ANVC – 189

Capítulo 189 – Destrucción (4)

 

‘Esto es suficiente.’ – Pensó Rachel.

Ella había cumplido con su deber de proteger a su hija. Sabía que recibiría un castigo severo, pero estaba decidida a soportarlo todo ella sola.

Rachel miró hacia atrás, orgullo de sí misma por haber protegido a su hija y se encontró con la mirada de Arianna, quien le dedicó una suave sonrisa. Arianna lucía una sonrisa relajada pero divertida, como si hubiera previsto que esto sucedería.

En el momento en que se dio cuenta de ello, el Cardenal dijo:

“Recibí una advertencia de la Princesa del Este de que algo así podría suceder, pero jamás imaginé que realmente tendría razón.” (Cardenal)

‘¿Qué significa eso?’ (Rachel)

“Lo que hay en esta botella es agua común; la verdadera agua bendita de Arhen está en posesión de un Caballero del Templo, Duquesa.” (Cardenal)

Las piernas de Rachel flaquearon y se desplomó al suelo.

El Cardenal se volvió hacia el Emperador y preguntó:

“Majestad, ¿le parecería bien que el Caballero del Templo traiga el agua bendita de Arhen?” (Cardenal)

El Emperador soltó una risa hueca.

“No lo puedo creer. ¡Simplemente no lo puedo creer! Olvídalo. Sus acciones son claras, y demuestran su culpabilidad, no hay nada más que ver. Princesa, ¿tiene algo más preparado? ¿Hay algo más que deba saber?” (Emperador)

“Sí, Su Majestad. Hay algo más.”

Mientras Arianna señalaba a Averaster, este sacó la carta que guardaba en su pecho, la cual ella le había entregado hacía unos días.

“Esta es la prueba de que, en la guerra de hace más de una década, el Gran Señor del Oeste conspiró con Paganus para poner en peligro los Territorios del Norte y del Este.”

En el instante en que Rachel vio las cartas, se dio cuenta de que eran las que había perdido tras esconderla todo ese tiempo para usarla como arma. También supo que, si el Emperador las leía, incluso el Gran Señor del Oeste estaría indefenso.

La cordura que apenas se mantenía se quebró, y Rachel se desmayó en el acto. Pero a nadie le importó.

El sirviente tomó las cartas y se las entregó al Emperador. Mientras el Emperador leía las cartas, su expresión cambiaba a cada instante.

Pronto, el Emperador se puso de pie de un salto.

“Liberen a la Princesa del Este y al Joven Señor del Este. Aten a la familia Bronte, a la Consorte Real Aiela y al Tercer Príncipe, y enciérrenlos en el calabozo.” (Emperador)

“¡Su Majestad!” (Aiela)

“No, Su Majestad. Somos inocentes. Esto es una conspiración urdida por el Este.” (Victoria)

“¡No deje que esas mentiras le nublen los ojos! ¡Su Majestad, Su Majestad!” (Harold)

Los implicados gritaron desconsoladamente, pero el Emperador no volvió a hablar.

Los Caballeros Imperiales desataron las cuerdas que ataban a Arianna y Geor y las usaron para atar las muñecas de Victoria y Rachel. El Tercer Príncipe intentó escapar, pero Averaster lo atrapó y lo derribó, mientras la Consorte Real Aiela apretaba los dientes y miraba fijamente al Emperador.

Mientras los caballeros se llevaban a Victoria a rastras, ella echó la cabeza hacia atrás y gritó:

“¡Arianna!” (Victoria)

Arianna no miró hacia atrás.

 

***

 

El Emperador miró a Arianna, que permanecía pie en silencio, ahora libre.

Arianna no solo había limpiado su nombre brillantemente, sino que también había señalado a los verdaderos culpables y los había castigado severamente.

Para cuando apareció el Cardenal, sintió que todo aquello era una actuación orquestada por Arianna, pero no se ofendió. Arianna simplemente había superado su propia crisis con astucia.

“Aunque dije que eras mi persona, no podía confiar en ti.” (Emperador)

Arianna inclinó la cabeza ante las palabras del Emperador.

“Es natural, dado que la situación era suficientemente sospechosa.”

