Capítulo 187 – Destrucción (2)
Arianna había tomado una decisión. No tenía intención de culpar a Harold de todo. Victoria y Harold debían compartir la responsabilidad por igual y para ello, la orden era crucial.
Cuando Arianna hizo una señal, Lanster salió y trajo a otro grupo de testigos. Eran siete, y estaban amordazados al igual que el guardaespaldas de Harold, Penter.
“¿Quiénes son esas personas?” (Emperador)
“Son asesinos, contratados para matar al joven Duque Averaster White y al Joven Señor del Este mientras estamos en la capital imperial.”
Victoria contuvo la respiración.
El Emperador preguntó con perplejidad:
“Parece que intentas incriminar al Tercer Príncipe, pero según tu lógica, ¿qué ganaría el Tercer Príncipe matando al joven Señor del Este y al joven Duque White?”
Arianna desvió brevemente la mirada. Las miradas de Arianna y Victoria se encontraron. Mientras una leve sonrisa aparecía en los labios de Arianna, el color desapareció del rostro de Victoria.
Arianna volvió a mirar al Emperador y habló.
“El Tercer Príncipe no contrató a estos hombres. Fueron instigados por la Princesa Victoria Bronte.”
“¡No es cierto!” (Victoria)
Gritó Victoria furiosa. Rachel la agarró rápidamente de la muñeca y tiró. Victoria volvió en sí, contuvo su ira y habló con calma.
“Querida hermana, ¿por qué dices esas cosas otra vez? Me duele el corazón que siempre intentes difamarme en cada oportunidad.” (Victoria)
Arianna ignoró las palabras de Victoria y continuó hablando.
“Los hombres contratados por la Princesa Victoria Bronte atacaron al Pequeño Señor del Este y al joven Duque White varias veces, capturando a algunos y matando a otros. Además.”
Lanster, que había salido antes de que nadie se diera cuenta, regresó con otro testigo. Rachel se tambaleó al ver el rostro del hombre.
“Localicé al mayordomo que me ofreció el vino envenenado en la fiesta del Marqués de Matherin. Me dijo que la Duquesa Rachel Bronte le había prometido una gran suma de dinero.”
La sala de audiencias se llenó de ruido.
No se habían dado cuenta de que repentinamente todo el asunto giraba en torno al asesinato de la familia White, y no al intento de envenenamiento del Príncipe Heredero y su esposa.
Los testigos seguían apareciendo antes de que pudieran siquiera tener tiempo de asimilar lo que estaba sucediendo. Los rostros pálidos de la madre y la hija Bronte ante la terrible declaración de que la madre había contratado a alguien para matar a su hija, y la hermana menor a alguien para matar a los hermanos de su hermana mayor.
Estaban ocupados interpretando y procesando la información que les llegaba como una avalancha.
Las más frenéticas eran Victoria y Rachel. Esperaban ver a Arianna sumida en la desesperación tras el terrible trato recibido ese día, pero jamás imaginaron que algo así pudiera suceder.
Se suponía que Arianna, tras haber provocado la ira del Emperador, debería haberse sentido abrumada e incapaz de pronunciar palabra ante su furia, rompiendo finalmente a llorar. Sin embargo, no solo refutó todo lo que dijo el Emperador, sino que además había preparado a sus testigos a conciencia.
Rachel sentía que iba a desmayarse, pero se contuvo con todas sus fuerzas. Desmayarse ahora habría sido fatal y casi como admitir su culpabilidad.
“Victoria, no te alteres. ¿Entendido? Todavía no hay pruebas, así que no te preocupes.” – Rachel susurró en voz baja, preocupada de que Victoria perdiera los estribos. – “De todas formas, no hay ni una sola prueba. No importa lo que diga, solo tenemos que decir que no sabemos nada. ¿Entiendes? Así que no te preocupes.”
Victoria respondió con frialdad.
“Ya lo sé, así que ocúpate de tus asuntos. Deja de hacer cosas innecesarias.” (Victoria)
Rachel no podía entender por qué Victoria la ignoraba y odiaba de esa manera. Le dolía más la actitud de Victoria que la presencia de los testigos.
Mientras tanto, Arianna continuó hablando.
“La misma hierba venenosa que perjudicó a Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero también fue descubierta en nuestra mansión. Observé a un sirviente actuando de forma sospechosa, así que lo vigilamos…”
Lanster sacó una pequeña bolsa de su bolsillo.
