CCEPMD – 35

Capítulo 35: Rozar

 

Dentro de la sala de visitas de la oficina gubernamental, un funcionario condujo a un médico que llevaba un botiquín a cuestas, hizo una reverencia y dijo: “Señores, el doctor ha llegado.”

“¡Rápido, por favor, háganlo pasar!” – El funcionario del Ministerio de Hacienda, que había estado esperando ansiosamente toda la noche, se levantó apresuradamente y se dirigió a una figura alta y esbelta, sentada tras una cortina de gasa en la habitación interior y dijo. – “Señor Wen, el doctor ha llegado.”

La figura tras la cortina de gasa se movió, extendiendo sus dedos largos y limpios para levantar suavemente una esquina de la cortina, revelando la mitad de un rostro apuesto.

Era la primera vez que el doctor Liu tenía el honor de conocer a un alto funcionario de la capital y no pudo evitar sentirse nervioso e incómodo, actuando con extrema cautela. Al ver la mitad del rostro del ‘Señor Wen’, se quedó aún más sorprendido.

¡No esperaba que esa figura tan importante fuera tan joven y apuesto!

Pero cuando el Señor Wen vio el rostro arrugado y envejecido del doctor Liu, pareció un poco decepcionado, su mirada se oscureció y volvió a bajar la cortina, diciendo con voz profunda y potente: “Adelante.”

El doctor Liu hizo una reverencia, luego se sentó en el borde del taburete y colocó el pequeño cojín para tomar el pulso sobre la mesa, alisó cuidadosamente las arrugas y preguntó: “¿Puedo preguntarle dónde se siente mal, señor?”

Xiao Hua, que estaba a un lado, dijo: “No es necesario tomarle el pulso, el brazo del señor fue rozado por una flecha y necesita un vendaje para detener la hemorragia. Además, en los últimos días ha llovido continuamente y el señor ha estado viajando toda la noche, lo que ha agravado su dolencia en la pierna. Por favor, doctor, recétele algún medicamento para combatir el frío y aliviar el dolor, para que pueda moverse con normalidad lo antes posible.”

El doctor Liu respondió repetidamente: “Sí” y tras curar la herida, hizo una reverencia y dijo. – “Disculpe la intromisión, pero por favor, retire la cortina para que pueda examinar cuidadosamente la lesión en la pierna del señor antes de hacer un diagnóstico.”

Cuando se descorrió la cortina de gasa que obstaculizaba la vista, la apariencia completa de Wen Zhi fue revelada y el doctor Liu se dio cuenta de la figura extraordinaria y etérea que realmente poseía aquel hombre.

El doctor Liu extendió la mano para presionar la zona de la ingle de Wen Zhi, pero en el instante en que su mano rozó el dobladillo de su ropa, Wen Zhi apartó las piernas, abrió los ojos bruscamente, desprendiendo un aura imponente que parecía despreciar el mundo terrenal y que hacía que uno no se atreviera a mirarlo directamente.

Xiao Hua sabía que a Wen Zhi no le gustaba que lo tocaran extraños, así que se aclaró la garganta y dijo, bajando la voz: “Mi Señor, por favor, tenga paciencia por un momento.”

Wen Zhi frunció el ceño y cerró los ojos, reprimiendo su desagrado mientras las manos del anciano doctor presionaban el punto de acupuntura en la parte posterior de su rodilla… La técnica era brusca y pesada, nada comparada con el toque delicado de Ming Wan.

Pensando en Ming Wan, Wen Zhi entreabrió los ojos y preguntó: “Doctor, ¿ha oído hablar de una doctora de apellido Ming?”

El doctor Liu ya había dejado de masajear a su paciente y mientras se concentraba en elaborar la receta, respondió: “Hay pocas mujeres en el mundo que ejerzan la medicina, y las que se convierten en verdaderas doctoras son aún más escasas. Conozco a muchas doctoras en la zona de Suzhou y Hangzhou, pero nunca he oído hablar de ninguna de apellido Ming… ¿Puedo preguntarle su edad, señor?”

Wen Zhi dijo: “Una mujer en la flor de la juventud, experta en acupuntura e identificar medicamentos.”

El doctor Liu sonrió: “Qué casualidad, efectivamente conozco a una doctora de veintitantos años.” “

Los ojos oscuros de Wen Zhi se iluminaron ligeramente y preguntó de inmediato: “¿De verdad?”

