MCCED – Episodio 49.
Tras darme unas palmaditas en la espalda, mi hermana siguió al hombre y se marchó de inmediato. Su rostro había vuelto a ser el de Grace Clarisse, la Princesa de una nación.
El descarrilamiento de un tren de carga ocurrió justo debajo de la residencia del Gran Ducado. Un fugaz pensamiento cruzó por mi mente: ‘Mis hermanos volverían a pasar noches en vela durante un tiempo.’ – Era una perspectiva lejana para mí, que estaba a punto de partir hacia la Academia.
Observé la figura de mi hermana alejarse y sacudí la cabeza. Al separarme del abrazo de mi familia por primera vez en mucho tiempo, me invadió una constante nostalgia.
Pensé brevemente que cargar mi maleta en el compartimento de equipaje estaba tardando demasiado, pero ese pensamiento se desvaneció rápidamente. El compartimento de equipaje estaba en el interior y la maleta pesaba mucho, dado que me quedaría en la Academia durante medio año, y solo había un sirviente cargando el equipaje.
Solo pensar en la Academia me revolvió el estómago de nuevo. ¿Llegaría el día en que mi estómago se calme?
La Princesa del Reino de Fluard ya había subido al vagón y no estaba a la vista. Su vagón y el mío estaban colocados lo más lejos posible. Quizás sería mejor que yo también abordara ahora, no había forma de que me encuentre con ella.
Me sequé el sudor de la frente con un pañuelo una vez más.
Me esforcé por no mostrar que estaba enferma cuando estaba con mi hermana, pero ahora que estaba sola, no importaba. Y no era solo mi hermana. Ninguno de los que se preocupaban seriamente por mi salud estaba a mi lado. Eso significaba que podía sentir dolor y suspirar a gusto sin que nadie me interrumpiera.
Una risita llegó con el viento. Las alucinaciones auditivas comenzaron a persistir en mis oídos de nuevo. Mientras soltaba un profundo suspiro, una mirada escalofriante me atravesó de pies a cabeza de repente. Cuando levanté la vista, los magos oscuros me miraban al unísono. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, poniéndome la piel de gallina.
‘¿Por qué me miran?’
No podía ver las expresiones de sus rostros, ocultas por la sombra de sus sombreros, pero era obvio que me miraban. Me temblaron las manos involuntariamente. Me mordí el labio con fuerza e intenté girarme cuando una repentina ráfaga de viento sopló. En un instante, el pañuelo se me resbaló de la mano y fue arrastrado por viento.
(N/T: Saben lo que se me acaba de ocurrir, que tal vez Mare no tiene una hermana, fue él quien se infiltró en la academia vestido de mujer y así fue como conoció a la protagonista.)
Tengo que atraparlo.
El pañuelo salió volando rápidamente, como si se burlara de la mano que instintivamente había extendido. Por suerte, no había ido muy lejos cuando una mano apareció de repente y atrapó el pañuelo en el aire. Mi suspiro de alivio fue breve, ya que el cuerpo se me tensó rígidamente. La persona que había arrebatado el pañuelo vestía un uniforme negro.
Quizás por ser un acto reflejo, no pude acercarse de inmediato. Él miró alternativamente el pañuelo y a mí varias veces. Parecía estar absorto en sus pensamientos. A pesar de ser un mago oscuro, era un hombre con una mandíbula delgada y definida bajo su sombrero, suficiente para atraer miradas de admiración.
Él volvió a mirar el pañuelo. Luego, como si hubiera tomado una decisión, comenzó a caminar lentamente.
“¡Oye!”
Alguien lo llamó desde atrás. Él agitó la mano sin mucho entusiasmo, pero no se detuvo.
Cuanto más se acercaba, más se tensaba mi cuerpo. Instintivamente, me llevé las manos al pecho. Era consciente de cada respiración.
Pronto llegó a mi lado y se quitó el sombrero que llevaba puesto. En ese instante, alguien a lo lejos jadeó.
Era un hombre extraordinariamente apuesto que cautivó mi mirada como una estatua finamente esculpida. Sus ojos azules, que parecían brillar sin emoción, me miraban con una mirada sutil y penetrante. No lo había notado desde lejos, pero al acercarse, su altura se destacó. Tuve que alzar la vista un buen rato para ver su rostro con claridad. Parecía incluso más alto que mi hermano mayor.
Me ofreció el pañuelo en silencio.
“G-gracias.”
