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Capítulo 3. El protagonista masculino es un completo desgraciado

Por la época en la que sucedían los acontecimientos, todo encajaba perfectamente.

En la historia original, el protagonista masculino regresaba a la mansión poco después de la muerte de Claudia, y era entonces cuando comenzaba la trama principal.

Originalmente, Claudia debió de morir a causa de la fiebre justo cuando yo abrí los ojos.

Pero, como ocupé su cuerpo en ese momento, parecía que había logrado sobrevivir.

—…Está bien. Saldré, pero, a cambio, cuida de Dia por mí.

—Sí, mi señora.

Veronica también parecía haberse dado cuenta de que el protagonista masculino había regresado, pues su expresión se ensombreció.

Me dejó al cuidado de Sophia y se levantó de su asiento.

—Dia, mamá saldrá un momento, así que quédate comiendo con tu niñera, ¿de acuerdo?

—Mmm.

—Volveré enseguida. Tienes que comer bien, ¿sí?

—Sííí.

Abrumada por aquella inexplicable sensación de inquietud, respondí obedientemente a cada una de sus preguntas. Veronica esbozó una leve sonrisa y me acarició la cabeza con suavidad.

Me quedé mirando fijamente su espalda mientras salía de la habitación.

¿Qué sucedería ahora? Tal como ocurría en la novela original, ¿el protagonista masculino anunciaría descaradamente que pensaba llevar a la protagonista femenina a la mansión como su concubina?

Ojalá simplemente se divorciaran.

En la novela original, la familia de Veronica la apoyaba y se enfrentaba al protagonista masculino, pero terminaba cayendo debido a sus intrigas. Aun así, se trataba de una casa ducal del imperio.

La familia debería ser perfectamente capaz de proteger a Veronica si se divorciaba de él.

Después de terminar de comer, me quedé observando a Sophia en silencio.

Mientras me daba de comer, Sophia no había dejado de mirar la puerta con inquietud. Sin embargo, cuando nuestras miradas se encontraron, sonrió alegremente, como si no pasara nada.

—Niñera, quiero verme en un espejo.

—¿Un espejo?

—Sí.

Asentí con la cabeza. Aunque Sophia parecía desconcertada, me trajo un pequeño espejo.

Observé detenidamente mi reflejo.

Tenía el cabello largo, negro y brillante como el de Veronica, que contrastaba con mi piel blanca. Quizá porque era delicada de salud y enfermaba con frecuencia, mi piel era tan blanca que rozaba la palidez.

Aun así, tenía el rostro pequeño, los rasgos delicados y los ojos ligeramente rasgados hacia arriba, como los de un gato.

Ya era bastante bonita, probablemente porque me parecía mucho a mi hermosa madre. Estaba segura de que, cuando creciera, llegaría a ser tan bella como Veronica.

—Mmm…

Pero había un problema.

Mis ojos.

Eran de un tono violeta, como las propias violetas, y los había heredado del protagonista masculino, no de Veronica.

Al contemplarlos, dejé escapar un gruñido de insatisfacción.

Todo lo demás estaba bien, pero aquellos ojos eran un problema. Como todavía era una niña, mis ojos ocupaban una parte considerable de mi rostro y, además, su color violeta era demasiado intenso.

Si alguien de la casa ducal me veía, era evidente que pensaría inmediatamente en el protagonista masculino. Decepcionada, puse el espejo boca abajo.

—¿Qué sucede, mi preciosa señorita? ¿No le gusta el espejo?

—…No es nada.

—¿Por qué esa carita? Si hoy también está preciosa.

 «…»

Sophia sonrió y me acarició suavemente el cabello. Sentí la calidez de su mano y cerré los ojos.

—Muy bien, ahora toca tomar la medicina.

—Ugh…

—Tiene que tomarla para recuperarse pronto.

—Pero si ya estoy bien…

—Nuestra pequeña señorita es una niña buena, ¿verdad?

 «…»

Sophia me presionó con una sonrisa en el rostro.