“Pero esa una señora…” (doctor Liu)

“… ¿Una señora?”

Al ver que la expresión de Wen Zhi cambiaba varias veces, el doctor Liu se quedó un poco confundido, pero asintió, diciendo: “A juzgar por su vestimenta, debe ser una señora, no una jovencita; su edad coincide con la que usted mencionó, y sus habilidades médicas están entre las mejores de la generación joven. Sin embargo, su apellido no es Ming, sino Zhang, y ya es madre de un niño pequeño.”

Wen Zhi frunció el ceño y preguntó con gravedad: “¿Tiene marido?”

El doctor Liu dijo: “Está bromeando, señor. ¿Cómo iba a tener un hijo sin marido?”

Al oír eso, la luz en los ojos de Wen Zhi se apagó, volviendo a sumirse en una profunda oscuridad.

Tras despedir al doctor Liu, Xiao Hua observó el rostro sombrío y decepcionado de Wen Zhi, sabiendo que Ming Wan se había convertido para él en una obsesión inalcanzable.

A lo largo de los años, Wen Zhi, con sus piernas aún en recuperación, había viajado por los desiertos del norte y del sur, dispuesto a emprender cualquier misión peligrosa, no por poder ni influencia, sino principalmente para aprovechar la oportunidad de investigar el paradero de Ming Wan.

A veces, Xiao Hua pensaba que, si Wen Zhi hubiera sido un poco más flexible y se hubiera rendido entonces, las cosas no habrían llegado a ese punto. Pero la cuñada también era terca; los tres años acordados casi habían transcurrido y aún no había rastro de ella. No sabía si eso era algo bueno o un mal presagio…

Si ella realmente había sufrido un accidente, prefería que Wen Zhi siguiera sin saberlo, continuando su búsqueda, para que así tuviera un motivo para mantenerse en pie.

Al pensar en ello, Xiao Hua sintió una punzada de lástima y se rascó la cabeza, ofreciendo palabras secas de consuelo: “Esa maldita ‘Doctora Zhang’, no debe ser mi cuñada. El joven maestro aún no ha consumado su matrimonio con la cuñada, ¿cómo podría tener un hijo…?”

“¡Cállate!” – Exclamó Wen Zhi, con el rostro aún más frío, herido por sus palabras.

Él se sentó en la penumbra tras la cortina, sus pestañas reflejando la luz parpadeante de las velas, frotándose la frente durante un buen rato antes de finalmente decir en voz baja: “A veces, realmente la odio…”

Pero lo que odiaba aún más, era su propia hipocresía.

Tras un breve silencio, Wen Zhi salió de sus pensamientos y susurró: “Traigan a todos, revisemos las cuentas.”

“Mi señor, debería descansar un rato.” – Xiao Hua quería decir algo, pero vaciló. – “Aún no ha amanecido y su herida está…”

“Basta de tonterías. Cada momento que perdemos les damos la oportunidad de recuperar el aliento.” – Wen Zhi abrió los ojos lentamente, mirando con frialdad el vendaje de su brazo, y dijo. – “Si se atrevieron a herir a un funcionario de la capital, significa que el dinero que han malversado debe ser enorme. Si no nos damos prisa, ¿cómo podremos merecer el gran regalo de esta noche?”

 

***

 

Comenzó a llover.

Al amanecer, Ming Wan, arrastrando su fatigado cuerpo, corrió bajo la intensa lluvia hasta la posada improvisada al final del callejón.

Abrió la puerta de madera que crujía y cruzó el pequeño jardín delantero donde crecían los nenúfares y se detuvo bajo el alero del salón principal, secándose la lluvia de la barbilla. En el salón, un hombre vestido con una túnica marcial de manga ajustada color albaricoque dormía profundamente en una mecedora, sosteniendo un arco largo en la mano, con las piernas cruzadas sobre el taburete y el rostro cubierto por el manuscrito inacabado de un libro de medicina de Ming Wan.

Ming Wan suspiró y le quitó el manuscrito que cubría su rostro, exclamando: “¡Joven Maestro ZhiBai, despierte!”

Zhang ZhiBai se puso de pie de un salto y al ver que era Ming Wan, se frotó los ojos soñolientos y bostezando, dijo: “¿Por qué llegas tan tarde, Doctora Zhang?”