Acepté el pañuelo, sintiéndome muy nerviosa. Nuestras yemas de los dedos se rozaron ligeramente. Contrario a la impresión de sangre oscura y manos frías, las yemas que me rozaron por un instante estaban cálidas.
Al aceptar el pañuelo, las comisuras de sus labios se curvaron suavemente hacia arriba.
“De nada.” (Desconocido)
Su voz era tan suave como su atractiva apariencia. Él asintió una vez y estaba a punto de darse la vuelta. Si no le hubiera agarrado la manga en ese momento, habría regresado directamente con sus compañeros. Él se volvió hacia mí con expresión de sorpresa. Yo también me sorprendí.
Solo después de que se dio la vuelta me di cuenta de que le había agarrado la manga. Cuando me sobresalté y retiré la mano, su expresión fue sutil.
“Eh, estoy muy agradecida. ¿Por casualidad, podría… al menos saber tu nombre?”
La voz que salía de mis labios sonaba como si no fuera mía. A medida que continuaba hablando, mi voz se fue apagando. Solo después soltar esas palabras, mi rostro se puso rojo como un tomate.
Dios mío, debo estar loca. ¿Qué iba a hacer al preguntarle su nombre? Mi hermana me acababa de decir que no me juntara con ellos y en cuanto ella se fue, rompí mi promesa. ¿Qué pensará la gente?
Él me miró con una mirada que parecía observar algo curioso. Ese instante fugaz se sintió como una eternidad. Una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios. Su rostro, que otros podrían haber interpretado como una burla, estaba lleno de picardía. Lentamente inclinó la cabeza hacia mí y su rostro se acercó.
“Los secretos se vuelven más valiosos cuanto más tiempo se guardan.” (Desconocido)
Su aliento rozó mi frente.
Él sonrió con picardía y volvió a levantar la cabeza.
“Si alguna vez nos volvemos a ver, te lo haré saber.” (Desconocido)
Fue una frase extraña, ni del todo formal ni completamente condescendiente. Las palabras juguetonas le sentaban bien. Como si hubieran nacido para ser suyas.
Él se dio la vuelta como si nada hubiera pasado.
Agarré mi muñeca, que intentaba sujetar su manga de nuevo. – ‘Basta ya. Es suficiente. ¿Qué demonios quieres hacer?’
Y entonces, murmuré con la mirada perdida, como si despertara de un sueño.
“Mare.”
“Sí, estoy aquí.” (Mare)
Mare, en mis brazos, respondió de inmediato.
Él levantó ligeramente la cabeza y me miró con cautela. El rostro de la persona que estaba en la estación de tren se superpuso al rostro de la persona que ahora tenía en mis brazos. Al mismo tiempo, la escena dentro de la habitación se grabó instantáneamente en mi mente.
Finalmente había captado una pista sobre mis recuerdos perdidos, pero en lugar de alegrarme, solo me sentí más desconcertada.
El primer día de mis recuerdos perdidos. La estación de tren, el día que regresaba a la Academia. Nos conocimos ese día.
“Te conocí por primera vez en la estación de tren.”
Fue él quien atrapó el pañuelo y me lo devolvió. Su rostro quedó grabado en mi mente.
Ante mis palabras, Mare parpadeó con indiferencia.
“Creo que sí.” (Mare)
La forma en que levantó la comisura de los labios con picardía coincidía exactamente con la imagen que había recuperado de mis recuerdos. Sin duda era Mare. Era imposible que dos personas en el mundo tuvieran rostros así con personalidades semejantes.
Mare evitó dar una respuesta definitiva y se dio la vuelta. Antes de darme cuenta, la calidez en mis brazos se desvaneció. Lo que creía estar sujetando con fuerza se esfumó en un instante, y sentí un vacío interior. Un vacío profundo fluía como agua. Mi cuerpo se estremeció.
En lugar de soltarme suavemente, se arrodilló frente a mí. El tacto de su mano acariciando el dorso de la mía era cálido. Sentí como si me estuviera consolando. Él mantuvo la mirada baja, como una novia tímida, estaba evitando mi mirada deliberadamente.
“Creo que acabo de recordar el día en que nos conocimos por primera vez. ¿Es cierto?”
“Bueno, supongo que sí.” (Mare)
En su rostro se reflejaban claramente los rastros de una profunda reflexión mientras respondía vagamente.
¿Qué demonios intentaba ocultar? Su reacción me impacientó.