Parecía amable, pero era una persona bastante difícil de manejar.

Sin otra opción, acepté la medicina que me ofrecía. Observé con desconfianza aquel líquido verde cuyos ingredientes desconocía por completo.

—Vamos, bébaselo rápido y después podrá comer un delicioso caramelo.

—…Prométeme que me lo pondrás directamente en la boca en cuanto termine.

—Por supuesto. Confíe en su niñera.

Solo después de hacer que Sophia me lo asegurara varias veces, finalmente incliné la taza y bebí.

Primero percibí un olor repugnante. Después, el sabor amargo y una extraña sensación astringente invadieron mi boca.

—¡Puaj!

—Muy bien, mi preciosa señorita. Se lo ha tomado todo.

—Ugh…

Sophia se apresuró a meterme un caramelo en la boca, pero la medicina amarga ya había invadido por completo mi lengua y mi paladar, así que no pude sentir de inmediato el dulzor del caramelo.

¡Qué horror! ¡Tenía que beber aquello tres veces al día!

¿Por qué no podía ser tan práctico como las pastillas de Corea, que se podían tomar de una sola vez? Odiaba vivir en una época medieval en la que la medicina estaba tan poco desarrollada.

Después de quejarme mentalmente, pronto empecé a cabecear de sueño.

El cuerpo de una niña pequeña era realmente sencillo. Comer, dormir, volver a comer y dormir otra vez. ¿De verdad eso era todo lo que podía hacer en un día?

—Niñera, yo…

Estaba a punto de decirle que quería dormir un ratito, pero no pude terminar la frase.

¡De repente, la puerta se abrió de golpe con un estruendo!

Me sobresalté y abrí mucho los ojos.

—¿M-marques…?

—¡…!

El hombre que entró por la puerta era alto. Su imponente presencia me dejó sin palabras y no pude hacer otra cosa que mirarlo fijamente desde abajo.

—…Me dijeron que estaba enferma, pero parece estar perfectamente bien.

La mirada gélida del hombre, no, del protagonista masculino, se posó sobre mí.

Sophia acababa de llamarlo marqués, pero, incluso sin escuchar ese tratamiento, habría adivinado su identidad de inmediato.

Cedric Lionel, el protagonista masculino de esta novela.

Había regresado a la mansión aquel mismo día después de buscar a la protagonista femenina. También era el padre biológico de Claudia, la niña cuyo cuerpo ocupaba ahora.

—La señorita ha sufrido una fiebre muy alta durante toda una semana y apenas acaba de empezar a recuperarse.

 «…»

Sophia se colocó delante de mí, visiblemente tensa. Desde detrás de ella, observé al protagonista masculino de reojo.

Como cabía esperar del protagonista masculino de una novela, era extraordinariamente guapo.

Vaya, el protagonista masculino sí que es guapísimo.

Tenía el cabello plateado, tan claro que parecía transparente, y unos ojos violetas que brillaban como piedras preciosas.

Realmente poseía una belleza capaz de hacer que Veronica, quien había crecido rodeada de toda clase de objetos exquisitos y tesoros poco comunes en la casa ducal, se enamorara de él a primera vista.

Sin embargo, quizá debido a los recuerdos de Claudia, en cuanto vi aquellos ojos violetas, fríos y desprovistos de emoción, me quedé paralizada como un ratón frente a una serpiente.

…¿Esa es la mirada que le dedica a su propia hija?

En aquellos ojos violetas, idénticos a los de Claudia, no había ni una pizca de calidez.

¿Siempre había mirado así a Claudia? En cuanto me encontré frente a él, mi cuerpo comenzó a temblar sin que pudiera evitarlo.

Sin embargo, a pesar de que mi cuerpo temblaba, aquella mirada me resultaba extrañamente familiar.

Antes de reencarnarme en este mundo, mi propio padre biológico siempre me había mirado de la misma manera.

Además, Veronica es mucho más hermosa.

