ANVC – 138

Capítulo 138 – Tu relación conmigo

 

El carruaje de Arianna esperaba frente al palacio. Era un carruaje grande, pero no llevaba escudo familiar.

Lanster, que había estado esperando Junto al carruaje, vio a Cyrus, con los ojos muy abiertos, y se apresuró a acercarse. Lo miró con recelo y lo saludó brevemente.

“Su Alteza, el Gran Señor del Norte. Ha pasado mucho tiempo.” (Lanster)

“Sí.”

“Princesa, ¿estuvo todo bien dentro?” (Lanster)

Arianna asintió.

“No. Si me disculpa Gran Señor del Norte…” (Arianna)

“La gente del Este es tan fría. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, ¿y ni siquiera me vas a dar tiempo para saludarnos como es debido?”

Cyrus interrumpió a Arianna. Lanster lo miró con aún más recelo.

Arianna suspiró suavemente y le dijo a Lanster:

“Danos un momento para saludarnos.” (Arianna)

“Estaré cerca.” (Lanster)

Después de que Lanster se alejara hacia el carruaje, Arianna miró a Cyrus.

“¿De qué tiene que hablarme?” (Arianna)

“Tengo curiosidad por cuáles son tus planeas en el Imperio.”

“Yo no pregunto qué hace el Gran Señor del Norte, así que ¿por qué usted iba a tener curiosidad por lo que yo hago? ¿Acaso teme que lo que haga lo perjudique?” (Arianna)

Cyrus se quedó sin palabras ante la pregunta tan tajante. No, más que eso, el dolor de su mirada fría lo dejó mudo.

“Entonces, deje esas preocupaciones a un lado, Gran Señor del Norte. Mis acciones no obstaculizarán su camino.” (Arianna)

Arianna trazó una línea firme entre ella y él. Era tan gruesa que, por mucho que lo intentara, sentía que no podría cruzarla.

El tono frío, la mirada fría, los labios firmes: todo captó su atención. La Arianna, quien solía regalarle a Cyrus una radiante sonrisa, había desaparecido. Dijera lo que dijera Cyrus, ella no le devolvería una sonrisa sincera.

<“Te arrepentirás.”>

<“Te arrepentirás de haberla despedido así.”>

Él recordó el viento frío que le había helado el corazón el día que Arianan abandonó el Gan Ducado Norte.

Solo entonces Cyrus comprendió lo que había perdido tres años atrás.

‘Porque dudé de ti.’

No pudo alcanzar a Arianna cuando se giró.

Unos mechones de su cabello, elegantemente recogido, se soltaron y ondearon al viento.

‘He perdido mi cielo.’

Cyrus deseaba desesperadamente que Arianna volviera la mirada, pero ella no lo hizo ni una sola vez y subió al carruaje.

(N/T: Bueno, siembras lo que cosechas… Que se que solo y dudando toda su vida.)

 

***

 

El mundo se había vuelto blanco y negro de nuevo. El cielo, antes de un azul brillante, había perdido su resplandor, y los edificios de la calle parecían negros.

La gente que iba y venía era invisible, y aunque corría por terreno llano, sentía un nudo en el estómago.

Louis, que cabalgaba junto a Cyrus, le habló varias veces con expresión preocupada, pero él ni siquiera le hizo caso.

<“Entonces, deje esas preocupaciones a un lado…”> (Arianna)

Solo la voz aguda de Arianna resonaba en sus oídos, y no tenía intención de irse.

Cyrus tenía mucho en qué pensar. El Norte, los Caballeros Negros, Paganus, el Gran Señor del Oeste… Había tantas cosas de las que preocuparse, tantas responsabilidades.

Pero ahora no podía pensar en otra cosa. Quería recuperar lo que había perdido, aunque eso significara renunciar a todo.

Un cielo azul claro. Un cielo que brillaba intensamente bajo la deslumbrante luz del sol.

‘Mi cielo.’

Él llegó a la puerta del Castillo donde había acordado encontrarse con su grupo, envuelto en una atmósfera en blanco y negro. Varios caballeros, entre ellos Andrei, Isaac y Noah, esperaban a Cyrus, pero él ni siquiera podía verlos.

Sus ojos solo estaban llenos del recuerdo de su partida y de su incapacidad para detenerla.

Los que esperaban a Cyrus intercambiaron miradas mientras él permanecía inmóvil en la puerta. Noah se acercó a Louis y le preguntó en voz baja:

“Capitán, ¿por qué nuestro Señor actúa así? ¿Sucedió algo en el palacio?” (Noah)

Louis recordó la escena que había visto en el Palacio Imperial.

Arianna, que estaba con el Tercer Príncipe, se había mantenido fría con Cyrus en todo momento.