“Muy bien. Pero puesto que has estado encarcelada por un crimen que no cometiste, te concederé un deseo.” (Emperador)

El Emperador esperó en silencio la respuesta de Arianna. Si ella le pedía que retirara el decreto imperial sobre su matrimonio con el Quinto Príncipe, sospecharía que tenía alguna intención oculta.

“Solo espero que los crímenes de quienes albergaban intenciones rebeldes contra el Imperio sean claramente revelados y que sean castigados como corresponde.”

El Emperador sonrió satisfecho ante la respuesta de Arianna.

“Muy bien, así lo haré. Sin embargo, dado que muchos te tienen envidia y no dudan en atacarte, no puedo estar tranquilo. Debo apresurarme a traerte al Palacio Imperial antes de lo previsto.” (Emperador)

Eso significaba que aceleraría la boda con el quinto príncipe.

Ahora que el Emperador sabía que el Gran Señor del Oeste estaba relacionado con Paganus, necesitaba desesperadamente el poder del Gran Señor del Este. Tenía que conseguir que Arianna se uniera a la familia imperial para que el Gran Señor del Este no pudiera darle la espalda al Imperio.

mejor.

“Me siento profundamente honrada, Su Majestad.”

 

***

 

Arianna caminó lentamente por el pasillo del Palacio Imperial con Geor y Averaster.

Los tres salieron del pasillo en silencio y subieron al carruaje que los esperaba frente al Palacio.

Arianna bajó la cortina de la ventana del carruaje y habló con calma.

“Me alegra que Rachel haya actuado como esperaba. En realidad, pensé que Victoria lo haría, así que fue inesperado.”

En los tiempos en que la magia aún tenía una fuerte presencia en el mundo, el agua bendita de Arhen era un poderoso suero de la verdad que ni siquiera aquellos con una voluntad férrea podían resistir sus efectos. Sin embargo, ahora que la magia se desvanecía, el poder divino que poseían los sacerdotes también casi ha desaparecido.

El agua bendita de Arhen ya no producía el mismo efecto que antes.

Claro que hubo ocasiones en que se creó un agua bendita milagrosamente poderoso y que resultaba más efectiva de lo habitual, pero como era cuestión de suerte, preparar el agua había sido prácticamente una apuesta.

Averaster preguntó mientras observaba la expresión de Arianna:

“¿Cómo te sientes?” (Averaster)

“Bien. Muy bien.”

Ella había vivido para este preciso momento.

De ahora en adelante, el Emperador los torturará hasta que lo confiesen todo e incluso si confiesan, los torturará hasta que el Gran Señor del Oeste llegue al Imperio.

No importa lo que el Gran Señor del Oeste le diga ante el Emperador, él ya no escuchará sus palabras.

Arianna pensó en Rachel, quien se había lanzado a por la botella por Victoria.

Rachel le brindó generosamente a Victoria el que jamás le había mostrado a Arianna, por muy que fuera. Victoria incluso la había abofeteado.

Rachel, la mujer que no le había dado a Arianna ni una pizca de amor maternal, por muy dócil y obediente que ella hubiera sido, le había ofrecido ese amor maternal sin límites a Victoria, quien incluso había llegado a abofetearla.

Eso era el afecto de una madre: Dar de manera incondicional y sin motivo alguno.

Así que, esa mujer que ni siquiera compartió una pizca de ese afecto con ella no era su madre.

“Me siento de maravilla.”

Arianna esperaba que ellos sintieran, aunque fuera una fracción del dolor que ella había experimentado.

La soledad de no tener a nadie que escuchara sus gritos, por mucho que llorara; la desesperación de la que no había escapatoria, por mucho que luchara. Ahora les tocaba a ellas soportar la agonía que Arianna había sentido todo el tiempo.

 

***

 

Isabelle y Winona salieron de la mansión y esperaban a Arianna.

“¡Arianna!” – Llamó Isabelle.

Al oír a Isabelle, Arianna por fin sonrió con sinceridad.

Era fascinante que Victoria e Isabelle pronunciaran su nombre al mismo tiempo, pero las emociones que contenían y la sensación al oírlo fueran diferentes.