Solo habían pasado unos días, pero, gracias a que veía a diario a Veronica, cuya belleza no tenía rival en aquel mundo, mis ojos ya se habían acostumbrado un poco a las personas hermosas.

Por eso, aunque mi cuerpo temblaba de miedo, conseguí tranquilizarme lo suficiente como para mirar fijamente al protagonista masculino.

—¿Qué le dijiste a Veronica?

—¿…?

¿A qué venía esa pregunta tan repentina?

Y, más importante aún, ¿era esa la manera de hablarle a una hija de cinco años?

Lo miré desde abajo, sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—Su excelencia, ¿por qué le habla así a la señorita…?

—Tú, quítate de en medio.

—¡Ah…!

—¡Niñera!

El protagonista masculino apartó a Sophia de un empujón, como si solo fuera una molestia. La fuerza fue tan grande que ella salió despedida hacia un lado y cayó al suelo.

—¡Niñera! ¿Estás bi…?

—¡Tú responde a mi pregunta!

—¡Ah…!

El protagonista masculino se acercó y me agarró los hombros con fuerza.

Quizá no había empleado demasiada fuerza, teniendo en cuenta que era un maestro de la espada, pero para mí el dolor fue bastante intenso.

—¡¿Qué demonios le dijiste a Veronica?!

—¡…!

¿Veronica? ¿Acaso ella le había dicho algo al protagonista masculino?

No me digas que…

Recordé las palabras que le había dicho a Veronica el día que nos conocimos.

Divórciate de papá, mamá.

¿Era posible que aquellas palabras hubieran provocado un cambio en los sentimientos de Veronica?

¿Hasta el punto de que el protagonista masculino hubiera venido corriendo a gritarme de aquella manera?

Si es así, esto me beneficia muchísimo.

En lugar de que Veronica se obsesionara con el protagonista masculino hasta provocar la ruina de toda su familia, sería mucho mejor para mí que se divorciaran y se convirtieran en completos desconocidos.

Aunque el protagonista masculino fuera un tipo insoportablemente desagradable, empezaba a sentirme bastante satisfecha.

Por desgracia, mi cuerpo se había encogido ante su presencia intimidante y me costaba hablar. Aun así, conseguí responder con mucho esfuerzo.

—Yo no dije na…

—¡No me mientas! Eres tan malvada como esa mujer. ¡Te pareces a ella hasta en eso!

—…

Dudo que Claudia quisiera parecerse a ti tampoco.

Aunque por dentro reaccioné con indiferencia, pronto llegué a mi límite.

Aquel maldito hombre finalmente había empezado a liberar su aura asesina contra una niña pequeña.

—Snif…

Mi pequeño cuerpo tembló violentamente, incapaz de soportar aquella intención asesina.

Tenía los recuerdos de Claudia, pero, por suerte, los detalles de sus encuentros con el protagonista masculino eran borrosos. Lo único que podía recordar con claridad era el miedo extremo que había sentido aquella niña.

¿Siempre había tratado así a Claudia?

No quería llorar, pero las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.

¡Maldito desgraciado! ¡Desquitándose con una niña inocente!

Lo miré con los ojos muy abiertos y le pregunté:

—…Si le dije algo a mamá, ¿qué piensa hacer al respecto?

—¿Qué?

—¿Va a matarme o algo así?

—¡…!

¿Sería por los recuerdos de mi vida anterior? Al pensar en el padre que me había atormentado en el pasado, sentí que algo se revolvía dentro de mí.

Enfurecida, apreté los dientes. Entonces, la mano del protagonista masculino que me sujetaba el hombro aflojó un poco la presión.

Al sentir que por fin podía respirar un poco mejor, tomé aire profundamente.

Había llegado el momento de utilizar mi carta de triunfo.

Cerré los ojos con fuerza y grité a todo pulmón:

—¡Mamááá!

—¡Tú…!

Mi grito y la voz del protagonista masculino hicieron retumbar toda la habitación.

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