Salvo para avisarle a Gu Ci que asistiera a la cena, Yan Luqing prácticamente no le habló durante los últimos dos días. Comieron en sus respectivas habitaciones y atendieron sus necesidades fisiológicas allí mismo. Excepto cuando Yan Luqing bajaba a jugar con el perro, no se veían en ningún otro momento.
Por un lado, era porque el paquete de regalo sustituto que había traído cierto Zhang era demasiado impactante y vergonzoso. Así que, si Gu Ci no iba a buscarla, ella tampoco tomaría la iniciativa de acercarse para pasar vergüenza.
Por otro lado, se debía principalmente a que, cuanto más miraba el registro de chat de aquel día, más incómoda se sentía. Ella había enviado una larga cadena de cinco o seis mensajes, mientras que Gu Ci solo había respondido brevemente:
—Sí, está bien.
Era como un canalla que intentaba desesperadamente explicarle a su novia que no tenía nada que ver con cierta «té verde». La novia sabía perfectamente todo lo que había hecho, pero, ante su actitud indiferente, había decidido comprenderlo y perdonarlo.
Este tipo de sentimiento era demasiado complicado.
Al final, toda la culpa recaía sobre aquel sustituto de mierda de perro apellidado Zhang.
Por la tarde, la conocida maquilladora volvió a la villa. Mientras la maquillaban, Yan Luqing no pudo evitar mirar de reojo hacia un lado.
Gu Ci seguía siendo más rápido que ella. Ya había terminado de arreglarse y estaba molestando a Wolf con un pequeño palo.
La última vez, su traje había sido negro, pero esta vez era de un blanco puro, del mismo tono que el vestido que Yan Luqing iba a llevar. Lucía elegante y sofisticado, con unas líneas oscuras que, al reflejar la luz, parecían formar haces luminosos.
El traje le quedaba perfecto y resaltaba su figura alta y erguida. Al mismo tiempo, el color blanco suavizaba la seriedad del conjunto y le confería un aire más juvenil.
Gu Ci lucía incluso más deslumbrante que la última vez.
La ropa había sido enviada por la madre Yan, y Yan Luqing no pudo evitar elogiar en su corazón el buen gusto de aquella señora.
Estaba admirando cómo la princesa bromeaba con el perro cuando, de repente, la princesa volvió la mirada hacia ella.
Yan Luqing se quedó perpleja. Luego reaccionó rápidamente y dijo:
—Por cierto, Gu Ci, ¿cómo está tu espalda?
Gu Ci la miró durante unos segundos antes de responder con indiferencia:
—Está bien. Ya me quitaron la venda.
—Oh.
Yan Luqing pensó durante un momento y murmuró con voz apagada:
—Entonces está bien.
Después de eso, Gu Ci apartó la mirada y continuó jugando con Wolf.
Se dice que los Border Collie necesitan «pastorear» algo para sentirse cómodos. Desde que Wolf llegó a la villa, todos habían sido pastoreados por él, con la única excepción de Gu Ci y Yan Luqing. Eso le brindaba a Yan Luqing una pequeña dosis de consuelo en un mundo en el que, fuera donde fuera, la consideraban una enferma mental.
Una vez que Yan Luqing terminó de maquillarse, llegó el momento perfecto para partir.
Ella se sentó en el asiento trasero del coche junto a Gu Ci. Mientras el automóvil avanzaba suavemente por la carretera, Yan Luqing extendió la mano frente a Gu Ci, como si estuviera haciendo un truco de magia.
Gu Ci, que al principio solo la había mirado de reojo, dejó que su mirada se posara sobre la palma de su mano.
Sobre aquella palma blanca y delicada descansaba una pequeña flor blanca, acompañada de sus ramas y hojas.
Yan Luqing volvió a extender la mano.
—Una flor para ti.
Gu Ci la tomó y la observó fijamente durante un largo rato.
—¿De dónde sacaste esto?
—La recogí en el jardín.
Yan Luqing había vuelto a pedirle ayuda a Makabaka y entonces descubrió que se trataba de una de las flores que le gustaban a Gu Ci en el libro original. Casualmente, había algunas en el jardín, así que recogió una.
—¿Por qué me das una flor? —preguntó Gu Ci.
Yan Luqing respondió entonces de manera completamente irrelevante a la pregunta:
—Gu Ci, esta vez vamos a la fiesta de cumpleaños del Viejo Maestro Zhang. No sé si nos encontraremos con… cierto Zhang de la última vez o no.
Hizo una pausa y preguntó con tono inquisitivo:
—¿De verdad no hubo ningún malentendido la última vez?
Los dedos de Gu Ci jugaban distraídamente con las ramas de la flor. El blanco y el verde oscuro se entrelazaban, formando una imagen muy agradable a la vista.
—Si realmente hubo un malentendido, ¿es muy importante que me importe?
—Por supuesto —dijo Yan Luqing con seriedad—. Somos amigos. Debo decirte que no soy el tipo de persona que haría algo así. También sabes que yo… Bueno, no recuerdo algunas cosas con mucha claridad, pero creo que en el pasado simplemente lo veía como alguien lamentable, así que, de alguna manera, terminé ayudándolo.
¡Realmente no le gusta la literatura de sustitutos! ¡Esta olla es demasiado negra[1]!
Gu Ci solo respondió con un leve murmullo y volvió a formular la pregunta original:
—Entonces, ¿por qué me das una flor?
[1] «La olla es demasiado negra»: expresión utilizada para decir que alguien está siendo injustamente culpado o cargando con una culpa que no le corresponde.