Isabelle corrió y abrazó a Arianna.

“Trabajaste mucho, muchísimo, Arianna. ¿Qué tan duro fue? ¿Eh? De verdad que pasaste por mucho. Me alegra mucho que hayas vuelto.” (Isabelle)

Aunque solo había estado encarcelada un corto tiempo, alguien le decía con voz temblorosa que había sufrido mucho y que lo había hecho bien. Solo eso la hizo sentir que tenía el mundo a sus pies, así que Arianna estaba realmente feliz.

“Isabelle, ¿has olvidado por completo que yo también estuve encerrado con Arianna?” (Geor)

“Cállate, Geor. ​​No te metas ahora. No podía dormir porque estaba preocupada por Arianna. Ella tiene un cuerpo tan débil.” (Isabelle)

“Sí, Arianna es encantadora, guapa y adorable, pero yo no soy ni guapa ni adorable, y además, estoy sano, así que supongo que no estabas preocupada por mí en absoluto. Ya me lo imaginaba. Averaster, ¿puedes consolarme? Siento el corazón un poco apesadumbrado.” (Geor)

Incluso sus discusiones eran agradables. Era mejor que ver a la madre y la hija Bronte y al Tercer Príncipe siendo arrastrados con desesperación.

Arianna respiró hondo. Sintió el pecho cálido, pero a la vez dolorido por el aroma de Isabelle, al que ya se había acostumbrado. Cyrus estaba en el salón. Cuando Arianna entró, suspiró levemente y él se acercó y la abrazó con fuerza.

“Lo siento.” (Cyrus)

“¿Qué?”

“Porque no pude evitarlo.” (Cyrus)

“Me permitiste defenderme.”

“¿Cómo lo supiste?” (Cyrus)

“Pensé que, si hubiera sido Louis, te habría contado lo que había pasado y que seguramente volverías al enterarte.”

“De verdad… te aprovechas de mí.” (Cyrus)

Arianna sonrió levemente.

“Pienso sacarte todo el jugo, hasta la médula.”

“De acuerdo, hazlo. Por favor.” (Cyrus)

Aunque dijo eso, no esperaba que Cyrus regresara. Encontrar a los predecesores perdidos de los Caballeros Negros era de suma importancia, así que no tenía intención de guardarle rencor, aunque no volviera.

Sin embargo, Cyrus estaba de vuelta como si fuera lo más natural del mundo.

Aunque no quería escapar de la comodidad de su abrazo, Arianna apartó suavemente su pecho. Sin embargo, Cyrus la abrazó con fuerza y ​​no la soltó.

“Cyrus. Nos están mirando.”

“Solo cinco segundos.” (Cyrus)

Habló en voz baja y apagada, suplicando.

“Quedémonos así cinco segundos más.” (Cyrus)

Averaster, que había estado junto a la puerta observando con desaprobación, dijo:

“Uno, tres, cuatro, cinco. Han pasado cinco segundos. Por favor, apártese, Su Alteza, el Gran Señor del Norte.” (Averaster)

“Parece que el tiempo en el Este pasa más rápido que en el Norte.” (Cyrus)

“Hay algo de cierto en eso. Parece que han pasado otros 30 segundos mientras hemos estado hablando.” (Averaster)

Cyrus chasqueó la lengua levemente y se apartó de Arianna.

Suavizó su expresión, aparentemente aliviado solo después de comprobar que Arianna estaba ilesa. Temiendo que la abrazara de nuevo, Arianna se giró rápidamente y habló.

“Tengo hambre.” – Lo dijo solo para evitar que Cyrus la abrazara delante de su familia, pero causó un gran revuelo.

Isabelle y Winona llamaron a las criadas y les pidieron que prepararan una comida abundante, digna de una fiesta, mientras que Averaster y Geor miraban a Arianna como si hubieran oído que estaba gravemente enferma.

Arianna soltó una carcajada al ver a Cyrus lamentarse de que, si hubiera sabido que eso iba a pasar, debería haberse colado en el calabozo para al menos llevarle algo de comer.