Louis no sabía cómo explicar todo aquello, y luego respondió en voz baja:

“Fue rechazado por la Princesa Consorte.”

“¿Qué?” (Noah)

Noah alzó la voz sin darse cuenta, y entonces se percató de la presencia de Cyrus y se tapó la boca con ambas manos. Pero Cyrus ni siquiera le prestó atención. Era como si Cyrus estuviera solo en otro mundo.

Isaac y Andrei se acercaron.

“¿De qué hablas, Louis? ¿De la Princesa Consorte? ¿Estaba la Princesa Consorte en el Palacio Imperial? ¿Qué pasó?” (Isaac)

Louis reflexionó largo rato sobre cómo responder al interminable aluvión de preguntas de Isaac, y luego simplemente resumió su respuesta.

“Está arruinado.”

“No, no digas eso. Cuéntamelo con detalle.” (Isaac)

“Es que… Su Alteza le preguntó a la Princesa Consorte qué iba a hacer de ahora en adelante, pero ella le dijo que no se preocupara, que no era asunto suyo.”

“… ¿Ella no ha dicho eso muchas veces?” (Isaac)

“Ahora es diferente. La mirada de la Princesa Consorte era tan fría… Me quedé helada.”

“Oh, Dios mío…” (Isaac)

Isaac y Andrei miraron a Cyrus.

Cyrus, sentado impasible en su caballo, tenía una mirada que habían visto hacía mucho tiempo, una mirada que jamás querían volver a ver. La mirada en sus ojos cuando perdió a sus padres y casi muere a manos de su familia antes de escapar.

Isaac tragó saliva con dificultad y pensó que aquello era grave.

Cuando Cyrus no reconoció sus sentimientos y pensaba aprovecharse de Arianna, o cuando no confió en ella, Isaac deseó que se arrepintiera un poco.

Pero al mirar a los ojos de Cyrus, supo que no podía dejarlo pasar. Como amigo, como vasallo, él tenía que hacer algo.

Así que se aclaró la garganta y se acercó a Cyrus, quien de repente desmontó. Sus ojos, que habían estado vacíos momentos antes, ahora brillaban con la misma claridad de siempre.

Cyrus, que había preocupado a todos, miró a su alrededor como si nada hubiera pasado, luego se echó el cabello hacia atrás y dijo algo sin sentido.

“Hace frío hoy.”

Eso era absurdo. Andaba por ahí sin nada más que una camisa, incluso con temperaturas bajo cero. Todos lo miraban con incredulidad, pero a Cyrus parecía no importarle las miradas.

“Si nos vamos hoy, hay muchas probabilidades de que muramos congelados.”

Noah, que había adivinado la intención de Cyrus, se adelantó rápidamente.

“Así es, mi Señor. Hace un momento me congelé y apenas pude recuperarme. ¿Buscamos alojamiento de inmediato?” (Noah)

Cyrus dirigió su mirada hacia la puerta interior. La observó un instante antes de hablar.

“En lugar de un alojamiento, busquen una mansión. La más cercana al Palacio. Nos quedaremos allí hasta que mejore el tiempo y pase el peligro de morir congelados, y luego regresaremos.”

 

***

 

Dentro del carruaje que se dirigía a la mansión, Arianna miraba en silencio por la ventana. Un sinfín de pensamientos y emociones se arremolinaban en su mente, pero ni una sola expresión se reflejaba en su rostro.

El cielo, que había estado despejado momentos antes, se oscureció de repente y los copos de nieve comenzaron a caer. Arianna abrió la ventana y extendió la mano. Un copo de nieve frío cayó sobre ella y se derritió rápidamente.

‘Es como mi relación con el Gran Señor del Norte.’

Cuando se encuentran, actúan como si compartieran una emoción ligeramente intensa, pero en cuanto se dan la vuelta, son peores que extraños. Parece que hay algo entre ellos, pero en realidad, no hay nada. Como copos de nieve que se derriten y desaparecen en cuanto caen.

Ella sintió que había perdido la compostura hacía un rato.

En cuanto Cyrus le preguntó cuáles eran sus planes para el futuro, sintió una oleada de indignación y dejó que sus emociones fluyeran libremente. Eso no debería pasar. Necesita ser capaz de controlar sus emociones en cualquier situación.

Apenas unas decenas de minutos antes de ese incidente, se había estado riendo del Tercer Príncipe por perder la compostura y emocionarse, y ahora ella estaba haciendo lo mismo.

‘Qué insignificante debí parecerle al Gran Señor del Norte.’

Pensar que debió de haberse reído para sus adentros le provocó otra punzada de emoción. No era odio ni resentimiento. Solo estaba un poco molesta.