“Confirmamos que las hierbas venenosas que contiene esta bolsa, estaban escondidas en lo profundo de nuestro almacén. El sirviente se escabulló de la mansión en un momento oportuno tras terminar su tarea, pero también lo capturamos y lo interrogamos.”
Lanster salió y arrastró a un hombre de cabello castaño y piel oscura.
“Su Majestad, durante el interrogatorio de este hombre, descubrimos una terrible verdad. Tenía la intención de informarle, pero no pudimos entrar al Palacio porque las puertas ya estaban cerradas.”
“¿Una terrible verdad?” (Emperador)
“Sí, Majestad. Este hombre…”
Arianna alzó la cabeza y miró al Emperador a los ojos.
“Es un Paganus.”
El revuelo se extendió.
‘¿Paganus?’
Nadie esperaba que se mencionara a Paganus en ese preciso instante. El Emperador no fue la excepción.
“¿Eso… qué quiere decir con eso?” (Emperador)
“Majestad. Alguien intentó usar a Paganus para tender una trampa al territorio Este. Y durante el interrogatorio, este hombre reveló que la persona que le dio las órdenes fue…”
Arianna alzó sus manos atadas. Luego extendió el dedo índice y señaló a Victoria.
“Confesó que fue la Princesa Victoria Bronte.”
“¡Es mentira, Su Majestad!” – Gritó Victoria con brusquedad.
“Arianna, no, la Princesa del Reino del Este está intentando tenderme una trampa con mentiras para escapar de esta crisis. Su Majestad, mi devoto abuelo dedicó su vida siendo leal al Imperio. Además, Su Majestad siempre ha sido amable con el Gran Ducado Oeste. ¿Por qué, entonces, nos aliaríamos con alguien como Paganus? ¡De ninguna manera, de ninguna manera es cierto, Su Majestad!” (Victoria)
La voz de Victoria era desgarradora. Las lágrimas que brotaban de sus ojos abiertos eran conmovedoras.
“La Princesa está intentando engañar a todos preparando testigos falsos para escapar de la crisis. Es muy extraño. ¿No es sospechoso que haya preparado testigos como si supiera que esto iba a suceder?” (Victoria)
Al oír eso, pensó que Victoria tenía razón. El Emperador miró fijamente a Arianna y preguntó:
“Ya veo… Princesa. ¿Explíqueme cómo pudo preparar a estos testigos con antelación?” (Emperador)
“Majestad. No lo habíamos planeado; simplemente apresamos a los enemigos que nos atacaban para interrogarlos. Yo tampoco tenía idea de que los usarían de esta manera. Durante el interrogatorio, descubrí no solo su intención de hacernos daño, sino también otro hecho…”
Arianna dejó de hablar. El Emperador, frustrado al verla bajar la cabeza avergonzada, la animó a continuar.
“¿Por qué callas?” (Emperador)
“Es tan absurdo y cruel que temo que Su Majestad Imperial me reprenda.”
Era una sutil crítica al Emperador, señalando que se había vuelto contra ella, influenciado por las palabras de Victoria.
Aunque el Emperador lo sabía, no pudo evitar sentir curiosidad por lo que Arianna estaba a punto de decir.
“No te regañaré, así que habla.” (Emperador)
“En ese caso, llamaré a otro testigo.”
Esta vez, Lanster no salió a buscarlo.
Las dos mujeres entraron en la sala de audiencias por su propio pie, como si hubieran estado esperando ese momento. Aunque su nerviosismo era evidente, sus ojos brillaban con determinación.
Harold y la Consorte Real Aiela palidecieron al verlas.
Eran Chloe Spencer, que había desaparecido de las mazmorras y Penny Hoodis, que había abandonado el Palacio tras recibir permiso del Príncipe Heredero.
La visión de Harold se nubló.
‘¿Por qué? ¿Cómo es que están aquí ahora mismo? ¿Cómo?’ (Harold)
Harold sintió que la desesperación le oprimía el corazón y le temblaban las manos y los pies.
Chloe y Penny sabían demasiado sobre Harold. Si abrían la boca, Harold sería hombre muerto.
Incluso en su aturdimiento, el Príncipe Heredero reconoció a Chloe y entreabrió los labios.
“Chloe…” (Príncipe Heredero)
En ese instante, Harold se abalanzó sobre las dos mujeres.
“¡Estas pecadoras!” (Harold)
Una daga brillaba en la mano de Harold. Era la daga que había traído consigo en secreto al entrar en la sala de audiencias.
