunidad de mencionar nada sobre Jeong-Oh. Tras colgar, Ji-Heon suspiró en voz baja.
No había contactado a Young-Mi por separado. No quería hacerlo. En cuanto entrara por la puerta principal, Young-Mi recibiría una notificación, así que no era necesario contactarla por separado.
Al revisar la notificación, Young-Mi le indicó al personal que enviaran a Ji-Heon a su habitación.
Ayer, Young-Mi había ido a confrontar a Lee Jeong-Oh con la intención de doblegarla, pero regresó muy enfadada por una reacción muy diferente a la anterior. Después de eso, ni siquiera pudo comer y se quejaba de dolor. Reflexionar sobre las palabras de Jeong-Oh la dejó devastada, y fingió estar más enferma de lo que realmente estaba.
Esperaba que su esposo notara que ella estaba sufriendo y que se lo contara a Ji-Heon. Si los dos hombres se preocupaban por ella, eso aliviaría un poco su sentimiento de injusticia. Así que estaba emocionada por la notificación de que Ji-Heon había venido a visitarla.
Escuchó pasos que se acercaban. Young-Mi dejó escapar un gemido más exagerado.
“Madre.”
Al oír la voz de Ji-Heon, Young-Mi se levantó lentamente de su sitio, que había estado de espaldas a la puerta.
“Sí. Hola, hijo.” (Young-Mi)
Fue gratificante que reaccionara a la noticia de que su mamá estaba enferma.
“¿Por qué viniste si debes estar ocupado? Deberías estar trabajando.” (Young-Mi)
Mirando a Ji-Heon con orgullo, Young-Mi habló con dificultad.
“Ah, es así.”
Sin embargo, a diferencia de la mirada cariñosa de Young-Mi, sus ojos estaban llenos de hostilidad.
“¿Fuiste a ver a Jeong-Oh?”
“¿…Acaso no esperó ni un segundo antes de contarte todo?” (Young-Mi)
Era imposible no sentir una oleada de emoción. Había esperado oír que había venido corriendo, porque estaba preocupado tras escuchar lo que su padre había dicho, pero era diferente a lo que esperaba.
La historia de Jeong-Oh fue lo primero que salió primero de boca de Ji-Heon, como si fuera lo más natural del mundo. Le disgustaba que su hijo, que rara vez le hacía caso, corriera hasta la casa de sus padres, que apenas visitaba, por algo que la madre de la niña le había dicho.
Sin embargo, Ji-Heon no reaccionó ante la expresión de enfado de su madre.
“Te dije claramente que no fueras a ver a Jeong-Oh.”
“…” (Young-Mi)
“También te dije que si ibas a ver a Jeong-Oh, no te volvería a ver jamás”
“…” (Young-Mi)
“Te lo dije claramente, ¿por qué hiciste eso, madre?”
‘¿Cómo te atreves a interferir en mi vida?’
Una voz tan baja que daba escalofríos resonó agudamente, como si estuviera desgarrando la piel de Young-Mi.
Una vez más, las manos Young-Mi temblaron violentamente, igual que ayer. Ahora, su hijo la consideraba poco más que una subordinada.
“Mi hija, que debería haber crecido siendo la más preciado del mundo, ha vivido sin padre durante siete años, y su madre ha sufrido tanto. ¿De verdad te es tan indiferente? ¿De verdad quieres atormentar a Jeong-Oh de esa manera?”
“¿Atormentarla? ¿De qué tonterías estás hablando? ¡Yo soy la atormentada! ¡Yo fui la humillada por ella ayer…!” (Young-Mi)
“Madre.”
Ji-Heon llamó a Young-Mi con un tono gélido.
Ese tono frío era inquietante y parecía conocer el secreto de cómo había contratado a un actor de voz para interceptar las llamadas de Jeong-Oh doblaje hace mucho tiempo.
“Madre. Cada vez que la niña corre hacia mí, tengo que contener las lágrimas.”
Por un instante, un brillo de lágrimas asomó en los ojos de su hijo.
“No puedes entenderlo, ¿verdad? Nunca has perdido un hijo.”
Pero pronto, la expresión de su hijo se volvió fría de nuevo. Su corazón, que sentía como si se le hubiera caído al suelo, se agitaba como un pez fuera del agua.
La madre no se daba cuenta.
Con sus propias manos, con su propio poder, había moldeado la crueldad de su hijo y lo había vuelto incapaz de amar a nadie. La obsesión y la ceguera, cuando el amor brotó en la tierra árida de sus emociones.
Ji-Heon era un hijo que podía abandonar a su madre en cualquier momento.
“Ya no quiero verte más, madre.”
Las espesas lágrimas que habían estado presentes en los ojos de Young-Mi cayeron sobre la manta con un suave golpe.
‘¡Cómo puedes! ¡Cómo puedes hacerme esto!’ (Young-Mi)
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