Ming Wan se sentó en la silla de bambú y se bebió el té helado de la mesa de un trago antes de decir con cansancio: “Ni lo menciones, anoche vino una mujer embarazada y me tuvo ocupado media noche, luego me enteré de que habían herido a un alto funcionario y necesitaba que le curara las heridas. Ya no podía caminar, pero por suerte el doctor Liu se ofreció a ir en mi lugar…”

“Doctora Zhang, ¿es usted tonta? ¡Curando las heridas de un alto funcionario se gana propinas suficientes para vivir un mes! ¡Y tú, en lugar de hacer eso, dejas que el viejo Liu te robe clientes!” – Zhang ZhiBai estaba bastante indignado por Ming Wan. – “¡Ese viejo Liu realmente no tiene vergüenza! Una cosa es que se crea importante por su edad, ¡pero encima roba el trabajo a los jóvenes! ¡Qué descaro!”

“Tratar pacientes no es un negocio, ¿por qué preocuparse por estas cosas?” – Preguntó Ming Wan. – “¿Hanyu sigue durmiendo?”

Mencionar a Ming Hanyu le provocó dolor de cabeza a Zhang ZhiBai, él frunció el ceño, su apuesto rostro contraído por la preocupación. – “Tu pequeña lloró por su madre anoche, tardé media hora en calmarla. ¡Fue agotador!”

“Gracias.” – La pequeña Hanyu era de hecho muy pegajosa, Ming Wan sonrió con disculpa. – “¿Por qué no te quedas a comer un tazón de fideos antes de irte?”

Zhang ZhiBai hizo un gesto rápido con la mano. – “No es necesario que prepares fideos, tus manos son buenas para preparar medicinas, pero en la cocina solo servirían para envenenar a alguien.”

Ming Wan se sorprendió y replicó: “No puede ser tan malo, ¿verdad? En aquel entonces, cuando preparaba comidas medicinales para Wen Zhi…”

El nombre de Wen Zhi escapó de sus labios, provocando que se perdiera momentáneamente en sus pensamientos.

Había preparado comidas medicinales para Wen Zhi durante tres meses, y Wen Zhi las había comido todas a diario. En aquel momento, Ming Wan estaba particularmente feliz, creyendo tener un talento innato para la cocina. Ahora que lo pensaba detenidamente, Wen Zhi parecía comerlas con el ceño fruncido, bocado tras bocado…

¿Sería posible que sus habilidades culinarias fueran realmente tan malas?

Pero ¿por qué Wen Zhi, siendo quisquilloso, nunca lo había mencionado?

Ming Wan no era capaz de discernir si la calidad de su propia cocina era buena o mala, y además, en estos últimos años casi no cortaba leña y apenas cocinaba, ya que la farmacia donde trabajaba tenía un cocinero, y cuando no estaba en la farmacia, comía en un puesto callejero. Sin importar dónde estuviera, los médicos siempre eran respetados, y podía ganarse la vida fácilmente sin pasar muchas dificultades.

Al verla absorta en sus pensamientos, Zhang ZhiBai supuso que le preocupaban sus ‘malas habilidades culinarias’, así que sonrió y dijo: “Olvídalo, olvídalo. Tú curaste la enfermedad ocular de mi madre, así que ayudar un poco no es nada. Somos amigos, ¿por qué ser tan calculador? ¡Me voy!”

Caminó hacia la puerta, se detuvo un instante, mirando fijamente el arco que sostenía en la mano antes de volverse y registrar la mesa y debajo de ella.

Ming Wan preguntó, sin entender: “ZhiBai, ¿qué buscas?”

“Qué extraño, ¿dónde está mi carcaj?” – Zhang ZhiBai frunció el ceño, acariciándose la barbilla, murmurando. – “Anoche claramente lo tenía en la mano…”

“…” – Ming Wan, acostumbrada a sus payasadas, señaló casualmente su hombro. – “¿No lo llevabas colgado en el hombro?”

Zhang ZhiBai bajó la mirada y, efectivamente, la correa de cuero del carcaj colgaba torcidamente sobre su hombro. Él rió entre dientes, con el rostro lleno de vergüenza, repitiendo: “¡Ay, Dios mío, estoy aún medio dormido!”

Unos días después, la inundación del río Qiantang había retrocedido casi por completo. Ming Wan empacó sus pertenencias, preparó un carruaje y se mudó con Xiao Hanyu de regreso al bosque de bambú en las afueras de la ciudad, él cual era un lugar tranquilo y hermoso, perfecto para que se concentrara en recopilar los textos médicos que su padre había dejado.