“Está nevando, Princesa.” (Lanster)

Lanster, montado a caballo, se acercó al carruaje y ella dijo:

“Sí, está nevando.”

“Me recuerda a cuando estuve en el Oeste. Hacía mucho más frío allí que aquí.” (Lanster)

“Sí, es verdad. Hacía muchísimo frío.”

“¿Estás bien ahora? Hace frío ahí fuera.” (Lanster)

“Sí, hace un poco de frío.”

Arianna apretó los puños rápidamente antes de que otro copo de nieve cayera sobre su palma.

No quería volver a dejarse llevar por emociones vanas.

 

***

 

Arianna había estaba ocupada después de su regreso del palacio.

Las noticias de la llegada de Arianna, la Princesa del territorio Este, se extendieron por todas partes. Recibió innumerables invitaciones a fiestas de té, y varias damas de la nobleza solicitaron su visita.

Arianna estaba ocupada reuniéndose con las damas que habían venido expresamente a visitarla y dando instrucciones a diversas personas para que se preparara para la fiesta.

Entonces, se enteró de que Cyrus había alquilado la casa contigua a la suya. La embargó la emoción de nuevo, pero el sentimiento se disipó rápidamente entre la apretada agenda.

Mientras Arianna seleccionaba a los nobles que invitaría a la gran fiesta, noticias sobre ella llegaron al Gran Ducado del Oeste.

Anticipándose a su debut, el Gran Señor del Oeste le daba a Victoria diversas instrucciones: cómo comportarse en el Palacio, con qué familias debía entablar amistad y quién podría ayudarla en caso de necesidad…

Cuando el Gran Señor del Oeste terminó de habla, Victoria levantó su taza de té y dijo con indiferencia:

“He oído que Arianna ya está haciendo algo en el Imperio.”

El Gran Señor del Oeste miró fijamente a su nieta.

Victoria había crecido mucho con los años, pero no lo suficiente. Aún conservaba un aire infantil.

Aunque hablaba de Arianna como si no sintiera emoción alguna, el Gran Señor del Oeste notó la impaciencia de su nieta.

“Victoria, la Princesa del Este, no es asunto tuyo.” (Rodian)

Por un instante, una oleada de emoción cruzó el rostro de Victoria, para luego desvanecerse. El Gran Señor del Oeste pensó que tal vez Victoria había estado usando constantemente el poder de Amanthal.

Quienes son adictos al poder de la sangre no maduran emocionalmente. Ese es un efecto secundario que aparece en quienes usan un poder ajeno como si fuera propio.

Pero eso no le importaba. Si el Tercer Príncipe se convertía en Príncipe Heredero y Victoria se casaba con él, sentando así las bases para el Oeste, sería suficiente.

Victoria dijo con expresión serena:

“No estoy preocupada. Solo tengo curiosidad. Si Arianna conoce a los nobles y establece relaciones con ellos primero, ¿no sería eso perjudicial para mí?”

“¿Cuál sería la desventaja de que sea así? ¿Qué podría hacer esa niña?” (Rodian)

“Ella tiene mucho que ofrecer. Cuando el continente se alborotó por el perfume, Arianna se aprovechó de la situación e incluso la trataron como a una santa.”

La mirada del Gran Señor del Oeste se tornó fría ante el comentario de Victoria.

Victoria fue la razón por la que él se involucró en todo aquello.

La información errónea de Victoria le había provocado una pérdida dolorosa. El territorio Este, que aún se tambaleaba por el incidente, pero finalmente comenzaba a recuperarse.

El Gran Señor del Oeste dijo, disimulando su irritación:

“Parece que la sobreestimas. ¿De verdad crees que lo hizo ella sola? El Gran Señor del Este seguramente compartió el mérito por el honor de su hija.” (Rodian)

Victoria miró fijamente al Gran Señor del Oeste por un instante, luego sonrió y dejó su taza de té.

“Así es. Supongo que reaccioné un poco emocionalmente después de lo que me vi obligado a soportar por su culpa. Lo importante ahora no es Arianna, sino que yo me convierta en miembro de la familia imperial sana y salva.”

“Sí, me alegra que sepas qué es más importante. Las flores que florecen tarde siempre son más bellas. No tienes por qué apresurarte en ir al Imperio. Estás ansiosa por tu debut, intentando ganarte a la gente por adelantado. ¡Qué superficial parece!” (Rodian)

“Usted está en lo correcto.”

Después, Victoria regresó a la Mansión Bronte tras una larga conversación con el Gran Señor del Oeste sin mencionar el nombre de Arianna. Los ojos de Victoria brillaron con frialdad mientras se dirigía a la mansión Bronte.

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