Sabía que desenvainar un arma frente al Emperador era un pecado grave, pero era la única manera de silenciar a Chloe y Penny. Si fuera necesario, podía inventar cualquier excusa.
Sin embargo, la daga de Harold fue bloqueada por la mano de Averaster. Averaster agarró la hoja con sus propias manos y miró fijamente a Harold.
“Por alguna razón, te ves muy nervioso.” (Averaster)
“Esas mujeres intentaron hacerle daño a nuestro Príncipe Heredero, pero al verlas vivas y coleando, ¿no te sentirías naturalmente ansioso? ¡Apártese, joven Duque!” (Harold)
“¿No estaría bien matarlas después de escuchar su historia?” (Averaster)
Harold intentó apartar a Averaster, pero no pudo hacerle frente. Averaster se mantuvo firme, bloqueando el paso de Harold como una montaña.
El Emperador, observando la escena, habló con disgusto.
“Harold. ¿Introdujiste una daga en la sala de audiencias? ¡Baja tu daga inmediatamente! No será demasiado tarde para castigarlas después de escuchar su historia…” (Emperador)
“Pero Su Majestad, esas mujeres podrían haber entrado ocultando armas. Si dañan a Su Alteza el Príncipe Heredero mientras estamos con la guardia baja, será demasiado tarde.” (Haold)
En ese momento, Chloe se desplomó de rodillas.
“¡Su Majestad! Soy plenamente consciente de mi pecado y aceptaré con gusto el castigo. Sin embargo, deseo informar a Su Majestad de las circunstancias en las que cometí ese crimen. ¡Por favor, escuche la voz de esta humilde servidora!” (Chloe)
Penny también se arrodilló.
“Su Majestad, por favor, comprenda los sentimientos de una madre que no tuvo más remedio que hacer lo que no quería hacer porque su hijo fue tomado como rehén.” (Penny)
El Emperador no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
Lo único que quería era escuchar la excusa del Reino del Este sobre el intento de envenenamiento al Príncipe Heredero y a la Princesa Heredera, pero ¿por qué estaba tan agitado el Tercer Príncipe? ¿Por qué se entrometía Paganus? ¿Qué tenía que ver la familia Bronte con todo esto? ¿Y por qué esas mujeres parecían tan agraviadas?
Frunciendo el ceño, sintiendo que le empezaba un fuerte dolor de cabeza.
La Emperatriz, sentada a su lado, habló con frialdad. – “Adelante, dinos tu excusa.”
“Pertenezco a la noble familia rural del Conde Spencer, y un día alguien vino a mí y me dio la orden de entrar en el Palacio Imperial y ganarme el corazón de Su Alteza el Príncipe Heredero. Me amenazaron con que, si fracasaba, mi familia… toda mi familia sería asesinada sin excepción… Aunque sabía que estaba mal, al pensar en los asesinos que acechaban a mi familia, sentí que no tenía otra opción.” (Chloe)
Chloe enumeró las cosas que tenía que hacer por orden de esa persona: seducir al Príncipe Heredero, susurrarle que huyera y empujar a la Princesa Heredera por las escaleras.
“Chloe, ¿cómo pudiste hacerme eso…?” – Gritó el Príncipe Heredero visiblemente alterado, pero la Princesa Charlotte lo agarró con fuerza del brazo.
“Hermano, aún tenemos que escuchar más.” (Charlotte)
“Charlotte…” (Príncipe Heredero)
“No la molestes.” (Charlotte)
Charlotte observaba todo desde la distancia. Quizás la gente de allí no lo supiera, pero Charlotte lo sabía.
Aquel lugar era un escenario teatral que Arianna había preparado meticulosamente durante mucho tiempo. Los peones en el tablero actuaban exactamente como ella quería, sin saber que estaban siendo utilizados.
Aunque la habían arrastrado hasta allí después de que el Emperador la declarara ‘pecadora’, ella tenía el control de toda la situación.
Su único propósito era castigar con mano dura a quienes le habían infligido sufrimiento.
Aunque un solo paso en falso podía desatar la ira del Emperador y costarle la vida en el acto, Arianna no dudaba en realizar sus movimientos con decisión y audacia. Sus acciones eran como una poderosa tormenta, dejando tanto a los objetivos como a los espectadores sin poder recuperar la compostura.
Era un espectáculo que incluso resultaba fascinante.
Si bien, Charlotte desconocía las consecuencias que esos acontecimientos tendrían en el futuro, por ahora, no quiere perturbar el escenario que Arianna había orquestado hasta el momento.
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