Se preguntó si cuando termine de recopilar los textos de medicina, debería regresar a Chang’an para arreglar las cosas… No podía seguir ocupando su lugar como su esposa legítima; eso sería demasiado egoísta.

O tal vez Wen Zhi ya la consideraba muerta, y su aparición sin previo aviso podría perturbar la paz que tanto le había costado conseguir.

Tras un largo rato de indecisión, Ming Wan no pudo evitar abrazar a Ming Hanyu en su pecho y suspirar: “Si la tía Jiang estuviera aquí, seguro que tendría muchas ideas.”

Hablando de Jiang Lingyi, ¿por qué todas sus cartas recientes a Huizhou habían quedado en el olvido, sin respuesta?

Ming Hanyu, ajena a las preocupaciones de Ming Wan, miró por la ventana con sus ojos oscuros y susurró: “Madre, ¿puedo comer un pincho de frutas confitadas?”

Ming Hanyu solía llamarla ‘Tía’ en lugar de ‘Madre’, sin embargo, el año pasado, los demás niños del pueblo la marginaron, llamándola niña salvaje sin padre ni madre, solo entonces se dio cuenta de que todos los niños normales tenían padres, y ella no. Así que lloró y regresó anhelando tenerlos…

En ese momento, Ming Hanyu lloró tanto que apenas podía respirar, y su carita se puso morada. Zhang ZhiBai, preocupado de que su tos volviera a empeorar, señaló a Ming Wan y dijo: “Esta es tu madre.” Desde entonces, Ming Hanyu no pudo cambiar su forma de dirigirse a ella.

Los niños son muy sensibles, al notar la distracción de Ming Wan ese día, Ming Hanyu la abrazó de nuevo por el cuello y le dijo suavemente: “Mamá está disgustada, Yu’er ya no quiere pinchos de fruta confitada*.”

(N/T: * Tanghulu (糖葫蘆) Es un dulce tradicional del norte de China que consiste en una brocheta/pincho de fruta cubierta con una capa de caramelo cristalizado y crujiente. Originalmente se hacía con bayas de espino chino, pero hoy en día se prepara con fresas, uvas o tomates cherry.)

Al mirar los ojos claros de la pequeña, las preocupaciones de Ming Wan se desvanecieron, le dio un suave toque en la mejilla a Ming Hanyu y sonrió: “No estoy disgustada. En vista de que hoy la pequeña Hanyu comió muy bien, haré una excepción y te compraré uno.”

Ming Wan detuvo el carruaje.

Por alguna razón, la calle estaba llena de peatones, todos reunidos junto al puente de piedra, como si estuvieran observando algo.

Ming Wan, con un paraguas en la mano, escogió una ristra de frutas confitadas y le preguntó al vendedor: “Señor, ahora que la marea ha retrocedido, ¿qué siguen mirando?”

“Señorita, no lo sabe, no están mirando la marea, sino a un alto funcionario que viene de Chang’an.” – Mientras hablaba de ese hombre, el anciano suspiró con emoción, divagando mientras daba el cambio. – “¡Ese hombre es verdaderamente extraordinario! En tan solo cinco días en Hangzhou, desenmascaró a todos los funcionarios y a los comerciantes corruptos que estaban coludidos con ellos, recuperó los fondos de ayuda para desastres y abrió los graneros de caridad, lo que permitió controlar rápidamente la catástrofe en Hangzhou… Sin embargo, por cada cien personas que lo elogiaban, existe la misma cantidad de matones locales que quieren deshacerse de él.”

Ming Wan escuchó la esencia de la conversación, miró con curiosidad hacia el puente de piedra, pero solo vio una llovizna y gente amontonada, lo que le impedía distinguir nada, así que se dio por vencida, aceptó el cambio del anciano, le dio las gracias y se dirigió hacia el carruaje.

En ese instante, Wen Zhi, en el puente de piedra, apartó la mirada de la represa rota y se giró lentamente.

De repente, sus pupilas se contrajeron, su respiración se detuvo y fijó la mirada en la figura que se alejaba de la multitud, sosteniendo un pincho de frutas confitado…

¡Una figura increíblemente familiar, que había aparecido innumerables veces en sus recuerdos y sueños!