 

***

 

Victoria rompió a llorar. Cuando la rabia inicial se disipó, la desesperación se apoderó de ella.

Jamás imaginó que llegaría el día en que estaría prisionera en el mismo calabozo donde Arianna había estado hacía apenas unas horas. Algo andaba muy mal.

Mientras Victoria lloraba desconsoladamente, Rachel se acercó y le acarició la espalda.

“Tranquila, tranquila, Victoria. Seguro que hay una manera de salir de aquí. No llores, ¿vale? No llores.” (Rachel)

<¡Tak-!>

Victoria apartó bruscamente la mano de Rachel de un manotazo. El odio brilló en sus ojos mientras la miraba fijamente.

“¡Todo esto es porque hiciste algo tan innecesario!”

“¿Victoria…?” (Rachel)

“¿Por qué te metiste? ¡Te dije que te quedaras quieta! ¿Por qué rompiste el agua bendita? Si actúas así, cualquiera verá que nosotras somos los culpables. ¿Estás loca? ¿Es que no puedes pensar por ti misma? ¿Te pusiste esa cabeza solo de adorno?”

“Victoria, ¿por qué te comportas así…?” (Rachel)

“¡Todo esto es culpa tuya! Si eres tan incompetente, ¡al menos quédate quieta y no hagas nada!”

Lo hizo por Victoria. Simplemente, Rachel había intentado cargar con toda la culpa, preocupada por la seguridad de Victoria…

Rachel parpadeó al escuchar las acusaciones que Victoria le profería. Jacob, que había permanecido sentado en silencio en un rincón, se puso del lado de Victoria.

“Bien, Rachel. ¿Por qué hiciste eso en primer lugar? Por tu culpa, mira lo que nos pasó a todos. Ja, ¿cómo pudiste manejar la casa para que surgiera un problema como este? Aun así, Su Excelencia el Gran Señor del Oeste se encargará de ello, ¿verdad? ¿Eh?” (Jacob)

Rachel fulminó con la mirada a Jacob.

Jacob seguía sin comprender la gravedad de la situación. Las cartas intercambiadas hacía mucho tiempo, entre el Gran Señor del Oeste y Paganus, cuando Rachel era la consorte del Gran Señor del Este, habían caído en manos del Emperador.

Ni siquiera el Gran Señor del Oeste podría librarse de esa situación.

‘No me había dado cuenta de que era una persona tan insensata.’ (Rachel)

Jacob era el único de los arrestados ese día que no comprendía la situación. Claro, todo sucedía fuera de su vista, pero verlo aún esperando la ayuda del Gran Señor del Oeste en ese estado, le revolvía el estómago.

‘¿En qué demonios estaba pensando…?’ (Rachel)

¿Por qué había abandonado al Gran Señor del Este y regresó con ese hombre? ¿Por qué trató tan cruelmente a Arianna, a su propia hija que dio a luz con tanto dolor, solo para ganarse su favor? ¿Qué otra cosa había estado buscando todo este tiempo?’ (Rachel)

Victoria seguía culpando a Rachel de todo y reprendiéndola. No había noticias de Helena por ninguna parte, como si se hubiera esfumado.

Existía un mundo que Rachel había estado dispuesta a proteger, sacrificándose tanto. Ese mundo era noble, cálido y radiante, sin una sola imperfección, o al menos, eso era lo que ella creía. Sin embargo, al levantarse el telón, solo se reveló un lado feo y vulgar.

Entonces, escuchó una voz.

“Ah, madre. Tengo una buena idea. Ya que las cosas han terminado así, ¿qué te parece si hacemos que parezca que todo fue culpa tuya? Ahora que lo pienso, a Helena tampoco la han atrapado todavía. Finjamos que tú y Helena lo planearon juntas. Déjame fingir que no sé nada. Luego, cuando logre darle la vuelta a la situación, te sacaré de aquí.”

“Sí, es una buena idea, Victoria. Rachel, te sacaremos de aquí como sea, así que, por ahora, digamos que fuiste tú. ¿De acuerdo?” (Jacob)

Lo único que oye son las voces perversas de su familia, que intentan usarla por cualquier medio.

Anterior Novelas Menú Siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio