ANVC – 175

Capítulo 175 – ¿Dónde está el infierno? (5)

 

Arianna observó con gran diversión cómo los labios de Rachel temblaban. Fue divertido ver cómo la mano que sujetaba su falda se ponía blanca y sus hombros se estremecían. incontrolablemente. Era una imagen agradable.

Aunque Arianna bostezó con languidez, no apartó la vista de Rachel, observando meticulosamente su aspecto.

Piel áspera, ojos hundidos, cabello menos brillante que antes, un vestido algo pasado de moda, y la pulsera y los zapatos eran los mismos que había usado en la última fiesta.

La elegante y hermosa Duquesa de Bronte, que siempre estrenaba un vestido en cada salida, ya no existía. La Duquesa de Bronte, que había tenido una buena relación con su esposo y era respetada por sus hijas, también había desaparecido hacía mucho tiempo.

Rachel estaba viviendo un infierno.

“¿Cómo pudiste hacerme esto?” (Rachel)

Dijo, con voz temblorosa y palabras lentas.

“¡Cómo pudiste! ¡Cómo pudiste comportarte así con la madre que te dio la vida!” (Rachel)

“¿Y tú? ¿Cómo pudiste tratar así a tu propia hija?”

“¡Hice lo mejor que pude! ¿No lo entiendes? ¡Una chica como tú no debería haber nacido! Te di a luz cuando nadie te quería, te alimenté y te crié. Eras inútil, ¡pero te dejé vivir a mi lado durante más de una década! ¿Dónde más podrían haberte tratado como a una Princesa? ¡Y sin embargo, gracias a que te acogí, has vivido disfrutando de todo esto!” (Rachel)

Arianna ladeó suavemente la cabeza.

Rachel parecía creer sinceramente esas palabras: que había hecho lo mejor que pudo por Arianna.

Antes, esas palabras la habrían herido y enfadado. Pero ahora, las palabras de Rachel no afectaban a Arianna, ya no podía herirla.

Arianna estaba rodeada de cosas maravillosas. Había muchísima gente que la quería, incluso sin que ella hiciera nada.

Las palabras hirientes no podían herir traspasar la coraza que su amor había creado. Simplemente le sorprendía que Rachel pensara así con tanta honestidad, que no sintiera absolutamente ninguna culpa.

“Hasta las bestias recompensan la bondad, así que ¿acaso tú eres menos que una bestia? ¿Acaso estás atormentando a tu hermana menor solo porque te has convertido en la Princesa del Este?” (Rachel)

“¿Mi hermana menor? ¿Acaso tengo una hermana menor? Soy la hija menor de la familia White.”

“¡Victoria! Victoria es tu hermana, ¿sabes?” (Rachel)

Los ojos de Arianna se curvaron elegantemente formando una media luna, Rachel pensó que sus palabras habían surtido efecto gracias a la dulce sonrisa. Sin embargo, la voz que brotaba de sus labios rojos era extremadamente fría.

“Duquesa de Bronte. Parece que se equivoca en algo. Rompí lazos con la familia Bronte hace cuatro años, y no hay ninguna conexión entre usted y yo. Así es como la veo a usted, quien es mi madre biológica, así que es obvio que Victoria, que solo comparte la mitad de mi sangre, debe sentir lo mismo.”

“Entonces… ¿por eso atacas a mi hija?” (Rachel)

“¿Quién atacó a su hija?”

“¡Tú has estado provocando a Victoria de principio a fin!” (Rachel)

“Duquesa, jamás provoqué a Victoria. Simplemente me defendí porque intentaba atacarme. Piénselo. ¿Acaso yo di el primer paso? Se está lanzando al fuego como una polilla atraída por la llama.”

“Aun así, tú eres la hermana mayor…” (Rachel)

“¡Rachel Bronte!”

Arianna exclamó, alzando la voz.

“¿Hasta cuándo vas a seguir siendo tan grosera?”

“¿Q-q-qué? ¿Qué dijiste?” (Rachel)

“¿Has olvidado lo que me repetías constantemente? Dijiste que querías matarme desde que estaba en tu vientre. ¿No lo recuerdas? Nunca fuiste mi madre, ni por un instante.”

Una voz gélida golpeó a Rachel y la dignidad que emanaba pareció oprimir sus hombros. Rachel no se atrevió a mirar directamente a los ojos a Arianna, quien la miraba con desdén.

“¿Acaso basta con dar a luz para ser madre? Debes saber que no es así. Nunca me has dado ni una pizca del cariño que un hijo merece, así que he vivido dándolo eso por sentado. He vivido creyendo que es natural no recibir afecto a menos que demostrara ser útil. ¿Entiendes lo que quiero decir, Duquesa?”

No tenía ni idea. No entiende lo que Arianna está diciendo.

Lo único que sabe es que Arianna se ha alejado por completo de su abrazo y se había vuelto completamente independiente y ya no era la hija de Rachel Bronte.

“Si quieres algo de mí, demuestra tu valía. Si tanto Victoria como tú me demuestran su utilidad, ¿quién sabe? Quizás me apiade de vosotras, a pesar de la falta de afecto que siento por ambas, y las libere de ese infierno.”

“Infierno…” (Rachel)

“¿Cómo se siente vivir sin mí, Rachel?”

Solo entonces Rachel levantó la cabeza y miró a Arianna. Arianna lucía esa sonrisa significativa que a veces mostraba al mirar a Victoria.

A Rachel se le encogió el corazón.

“El marido del que estabas locamente enamorada te está engañando con otra mujer, y tus dos hijas deben considerarte una inútil. El Gran Señor del Oeste, a quien aún temes, ha entregado a Helena, a quien tanto quieres, a un hombre mayor, y Victoria está perdiendo la cordura.”

“Tú…” (Rachel)

“Así que, ahora que te has librado de esa hija que era una espina clavada en tu costado, ¿la vida es soportable?”

“¡Así que tú fuiste quien hizo esto!” (Rachel)

Rachel se abalanzó sobre Ariana con las uñas afiladas, saltó por encima de la mesa que la separaba de Arianna y extendió la mano hacia el rostro de esta. Sin embargo, antes de que su mano pudiera alcanzar a Arianna, una espada de plata le bloqueó el paso. Rachel, sintiendo que su vida corría peligro incluso en su furia, retrocedió.

“No, señora, no lo haga.”

Una voz grave y ronca resonó.

“Si lastima a la Princesa, la dama morirá por mi mano.”

Los ojos dorados de Sini brillaron con frialdad.

“El más mínimo rasguño y muere. Apártese…”

La espada de Sini emitía un aura escalofriante, como si estuviera dispuesta cortarle la cabeza a Rachel en cualquier momento. Un escalofrío le recorrió la nuca y tropezó hacia atrás, cayendo sobre una mesa antes de desplomarse de espaldas.

Arianna y Sini observaban la escena con calma, sin reírse ni ayudar. Aquello era aún más humillante.

Rachel se levantó lentamente y miró a su alrededor.

No se había dado cuenta antes porque estaba mirando a Arianna, pero detrás de ella se encontraba un enorme caballero de cabello negro que la miraba fijamente en silencio. Una mirada que decía que le rompería el cuello si daba un paso más.

No quería admitirlo, pero no tenía más remedio… Arianna ya no era la hija de Rachel.

La joven que solía temblar de desesperación anhelado el afecto de Rachel ya no existía. La mujer que tenía delante era alguien a quien la Duquesa del Oeste ni siquiera se atrevía a tocar.

“Arianna…”

La Princesa del Este.

Se vio obligada a admitir que, bajo la protección de los Señores del Norte y del Este, Arianna tenía en sus manos el destino de la familia Bronte, o mejor dicho, el de Rachel, Victoria y Helena.

Rachel no era del todo tonta, así que podía intuir lo que había sucedido hasta el momento por las palabras de Arianna.

Quizás todo fue obra de Arianna: La fallida inversión del Gran Señor del Oeste y el Tercer Príncipe en el negocio de los perfumes, el lento cambio que Victoria había experimentado gradualmente y la forma en que Helena fue vendida al Vizconde Albrecht.

‘¿Lo sabe el Gran Señor del Oeste?’ (Rachel)

‘No, eso no importa. Aunque lo supiera, mi padre no haría nada por nuestra Victoria…’ (Rachel)

Rachel sabía lo cruel que era el Gran Señor del Oeste. Era imposible que un hombre que había utilizado incluso a su propia hija no hiciera lo mismo con su nieta.

A ojos de Rachel, Victoria se estaba precipitando a una pelea que no podía ganar. El Gran Señor del Oeste no podía querer que Victoria se enfrentara a Arianna.

Si el Gran Señor del Oeste se entera de que Victoria lo había arruinado todo al intentar atacar a Arianna, ¿cómo reaccionaría?

‘Probablemente la desecharía sin pensarlo dos veces.’ (Rachel)

A Rachel se le puso la piel de gallina.

Le dolía el corazón al pensar que Victoria también sería abandonada como Helena. Por mucho que la hubiera abofeteado, Victoria seguía siendo su hija. Rachel haría cualquier cosa por ella.

“Por favor…” (Rachel)

Lágrimas teñidas de vergüenza y humillación corrían por las mejillas de Rachel.

“Por favor, no toques a Victoria.” (Rachel)

Arianna miró a la suplicante Rachel con amargura.

Rachel, que siempre había sido fría con Arianna, inclinaba la cabeza por Victoria. Aunque jamás habría querido inclinarla ante Arianna, estaba soportando esa humillación de buena gana.

Qué noble y vulgar ese amor maternal.

La risa brotó espontáneamente: Jajaja. La risa resonante era escalofriante. Rachel se estremeció, pero no pudo levantar la cabeza.

Arianna, que llevaba un rato riendo, dijo con voz lánguida:

“La Duquesa tiene una memoria terrible. ¿No te lo dije? Nunca le hice nada a Victoria. Es Victoria quien intenta hacerme daño por todos los medios posibles. Será mejor que regrese y mantengas a su hija a raya.”

 

***

 

Rachel ni siquiera sabía cómo había llegado al carruaje. Cuando reaccionó, ya estaba de vuelta en la mansión.

Rachel se quedó inmóvil en la cama, como si hubiera perdido la cabeza. Las damas de compañía le preguntaban ansiosamente esto y aquello, pero ella no respondía.

‘Arianna.’

Era una niña incapaz de hacer nada, una niña a la que jamás le habían enseñado nada. La razón por la que no le enseñó nada fue para evitar que algo así sucediera, no le enseñó nada para que ni siquiera pudiera soñar con la venganza.

Rachel sabía que algún día el Gran Señor del Oeste usaría a sus nietas para satisfacer sus propios fines codiciosos.

Arianna era el sacrificio que le ofrecería al Gran Señor del Oeste. Para que le fuera útil al Gran Señor del Oeste, debía existir solo como un cuchillo sin filo, incapaz de de herir a quien la empuñara.

Por eso Rachel crió a Arianna sin darle ningún afecto, pues eso la habría llevado a anhelar amor y obedecería sus órdenes.

‘Entonces, ¿cómo…?’

Solo habían transcurrido cuatro años desde que Arianna dejó el Oeste. ¿Cómo pudo involucrar al Gran Señor del Oeste en un incidente que sacudió a todo el continente e hizo tambalear las finanzas del Oeste?

‘Supongo que el Gran Señor del Este la ayudó. A juzgar por su estrecha relación con el Gran Señor del Norte, la influencia de este último también debió ser significativa.’

Sin importar quién la ayudó, Arianna estaba fuera del alcance de Rachel.

Sintió un escalofrío.

El día que Arianna fue capturada por el Territorio del Este, el Gran Señor del Oeste le dijo que no se preocupara más por ella. Sin embargo, si la dejaban en paz, Victoria seguiría preocupándose por Arianna y eso continuaría mientras Arianna estuviera viva.

‘Entonces, simplemente puedo matarla.’

Una sonrisa fría se dibujó en los labios de Rachel.

‘Sí. Qué solución tan simple.’

 

***

 

Arianna se sentó en silencio con las manos entrelazadas y luego abrió la boca.

“¿Cuánto tiempo más vas a seguir andando con pies de plomo?”

Cyrus apareció después de que Rachel se fuera; aunque parecía tener algo que decir desde hacía un rato, no dejaba de mirar nerviosamente a Arianna. Sus ojos, visibles bajo su plato su cabello plateado y desaliñado parecía el de un cachorro regañado por su dueño.

“Estoy preocupado. ¿Estás bien?”

Arianna casi se echó a reír.

El Gran Señor del norte, el hombre de sangre de hierro, tenía muchos apodos, pero «Lindo» no era uno de ellos ¿Pero por qué el hombre que tenía delante era tan lindo?

“¿Estás bien? ¿No quieres llorar?” (Cyrus)

Su tono cauteloso disipó incluso el disgusto que la atormentaba como una uña encarnada. A Arianna incluso le pareció extraño sentirse tan bien.

Siempre había soñado con un momento así: el momento en que ellos, tras haber recorrido el infierno en el que ella vivió una vez, se desesperaran y suplicaran ante ella, el momento en que le rogaran, tal como ella lo había hecho con ellos.

“No quiero llorar; es ridículo. No han experimentado ni una cuarta parte del infierno que yo viví, y aun así actúan como si el mundo se hubiera derrumbado. Están aterrorizados, como si hubieran caído al infierno solo porque fueron avergonzados en una fiesta. Es gracioso y patético a la vez.”

Cyrus acarició la mejilla de Arianna mientras ella sonreía de forma exagerada. Arianna cerró los ojos y sintió la temperatura fría de su tacto.

“No es que los hayan golpeado ni los hayan dejado morir de hambre; no es que estén encerrados en una prisión mohosa sin una gota de agua, ni estrangulados con una cuerda, así que ¿no es ridículo que actúen así?”

“En efecto, lo es.” (Cyrus)

“¿Cómo es posible?”

Rachel rebosaba de amor maternal, tanto que inclinó la cabeza ante Arianna por Victoria. Era una Rachel capaz de soportar la humillación por su hija.

“Uno siente lástima incluso por un niño desconocido que pasa por la calle y cae, ¿cómo puede ser esa mujer ser así?”

Unos labios fríos rozaron su frente y el puente de su nariz. Sus labios se posaron en sus cejas y párpados, en las comisuras de sus ojos y mejillas, como para consolarla, y luego se apartaron y dijo suavemente.

Cyrus, tras haberla besado con tanta intensidad, habló en voz baja.

“No hay necesidad de saberlo ahora. Olvídala. Tu vida será diferente a la de esa mujer.” (Cyrus)

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