Su mente seguía en blanco, pero su cuerpo reaccionó primero, casi instintivamente, empujó al funcionario del Ministerio de Hacienda que estaba a su lado, quien parloteaba sin parar sobre el plan de construcción del dique y se precipitó apresuradamente bajo la cortina la lluvia. La lluvia continua había agravado su dolencia en la pierna; y solo mantenerse de pie ya le significaba un gran esfuerzo, ni hablar de correr…

No podía correr, así que solo pudo apretar los dientes y caminar paso a paso hacia aquella figura que se alejaba, la fría lluvia caía a cántaros, impidiéndole distinguir qué era lo que le mojaba la cara, tropezó y se tambaleó; ignorando las miradas atónitas de la multitud, intentó llamar el nombre de la persona, pero sus labios temblaban y no pudo emitir ningún sonido…

Antes de dar diez pasos, sus piernas, incapaces de soportar el peso, cedieron con un dolor insoportable y se arrodilló de repente apoyándose en el muro de piedra.

“¡Mi señor!” – Xiao Hua se abrió paso entre la multitud y corrió hacia él, ayudando a Wen Zhi a sostenerse y colocándole rápidamente el paraguas de papel sobre la cabeza. Frunció el ceño y preguntó: “¿Qué le ocurre, mi Señor?”

“Ming Wan…” – Wen Zhi jadeó, con los ojos llenos de la oscuridad de una noche tormentosa; sus ojos enrojecidos permanecieron fijo en la calle de enfrente, y murmuró con voz ronca. – “Creo… que vi a Ming Wan…”

Siempre había sido distante, poderoso y altivo, siempre con un aire de superioridad. ¿Cuándo había mostrado tal vulnerabilidad y pérdida de control frente a desconocidos?

Su voz ronca sonaba tan débil e indefensa entre el bullicio de las discusiones, como si temiera despertar un hermoso sueño; incluso su respiración temblaba…

Xiao Hua siguió su mirada. Solo había unas pocas personas en la calle, en su mayoría transeúntes y vendedores ambulantes y Ming Wan no estaba por ninguna parte.

Quizás era la añoranza lo que lo había vuelto loco, y estaba alucinando.

Tantas veces había tenido alucinaciones que incluso el despreocupado Xiao Hua sintió lástima por Wen Zhi y dijo suavemente: “Wen Zhi, levántate primero, te ayudaré a volver para descansar.”

Xiao Hua rara vez lo llamaba por su nombre completo, a menos que estuviera abrumado por la emoción y sintiera una compasión inmensa por él.

Los ojos de Wen Zhi permanecieron fijos en las calles sombrías y brumosas que se extendían ante él, la lluvia corría por su rostro, por sus labios, y luego goteaba por su barbilla limpia, como una lágrima. Pero no lloró, simplemente apretó los puños, se puso de pie con dificultad apoyándose en la pared, enderezando su orgullosa espalda, como si aún fuera el invencible viceministro Wen.

Solo Xiao Hua sabía que sus ojos estaban llorosos.

Ming Wan subió al carruaje, tentando a la hambrienta Ming Hanyu con el pincho de frutas confitadas. Las ruedas del carruaje giraban y se balanceaban, ahogando el bullicio lejano.

 

***

 

Bajo la luz de la luna en Chang’an, en la residencia del Príncipe Yan.

Li Xu entró en la habitación contigua y vio la comida intacta sobre la mesa, cerró suavemente su abanico de hueso negro y dorado, despidió a los sirvientes y caminó lentamente detrás de Jiang Lingyi, que estaba sentada junto a la ventana y la abrazó con ternura.

Jiang Lingyi se estremeció, se apartó instintivamente y se puso de pie, apoyando su cuerpo en el borde de la mesa en una postura defensiva.

Li Xu se sorprendió un poco, luego entrecerró los ojos y dijo con expresión de resignación: “La pequeña Jiang está de mal humor otra vez. ¿No te gusta la comida, eh?”

Jiang Lingyi lo miró, con las pupilas temblorosas, tragó saliva con dificultad y dijo: “Ya no tengo nada que Su Alteza el Príncipe Yan pueda usar. ¿Por qué Su Alteza no muestra un poco de compasión y me deja ir?”

“Pequeña Jiang, te estás metiendo en el extremo del cuerno de un buey*. Es cierto que te usé, pero también es cierto que te amo, esas dos cosas no son contradictorias. El pasado es pasado. ¿Por qué no empezamos de nuevo como cuando nos conocimos por primera vez?”

(N/T: *La expresión china 鑽牛角尖 (en chino simplificado: 钻牛角尖, pinyin: zuàn niú jiǎo jiān) significa literalmente «meterse en el extremo del cuerno de un buey». Metafóricamente, se traduce como obsesionarse con minucias, ahogarse en un vaso de agua, rumiar en exceso o cerrarse de mente ante un problema sin salida o irrelevante.)

Li Xu esbozó una sonrisa ligera y etérea, con una elegancia innata, como si imaginara un futuro hermoso.

La voz de Jiang Lingyi tembló al preguntarle: “¿Como en aquel entonces, cuando Su Alteza planeó meticulosamente aprovecharse de mí?”

Li Xu no dijo nada, se sentó por su cuenta, se sirvió una copa de vino, la bebió a sorbos y dijo lentamente: “Te concederé cualquier cosa, excepto dejarte ir.”

Esa apariencia de profunda devoción solo provocó repulsión en Jiang Lingyi.

Ella siempre había sido tímida y amable, hablaba con suavidad y dulzura, sin pronunciar jamás una palabra hiriente, en ese momento, sin embargo, sintiéndose corralada y sin salida, la desesperación la consumía y dijo casi suplicando: “Su Alteza tiene tantas bellezas en su casa. Incluso si quisiera un juguete, ¿por qué tendría que venir por mí?”

Li Xu reflexionó, y luego, como si comprendiera algo, dejó su copa, pensativo y dijo: “Así que eso es lo que preocupa a la pequeña Jiang.”

Sus acciones siempre eran despiadadas. Inmediatamente llamó a los guardias y ordenó: “¡Guardias, destierren a todas las mujeres de la mansión, no dejen a ninguna con vida!”

Los guardias eran fieles seguidores, obedeciendo sus órdenes sin cuestionarlas.

Menos de un cuarto de hora después, el patio trasero resonó con los sollozos y los gritos intermitentes de las mujeres.

La estridente cacofonía de sonidos le provocó a Jiang Lingyi un fuerte dolor de cabeza. Desesperada, se tapó los oídos, cerró los ojos y se dejó caer lentamente en una silla, encogiéndose en una bola.

¡Li Xu era un loco que hacía lo que le daba la gana!

Pero el ‘loco’ no era de los que se rinden, simplemente se acercó con cuidado a Jiang Lingyi, se inclinó y, con fuerza, abrió un poco su cuerpo tembloroso y encogido, atrayéndola hacia sí y acariciándola con ternura mientras suspiraba suavemente: “Esas mujeres no eran más que trampas amorosas que me enviaron, nunca las toqué. Si no te gustan, las echaré… Ya ves, cumpliré cualquier deseo que tenga la pequeña Jiang, yo me encargaré de hacerlo realidad por ti.”

Jiang Lingyi se mordió el labio, con los ojos enrojecidos, y dijo: “Entonces… ¿si quiero que mueras?”

El brazo de Li Xu se tensó, pero luego una sonrisa aún más perfecta apareció en su rostro. Acarició suavemente su cara y sacudiendo la cabeza, dijo con ternura: “La pequeña Jiang es doctora, ¿cómo podría quitarle la vida a alguien? Lo siento, no puedo prometerte eso. Si muero, ya no podré estar con Xiao Jiang.”


Nameless: Les cuento que esta novela la subo a la web los miércoles ( o jueves), resulta que la semana pasada, estaba corrigiendo (la 2da revisión de 5 capítulos) y cerré mi PC y al regresar me salieron varias líneas rojas horizontales al costado izquierdo y me aparecía la corrección y el texto anterior juntos (para los 5 capítulos), me desesperé y entre a internet para ver como hacer desaparecer esa línea y que me solo mi versión corregida, pero resulta que siguiendo instrucciones, entre a Revisión/ Control de cambio y no se que michi hice y me apareció la versión grabada el lunes, en lugar de la del miércoles (juro que había grabado, siempre lo hago … Pero apareció la versión sin ninguna corrección), intenté recuperar de todas las maneras posibles y al final no pude, por lo que la semana pasada no hubo actualización y hoy he vuelto a corregirlo, pero de verdad el coraje de la semana pasada no me pasa aún…

Ya les he dicho que la traducción y corrección desde el Chino es bastante tediosa y yo soy bastante quisquillosa para que ustedes puedan leer un texto que sea super entendible… ¡Lloro!!!!

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