Él nunca respondía ni afirmativamente ni negativamente a mis preguntas, siempre hablaba con astucia, distorsionando los hechos. Era una forma de hablar que, según él, no consistía en mentir, pero que hacía quedar en ridículo a quien le escuchaba. Cuando en algún momento me daba cuenta de que había tergiversado los hechos, me sentía tan tonta y patética.
…Al igual que cuando me di cuenta demasiado tarde de que el Gran Ducado había sido ocupado.
Y pretendía volver a hacerme quedar como una tonta.
“Para ser honesto, me gustaría impedir que sigas rememorando tus recuerdos.” (Mare)
Sin embargo, en ese instante, Mare murmuró como si me hubiera leído la mente. Con una voz infinitamente reverente, como si se confesara ante Dios. La mirada que me dirigió, aunque solo fue por un breve momento, era tan inocente que parecía la de un creyente devoto.
“Ahora mismo, tu rostro está tan pálido que casi quiero traerte un espejo para que lo veas.” (Mare)
“¿Pálido?”
Instintivamente, me toqué la cara. Las puntas de mis dedos, pálidos como si la sangre se hubiera escapado de ellos, aparecían y desaparecían en mi campo de visión.
Mare me agarró la mano, que descansaba cerca de su rostro, y la acercó. Acarició el hueso delgado y prominente del dorso de mi mano como si lo raspara. Me hizo cosquillas y, al mismo tiempo, me recorrió un escalofrío por la espalda.
“Eres la única que me preocupa; ¿por qué no te das cuenta?” (Mare)
Fue un monólogo apenas audible. Fue un susurro tan seductor como el canto de una sirena, tan cautivador que sin darme cuenta casi solté que no lo haría si se preocupaba. Apenas logré volver a la realidad antes de poder siquiera emitir un sonido, como si estuviera bajo un hechizo.
Me resultó fácil recuperar la compostura gracias a su mirada melancólica y cabizbaja que evitaba la mía. Fue un alivio. Podría haber caído fácilmente bajo su hechizo.
Debe estar evitando dar una respuesta definitiva e intentando cambiar de tema porque hay una parte de los recuerdos que he recuperado que quiere eludir. Me devané los sesos tratando de averiguarlo. ¿Qué parte estaría él intentando ocultar? Mientras tanto, Mare llevó mi mano a su mejilla. Al sentir su piel suave rozar mi palma, un suspiro lánguido escapó de mis labios involuntariamente. Frotó su mejilla contra mi mano mientras me miraba lentamente.
Si su intención era usar su belleza para distraerme, lo había logrado. Con una belleza de aura misteriosa que me miraba desde abajo con ojos melancólicos, mi mente se paralizó y dejó de funcionar correctamente. Al cerrar los ojos con fuerza, oí un leve suspiro.
Una escena pasó fugazmente por mi mente.
“Pero Mare, estabas claramente en la estación de tren del Ducado. Te topaste conmigo.”
Abriendo los ojos de par en par, hablé involuntariamente con tono de reproche.
“No es un lugar cualquiera, sino mi país. No hay manera que no lo sepa.”
Si el recuerdo que acababa de tener no era una ilusión, entonces Mare ya había pisado el Gran Ducado hacía cinco años. Mi madre, que despreciaba a los hechiceros oscuros más allá del odio puro, jamás habría permitido que Mare, quien fue una de las figuras clave de la rebelión, pusiera un pie en el Gran Ducado, aunque pudiera tolerar a otros hechiceros oscuros.
Mare me miró fijamente, sin expresión. El extraño calor en su rostro ya se había disipado. Parecía estar esperando a ver qué iba a decir.
“¿Es esto uno de los secretos que me has estado ocultando? ¿Qué entraste a escondidas al Gran Ducado y que te encontraste conmigo desde ese entonces?”
“No puedo decir que sea del todo falso.” (Mare)
Y entonces, como si finalmente lo admitiera, murmuró.
“¿En qué estabas pensando? Madre no pudo haberte dado permiso, así que te colaste, ¿verdad?”
“No me atraparon.” (Mare)
“¡Ese no es el punto!”
Mi voz que gritaba temblaba de rabia.
Influenciados por mi madre, que odiaba a los hechiceros oscuros, mi hermana y mi hermano mayores los detestaban con la misma intensidad. Aunque el Imperio había solicitado su cooperación, era casi un milagro que un hechicero oscuro hubiera puesto un pie en el Gran Ducado, aunque fuera por un breve instante. Que Mare entrada clandestinamente no era un asunto simple. Si mi madre se hubiera enterado, entonces, sin duda…
El color desapareció por completo de mi ya pálido rostro.
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